En los últimos decenios el género memorialístico ha cobrado auge y prestigio con la aparición de textos autobiográficos de escritores tan notorios como Vargas Llosa, El pez en el agua (1993), Alfredo Bryce Echenique, Permiso para vivir (Antimemorias) (1993) y Permiso para sentir (Antimemorias II)(2005), José Donoso, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu (1996), o Gabriel García Márquez, Vivir para contarla (2002), por nombrar solo algunos. Pues bien, en lo que sigue la intención es proponer que Rubén Darío, además de ser el fundador de un nuevo lenguaje poético en castellano, abre una veta en la escritura autobiográfica contemporánea en las letras hispanas. En concreto, la cuestión que esta contribución pretende perseguir es la autorrepresentación del autor en relación con el poder estatal. Para este fin se incluirá alguna referencia a La ciudad letrada de Ángel Rama y a Teoría de la vanguardia de Peter Bürger.
César Chávez y la Unión. Una historia victoriosa de los de abajo
Víctor Fuentes.
Floricanto Press and Berkeley Press.
Páginas 283
Ilustrado ricamente con numerosas fotos de César Chávez y un álbum foto-biográfico-histórico de César Chávez.
2015
Estamos navegando en las aguas turbulentas del año 2015. El tiempo vuela y en pleno siglo XXI seguimos en zozobra. Nubes negras siguen acumulándose en el horizonte y no presagian nada bueno. Mientras tanto, seguimos nuestra faena contra molinos que se niegan a sucumbir, llevando este proyecto a trabajadores de la cultura que nos apoyan y a la consigna original de César Chávez, de “Sí, Se puede”, que llenó la vida y lucha de Chávez, que marcó el tiempo turbulento, histórico, de grandes cambios sociales en los Estados Unidos; era el grito de batalla de ese niño cuya familia a finales de los años 90 del siglo XIX, llega a El Paso, como Inmigrantes. Ya esa vida dura, marcada por privaciones de toda clase, va formando en el niño ese grito de batalla, “Sí, se puede”, que todavía hoy resuena, con gran vigor,invencible, canto de guerra contra la ignorancia, los abusos de los poderosos contra los débiles, los desposeídos, canto de guerra de los que no tenían voz, pero que la encontraron en la consigna de César Chávez, palabras combativas, que como puntualiza Víctor Fuentes, el gran movimiento de los Inmigrantes, en mayo de 2006, iba alentado y encabezado por el “Sí, se puede”, y continúa Fuentes, que “el ahora presidente Obama, cuando esto se presentaba tan lejano de hacerse una realidad, inició su campaña en el 2008 con la misma consigna traducida al inglés, “Yes, it Can Be Done.” Testimonios de César Chávez que lo son de una época, palabras de ese niño cuando tenía 10 o 12 años de edad, palabras que en este2015, repiten los niños desamparados, que cruzan los desiertos, atraviesan la frontera, las fronteras, en medio de toda clase de peligros, humillaciones: sed, hambre, abusos sexuales.
Un reconocido blog cubano reproduce dos “poemas” (sic). ¿Qué pasa con la poesía cubana? ¿Por qué hemos perdido la capacidad de separar las “explosiones biográficas” de los caminos de la poesía?
Cinco centavos era dinero, pero poquito. Hoy la frase ha desaparecido: nada está a dos por cinco centavos del gaseoso peso cubano, salvo los poetas en los blogs. Una patada y debajo del sitio web brotan cuatro, en ocasiones hasta siete.
Borges previó la inundación, aunque la bufonada era de André Gide: “¿Qué hacer por los poetas jóvenes?” “¡Disuadirlos!” ─ contestó.
También se cuenta que uno de ellos le entregó su cuaderno. Borges le preguntó el título. “Con la patria adentro”.
“¡Qué incómodo!” ─ respondió acongojado.
Dentro y fuera de Cuba, con o sin la patria adentro, hay una epidemia de “voces”, en cualquier género literario. La Academia tampoco se salva del torrente. Tampoco se libró de la lengua luciferina de Borges: “¿Cultura universitaria? Oxímoron”.
El oxímoron ─ la “combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido” ─ cae como un silencio sonoro en el ciberespacio, aunque también sobre papel, lo mismo en Miami que en Holguín, en Pinar del Río que en Madrid o Ciudad de México.
Esta semana de noviembre he recibido invitaciones “poéticas” (sic) en cinco blogs, cuatro correos y una revista de abolengo. Juro que salvo un poema, el resto son homenajes a las agudezas de Borges. Y el legible, por cierto, no en la revista Unión.
En el blog que motiva estas líneas se reproducen dos textos ─ imposible llamarles poemas ─ de una “escritora” que como por arte de trivialidad, ornada de cierta aura comercial, ha alcanzado que su nombre suene.
Selección de textos para Aurora Boreal® por el autor
Sospecho del vecino de al lado
El aullido que apenas escuché
provino de la casa de al lado, estoy seguro.
Posiblemente fue un aullido.
Creo que ha sido alguna extraña mascota del vecino
así como extraño es él.
Pero, yo más creo que es sospechoso y no extraño.
Su mirada de piedra y su andar de plomo.
Será su perro o él imitándolo.
A veces me parece que mientras ve su televisor, por las noches, ríe.
¡Qué extraño!
Pareciera que se divierte.
Algunas veces lo he visto regando su jardín
jugar con sus, también, extraños hijos.
Yo sospecho que dentro de su colorida y ordenada casa
encierra algún demonio, algún ser maligno.
Es extraño y sospechoso todo esto.
Pero, estoy seguro
que el aullido que apenas escuché
vino de la casa de al lado.
Al despertar el hombre no sabía dónde estaba, tampoco recordaba nada, ni sabía quién era. Cuando buscó entre sus pertenencias, pocas por lo demás, no encontró seña alguna de su identidad, ni siquiera un papel o libreta con su nombre. Un leve dolor de cabeza le confirmaba al menos que estaba vivo.
Permaneció sentado en el borde de la cama, tratando de poner en claro su mente, pero fue inútil. Por más que se preguntaba, no encontraba una respuesta. Quizás se tratara de algo pasajero, de una intoxicación producto de una noche de excesos, y ahora sólo cabía esperar.
El hombre se encontraba en el interior de un apartamento cuya vista daba a un cerro y a una ciudad desordenada y bulliciosa en la que nada le era familiar. Cuando quiso maldecir, las palabras no le llegaron o le llegaron con dificultad, era como si también se hubiera olvidado de hablar.
La idea de un accidente cerebral, lo sobrecogió, pero podía mover las manos, caminar y no advertía ninguna parálisis facial. No debía perder la calma. Estaba vivo, era lo importante, después vería cómo saldría de ese mal sueño. Se recostó en la cama y dejó que el tiempo transcurriera, pues sólo el tiempo podría traerle una respuesta a esa situación.
Ambrose Bierce, el autor del logrado cuento “An occurrence at Owl Creek Bridge” (traducido en español como “El puente sobre el rio del Búho” 1), es uno de los más afamados escritores estadunidenses en el estilo de la sátira.
Crítico implacable de Henry James, Jack London, entre otros, a Bierce se le conoció como “biter Bierce” (Bierce, el amargo) y “the devil’s lexicographer” (el lexicógrafo del diablo).
Sobre la prosa de Bierce, el escritor y gran crítico literario Julio Cortázar manifestó que “An occurrence at Owl Creek Bridge” era uno de sus cuentos preferidos (“Algunos aspectos del cuento”, 1962-1963) e incluso debido a ello décadas después se editó Cuentos inolvidables según Cortázar (Alfaguara, 1984) en el que figuran Bierce y el cuento que es material de análisis en este artículo. El despliegue de técnica literaria concerniente a la ruptura del tiempo hace de este cuento memorable, uno de los mejores textos -- sino el mejor-- de Bierce y al mismo tiempo un cuento representativo de la literatura norteamericana.
Asimismo, Bierce tiene otros textos de gran valía, entre ellos: “The Stranger” (El forastero), “Haïta the Shepard “(Haïta el pastor), “The Eyes of the Panther” (Los ojos de la pantera), “The Dead of Halpin Frayser” (La muerte de Halpin Freyser), solamente por mencionar algunos; Bierce creó una producción tan cuantiosa que a Walter Neale (su editor) le tomó cuatro años (1909-1912) poder publicarla en doce volúmenes. Un muestra de la vasta literatura escrita por Bierce puede observarse en The Complete Short Stories of Ambrose Bierce (The University of Nebraska Press, 1984).
Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón
Albalucía Ángel
Novela
Primera lectura: 1981
Tenía 17 años cuando leí Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón de Albalucía Ángel. Seis años antes la novela había sido premiada y publicada, y sometida a una censura vergonzosa. “Pereirana desvilorada gana el premio Vivencias”, fue el titular con el que se inició la arremetida feroz de una crítica vocinglera, tendenciosa, malintencionada y, sobre todo, incapaz. Yo era un adolescente nostálgico e inquieto perdido en las novedades de esta ciudad que aún me resultaba desmesurada y era también, como esos primeros lectores de La pájara, un lector incapaz. Recuerdo mi esfuerzo por superar, párrafo a párrafo, las 325 páginas de la edición de Plaza y Janés. Leía la novela con apatía y a ratos con rabia. Muchas veces dejé el libro en el entrepaño con intención de olvidarlo, pero lo volvía a tomar horas después y persistía, contra mi propia decisión, en su lectura. Me apabullaba mi torpeza de lector: no era capaz de completar el argumento, no lograba discriminar una historia de otra, no podía reconocer las voces, no era capaz de conectar los tiempos, no entendía los referentes, no comprendía nada. Pero algo me hacía avanzar por sobre mi propia incomprensión: reconocía en esos retazos de historias las historias que me contaban en la infancia los viejos del pueblo; revivía en la historia de los Araque y su gesta colonizadora, la historia de mis ancestros y el viaje épico que los llevó a la fundación de Caicedonia; encontraba en la infancia usurpada de Ana mi propio despojo; los estudiantes levantados contra el gobierno de Rojas Pinilla y asesinados por la dictadura eran los estudiantes levantados contra el estatuto de seguridad de Turbay y asesinados por el régimen; los asesinos de Valeria y torturadores de Lorenzo eran los temibles agentes del DAS (Departamento Administraivos de Seguirdad) que seguían torturando y asesinando con absoluta impunidad. Mi persistencia en esa primera lectura, lo entendí luego, se debía a que reconocía en esas historias de La pájara los fragmentos de un país que nos habían heredado las generaciones anteriores, el mismo país que yo habitaba en ese atribulado año de 1981. Aunque mi comprensión de la novela fue pobre en extremo, me reconocí en ella.
Pensión de animales
Pablo Silva Olazábal
Ed. Estuario
Páginas 116
2015
Una pensión puede ser alegoría de la vida y/o del mundo; todo o casi todo puede suceder allí entre unos seres que son mirados, sin saberlo, por un ángel que habita el altillo. Mirada del ángel que se confundirá con la mirada del lector, en una especie de panóptico benigno- si cabe el oxímoron. Cada habitación, incluyendo la de la portera- una bruja que no ejerce y que podría verse llevada a volver a su asunto- encierra una o más vidas como frágil protección ante un mundo o mundillo que se compone del resto de los inquilinos y los animales que parecen competir en participación y presencia. Todo ocurre en diez minutos que se estiran desde una dimensión subjetiva intensa, al borde de su desborde, en que se cruzan vidas y destinos y teorías acerca de vidas y destinos. Como señala Circe Maia: “un mundo habitado por inquilinos animalizados por la rutina y mascotas de presencia casi humana”, habita esta novela originalísima.
La vida es una distracción permanente que ni siquiera
permite tomar conciencia de aquello de lo cual distrae
Franz Kafka
–Va a llover.
–No. No va a llover. Vas a ver que no.
El Capincho alargó la mano hacia arriba, como si fuera a recibir una moneda.
–¿Y ésto? ¿qué es? ¿Viste? Yo te dije.
–No es nada. Una nube.
Extendí la mano a mi vez, poniendo la cara más inexpresiva posible, pero estaba claro que nada convencía al Capincho.
–Técnicamente –dije– ni siquiera es garúa ¿no ves que no moja el piso?
Miré la ruta y más allá la playa, donde la gente se bañaba o se aprontaba para ir a comer.
–Es tan mínimo que… ¿técnicamente sabés qué es? Solo en el País Vasco tienen nombre para algo tan chico como esto. Le dicen chirimiri. Una garúa tan pero tan fina que no moja el piso.
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