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La columna de Ricardo Bada

CARTA DE ALEMANIA (61)

NEONAZIS Y RAZONABLES

El 20 de abril de 1994 se iba a celebrar en Hamburgo un partido de fútbol de los que incluso en alemán se llaman “clásicos”, neologismo tomado en préstamo al español por lo del “clásico” antonomásico, Real Madrid vs. Barça. El encuentro de 1994 sería entre Inglaterra y Alemania, campeón mundial en ejercicio desde 1990 y la final de Roma ganada a la Argentina, como revancha a la final de 1986 en México, perdida ante los gauchos. Pero teniendo en cuenta esa fecha, 20 de abril, el senador responsable de la policía de la ciudad hanseática propuso que el partido se celebrase otro día, pues en caso contrario no podía garantizar la seguridad pública ni evitar los disturbios.

La Federación Alemana de Fútbol, que es la más poderosa y rica del mundo, decidió entonces trasladar el clásico a Berlín, lo cual –puesto que la fecha seguía siendo el 20 de abril– era la peor de las posibilidades... pero no se le pueden pedir olmos al peral ni tampoco sensibilidad a los funcionarios deportivos. Y finalmente, como coronación de esta cadena de despropósitos, la Federación Inglesa de Fútbol terminó por cancelar su compromiso de jugar ese match: We are very, very sorry, but it is the 20th April... y ni siquiera tuvieron el suficiente sentido del humor para añadir una cita de T.S. Eliot: aquella famosa según la cuál “abril es el más cruel de los meses”.

 

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CARTA DE ALEMANIA (60)

Un libro de Abdón Ubidia: Milenios

El Instituto Andino de Artes Populares, del Convenio Andrés Bello, con sede en Quito, Ecuador, publicó en su día muy bien editado un librito que se titula Milenios, un ejemplar del cual llegó a mis manos porque, como dijo en una ocasión sonada don Emilio Castelar, "Grande es Dios en el Sinaí" (después les cuento).

Aunque no sólo ha llegado a mis manos por eso, sino también porque desde hace años mantengo una amistad recíprocamente redituable con Abdón Ubidia, uno de los buenos y por desgracia casi desconocidos escritores ecuatorianos, quien es el compilador de este breviario de sabiduría universal que se inicia con el Cantar de los Cantares y concluye con una reflexión tomada de la Historia del tiempo, del científico inglés Stephen Hawking.

A Abdón Ubidia lo conocí en Bad Ems, una hermosa pequeña ciudad balnearia de Alemania, a la orilla del Lahn, un afluente del Rhin por la orilla derecha, entre la roca de Loreley y Coblenza. Llegó allá en compañìa del venezolano José Balza y el colombiano Álvaro Mutis, formando parte de un “comando latinoamericano” reclutado por un dizque mecenas dizque austro–húngaro que se había propuesto enlazar intelectualmente la Europa oriental de entonces con el mundo americano de habla española, dos desconocidos mutuos, según él... a pesar de la intensa relación de los escritores comunistas de allende el Atlántico (Nicolás Guillén, Jorge Amado, Pablo Neruda, tan devoto de Stalin, Miguel Ángel Asturias & Co.) con la Unión Soviética, y de la ejemplar ayuda brindada por la RDA a miles de chilenos que huyeron del terror y la Inquisición pinochetista. No sé en qué vendría a parar aquel proyecto, supongo que en nada, como casi todas las aventuras intelectuales bienintencionadas, pero ese viaje finisemanal a Bad Ems, para saludar a Carmen y Álvaro Mutis, a quienes ya conocíamos, nos deparó como propina la amistad de José Balza y Abdón Ubidia. Y regreso a su libro Milenios.

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CARTA DE ALEMANIA (58)

Mi Abecedario Beethoven

A de Amada inmortal
En 1812 escribió Beethoven su “Carta a la Amada Inmortal”, cuya personalidad es uno de los secretos mejor guardados de la Historia, pese a que conocemos con nombres y apellidos todos y cada uno (si acaso menos éste) de los amores y amoríos de don Ludwig van, que no fueron pocos. Aunque durante mucho tiempo se creyó que “la Amada Inmortal” era Josephine Brunsvik, hoy son mayoría quienes creen que fue Antonie Brentano, la cuñada de Bettina von Arnim. [Ver J y Y]

B de Beethoven
Si hubiera sido de ascendencia franco–normanda, de unos 100 km más al sudoeste, probable es que lo conociéramos por el nombre Louis de Bethencourt. Pero puesto que sus ancestros fueron belga–flamencos, ha pasado a la posteridad como Ludwig van Beethoven. Y a partir de Clockwork Orange se le conoce simplemente como Ludwig van... aunque ya el argentino Mauricio Kagel había compuesto un año antes, en 1970, una pieza titulada de ese modo. [Ver L]

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CARTA DE ALEMANIA (59)

Benedetti castellanizado

Hace un par de años escribí para alguno de los nichos del Centro Virtual Cervantes acerca de un tema que desde siempre me ha apasionado, el de la traducción endogámica, es decir, dentro del propio idioma, y ya entonces me ocupé en él de los deficientes conocimientos anatómicos de un gran poeta de la lengua castellana. Pero vayamos por partes y con los pasos contados.

Hay un poema justamente famoso de Mario Benedetti, que se titula “Táctica y estrategia”, y que dice así:

 

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CARTA DE ALEMANIA (57)

Un pecado de juventud de Engels (*28.11.1820)

133 años permaneció acumulando polvo un pecado de juventud de Friedrich Engels, que él mismo no mencionaría nunca en su obra posterior. Se trata del manuscrito del torso de un drama, o tal vez un libreto de ópera (como se puede desprender de ciertas acotaciones), cuyo protagonista es Cola di Rienzi, el tribuno romano del siglo XIV.

La vida y la personalidad de Cola di Rienzi (*1313–†1354) parecen salidas de una novela de Alejandro Dumas. Nacido en cuna más bien humilde, logra encumbrarse socialmente gracias a su boda con la hija de un notario. En calidad de embajador es enviado a la Corte pontificia en Aviñón, donde residía a la sazón Clemente VI, quien era el cuarto Papa del cisma que lleva el nombre de la ciudad. En ella, Cola entabló amistad con Francesco Petrarca y se entusiasmó con el glorioso pasado de Roma. Petrarca consiguió del Papa que nombrase a Cola notario de la Cámara Apostólica romana, de la que dependían las finanzas del Vaticano. De regreso en la ciudad dizque eterna, nuestro hombre se da cuenta del estado catastrófico de esas finanzas y del descontento del pueblo ante los atropellos y la arrogancia de la aristocracia, polarizada a su vez entre dos poderosos clanes: los Colonna y los Orsini.

Cola de Rienzi se lanza a la vida pública, se convierte en tribuno del pueblo con un discurso que hoy llamaríamos populista, y logra expulsar de Roma a la nobleza, al menos de momento. Sólo que su gobierno fue tan autoritario que pronto el pueblo se rebeló en su contra, el Papa lo excomulgó y tuvo que huir, refugiándose primero en Nápoles y luego en los Apeninos, lo que fue una gran suerte para él, pues de ese modo escapó a la epidemia de peste negra que en aquellos días asolaba Europa. Pasado un tiempo viajó a Praga, donde trató de ganar al emperador Carlos IV para la fundación de una República romana. Pero el emperador lo mantuvo recluido en una fortaleza, esperando enviarlo a Aviñón para ser juzgado. Muerto Clemente VI, su sucesor Inocencio VI lo indultó y lo envió como senador a Roma en compañía y bajo la vigilencia del cardenal español Gil de Albornoz. Y allí se vio de nuevo al poco tiempo enfrentado a un alzamiento popular contra sus medidas despóticas: quiso huir pero lo atraparon y fue apuñalado a traición (otras fuentes dicen que lo decapitaron), siendo quemado su cadáver y sus cenizas dispersadas en las aguas del Tíber.

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