Sueño de amor n° 3
Marianita presiona la tecla y deja escapar el sonido que resuena por toda la casa. Él, le lleva la mano a la boca y la abofetea y da de puñetes en el vientre, una, dos, varias veces. Ella recuerda, no sabe por qué, una playa vacía, su mano acariciando su cuerpo, las sonrisas, las palabras de amor. Silencio. Abajo, Marianita sigue tocando su piano, dejando lugar a la música que llena la casa de color, líneas y también agujas muy puntiagudas.
Leonardo Alezones Lau. 1983. Venezuela. Poeta y Artista Plástico, Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena 2002-2005. Es autor del poemario Arcada publicado dentro de la colección CADA DÍA UN LIBRO en el año 2008 como galardón en El Certamen Mayor De Las Letras y Las Artes Del Conac. Amalivaca en 2012 con Negro Sobre Blanco Editores. Parte de su obra está representada en revistas como Pez de Plata, Poesía (UC) y Punto En Línea (UAM). Actualmente trabaja con artistas de la región y alterna su obra con el periodismo cultural.
Ana Romano, Argentina, 1944. Profesora de Francés. Obtuvo premios y menciones en certámenes literarios e integró varias antologías. Participó en talleres de poesía coordinados por Fernando Molle, Walter Cassara, Hernán A. Isnardi y en la actualidad con Rolando Revagliatti. Ha publicado un libro de poemas: De los insolentes fantasmas (Vela al Viento, Argentina, 2010)
Gilberto Lastra Guerrero, México. Es poeta, narrador, fotógrafo y periodista. Ha publicado en varias revistas de México, Brasil, Dinamarca, España y Portugal. Es autor de cuatros libros de poesía y ha participado en exposiciones individuales y colectivas de artes visuales.
Para Valentina, eterna compañera de viaje.
Para Santiago, mi amigo por siempre.
Para Marthica & María del Rosario, guevaristas a su manera.
Casi todo el mundo cree saber, es más, asegura, cuándo nació. Yo, no. Según mi madre, nací el 14 de mayo de 1928, tauro, o sea, audaz y obstinado, y no el 14 de junio, géminis, es decir, sumiso y mediocre. En otras palabras, mi madre, mi querida Celia, había mentido... bueno, che, había tenido que mentir, porque el día de su boda con mi padre, llamado como yo y de apellidos Guevara Lynch (lo que nos emparenta con los irlandeses y más atrás con los celtas), estaba en el tercer mes de embarazo. Y por eso fue que inmediatamente después de su matrimonio ellos se alejaron de Buenos Aires a refugiarse en la remota selva de Misiones, el mismo lugar en el que vivió y se mató Horacio Quiroga. Allí, mientras mi padre se dedicaba al cultivo de la yerba mate, Celia vivió el embarazo lejos de los ojos escrutadores de la sociedad porteña.
A Rimbaud (*)
Abrió la puerta y no pudo salir. ¿Cómo? No podía creerlo, ¡no podía creerlo! Por más que intentara: ¡no podía salir! Algo se lo impedía; era como si hubiera un muro entre el interior y el exterior, situado precisamente ahí, en la puerta. Sin embargo, el hueco de ésta era el de siempre: transparente, si así se puede decir. Podía ver la calle a través, la gente que pasaba, los carros... Pero, ¡no podía salir! ¿Cuántas veces lo intentó? Era como si la puerta no se abriera: ¡no podía salir!
Dejó de debatirse contra "eso" que le impedía pasar del otro lado, y gritando de pura impotencia salió corriendo hacia el primer piso. Saltó a zancadas los escalones, pensando en la ventana de su dormitorio. Tal vez arriba todo sea distinto, se decía sin saber por qué. El pecho le escocía y respiraba rápidamente, como por soplidos. La ventana, la ventana, se repetía como si así quisiera cadenciar los movimientos bruscos de sus piernas subiendo apresuradas. Al llegar ante ella, titubeó antes de abrirla. Pensó que por allí no podía salir, si quisiera. ¡No iba a saltar, no! Pero más pudo la angustia de sentirse encerrado: la abrió a la carrera. Tal vez no sea sino la puerta la que se niega a dejarme pasar, exclamó en voz baja y sorprendiéndose de su ocurrencia.
Encaramarse a las altas cumbres.
Surgir desde San Pedro de Atacama bajo un cielo estrellado.
El todo terreno se bamboleaba, mientras la joven indígena nos relataba historias de amor entre los volcanes Licancabur y Kimal.
Apenas amanecía, intenso frío de invierno boliviano. Íbamos en dirección al Salar de Tara, cruzando extensiones escarchadas. Nos detuvimos a desayunar en los humedales de la tagua cornuda, junto a los impolutos espejos de agua, donde se reflejan los nevados.
En medio de extensos arenales, buscamos a tientas el impreciso desvío, hasta encontrar la huella hacia Los Monjes de la Pakana. Colosales rocas golpeadas por el viento del altiplano, que durante milenios las fueron esculpiendo, en medio de interminables cascajos.
Avanzamos entre obeliscos naturales de roca, hasta la efigie de Neruda, donde el viento susurraba sus poemas.
El docto y el imbécil
Freddy Téllez
Novela
Sílaba Editores
Páginas 156
2014
Federico, escritor en lucha con sus orígenes, deja París para irse a Caracas por insistencia de su hermano. Instalado temporalmente en la casa de este, confronta sus vidas y desarraigos: de Bogotá, de Buenos Aires, de París, para terminar en una Caracas que encuentra superficial, machista, sucia, desordenada, pero a orillas del mar... Embrollo de exilios y descentramientos, afán de buscarse de ciudad en ciudad, drama de no comprender que en toda latitud uno sigue siendo él que es y "carga" su mundo a cuestas. Esas son ideas que lo atormentan y sobre las que escribe libros dentro de libros.
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