Marina Testa Pedersen (Argentina, 1947). Escribe poesía en español y danés mezclando diferentes formas de expresión en el lenguaje. Ha escrito artículos para periódicos y revistas. Es co-autora del libro En fandens bestilling - kan vi slippe for det ubevidste, (2006, Frydenlund), con el capítulo "Det fremmede" (Lo extranjero) " que proporciona un ángulo poco convencional de la integración y la experiencia de pérdida. También es psicoanalista y forma parte del grupo "Ágora de Freud" de Copenhague, Dinamarca. Ofrece conferencias sobre psicoanálisis y las cuestiones culturales, psicológicas y sociales desde una perspectiva psicoanalítica. En el 2006 realizó una interpretación libre de un cuento de hadas de Hans Christian Andersen para la película Der er forskel (Kram Film). Además de lectura de poemas en un evento organizado por D.F.H. con motivo del centenario de H.C.A. Los poemas, aquí publicados, salvo el último, son una selección de la muestra itineraria Ritmo, Espacio y Dirección realizada conjuntamente con las pintoras argentinas Clementina Looms y Ester Lopez (Argentina - Dinamarca).
Inédito
Hacía calor conforme se acercaba la noche, pero al joven no le molestaba porque ya estaba acostumbrado al clima cálido de Andalucía. La tarde apaciblemente templada le recordó su hogar en el verano y la partida a España. El pensamiento del último año en Sevilla voló como un pájaro a través de su mente y, con un suspiro profundo de añoranza, apagó un cigarrillo en la entrada del bar mientras reflexionó sobre el pasado.
Un año en Sevilla sin regreso a los Estados Unidos. Muchas veces Rogelio no tenía tiempo para echar de menos su pueblo, a su madre, la vida que vivía antes de venir a España. Siempre estaba trabajando, preparando comida en un café cerca de la universidad. Por las mañanas comía un trozo de pan con un cafecito y planchaba una desgastada camisa vieja antes de salir. Al volver a casa por las tardes, se quitaba la camisa sucia con grasa y sudor, y se sentaba, quieto en el balcón contemplando a las españolas pasando. Allí permanecía callado por largo tiempo y regresaba al interior para cenar un bocadillo y arrojarse a la cama. Ganaba bastante para vivir, y claro podía ahorrar una porción del salario porque no había oportunidad de gastarlo, pero a veces salía de su apartamento en su día libre por la noche, y escuchaba un espectáculo de flamenco en su bar favorito, T de Triana.
Aquella tarde comenzó a llover temprano, no de una forma torrencial, sino una lluvia intermitente, una llovizna de media hora; luego un chaparrón de tormenta, una rociada, una ducha caliente, una ducha fría, un baño de aguas eléctricas. Entonces vino el viento huracanado. Las pequeñas calles estaban convirtiéndose, poco a poco, en una mucosidad amarilla y resbalosa, y el pueblo se desdibujaba lentamente en el mapa; terminaba abruptamente por todas partes.
Dentro de la casa hacía un frío húmedo, esponjoso. Me apresuré a cerrar las ventanas y coloqué un armario detrás de la ventana más grande; dispuse los muebles, las camas, la cocina y todo lo que pude en el centro de la sala. Afuera el agua se arremolinaba en medio de la calle, y lo que hasta hace unas horas era arcilla endurecida por el sol, arena, aridez, desierto, se había convertido ahora en una serie de terrazas flotantes, entrecruzadas por cascadas parduzcas y turbulentas, por ríos corriendo en todas direcciones, lanzándose hacia el enorme y humeante sumidero, cargados de tierra sucia, ramas tronchadas, guijarros, pizarras, minerales, flores salvajes, insectos muertos, lagartijas, carretillas, perros, gatos, pedazos de alguna casa pobre, nidos de pájaros, todo lo que no tenía inteligencia, pies o raíces para resistir.
A lo largo de la orilla del mar había una hilera de casas que parecían sacar las garras y aferrarse al suelo que se resbalaba lentamente hacia la playa. Era como si en cinco minutos pasáramos por todas las mutaciones habidas en cincuenta años. Cualquier cosa que se miraba daba la impresión de que se la veía por primera vez. Pensé que todo esto podría desaparecer, podría ser demolido, carcomido por el infinito etcétera de la lluvia en cuestión de minutos.
ARTEenMOVIMIENTO
50 retratos de artistas españoles en Londres
Lorenzo Hernandez
Fotografía
Editorial Aurora Boreal®
Páginas 128
2016
Aurora Boreal® y Lorenzo Hernandez presentaron el 16 de febrero de 2016 , el libro ARTEenMOVIMIENTO en la galeria 12 Stars Gallery de Londres. Este nuevo libro de la Editorial Aurora Boreal® se concibe en principio como un libro de retratos pero, a medida que pasan los meses y Lorenzo Hernandez conoce a los artistas, se da cuenta de que tiene ante si una ocasión única de describir Londres, cómo es él y a través de todos los retratos que va realizando. Poco a poco descubre que el proyecto se va alejando del libro de retrato y se convierte en un reportaje fotográfico sobre la vida de cincuenta personas en una gran urbe. ARTEenMOVIMIENTO refleja mucho la forma de ser y de relacionarse de este gran fotógrafo: una forma llana, honesta y sencilla.
Inéditos
Especial para Aurora Boreal®
En El Floridita con Daiquirí
Guillermo, como Ernest Hemingway, prefiere el daiquirí sin azúcar y sin absorbente. Así lo toma cuando el hijo lo sorprende en la barra de El Floridita, abrazado a la cobriza Gertrudis, su amante oriental dúctil en curvas de entonación apretadas, de caderas realmente traviesas y moral ensimismada en cama o ducha... El joven, sin alzar la voz, le recrimina que le doble la edad a la nutritiva ciudadana, cuyo amor hacia él se parece –dice— al de las jineteras de la Alameda de Paula, casi al borde de la embrollada bahía. A las alegres coristas que Degas pintara en París –piensa Guillermo, mientras le sonríe al hijo y descabeza un Romeo y Julieta. Pero la perseverancia del joven está a punto de fastidiarle el almuerzo, las langostas a la mandarina que después le permitirán retozos sin retazos. Y decide interrumpirlo: “Hijo, perdona, ¿recuerdas cuál es mi plato favorito?” El joven lo mira. Mira a Gertrudis, que se lima las uñas; al barman, a un entremés donde se enredan finas lascas de Pata Negra en dátiles tostados. No entiende pero contesta: “Bueno, papá, las ostras”. Guillermo recorre de un golpe de vista el cuerpo de la mulata Gertrudis, a la que llama Tula. De abajo a arriba la facha de su hijo. Traga un sorbo de daiquirí y da una cachada al Romeo y Julieta. Susurra: “¿Y cuándo se pregunta a las ostras si uno les gusta?”
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, escrito por Miguel de Cervantes Saavedra, es una novela avant la lettre que simplemente no pudo haber sida escrita en otro tiempo. Esto se debe a que ella recoge su materia de la literatura leída en la época, es decir, las novelas de caballerías, a las cuales parodia. En El Quijote, Alonso Quijano, el personaje principal, decide armarse caballero andante y salir en busca de aventuras. Parece paradójico entonces que, tras seguir y respetar los ideales caballerescos por incontables páginas, éste muera después de haber “abominado con muchas y eficaces razones los libros de caballerías.” (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, II, LXXIV, 562) Esto verdaderamente se presenta como un non sequitur; en especial cuando consideramos que él permite que estos mismos ideales caballerescos sean los instrumentos de su destrucción: don Quijote es vencido por el Caballero de la Blanca Luna y es el mismo código caballeresco que lo obliga a regresar a la Mancha donde muere, presumiblemente, de melancolía. Pudo haber roto su palabra en cualquier momento y continuado con su “malandante caballería”. Sin embargo, sólo aborrece sus libros cuando esta acción no puede cambiar el curso de los hechos. En este ensayo utilizaré el topos del theatrum mundi como una posible explicación para el problema.
No te voy a mentir. Este pueblito nunca me ha gustado. He intentado, he intentado sembrar algo así como una semillita que empuje el gusto desde abajo hacia la superficie, pero no. Es un pueblo feo. Aburrido. Una farmacia en la esquina, a dos cuadras de mi casa, donde venden termómetros de los viejos, de esos con mercurio, de esos que te quiebran la muñeca. Un restaurante de comida de plástico, de queso falso y nachos industriales. Tex Mex. Un local donde venden loterías y pilas de todo tamaño. Que la pila para el control remoto. Que para el relojito-despertador. Que para el marcapasos. Pero no para el termómetro, porque aquí no venden termómetros de pila. Y un puesto de café. De café del malo. De ese aguado, transparente, con el agrio del café instantáneo. Que empeora con la leche, que parece agua blanca. Compro la comida en una tienda de víveres que huele a refrigerador descompuesto. Los vegetales tienen impregnado ese olor. Imagínate cómo sabe la sopa, el estofado. Es un pueblo feo. Huele feo. La gente es fea. Eructan, se pedorrean. Y se ríen por eso. Llevan sombreros pero no están subidos en caballos como en la publicidad de Marlboro. Sí, sujetan el cigarrillo de lado, eso sí. Sus labios tienen esa habilidad. ¿Sí sabes cómo? Colgado el cigarrillo entre los labios medio cerrados, medio muertos. No deben saber besar esos labios. No deben besar. Y entonces yo me encuentro en este ambiente, con estos olores, estas imágenes, y me aburro. Siempre has dicho que soy aburrida por eso de que soy contadora. Sí, sí, qué risa. Qué chiste. Para ti. Para mí no tiene gracia. Y te lo he dicho, ya cambia de chiste. No es gracioso porque no sorprende. De hecho, ahora que lo pienso, tu humor es humor de eructos y pedorreos. Así de malo es tu chiste. Tú la pasarías bien aquí, creo. Y podría presentarte a mi alumno. Un jovencito con la edad esa de pelusa de bigote que crece sobre el labio. Esa pelusa que invita a la Gillette. Pero no, prohibido rasurar. Aún no es tiempo. Hay que respetar ciertos procesos. El muchachito es bueno. Un poco ingenuo aún. Maneja bien el balance. Sabe cómo equilibrar los pesos. Sí te conté, ¿no? Le enseño cómo caminar en la cuerda floja. De la nada, se me ocurrió un día traer de vuelta mis capacidades de juventud. Y como este pueblo está lleno de arbolitos y postes, decidí poner la cuerda al ras del piso entre uno y otro para ver cómo iba mi equilibrio. Y como este pueblo está lleno de arbolitos y postes y metiches, este muchacho estuvo ahí, viendo y viendo. Viéndome, pues. Primer día, segundo día, tercer día. Mordisqueando su mondadientes. Cuarto día. Quinto. Hasta que con timidez yo le dije, no él, yo con timidez le dije si quisiera intentar. Se me rió el mocoso. Pero luego aceptó. No lo forcé, pero debo admitir que fui un poco dura. La adolescencia pide a gritos un poco de autoridad. Y vi que tenía potencial el muchachito. No podía dejar que el talento se le escurriera. Ahí, de empujón en empujón, vi que podía sostenerse a centímetros del piso. Y luego la cuerda. La cuerda, sí, estaba tensa, debo admitirlo. Pero no lo apretaba mucho, como dijeron en el noticiero local. Lo amarré con la suficiente potencia como para que no se escapara nada más. Disciplina. Trabajo fuerte. El talento no se le podía escurrir. Disciplina, esfuerzo constante. Todo eso se necesita para mantener el equilibrio. No es que aparece de la noche a la mañana, el balance digo. Peor aún en un pueblo como este. Porque de verdad, de verdad te digo, este pueblo sí que es feo.
Estación al anochecer
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
Xavier Villaurrutia
ha partido el último tren
solo quedamos mi silueta y mi gato
entre niebla silente como voces muertas
sin respirar los pasos acercan mariposas
y las manos desaparecen con cada aleteo

Jorge Etcheverry. Chileno, en Canadá desde 1975. Poeta, prosista y crítico, Cronipoemas, su sexto libro de poemas, apareció en 2010. Su novela De chácharas y largavistas y su antología de narradores chilenos en Canadá, Northern Cronopios, son de 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Canadá, México, Cuba, Estados Unidos y otros países. Su Chilean Poets: A New Anthology fue publicada en 2011, en Estados Unidos. Aparece recientemente en antologías como Antología de poesía chilena I. La generación de los 60 de Teresa Calderón, Lila Calderón y Tomás Harris, 2012; Alquimia de la tierra, de Santiago Aguaded Landero y otros, España, 2013 y en Elogio del Bar, bares y poetas de Chile, Gonzalo Contreras, Chile,2014. Su colección de cuentos Apocalipsis con Amazonas, es de 2015. Es embajador en Canadá de Poetas del Mundo.
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