¿Por qué no hago yo como los
otros: vivo en armonía con mi
gente y acepto en silencio aquello
que pueda trastornar la armonía
misma; ignorándolo como un mero
error dentro del conjunto; teniendo
siempre presente aquello otro que
nos une felizmente y no lo que nos
empuja una y otra vez, como por
fuerza bruta, fuera de nuestro
círculo social?
“Investigaciones de un perro”
Franz Kafka
Primer día…
Mi mundo se transforma en un inmenso pitido. Los sonidos lentamente se transforman en gritos agudos. Puedo escuchar todo, por ahora, detrás de los grillos invisibles en mi cabeza. Poco a poco los grillos devorarán cada compás, melodía, la voz seductora de los sueños, la música, todo danza entre los velos de los chillidos en mi mente.
Llevó varios años así, pero los fantasmas ruidosos son cada vez más insoportables en el oído derecho desde hace unos meses.
Ayer finalmente fui a un doctor y me confirmó que los sonidos de la vida poco a poco serán devorados por esos seres invisibles de altas frecuencias que habitan en mí…
Segundo día…
Siempre he sentido una obsesión por las voces. Desde pequeña prestaba atención a los distintos matices, esas formas particulares de cada persona pronunciar las oclusivas, las vocales abiertas, las entonaciones, la dicción, esas peculiaridades de s, c, z. Imaginar los sueños de una mujer con la voz muy aflautada o las pesadillas de un hablante pasota o agresivo. Descubrir la personalidad oculta tras registro del habla de cualquier desconocido, era todo un juego de agente secreta. ¿Y quién no se ha dejado llevar por una voz profunda hasta alcanzar ese orgasmo fonético indescriptiblemente agradable? Mis primeros recuerdos de la infancia, esos que me marcaron, son sonoros.
Supe que iba a ser escritora escuchando a mi abuelo Manolo, con su hermosa voz de barítono; y ante la voz fuerte y cariñosa castellana de mi abuela Hortensia, quien recitaba sus poemas de memoria. Ella me llevó a las primeras lecturas de poesía en el ateneo de Salamanca. Mi abuelo y sus ternuras, su pasión por el balompié, la radio, los libros. Además de la poesía, Hortensia me contaba las historias de su familia antes y después de la Guerra Civil, era apasionante, triste, hermoso y realmente horroroso.
Breve artículo sobre el XVI Capulí, Vallejo y su tierra, una conferencia celebrada en mayo de 2015 en Perú.
El XVI Encuentro Internacional Itinerante, Capulí, Vallejo y su tierra se celebró en Perú del 19 al 24 de mayo de este año. Después de la primera jornada en la casona de la Universidad de San Marcos en Lima, que incluyó la inauguración del evento en la Capilla de la Virgen de Loreto por parte de los doctores Danilo Sánchez Lihón, Mara L. García y Bernardino Ramírez Bautista, una sesión de lectura literaria y otra de trabajos académicos y críticos, nos desplazamos hacia Trujillo, Huamachuco y Santiago de Chuco, ciudad natal de César Vallejo.
Si bien este camino de Santiago de Chuco se inició en Lima y otras ciudades de Perú, para muchos comenzó en Andorra, Hungría, México, Inglaterra, Colombia, Brasil, España, Francia, Estados Unidos, Argentina, Escocia, Venezuela, Uruguay y Chile. En el Centro de Estudios Vallejianos de la Universidad Nacional de Trujillo hubo una ceremonia de bienvenida y distinciones. Al final el poeta Andrés Echevarría le entregó al Dr. César Alva Lescano, Presidente del Centro, un ejemplar de su edición fascimilar de Cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero, publicada por la Biblioteca Nacional de Uruguay. Los actos académicos en la universidad estuvieron acompañados por una feria del libro junto al paraninfo, en la que por fin pude hacerme a un ejemplar en español de César Vallejo Una biografía literaria de Stephen Hart. De la universidad fuimos al antiguo hotel “El Arco”, donde Vallejo vivió y escribió Los heraldos negros, después al colegio Nacional San Juan, donde entre sus alumnos del primer año de primaria tuvo a Ciro Alegría.
Los pies en el techo
Karla Ontiveros Flora
Editorial Comanegra (Barcelona)
Con el objetivo de continuar explorando las posibilidades del libro como un dispositivo comunicador de múltiples lenguajes que van más allá de lo textual y lo literario, ETCI, Editora de Textos (y Contextos) Creativos Independientes, con el apoyo de Fundación Colección EPPCI A.C. presenta el libro Los pies en el techo de Karla Ontiveros Flora.
Hugo Figueroa Brett.Venezuela 1940. Militar de graduación académica se retira con el grado de Teniente de Fragata. En 1973 gana el premio nacional de cuentos convocado por la Universidad del Zulia con su cuento Metástasis. En 1975 edita su poemario 13 Genital. En 1976 gana el premio nacional de Poesía convocado por La Universidad del Zulia con el poemario Agosto tiene un titulo distinto para mí . Edita su libro Casa de Astrid y casa 1982. Es incluido en una selección de poetas venezolanos en la Revista Poesía del Ministerio de cultura de España (1986). Publica su poemario Scargot en el 2005. Reside en Venezuela.
Existen momentos en Después de comer perdices o por qué las mujeres son boludas que nos hacen replantear nuestros deseos mas ocultos. Despiertan en el lector pasiones dormidas, aparentemente inexistentes, pero que detectamos cuando nos las muestran, como en este libro, desnudas, claras, y ofensivamente descriptivas. En estos cuentos se puede contemplar la presencia latente de Borges y Cortázar, que acompaña y observa a la escritora a través de los relatos, pero que no molesta ni contamina, dejando a la autora con una voz propia, libre y salvaje, que penetra en la mente del lector con una fuerza literaria implacable. Y es que Rita Gardellini rebosa literatura. Tiene una capacidad extraordinaria (más bien un don) para jugar con el lenguaje. Hay momentos en los que se disfruta leyendo el cuento por el simple placer del texto. También, algunas historias contienen un grado conmovedoramente amargo, y poseen la virtud de la cercanía, a pesar de que sus personajes hablan con el estilo propio del lugar de donde viven. Podemos reírnos por la reacción alocada de sus protagonistas, o sentir angustia por la desesperación que genera un rechazo, o imaginar el hastío y frustración de una mente marginal, solidarizándonos, no sin cierta complicidad, ante el profundo desasosiego que provoca la incomprensión. El tema de la soledad —un tema ya de por sí fascinante e inquietante— se plasma de una manera brillante y en ocasiones puede resultar muy tortuosa. Aunque habla de mujeres, el amor, el sexo, y las relaciones de pareja, en realidad transmite, por momentos, las inquietudes de los seres humanos ante la dictadura de la cotidianeidad: las inseguridades, los deseos, las envidias… Los sentimientos más primitivos y auténticos, los más desgarradores. Entre los cuentos hay unas historias que llegan más que otras. Quizás porque la complejidad de algunos personajes llama mucho la atención, y otros pueden interesar menos. Pero en todos los relatos se mantiene algo especial, que pervive en esa prosa asilvestrada que la autora tanto domina.
Los Maletines
Juan Carlos Méndez Guédez
Novela
Colección Nuevos Tiempos
Ediciones Siruela S.A., Madrid
Páginas 386
2014
No se puede comentar una obra desde el final y, mucho menos, traicionarlo en un comentario. No se puede quitar el placer del lector de descubrir una novela o un texto. Tiene que recorrerlo por sí mismo. Pero, entonces, ¿cómo podríamos comentar la novela Los Maletines de Juan Carlos Méndez Guédez, de este venezolano, que, sin estruendo y tenazmente, ha venido escribiendo una narrativa de verdadero alto vuelo en el continente? No es que este tipo de narrativa necesite un “tema” para que haga este salto, sin embargo, Venezuela cuenta con un excelente narrador para convertir ese “tema” en una verdadera joya literaria. Se trata de Venezuela, de un país que ha estado ya por muchos años en el centro del debate latinoamericano y global, de un personaje, Donizetti, que trabaja en una agencia de noticias en Caracas y que debe transportar maletines sin preguntar qué llevan y cuál es su destinatario final. Solo recibe órdenes por su blackberry, una extensión de su propio cuerpo, que dirige su vida sin que él pueda determinar la dirección y el sentido de sus movimientos. Es como si estuviera alienado de sí mismo y la única recompensa, que la necesita para mantener los gastos de sus familias (tiene dos), es el pago que recibe por transportar por medio mundo esos maletines. La novela está dividida en dos grandes bloques que son nombrados como rounds, porque, en efecto, se intercalan escenas famosas de boxeo, donde se mencionan a boxeadores como Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard y al panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, conocido realmente, más que por sus victorias, por sus grandes derrotas. Y aquí entra Donizetti, un personaje que ha sufrido derrotas en la vida, que es humillado por un sistema, pero está dispuesto a soportar todas las vejaciones posibles en aras de mantenerse medianamente a flote. Recibe todos los golpes posibles, tanto en el trabajo como en su familia, y anodadado uno solo observa cómo va resistiendo todos los asaltos. En efecto, como lector-expectador, solo se puede compadecer y sentir lástima por este personaje que está destinado a ser noqueado y besar la lona con el protector salido de su boca. Se espera, por misericordia, que el entrenador (que no existe) lance al tinglado la toalla blanca para dar terminada la desigual pelea. Pero no. Como buen personaje, que es Donizetti (hay que recordar la pelea de Ali con Foreman), uno comprende que tampoco se le puede desestimar, pues, como todo buen personaje-boxeador, tiene una capacidad de asimilación de golpes, que no terminan de noquearlo, y solo espera su oportunidad de dar su golpe. Y es así que resiste los golpes de su poderoso adversario (los generales y la maquinaria del poder), y el personaje, apoyándose contra las cuerdas del tinglado, encuentra a un viejo amigo con quien diseña un plan para darle un giro a la pelea a su favor. Y lo logra. Es una novela bien lograda, lo mejor que hemos leído en mucho tiempo.
Para celebrar los 30 años de El Patio de los vientos perdidos, la novela de Roberto Burgos Cantor
El patio de los vientos perdidos
Roberto Burgos Cantor
Novela
Primera edición 1984
“.... Robertico terminó la novela, desde hace días estaba en la espiral final, y ya está buscando manos femeninas que la pasen a limpio (...) es hermosa, con toda esa fe indefensa, maravillosa, que alienta a ese turbaquero ( ) a los más grandes cielos. No sé en qué momento se nos volvió sabio, con el más grande corazón de aire limpio que ha dado esta selva de pájaros, tigres, y mujeres que le traen agua pura porque él sí sabe de poesía y cogió la ley por la cintura y por el alma.
Quien lo ve, tan mañoso, tan atento con las muchachas, trayendo el mercado en su carrito semi-blanco, buscando fósforos de palito para la pipa, tan de corbata, y con las alas guardadas en el closet ¡” (Santiago Mutis, octubre de 1984)
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