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La columna de Ricardo Bada

CARTA DE ALEMANIA (58)

Mi Abecedario Beethoven

A de Amada inmortal
En 1812 escribió Beethoven su “Carta a la Amada Inmortal”, cuya personalidad es uno de los secretos mejor guardados de la Historia, pese a que conocemos con nombres y apellidos todos y cada uno (si acaso menos éste) de los amores y amoríos de don Ludwig van, que no fueron pocos. Aunque durante mucho tiempo se creyó que “la Amada Inmortal” era Josephine Brunsvik, hoy son mayoría quienes creen que fue Antonie Brentano, la cuñada de Bettina von Arnim. [Ver J y Y]

B de Beethoven
Si hubiera sido de ascendencia franco–normanda, de unos 100 km más al sudoeste, probable es que lo conociéramos por el nombre Louis de Bethencourt. Pero puesto que sus ancestros fueron belga–flamencos, ha pasado a la posteridad como Ludwig van Beethoven. Y a partir de Clockwork Orange se le conoce simplemente como Ludwig van... aunque ya el argentino Mauricio Kagel había compuesto un año antes, en 1970, una pieza titulada de ese modo. [Ver L]

Ricardo Bada   España, 1939. Escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, 1994), Amos y perros (cuento, 1997), Me queda la palabra (ensayos, 1998) y Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, 2000). Editor en Alemania, junto con Felipe Boso, de una antología de literatura española contemporánea (Ein Schiff aus Wasser [Un barco de agua]), y en solitario, de la obra periodística de Gabriel García Márquez y los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, 1991), y en Bolivia de la única antología integral de Heinrich Böll (Don Enrique, 1995) en castellano.

C de Carlos Kleiber
Beethoven es uno de los compositores más interpretados en el mundo entero. No hay director de campanillas que no tenga en su currículo una grabación integral de sus sinfonías: Furtwängler, Klemperer, Günter Wand, Toscanini, Harnoncourt, Masur, Frans Brüggen (esta con instrumentos originales)... Ahora bien: “mi” Beethoven predilecto, al que vuelvo una y otra vez y no me cansa nunca, es el de la 7.ª, con la orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam conducida por un Carlos Kleiber en estado de gracia. Oíganla aquí, y luego me cuentan.

D de Deutsche Welle
Además de ser yo, desde la mera noche de los tiempos, un oyente apasionado de su música, a partir de enero de 1965 tuve motivos todavía más personales para serlo. Durante 35 años, hasta que me jubilé en la Radio Deutsche Welle –la emisora alemana para el exterior–, mi trabajo tuvo como hilo musical su sintonía de reconocimiento, al menos una vez al día, antes de que el técnico le dispensara luz verde a mi micrófono:

partitura 285

Es una línea de la partitura de Fidelio, la única ópera de Beethoven, y está tomada del final de la misma, cuando Don Fernando canta «Es sucht der Bruder seine Brüder [El hermano busca a sus hermanos]». Para quienes trabajábamos en la emisora, esa línea beethoveniana no era tan sólo nuestra seña de identidad en el éter sino que además definía nuestro desempeño.

E de Ensayo de la 9.ª con Harnoncourt
Aproximo al español las indicaciones de Nikolaus Harnoncourt al coro durante los ensayos de la Novena. Siguen acá, yendo delante entre corchetes las citas de la “Oda a la Alegría” acerca de cuyo canto Harnoncourt hace tales indicaciones:
[Compás 313 : Nos dio besos y vino] ¡Desmadrándose! Es una fiesta de Baco, están embriagados, tambaleándose, pero nada de frivolidad.
[Compás 411 : Corred, hermanos, por vuestro camino] Nada de orgullo ni entusiasmo. Ustedes se hallan junto a la pista de un hipódromo y casi no pueden respirar de pura excitación.
[Compás 584 : Elíseo] ¡Disparen un cohete luminoso, una nube de fuego rosado!
[Compás 596 : Abrazaos, millones de criaturas] Más allá del Bien y del Mal.
[Compás 596 : Que este beso una al mundo entero] Ese beso a todo el mundo tiene que ser como... como cuando besa un hipopótamo.
[Compás 650 : Sobre las estrellas ha de habitar] Canten esto con una sola cuerda vocal.
[Compás 672 : Alegría] ¡Epilépticamente!
[Compás 855 : Abrazaos, millones de criaturas] Aquí tienen que fracasar. No puede ser de otro modo. Es algo que Beethoven dejó compuesto entre líneas en su partitura: el fracaso.
[Al terminar el ensayo] ¿Saben una cosa? El héroe, a veces, es más interesante cuando fracasa.

F de Fidelio
La acción de su única ópera tiene lugar en España y, dicho sea de paso, a) debido a su tez morena y sus ojos negros, a Beethoven le cayeron el mote de “el español” y hasta la sospecha de ser mulato; y b) más de dos siglos después, en el 2009, la lírica norteamericana Rita Dove publicó una hermosa colección de poemas titulada Sonata Mulattica: A Life in Five Movements and a Short Play, inspirada por la “Sonata a Kreutzer” de Ludwig van.

G de Goethe
En 1812, en el balneario de Teplitz/Bohemia, se produce su anhelado encuentro con Goethe, un encuentro que el polígrafo español Eugeni d’Ors comenta así en su admirable libro El valle de Josafat: «Goethe adoraba a Shakespeare. Goethe no comprendía a Beethoven. (“Si vos no me entendéis –sollozaba éste–, ¿quién, Dios mío, me entenderá?”) No puede negarse que esto es un indicio contra Beethoven. // Pero podría ser también que Goethe no comprendiese la música o que no fuese capaz de juzgar a sus contemporáneos; y una cosa y otra serían entonces indicios contra Goethe». [Ver X]

H de Haydn
Su segundo viaje a Viena, esta vez para estudiar con Haydn (desde noviembre 92 a enero 94), sí que cuajó, no sin choques entre ambos; pero es evidente que el maestro influyó en él, una influencia que incluso se percibe en sus dos primeras sinfonías, así como la de Mozart, quien había muerto el año 1791.

I de “Intitolata Bonaparte”
En 1804 la composición de su tercera sinfonía, primero “Intitolata Bonaparte”, un título que tachó enfurecido al enterarse de que Napoleón iba a coronarse Emperador en la catedral de Notre Dame, en París. El nuevo título que le encasquetó fue “Sinfonía heroica para celebrar el recuerdo de un gran hombre”, y se la suele llamar,
a palo seco, “la Eroica”, en italiano.

J de Josephine Brunsvik
La condesa Josephine Brunsvik (* 1779 en Bratislava; † 1821 en Viena) era miembro de una noble familia húngara. Fue una de las figuras femeninas centrales en la vida de Beethoven, quien, de 1804 a 1811, le escribió al menos catorce cartas de amor, en parte apasionadas, en las que, entre otras cosas, la nombraba "ángel", "mi todo" y como “mi única amada" y le juraba "fidelidad eterna". Dado que ella fue la única mujer que Beethoven amó demostrablemente con un afecto duradero y apasionado, varios musicólogos también consideran a Josephine como la destinataria de la famosa carta a la "Amada Inmortal". Sin embargo, aún no existe una prueba definitiva de esta hipótesis. [Ver A y Y]

K de la Sonata a Kreutzer
Don Ludwig van era tan humano el pobre... Esa sonata estaba dedicada al violinista mulato George Bridgetower, cuyo padre era natural de Barbados, y cuando Beethoven se peleó luego con él cambió la dedicatoria y se la endosó a Kreutzer, quien dijo que Beethoven no entendía el violín y esa sonata era imposible de tocar, y no la tocó jamás. Así se escribe la Historia.

L de Ludwig van
El compositor argentino Mauricio Kagel publicó en la primera página del diario Stadt Anzeiger, de Colonia, el día del 250.° aniversario de Mozart: “Mi propuesta con motivo del jubileo de Beethoven, en 1970, de no tocar durante un año la música del maestro, para poderla volver a escuchar con el oído fresco, creciente gusto y renovada curiosidad, probablemente sólo fue seguida por una sola persona: yo”. Pero en 1969 escribió el guion de un film en blanco y negro titulado Ludwig van, que dirigió él mismo y se estrenó en 1970; es el homenaje de un gran músico a uno de los genios de su Arte. [Ver B]

M de Mozart
Protegido desde el comienzo por los regentes de su ciudad natal, Beethoven viajó por primera vez a Viena en 1784, teniendo como propósito estudiar composición con Mozart, pero, por razones que nunca se han aclarado, ello no tuvo lugar. Es más, ni siquiera se sabe con certeza si es que ambos llegaron a conocerse. Lo que sí se sabe de cierto es que regresó a Bonn con las manos vacías, y no sin cierto disgusto por parte de sus valedores y mecenas.

N de Niño prodigio
Nacido probablemente el 16.12.1770 en el # 515 (hoy 20) de la Bonngasse, en Bonn, sí es seguro que lo bautizaron el día 17 y que ya a los siete años dio su primer concierto en público, un concierto de piano, instrumento con el que llegaría a ser el heredero natural de otro niño prodigio, un tal Mozart, y el precursor genial de otro improvisador de muchos quilates: un tal Keith Jarrett. ¡Qué no daríamos por poseer una máquina del tiempo que nos permitiera grabar los conciertos improvisados de Beethoven! ¡Quién sabe si no habría entre ellos un The Köln Concert con el que medirse el de Jarrett en Colonia el 24.1.1975!

Ñ de Ñoño
Durante mucho tiempo, en España, el paradigma de la música ñoña fue la bagatela en la menor “Para Elisa”, de Beethoven. Ello se debía al hecho de que esa partitura, tan fácil de ejecutar, es la primera que solían enseñarle sus profesores de música a las señoritas de buena sociedad cuyos padres sufragaban el posible talento musical de sus retoños. De tal modo que el sonido del piano terminó siendo sinónimo de “Para Elisa”. Espero que esa moda haya pasado.

O de Otoesclerosis
Se quedó sordo por completo, una dolencia que comenzó a afectarle tan pronto como el año 1798 y se fue acentuando con el paso del tiempo. No existe una claridad absoluta acerca de las causas del mal: hay quienes lo achacan a una atrofia de los nervios auditivos, hay quienes opinan que fue el resultado de una otoesclerosis. Sea lo que fuere, la sordera le obliga a renunciar a seguir dando conciertos de piano, y en algunos momentos de auténtica desesperación le lleva a pensar en el suicidio. [Ver U]

P de Príncipe Karl Lichnowsky
Su segundo viaje a Viena fue sin retorno, en primer término porque en 1794 se produjo la ocupación de su Renania natal por tropas francesas. Aunque, desde luego, lo decisivo fue que echó raíces en la capital austríaca y que bien pronto gozó del mecenazgo del príncipe Karl Lichnowsky, quien puso a su disposición una vivienda en su propia casa, y a partir de 1800 le concedió una asignación anual de 600 florines. Con esta seguridad financiera garantizándole una existencia artística independiente, pudo dedicarse por completo a la composición, hasta 1807, en que se rompen sus relaciones con el príncipe. Para entonces ya tiene una nombradía y unos ingresos que en principio le permiten prescindir de ese mecenazgo, si bien sus amigos no tardan en conseguirle otros, para poder retenerlo en Viena.

Q de “Quasi una fantasía”
A la sonata para piano n.º 14, en do sostenido menor, opus 27, dedicada a la condesa Giulietta Guicciardi, la vox pópuli dio en llamarla “Claro de luna”, pero el subtítulo que le dio el propio Beethoven, “Quasi una fantasía”, sugiere la importancia que le concedía a la improvisación al piano, todavía en 1801, un año antes de hacer testamento, atormentado por la creciente sordera. [Ver U y Z] Este es el enlace con la sonata, de tan inolvidable melodía.

R de Waldo de los Ríos
Imposible pasar de largo ante el nombre de este compositor argentino, genio del arreglo musical, gracias a cuyas grabaciones de piezas clásicas con ritmos contemporáneos se hicieron famosas en el mundo, entre otras obras, la coral del cuarto movimiento de la Novena, abriéndole las puertas para que fuese consagrada como himno de Europa.

S de Sobrino
Los años siguientes al Congreso de Viena (1813/1814) están marcados por preocupaciones económicas amén de las derivadas, a la muerte de su hermano Kaspar Karl, por el juicio para conseguir la tutela de su sobrino de 9 años, también llamado Karl, quien a final de cuentas no hizo más que darle disgustos: carecía de la altura moral que su tío esperaba de él.

T de la Marcha Turca
Es una de las piezas más populares del repertorio de Beethoven, pertenece a la partitura de la música escénica “Las ruinas de Atenas”. Esta melodía suscita inevitablemente el recuerdo del famoso programa de Chespirito “El chavo del 8”. Por mor de la precisión, en los créditos del programa se nos dice que se trata de la canción “The Elephants Never Forget”, cuyo compositor es Jean–Jacques Perrey; sin embargo, está claro que Perrey se inspiró en la Marcha Turca beethoveniana o hizo un reciclado humorístico de la misma. En todo caso, de las docenas de grabaciones que existen de la partitura original, la que prefiero es una que protagonizan Tom y Jerry, este es el enlace.

U de Última voluntad, en Heiligenstadt
El 10 de octubre de 1802, o sea, 25 años antes de su muerte, Beethoven escribe su testamento en el balneario Heiligenstadt, cerca de Viena. Acudió allí para poner remedio a su gastritis, a la cual su médico creía que pudiera deberse la progresiva sordera de su paciente. Beethoven estaba lo bastante desesperado como para pensar incluso en el suicidio, y en todo caso se creía cercano a morir. Pero lo cierto es que aunque completó el texto de su testamento dos días más tarde, y plegó y lacró el documento, nunca se lo envió a sus hermanos, Kaspar Karl y Johann, destinatarios del mismo, Junto a la carta a “la Amada Inmortal”, se lo encontró entre sus papeles después de su muerte, marzo de 1827. Desde entonces se lo conoce con el nombre de “Testamento en Heiligenstadt”.

V de Viena
En Viena murió el lunes 26.3.1827 y fue enterrado el jueves 29: el dramaturgo Franz Grillparzer, poeta nacional austríaco, y Franz Schubert (quien moriría al año siguiente, a la edad de 31 años), fueron dos de los portadores de las 36 antorchas en el cortejo fúnebre que acompañó el ataúd, rodeados por el luto de 20.000 condolientes.

W de Wellington
En 1813/14 se celebró el Congreso de Viena, que le consagra como el gran compositor de su época, con el estreno del poema sinfónico “La victoria de Wellington o La batalla de Vitoria”.

X de Xenius [=Eugeni d’Ors] en su espléndido libro El valle de Josafat:
«De Shakespeare, la alegría; de Miguel Ángel, la estatura; de Beethoven, la claridad. // La claridad de Beethoven es tal, que, en los mejores momentos, llega a dotar al arte puro de los mismos privilegios comúnmente reservados a la vulgaridad. El de la fácil popularidad, por ejemplo. Beethoven es el único artista puro, y a un mismo tiempo completa y sinceramente popular. Conocemos a multitud de filisteos que sienten entusiasmo por Beethoven, y –esto es lo más notable– lo sienten por las mismas razones, serias y legítimas, que los delicados. // No es completamente análogo el caso de Rafael. También Rafael gusta sinceramente a públicos muy distintos. Place al que busca en el arte un ritmo, al que busca un canon, al que busca un sentimiento, al que busca una anécdota, al que busca un disimulado afrodisíaco. Pero place a cada grupo por una particular razón: las Madonnas no interesan análogamente a los gustadores de los símbolos eternos que a los aficionados a las mujeres guapas... Pero Beethoven no tiene más que un público; no conoce diferencia entre intelectuales, curiosos, sentimentales y eróticos; se dirige a lo que de humanidad hay en cada uno de ellos. // Un solo producto, en la historia universal del espíritu, y en este punto de la claridad y de la popularidad auténtica, se parece a la [obra] de Beethoven: los Evangelios».
[Tal vez fuese conveniente destacar que el libro de Xenius es de 1918, y en él se nos dice que los Evangelios se parecen a la obra de Beethoven, y no al contrario]. [Ver G]

Y de Yayoi Aoki
Japonesa, autora de no ficción, feminista y crítica musical, a quien se deben los estudios más serios acerca del gran amor secreto de nuestro compositor, reflejados en su libro Beethoven: Descifrando el enigma en torno aLa Amada Inmortal”. [Ver A y J]

Z de Z. (=Therese von Zandt)
Bajo el escueto sinónimo “Z.” fue la primera mujer en escribir y publicar reseñas en el Allgemeinen musikalischen Zeitung [Periódico musical general], de Leipzig, publicación puntera en la materia. Se da por supuesto que ella y Beethoven mantuvieron una relación amorosa durante los siete meses que Theresa pasó en Viena, comisionada por su redacción de Leipzig, y que fue ella quien le dio a conocer el libreto de la ópera Léonore, ou L’amour conjugal, de Jean–Nicolas Bouilly, traducido por el redactor–jefe del periódico y en el que se basa la trama de Fidelio. Un retrato encontrado entre los bienes de Beethoven, y antes atribuido a la condesa Guicciardi, parece ser incuestionablemente de Therese von Zandt. [Ver Q]

 

 

 

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Carta de Alemania (58), Mi Abecedario Beethoven enviada a Aurora Boreal® por Ricardo Bada. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Ricardo Bada. Fotografía Ricardo Bada © Ricardo Bada. Este texto se publicó originalmente en la revista Nexos, México.

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