Para Peter Ingwersen, a cuya historia familiar debo lugares y nombres de este cuento
Conocí a Henrikke Emilie Pedersen a fines del año diez. Se acercaba por ese entonces a los ochenta, pero su memoria era extraordinariamente lúcida y su conversación cautivante. Si me habré quedado horas enteras sentado frente a ella en la penumbra, oyéndola rememorar tiempos pasados. Ahora el café de la casa de tres pisos en la esquina de la Strandgade estaba cerrado, pero ella había conservado intacto el salón con las mesas relucientes, el mostrador de remates de bronce, en un rincón la salamandra a cuya lumbre le habían contado las pausadas historias que ahora repetía para mí.
En invierno, cuando las travesías a Groenlandia se interrumpían, alquilaba los cuartos de arriba a los capitanes que se demoraban en Copenhague. En el cuarto donde ahora estaba yo, se había alojado durante muchos inviernos un noruego silencioso que se ahorcó en el puerto, adonde iba a contemplar todos los días un mascarón de proa en forma de sirena de la que, dicen, se había enamorado.
Lobos al Anochecer
Gloria Guardia
Alfaguara
376 páginas
Hace poco acaba de salir publicada la última novela de Gloria Guardia, El Jardín de las Cenizas, que cierra la trilogía iniciada con el Último Juego. Con esta autora contamos en Panamá con una de las obras más sólidas lograda por medio del estudio, la investigación continua y una verdadera pasión por el espíritu y el pensamiento. Con ella hemos comprobado - de acuerdo a la posición que comparto con Edward W Said sobre la >>terrenalidad<< del texto - que un texto, a pesar de que pueda negar su relación con el mundo, es parte del mundo social, de la vida humana, y del contexto en el que está localizado e interpretado.
Cuatro caninos ocho incisivos veintiséis molares
Más muelas que un brotosaurio tiene mi mujer sobre sus tetas de agua
Sobre sus dos muñecas le recorren el pulso el cúbito y el radio
A dos por brazos, dos en cada brazo de a dos hombros y húmeros dos y
las safenas siete, dos pelvis, cuatro coxis y setenta y cuatro vértebras lumbares
Dos maxilares inferiores y ocho tetas más de añil, de polvora y achiote
Cuarentitres sonrisas le cuelgan del fémur central
Debajo de la barbilla tiene setenta y dos cuerdas de bandola alemana
Mucho pelo en el coco
Poco pelo en las sienes
Dos orejas con huequitos para setenta y seis zarcillos y dos lochas
Tiene mi mujer también cuatro orificios y seis cabezas por donde sale la mar y entra la liebre
Mi mujer en la albusfera de atrás no tiene nada
Yo se lo pinto de noche para que no la confundan los murciélagos
Encima de la batata tiene los gemelos
y el peroné lo guarda en el banco junto con sus joyas y la plata que esconde
Sólo tiene tibia y tarso y metatarso y dedos
Mi sorpresa es la agilidad que tiene su dedo meñique en parecerse al otro
Y éste sin querer queda totalmente dormido en la permuta
El hacedor de camas
Alejandra Moffat
Sangría Editora
Colección Narrativas contemporáneas
Novela
2011
ISBN: 978-956-8681-21-0
Javier Claure Covarrubias viene de Oruro. Es miembro del Pen-Club Internacional, de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Oruro (UNPE) y de la Sociedad de Escritores Suecos. Ejerce el periodismo cultural. Tiene poemas y artículos dispersos en publicaciones de Suecia, Bolivia y en diferentes sitios de Internet. Fue uno de los organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa (Estocolmo, 1991). Algunos de sus poemas han sido seleccionados para las siguientes antologías:
El libro de todos (1999), La poesía en Oruro (2005), Poesía boliviana en Suecia (2005) y Antología Comentada de la Poesía Boliviana (2010). Forma parte del Diccionario de autores orureños (2007). Ha publicado Preámbulos y ausencias (2004), Con el fuego en la palabra (2006) y Extraño oficio (2010).

Emilse Zorzut, Argentina. Es psicóloga clínica egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Cursó estudios de periodismo en la Escuela del Círculo de Periodismo de la misma ciudad. Incursiona en narrativa. -cuento y novela, poesía, teatro, guiones de cine y televisión. Ha publicadoSobre mundos abismales compartido con la escritora Marta Multini, Al compás de la ronda, Morada de los cuatro vientos, Morada de mi sombra (Premia Platero 2000 - Naciones Unidas - Ginebra, Suiza), Caleidoscpio, Síndrome X, Peregrinaje, Morada de mi ser, Morada mirando al sur.
La risa del payaso
Luis Valenzuela Prado
Sangría Editora
Colección: Narrativas contemporáneas
Novela
2011
Toda novela es montaje, pero no todo montaje puede volverse novela. Cuando el cesante Batla triunfa en su plan maestro contra las satisfechas fiestas de elite que disfrutan su hermana Baby y su cuñado Gordo -como paso final de su plan para desaparecer- no revierte sólo el fracaso de sus amigos Roco, Lento, Mate y Santos en el conchalino grupo extremista ECRE, sino también el desprestigio del periodista de la dictadura Oteíza, la condena de silencio en torno a la ex ministra Maidana y la fallida investigación sobre la fe badabadista de la socióloga Julia III.
A Don José Arturo Zablah Kuri
y a Juanpi, su nieto.
La leyenda del Hombre Lobo no es ni puede ser patrimonio exclusivo de ninguna nación porque no existe país o localidad, por insignificante que sea, que no tenga, o haya tenido, su propia versión de esa aberración humana. El de Cojontepeque, objeto de este relato, físicamente no distaba mucho del Hombre Lobo tradicional o clásico, pues poseía un rostro exageradamente poblado de pelos. Exceptuando la nariz, la melena le cubría las mejillas, la frente y hasta buena parte de sus puntiagudas orejas. Fuera de lo dicho, exhibía unos enormes ojos fosforescentes cuyos destellos infundían terror, y cuatro largos y afilados colmillos, dos en cada maxilar, que no podía ocultar ni aun con las fauces bien cerradas. La diferencia entre este Hombre Lobo pueblerino y el conocido modelo tradicional estribaba en dos hechos fundamentales: jamás se supo que el de Cojontepeque atacara bestial y desaforadamente a nadie; a pesar de su feroz figura, era más bien un manso cordero de Dios y, por otro lado, no necesitaba de los auxilios de una luna llena para convertirse en Hombre Lobo porque él, por así decirlo, había nacido ya convertido en tal, con ese aspecto de fiera humana.
A Roberto Diago
Humea el tabaco. Su espíritu asciende en volutas que se expanden al encuentro del sol. Un rayo de luz rompe la monotonía del ascenso y el homogéneo tono del humo y lo disgrega en infinitos colores.
"He aquí la magnificencia de la luz" -dijo el pintor, al tiempo que otra espiral elevaba junto al humo las palabras.
Mareado aún por el colorido que envolvía sus ojos, instintivamente miró hacia la ventana en busca de protección. Se sintió tranquilo al ver que permanecía cerrada. "No podrá huir" -dijo sonriendo.
Se levantó del sillón casi a tumbos, en medio de una nube de colores sumidos en la máscara del humo y el vaho penetrante del alcohol que en su incesante rozar hacía crujir las pardas maderas del claustro. Volvió a observar con insistencia las persianas por donde penetraba casi imperceptiblemente la claridad y antes de partir un último arco iris le encendió el rostro.
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