Mi Berlín
Esther Andradi
Editorial Mirada Malva
2015
La primera vez que tuve noticias de Esther Andradi fue por su libro Vivir en otra lengua, volumen que recopila textos de autores latinoamericanos residentes en ciudades como Lausana, París, Berlín o Roma, y que refieren su experiencia de escribir en una lengua distinta de la del lugar de su exilio. Estos autores problematizan lo que implica para su escritura una condición bífida: la de quien se aísla en la cápsula de la lengua nativa para convertirse en otro (quizás más puro), que sueña o se sumerge en las aguas profundas de sus orígenes.
Es el caso de la propia Esther Andradi, argentina que reside en Berlín, ciudad íntimamente ligada a su historia. Nacida en Ataliva, en la provincia de Santa Fe, Argentina. Estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 se trasladó a Perú donde se dedicó al periodismo escrito y publicó su primer libro. Allí le correspondió vivir el derrumbe de la sociedad tradicional de este país, de lo cual dejó constancia en sus crónicas. Después pasó a Berlín en 1983. Allí compartió con otros extranjeros, y con los propios berlineses, la experiencia de una ciudad herida, divida por un muro cuya caída presenció con asombro. En 1995, Esther regresó a Argentina, a Buenos Aires, donde fue testigo del estallido neoliberal que sufrió su país en 2001. En 2003 volvió a Berlín, ciudad en la que ha echado raíces y se dedica a la escritura, donde vive en otra lengua.

A Larry Mejía
Esta noche no voy a poder dormir
Sin comerme un cucurucho de maní.
Versión de Antonio Machín
A los 10 años de vida decidí empezar a ganármela, dado que el magro sueldo de mi papá en la sastrería de don Jacobo, en el Pasaje Zamoraco,
al lado de la academia de mecanografía de Remington Rand, tur tur tur tur, apenas si daba para los gastos de la casa de la carrera cuarta,
arriendo, mercado, ropa, agua, luz y cuadernos, por suerte compartidos con "Picuenigua", el esposo de la tía Adelfa,
detective secreto a pesar de ser liberal, quien fungía de repartidor en su camioneta de leche Klim en polvo y de Nescafé.
Con serrucho y martillo, adquiridos a la brava dos años atrás, cuando el 9 de abril, en la ferretería Torres y Torres,
más tres tablas de una cama desbaratada y una tira de cuero de atar al perro,
y siguiendo las instrucciones básicas de un manual de carpintería para infantes
construí mi cajuela de vendedor de golosinas en el teatro San Nicolás, recomendado por don Santiago Isaza, quien era el mandamás de Cine Colombia, y el hijo de su mujer marido de mi tía Tina.
Ya ensayaba ser escritor, pero el profesor de castellano, negro retinto para más señas, el señor Mina Balanta, que me cargaba bronca por mis frases subordinadas, me sentenció:
Ríos de ceniza
Félix Terrones
Ediciones Textual
Novela
Páginas 232
2015
Textual Editores tiene el placer de invitar a la presentación de la novela Ríos de ceniza del escritor Félix Terrones en la FIL Lima 2015. La presentación se llevará a cabo el lunes 20 de julio de 2015 a las 19 horas. Les invitamos a leer un fragmento de la novela.
Soledad para dos
Jairo Restrepo Galeano
Editorial Argenta
Páginas 37
2014
Soledad para dos, la nouvelle del escritor Jario Restrepo Galeano publicada por la editorial argentina Argenta en el 2014, es una propuesta narrativa interesante porque penetra en el fenómeno colombiano de la violencia sin prácticamente mencionarlo, con una escritura audaz y para nada sensacionalista. En apenas treinta y siete páginas, con un tratamiento narrativo interesante, el autor construye con dos personajes la historia que le sirve para profundizar en un mundo que explora los valores morales y la condición humana. En Soledad para dos, Restrepo Galeano muestra una escritura ágil, sin abuso de adjetivos, logrando una propuesta genuina. Una escritura para nada ligera, usando un balance bien estudiado y pensado entre la trama literaria y la trama audiovisual sin caer en una atmósfera trivial de telenovela. Jairo Restrepo Galeano demuestra un gran esfuerzo por no sacrificar la calidad, seguramente producto de sus muchos años en el oficio. Este antropólogo que ha dedicado su vida a la docencia en la universidad en las áreas de la creación narrativa y creación literaria tiene a su haber el XIII Premio Nacional de Novela Ciudad de Pereira (1996). Además ha obtenido en dos ocasiones la Mención de Honor en la Bienal de Novela José Eustacio Rivera (1995 -2010). Ha publicado Ojos de arena (cuentos, 1983), Cada día después de la noche (novela, 1996), Narración a la diabla (novela, 2008), Otras esquinas (relatos, 2011), Señales atendidas (novela, 2012) y Mar (a) Mar (novela, 2013).
Amerika de Kafka debe ser uno de los primeros textos narrativos sobre inmigración hacia los Estados Unidos y como obra literaria es primordial porque se trata de la primera novela de Kafka en la cual se narra la experiencia de Karl Rossmann y su vida como inmigrante. Amerika es indudablemente un texto que se desarrolla en la tradición del Bildunsroman, es decir, es una novela de aprendizaje tal como Las penas del joven Werther de Goethe o La educación sentimental de Flaubert. Los elementos tradicionales de este tipo de novelas típicamente presentan a un personaje que atraviesa por un proceso de formación intelectual, moral o sentimental entre su época de juventud y adultez.
Aunque Kafka escribió la novela en 1912-1913, los escenarios del inmigrante de aquella época lejana se repiten y tienen vigencia hoy. El joven Karl Rossmann sufre mil vicisitudes –muchas de ellas por culpa propia es cierto–, pero el lector no puede dejar de conmoverse con esas situaciones e incluso enfadarse ante la terquedad de Karl; ello ocurre justamente porque Kafka delinea bien al personaje y crea ese efecto en el cual el héroe cobra vida y sus acciones erróneas encolerizar al lector y sus intentos por escapar de villanos como DelaMarche o Robinson logran estremecer. Karl es un inmigrante más al igual de los millones de inmigrantes que han poblado los Estados Unidos desde su nacimiento y padece el exilio, la soledad, el proceso de aculturamiento y el anhelo del esquivo American Dream.
Selección de la autora para Aurora Boreal® de su poemario inédito Via Nerici.
Inédito
Teresa Iturriaga Osa
Doctora en Traducción e Interpretación por la ULPGC, ha participado en proyectos de investigación europeos como Euromed Heritage II / "Mediterranean voices"; Seminario del Departamento de Historia Moderna del CSIC, "España desde fuera"; "¿Verdades cansadas? Fabrication et emploi de stéréotypes sur le monde hispanique en Europe", Congreso de la Université de Cergy-Pontoise, el Instituto Cervantes de París y el CSIC. Publicación del libro Mi playa de las Canteras (2005). Traducción al español del libro Modou Modou, del senegalés Seydi Ababacar Mbaye (2005); Traductora de textos africanos en www.laveudafrica.com (2005-2006) y www.africainfomarket.org (2005-2007). En 2005 presenta el relato Hurto blanco en Orillas Ajenas. En 2006, Namoe en Hilvanes y, en 2007, El violín y el oboe en Fricciones. Publica Tu nombre es Véronique en el libro Que suenen las olas, una colección de relatos de escritoras canarias y marroquíes, de la que también fue directora y coordinadora, realizando con Leila Chafai la adaptación de los textos árabes al español. En 2008 presenta la colección en el Instituto Cervantes de Rabat. Gana el III Certamen Internacional de Poesía El verso digital 2008. Publica Juego astral, relatos de género fantástico. Primer premio del III Certamen de Poesía Encuentros por la Paz. En 2009 publica Yedra en vuelo en la colección Acordes armoniosos. En el libro El ojo Narrativo. Ecos [2] participa con el relato El mandala de Malick y en Doble o nada con el relato Tumulto de trazo y latido. Asimismo, su poesía se incluye en la antología Madrid en los Poetas Canarios. Ha trabajado en radio, prensa digital y revistas culturales; miembro de jurados literarios como el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y el Premio Canarias de las Letras. En 2010 edita Revuelto de isleñas, una colección de relatos sobre la escritura y la cocina. Con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género, presenta su libro Desvelos, con relatos inspirados en las experiencias de mujeres de las Casas de Acogida del Cabildo de Gran Canaria. En 2011 publica su poemario Gata en tránsito, prologado por J. M. Caballero Bonald. Sus últimas publicaciones son Lavirotte al azar en la antología de relatos París (M.A.R. Editor, 2012) y Rosas rojas para María Walewska en la Antología Mujeres en la Historia (M.A.R. Editor, 2013). Recientemente, ha publicado en e-book el poemario Campos Elíseos en la editorial danesa Aurora Boreal.
Inédito
Si no me hubiera agachado, si no hubiera recogido su botón, pero yo soy así, me eduqué en colegios de gentlemen donde enseñaban cosas estúpidas, como recoger los botones a las señoritas sin mirar los entreabiertos de la blusa, si es que eso es posible. Yo siempre suspendía esa parte. Y me agaché, claro.
Desde hacía semanas en cada viaje en el que coincidíamos se le soltaba uno, pero yo creo en la casualidad como fuerza motora del universo, y me dije: 'o esta mujer tiene un problema de cosido, o soy yo quien está perdiendo el hilo de algo', y de vez en cuando dirigía miradas directas y poco sutiles a sus labios por invitarla a hablar, si era el caso. Miré, sí, porque siempre miro, falte o no el botón, ya que además de la curiosidad me justifica mi horrendo expediente académico. En este caso, me puse a repasar los 7 en línea de esta tarde y a imaginar el mapa posible bajo los 1 ó 2 adicionales de belleza en el reverso, me agaché y reparé en la curva de sus piernas, a escasos centímetros del roce cada vez menos fortuito con mi pelo. Al punto recordé por qué me había agachado y qué hacía ahí abajo, tan al lado de sus rodillas, y recogí el botón. El trayecto de vuelta hasta la altura de su cintura fue como el de un primate ascendiendo del suelo de la evolución a una dimensión más consciente: durante unos larguísimos segundos no sabía muy bien qué hacer con las manos – faltaba un botón y otro estaba desabrochado – ni a qué agarrarme para mantener ese inestable equilibrio homínido, sin teléfono a mano con el que hacer como que atiendo un mensaje recién llegado, sin cartera de la que se me cayeran un par de lápices, un dibujo o una interioridad con la que corresponder a su gesto (o, en el peor de los casos, a la casualidad). Solo un botón minúsculo y un hilo aún más pequeño, cosas diminutas y frágiles como una secuencia genética en un acercamiento entre especies, mi vecina y yo, así que me erguí, me levanté con el botón en la mano todo dispuesto a ponerlo en su sitio, es decir, en su mano, y no en el abierto de la blusa, donde solo posé los ojos.
De manera extraña y tal vez, inexplicable, empezó a oscurecer a las tres de la tarde. No había eclipses anunciados ni grandes nubarrones ni ovnis gigantes cubriendo el cielo, sólo, hubo pocas preguntas y pocos comentarios. Igual sucedió antes, cuando se conoció que una niña de trece años había atacado de muerte a otra punzándole el corazón con un lapicero en el intermedio de las clases reclamándole que le devolviera el pantalón prestado; o cuando le preguntaron a otra niña de doce años tal vez trece, en medio de una clase de Lenguaje mientras la maestra preparaba a sus estudiantes en creación literaria: ¿Qué mujer te gustaría ser cuando seas grande? y ella sin temblor en la voz, más bien, urgente en la respuesta y con todo el tamaño de su boca dijo: asesina. Así, muy breve y contundente recibió también una respuesta el médico Bernabé un joven recién graduado de la universidad del Valle que con el entusiasmo vivo de un adolescente le preguntó a un compañero de turno del Hospital Universitario que qué sucedía, por qué está oscureciendo tan rápido; el amigo lo miró por el rabillo del ojo y mientras se ponía la bata y se colgaba en el cuello el estetoscopio le respondió así, con pocas palabras y sin sorpresa en la voz: "es fin de semana en Cali."
Pablo Montoya ganó la XIX Edición del Premio Rómulo Gallegos con su novela Tríptico de la Infamia, (2014).
No es nada temerario afirmar que una buena parte de las novelas colombianas que hoy triunfan en el escenario de las grandes editoriales naufragan en una suerte de frivolidad sentimental, en un espectáculo altisonante de la violencia y en propuestas narrativas que buscan afanosamente su aprobación comercial. Novelas, pues este es el género impuesto en el gusto colectivo, que intentan penetrar en los fenómenos típicamente nacionales a través de inquietudes tal vez válidas, pero resueltas en la escritura de manera ligera, sensacionalista, poco audaz. ¿Qué pasaría si alguien, apoyado en los principios de la exigencia estética y no en los del mutuo elogio o en las presiones venidas de los consorcios editoriales, se dedicara a escribir una recopilación de ensayos críticos sobre las novelas más exitosas de los últimos años? Por encima de las cifras de ventas que ofrecen algunas de ellas (piénsese, por ejemplo, en Rosario Tijeras (1999) de Jorge Franco, en Satanás (2002) de Mario Mendoza, en Angosta (2004) de Héctor Abad Faciolince, en Necrópolis (2009) de Santiago Gamboa, en Tres ataúdes Blancos (2010) de Antonio Ungar, en 35 muertos (2011) de Sergio Alvárez, en El ruido de las cosas al caer (2011) de Juan Gabriel Vásquez y en La luz difícil (2011) de Tomás González), se encontraría con problemas de construcción de personajes, con tramas más audiovisuales que literarias, con triviales atmósferas telenovelescas, con tratamientos narrativos frágiles, con complejidades estructurales exiguas, con adjetivaciones torpes, con el lugar común como si este fuese realmente el héroe de sus historias narradas, con críticas sociales que se empañan con un erotismo ramplón, con influencias literarias manidas y un facilismo evidente para resolver sus intrigas. Hallaría, por supuesto, pasajes que develan un buen oficio narrativo en autores que hoy se declaran, por fin, escritores profesionales en un país que sigue siendo avaro ante esta clase de categoría. Así como Hernando Téllez, a propósito del panorama literario de la primera mitad del siglo XX, que prefería la poesía e ignoraba los otros géneros, decía que en Colombia "hay un montón de versos pero muy pocos poemas".1 Hoy podríamos afirmar que ante el papel glamuroso de la novela hay muchas páginas escritas, sólo pasajes interesantes y no obras logradas.
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