A la memoria de Manuel Esteban Cabrales Rives
Manuel Esteban Cabrales
18 de julio de 1943 – 8 de julio de 2019†
El año: 1948. El escenario: La casa de los Portales de la Marquesa en La Albarrada de la Villa Colonial de Mompox, distinguida con el número 15-51, en la costa caribe colombiana, donde, en ese momento, residía mi padre con su familia y luego sería la residencia de la familia Cabrales Rives, como lo es hasta hoy.
Dos niños juegan a las escondidas; el uno, con apenas dos años, el otro, de cinco. El mayor empuja la puerta para no ser sorprendido y la mano izquierda del menor sufre al quedar atrapada con el portazo, la primera falange de uno de los dedos se destroza para siempre. Yo era el menor y el mayor Manuel Esteban. Y ese fue una especie de pacto o bautismo de sangre que nos unió para siempre.
Enrique Gastélum nació en Ciudad de México el 3 de abril de 1967. Poeta, realizador en cine, narrador y guionista, ha trabajado como docente de guión cinematográfico en la Universidad de Palermo, en la Escuela de Cine, de Eliseo Subiela; y en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es profesor de guión cinematográfico, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Campus Cuernavaca. Esta selección de poemas pertenece al libro El canto de los efímeros, publicado bajo el sello de Editorial Leviatán y presentado en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en mayo de 2017. Los moradores del mundo que propone el autor, los efímeros, son seres comunes que viven lo cotidiano como una escalera que los lleva a mirar algún brillo de la eternidad; ellos saben que la poesía se encuentra en los sucesos simples de la vida.
Juan Pablo Gómez García, Colombia, 1972. Estudió Diseño Industrial en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia. Doctor en Diseño y Comunicación, recibió la mención Cum Laude por su tesis "Diseño de ambientes educativos interactivos multimedia para museos" en la Universidad Politécnica de Valencia, España.
Se despidieron en el aeropuerto con lágrimas urgentes. Prometiendo escribirse y extrañarse por los próximos doce meses.
Antología personal
Juan Pellicer
Relatos
Ed. Aurora Boreal, Copenhague
688 págs.
2018
Además de ser un consagrado profesor y crítico literario (pues es autor de estudios sobre Cervantes, Quevedo, Balbuena, Landívar, Martí, Arlt, Reyes, Guzmán, León Felipe, Pellicer, Neruda, Paz, González Iñárritu, etc.), Juan Pellicer demuestra con esta publicación ser un excelente cuentista. Su prosa exacta y fluida despliega unas narraciones ágiles que consiguen enganchar al lector de modo que siga leyendo relato tras relato hasta el final del volumen. Antología personal consta de 18 cuentos de extensión variable –alguno es casi una pequeña novela (“Los Osornos”) mientras que otros son más bien anécdotas chispeantes de buen humor (p.ej. “Milagros”)–. El tono narrativo de intelectualidad elegante, combinado con un realismo cristalino, da unidad y cohesión al volumen. También la temática de los relatos concede trabazón a este libro pues de los 18 cuentos, sólo cinco (“Buena vecindad”, “Lucha libre”, “Milagros”, “Con Juan” y “Garbo”) desarrollan otro tema que el de las relaciones de pareja. Juan Pellicer se complace en desgranar, con aguda percepción psicológica, las ilusiones y desilusiones de la vida sentimental. En esta venerable cuerda temática, la prosa de este autor se recrea con maestría, a ratos de forma cruel y melodramática pero generalmente con melancolía agridulce. Casi todos los cuentos poseen una marcada carga erótica, y en algunos casos (“Lucero”, “El parque”) el autor explora las facetas destructivas de la sexualidad y de las pasiones amorosas. De esta forma, Pellicer consigue crear un mundo literario personal, centrado en determinadas temáticas que a su vez son desarrolladas con un estilo propio. Otro rasgo característico del volumen es que, si bien muchos relatos tienen lugar en un ambiente cosmopolita (París, Londres, California, Lisboa, Madrid), hay dos países cuya presencia predomina, esto es, México y Noruega. La razón es que Pellicer es mexicano de nacimiento a la vez que profundamente vinculado al país nórdico ya que, además de tener una esposa noruega, durante muchos años ocupó la cátedra de literaturas hispánicas en la Universidad de Oslo (ahora pertenece a esta institución en calidad de emérito).
Pasados veinticinco siglos, la heroína trágica de Sófocles ha permanecido como un arquetipo moral y su sombra sigue cubriendo a cuantos seres han vivido guiados por un ideal y han muerto por él. Era una joven, casi una niña, que hizo de la libertad su destino y por cumplir un deber piadoso fue condenada a ser enterrada viva. Sin embargo, no hay poder ni violencia más fuerte que el valor. Y Antígona, encerrada en la oscuridad de la caverna que habría de ser su sepultura, según la orden de Creonte, decidió libremente que no sería la víctima del tirano que la había condenado a morir de esa manera atroz; si hubiera permitido ser castigada por el acto de piedad de cubrir el cadáver de su hermano, ¿dónde y de qué manera podría haber justicia?
Separada de Antígona por miles de años, vivió otra joven cuyas circunstancias históricas y personales eran del todo diferentes a las de la heroína clásica; pero como diría Borges, “Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”. Así, en otro lado del mundo, en la ciudad de Buenos Aires en 1976, María Victoria Walsh se dio muerte frente al escuadrón que iba por ella para castigar su lucha contra la dictadura. Las diferencias no importan, esencialmente el hecho es el mismo y haciendo una paráfrasis de Borges, en la muerte de la joven argentina, como en la que ocurre en el teatro ateniense del siglo V a.C. “…de teatro hizo también la entera ciudad, y los actores fueron legión, y el drama coronado por su muerte abarcó muchos días y muchas noches”.
Efímeras
Emma Lucía Ardila Jaramillo
Fondo Editorial Universidad EAFIT
Colección: Letra x letra
Año: 2019
ISBN: 978-958-720-584-8
Las leyes del Serngeti:
el secreto de la vida al fin desvelado
Sean B. Carroll
Editorial Debate
Páginas 344
2018
Mamá me colocó la manta y las wairrina nuevas, adornó mi cuello con los collares de la abuela y amarró sobre mi cabeza su pañolón de mil colores. “Me llevan a conocer Riohacha –pensé- solo una ocasión tan especial puede motivar vestirme así”. Me agarró fuerte de la mano y mis dedos empalidecieron por falta de sangre. Salimos del rancho, el sol me cegó con su luz, mamá casi me arrastraba. Volví la cara y vi a mis familiares bajo la enramada, mirando atentos como nos alejábamos. Motsas se protegía del sol con su mano izquierda. Yo no comprendía nada, solo tenía siete años.
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