Gestos hurtados
Esther Fleisacher
Fondo Editorial Universidad EAFIT
Colección Letra x Letra
ISBN: 978-958-720-300-4
Páginas 100
2015
Esther Fleisacher camina. Ve desde su ventana lo que ocurre bajo los almendros. Un murciélago entra en plena visita y todo cambia: lo que no se dice se hace evidente. Un muchacho duerme tendido en plena acera. Una bolsa azul es olvidada. Recuerdos, pequeñas cuitas, hechos fortuitos son convocados en Gestos hurtados en el tono menor de una poesía mayor. Estos relatos que parecen crónicas y a la vez poemas o las páginas de un diario, son el testimonio de que lo que ocurre a un escritor, aún lo cotidiano, lo rutinario, está lleno de sentido.
25 de octubre, 2015.
(4 tardes después de una cistoscopia en la vejiga que sigue limpia del tumor canceroso).
“En el espejo de un verso de Machado”
Aviva el sexo (perdón) seso y despierta, adormilado Diario y mírame, sin mancharlo mucho, en el espejo de este verso machadiano:
El chillido agudo de una lechuza me despierta. No me gusta el mirar de ese pajarraco husmeando el dolor. Ya casi amanece y una pausada luz ilumina la tierra. El bosque entero ha comenzado a expirar toda su fuerza, todos los aromas guardados entre una bruma muy parecida a una llovizna.
Sé que los ciervos se están amando porque me llegan sus bramidos. Pienso que el bosque mostrará las mismas cosas mientras que el hombre no asesine su esencia.
Me siento un ciervo al poseer el bosque con toda la terquedad de un hombre solitario. Un hombre que espera la eternidad sin lamentarse.
Sé que ya soy viejo. He visto pasar los días y las noches desde esta cabaña y este sillón de la sala. La mujer amada ya hace años que ha partido dejando un hueco en la almohada. Un hueco irreversible que nunca se llenará. No sé cuánto tiempo hace que ella se ha ido; solo su ausencia da vida a los recuerdos. Y los recuerdos se burlan de mí, cambiando el sentimiento y la noción del ayer. Me pregunto sí todo ha sido tan bueno, tan precioso como la forma que quiero darle. Creo que ella ya no me amaba. Tenía piedad por mis derrotas, escuchaba mis lecturas, aprobaba o negaba con pocas palabras. Al principio, asentía llena de arrobamiento; después, casi no me escuchaba.
Esbozo general del libro que Víctor Fuentes prepara con el título Antonio Machado para el siglo XXI.
“Palabra en el tiempo”, es su definición de la poesía, pero mucha de la inmensa crítica estudia sus libros poéticos pasando, bastante por alto, la serie cronológica de sus publicaciones, donde va atrapando al tiempo, con sus cambios en consonancia con los del propio poeta y los del contexto histórico-cultural y socio-político no solo de España, sino de Europa y del mundo occidental en general, con su continua unidad evolutiva, valga la contradicción, tan valorada en su obra. Con frecuencia, se tratan sus primeros poemarios, difíciles de conseguir, no en sí mismos, sino como aparecen englobados, y transformados, en posteriores ediciones o en la última edición de sus, también cambiantes, Poesías completas.
Soledades, de 1903, con Arias tristes de Juan Ramón Jiménez, del mismo año, nos dieron el fruto más granado del simbolismo-modernismo de la poesía española del siglo XX, frente a la del XIX. Los dos libros se sitúan –y como ya se desprende de sus títulos-- en el ámbito cultural del “Mal del siglo” posromántico, de reacción contra el positivismo y materialismo de la sociedad burguesa Estudiándolo en la literatura europea, bajo el título de Sentimiento de la tristeza en la literatura contemporánea, el hoy olvidado, como su libro, José Deleito y Piñuela, a propósito de los simbolistas escribía: “A la Naturaleza, el Amor y la Muerte, tradicionales temas del lirismo, añaden los simbolistas, uno más; lo inconsciente: y gustan de replegar el espíritu en sus profundidades obscuras, vertiginosas y sombrías” (228). Aunque Deleito y Piñuelas no trata, en su libro, a los literatos españoles, esto es lo que se dio, y hasta el paroxismo, en Soledades, en una época en que Freud publica sus descubrimientos sobre el inconsciente y los sueños: sueño y ensueño, tristeza, y sus derivados, junto a sombra y sombrío son los vocablos que más se repiten en el poemario, el cual, como en Arias Tristes, y junto a sus originales logros poéticos, estaba presente parte de esta actitud que José, Deleito y Piñuela, achacara al simbolismo, pasando por alto su gran valor poético:
Ojalá no lo hubiera hecho.
Pero no lo digo por los rumores o las palabras, ni siquiera por los secretos de los que siguen en la sala y que ya nunca sabré; tampoco por los que ellos inventan de mí y que ahora se cuentan entre sílabas como si yo no estuviera. Nada de ello me importa. Lo digo solo por tu voz, tan cansada a estas horas y aun así tan dulce, atendiendo cortesías y abrazos anónimos, porque en la muerte ya casi nada mantiene su nombre. Solo por tu voz. Así te escuchaba en la entrevela del sueño, muy de mañana. Tengo el dormir ligero, y me acurruco en tus piernas y enrosco el edredón como si fuéramos una placenta en la que – aún sin nacer – ya vivíamos juntos, unidos por una voz umbilical. A veces hablabas en sueños poco antes de despertar. No contabas historias, decías palabras inconexas, luego parabas unos segundos como para escuchar una respuesta u observar una reacción de alguien fuera de la placenta, dentro solo de tu cabeza. Hablabas y a veces reías. Y entonces yo sabía que estaba vivo. A escasos centímetros, protegidos de horarios, trabajo y ocupaciones del exterior, allí, dentro del abrazo y de la placenta, te respondía. Te preguntaba. ¿Qué me dices, mi niña? ¿Qué es eso que cuentas? Dímelo otra vez. Y quedabas en silencio, sorprendida de que mi piel buscara tu palabra incluso en sueños. Como las que dices ahora, solo que ahora solo oigo las tuyas, los demás se han muerto todos. Te hablan, pero se han muerto. Los he traído conmigo.
A Luis Eduardo Gualdrón,
biólogo de formación, filósofo por vocación.
Todos estaban ya listos en el "vestier" o en el cuarto que usaban como vestier, que era el último, demasiado grande para servir como sala de clase. Como los baños quedaban ahí a la vuelta, el rector había decidido que ese cuarto sirviera para algo y el profesor de educación física que se venía quejando desde hacía meses de la falta de un local donde los muchachos se pudieran cambiar (en lugar de tener que hacerlo en los baños o en la sala de clases) antes de salir al terreno, vio la oportunidad de formular de una manera enérgica su petición, ahora o nunca, le dijo al rector: el rector le cedió el cuarto. Como era la primera vez que lo utilizaban los muchachos se comportaban con el recato y la prudencia de quien se encuentra en una sala de clases. Apenas si hablaban. Cuando el profesor de educación física entró, se extrañó de ese silencio, él que sabía que en los vestiers de los deportistas es donde más bulla se hace, les preguntó qué pasaba y los muchachos contestaron que nada, que si tenían miedo del partido de esa tarde, que no, dijeron, ¿y entonces?, por qué tanto silencio. No tenían ganas de hablar, contestaron, pero el "profe" quedó convencido de que algo malo estaba pasando, algo no funcionaba con ese equipo al que él le había dedicado sus mejores momentos desde semanas atrás, con la esperanza de que sacaran adelante los colores del quinto año, año que desde hacía tiempos no ganaba el campeonato de fútbol interno. Casi siempre lo ganaban los de cuarto o tercer año, era como si a medida que pasaban los años de bachillerato, el empuje firme y la gana de destacarse en los deportes a los muchachos se les enfriaran. Pero ese año los de quinto habían dado muestras de poder hacer bien las cosas. El "profe" decidió que con ellos se iba a jugar el todo por el todo, todo el mundo conocía en ese momento sus preferencias, de manera que una derrota o un triunfo de los de quinto año serían igualmente derrota o triunfo del "profe". Miró en redondo a los muchachos, ahí estaban todos y al mirarlos detenidamente se dio cuenta de que en realidad no era el buen ánimo lo que les faltaba, más bien, silenciosos, parecían concentrados y atentos, con la gana de entrar cuanto antes al terreno. Entonces vio a Federico, el único de los jugadores de quinto que no le gustaba. Los compañeros lo apreciaban mucho, hasta hablaban de sus buenas disposiciones deportivas, pero el "profe", aunque admitía que era un buen muchacho, buena persona, decente y todo, no creía en él como futbolista. No tenía la garra, la primera cosa que se necesita en todo para salir adelante y dejar de ser un simple aficionado, porque patear el balón cualquiera lo hace, todo el mundo sabe, incluso si jamás ha jugado, sobre todo en esta ciudad donde hay cinco clubes de fútbol y el campeonato interclubes de fin de año es más importante que la vuelta ciclística al país entero. Federico no le gustaba; se le acercó a decirle cualquier cosa, por conversar con él, probar su estado de ánimo (para el "profe" era el único flojo entre todos) y viendo que el muchacho se enrollaba las medias arriba, cerca de las rodillas, le dijo que no las templara demasiado, las puntas de los dedos podían sufrir si las medias quedaban demasiado tensas, y el muchacho, obediente, se las aflojó en seguida. "Mal sítoma", pensó el "Profe" y prefirió dejar las cosas así, se dirigió a otros, dando consejos aquí y allá, hablando y escuchando apenas lo que le respondían, preocupado porque si después de tanto molestar al rector pidiendo un "vestier", de tanto esfuerzo por demostrar que este año los que ganarían serían los de quinto año, si todo se viniera abajo, era sobre él solo, sobre sus espaldas que iba a recaer toda la culpa.
Le contaré un secreto atómico.
Interrúmpame si ya lo sabe.
William S. Burroughs El almuerzo desnudo
Wonk Kwok-Heng se encuentra frente a un cuadro de Malevich mentalizándose para tratar de vencer la supremacía del blanco. Nadie lo ha obligado, pero siente la necesidad de anteponerse a lo que su mirada capta. Desde niño aprendió que como hombre se debe estar por encima de todo lo que se crea y, aunque el cuadro no sea parte de su creación, (él se dedica a otros quehaceres más ingratos: escribir biografías), se ve empujado a situarse por encima de lo que el cuadro significa para él y entenderlo desde esa perspectiva. No hay desdén hacia el artista, tampoco mofas. Hay admiración. Hay intriga. He ahí el reto.
Ignora si se trató de un chispazo producto de una inspiración sugestionada por sustancias o por desesperaciones extremas. No sabe quién es o fue Malevich. Viendo el cuadro intuye una desgracia. Eso es lo que mejor sabe: lo que son las desgracias. En su caso cree apropiado diferenciarse. A pesar de su vida de tribulación continua, él ha sabido canalizar lo negativo, lo exasperante, y rellenar el recipiente de la basura con la mayor parte de ello. Y salir avante, siempre por encima de las cosas, con el fulgor de una mitología personal que lo satisface cada vez que se ve en el espejo, cada vez que lee su nombre en los periódicos y en las revistas, cada vez que Ruey-Jiuan lo acaricia y le dice que el amor es ciego y que el blanco no existe, que no es un color sino una tonalidad, y que puede ser vencido con tan sólo rozar la yema de un dedo y que ésta contenga en sus diminutas ranuritas la suficiente cantidad de suciedad como para derrocar esa gran totalidad imperativa.
Teresa Iturriaga Osa: Doctora en Traducción e Interpretación por la ULPGC, ha participado en proyectos de investigación europeos como Euromed Heritage II / "Mediterranean voices"; Seminario del Departamento de Historia Moderna del CSIC, "España desde fuera"; "¿Verdades cansadas? Fabrication et emploi de stéréotypes sur le monde hispanique en Europe", Congreso de la Université de Cergy-Pontoise, el Instituto Cervantes de París y el CSIC. Publicación del libro Mi playa de las Canteras (2005). Traducción al español del libro Modou Modou, del senegalés Seydi Ababacar Mbaye (2005); Traductora de textos africanos en www.laveudafrica.com (2005-2006) y www.africainfomarket.org (2005-2007). En 2005 presenta el relato Hurto blanco en Orillas Ajenas. En 2006, Namoe en Hilvanes y, en 2007, El violín y el oboe en Fricciones. Publica Tu nombre es Véronique en el libro Que suenen las olas, una colección de relatos de escritoras canarias y marroquíes, de la que también fue directora y coordinadora, realizando con Leila Chafai la adaptación de los textos árabes al español. En 2008 presenta la colección en el Instituto Cervantes de Rabat. Gana el III Certamen Internacional de Poesía El verso digital 2008. Publica Juego astral, relatos de género fantástico. Primer premio del III Certamen de Poesía Encuentros por la Paz. En 2009 publica Yedra en vuelo en la colección Acordes armoniosos. En el libro El ojo Narrativo. Ecos [2] participa con el relato El mandala de Malick y en Doble o nada con el relato Tumulto de trazo y latido. Asimismo, su poesía se incluye en la antología Madrid en los Poetas Canarios. Ha trabajado en radio, prensa digital y revistas culturales; miembro de jurados literarios como el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y el Premio Canarias de las Letras. En 2010 edita Revuelto de isleñas, una colección de relatos sobre la escritura y la cocina. Con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género, presenta su libro Desvelos, con relatos inspirados en las experiencias de mujeres de las Casas de Acogida del Cabildo de Gran Canaria. En 2011 publica su poemario Gata en tránsito, prologado por J. M. Caballero Bonald. Sus últimas publicaciones son Lavirotte al azar en la antología de relatos París (M.A.R. Editor, 2012) y Rosas rojas para María Walewska en la Antología Mujeres en la Historia (M.A.R. Editor, 2013). Recientemente, ha publicado en e-book el poemario Campos Elíseos en la editorial danesa Aurora Boreal®.
Teresa Iturriaga Osa: Doctora en Traducción e Interpretación por la ULPGC, ha participado en proyectos de investigación europeos como Euromed Heritage II / "Mediterranean voices"; Seminario del Departamento de Historia Moderna del CSIC, "España desde fuera"; "¿Verdades cansadas? Fabrication et emploi de stéréotypes sur le monde hispanique en Europe", Congreso de la Université de Cergy-Pontoise, el Instituto Cervantes de París y el CSIC. Publicación del libro Mi playa de las Canteras (2005). Traducción al español del libro Modou Modou, del senegalés Seydi Ababacar Mbaye (2005); Traductora de textos africanos en www.laveudafrica.com (2005-2006) y www.africainfomarket.org (2005-2007). En 2005 presenta el relato Hurto blanco en Orillas Ajenas. En 2006, Namoe en Hilvanes y, en 2007, El violín y el oboe en Fricciones. Publica Tu nombre es Véronique en el libro Que suenen las olas, una colección de relatos de escritoras canarias y marroquíes, de la que también fue directora y coordinadora, realizando con Leila Chafai la adaptación de los textos árabes al español. En 2008 presenta la colección en el Instituto Cervantes de Rabat. Gana el III Certamen Internacional de Poesía El verso digital 2008. Publica Juego astral, relatos de género fantástico. Primer premio del III Certamen de Poesía Encuentros por la Paz. En 2009 publica Yedra en vuelo en la colección Acordes armoniosos. En el libro El ojo Narrativo. Ecos [2] participa con el relato El mandala de Malick y en Doble o nada con el relato Tumulto de trazo y latido. Asimismo, su poesía se incluye en la antología Madrid en los Poetas Canarios. Ha trabajado en radio, prensa digital y revistas culturales; miembro de jurados literarios como el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y el Premio Canarias de las Letras. En 2010 edita Revuelto de isleñas, una colección de relatos sobre la escritura y la cocina. Con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género, presenta su libro Desvelos, con relatos inspirados en las experiencias de mujeres de las Casas de Acogida del Cabildo de Gran Canaria. En 2011 publica su poemario Gata en tránsito, prologado por J. M. Caballero Bonald. Sus últimas publicaciones son Lavirotte al azar en la antología de relatos París (M.A.R. Editor, 2012) y Rosas rojas para María Walewska en la Antología Mujeres en la Historia (M.A.R. Editor, 2013). Recientemente, ha publicado en e-book el poemario Campos Elíseos en la editorial danesa Aurora Boreal®.
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