A wanderer is man from his birth.
He was born in a ship
On the breast of the river of Time.
Mathew Arnold
Reciba, primero, la sinceridad de mi afecto. Sé que no son tiempos cómodos los que corren: se me han mostrado esta mañana los archivos en donde consta que usted es la madre de uno de los valientes extras que han muerto, sin cederle terre- no a la cobardía ni temerle a la costosa gloria del trabajo bien hecho, en los escenarios de filmación de nuestra película aún sin título sobre las horrendas sublevaciones del 9 de abril de 1948. Sé que ninguna de mis palabras (las palabras siempre serán débiles e infructuosas a la hora de la verdad) servirá de alivio al dolor que le habrá traído esta pérdida —en apariencia— sin pies ni cabeza. Pero no puedo dejar de ofrecerle el consuelo que puede hallarse en el agradecimiento eterno de la producción por la que su hijo dio la vida.
Las vacaciones del colegio eran largas y yo las pasaba en la casa de mi abuela. Mi abuelo estaba vivo, pero durante el día estaba trabajando; por eso me salió decir la casa de mi abuela y no de mis abuelos. Mi madre me llevaba por la mañana y me recogía al caer la noche. En la biblioteca había un escritorio y, sobre el escritorio, una estatua de cerámica con la figura de Gandhi, que, para mí, era la figura de mi abuelo. O de un hermano de mi abuelo a quien tal vez nadie conocía. Gandhi era áspero, cetrino, opaco, salvo el dhoti, que era liso, brillante, de esmalte blanco. El dhoti era el foco de la estatua y era el lujo. Al tener una textura distinta del resto, parecía venir de otro tiempo que el resto. Saltaba a mis ojos. Era el mismo blanco de mis ojos. Por supuesto, yo no conocía la palabra dhoti entonces. Lo blanco de la cerámica era una toalla envuelta alrededor de la cintura de Gandhi, que era un “héroe de la paz” y no mi abuelo ni su hermano.
En aquella casa nadie se ponía de acuerdo ni siquiera para hacer un café. Si alguien decía “me provoca un café”; el otro respondía, “hágalo usted mismo”, con un retintín cargado de escepticismo. Ante semejante respuesta, el antojado se dirigía a la cocina sin deseos de café y lleno de rencor hacia el escéptico que tanto se complacía criticando la ineficacia de los habitantes de esa casa imposible. Por su parte, el antojado añadía una afrenta al memorial de agravios que crecía ante sus ojos rencorosos, como quien ve infectarse una llaga sin aplicarle el remedio, acaso por culpabilizar a los otros, esos otros responsables de sus desgracias. En la casa de los imposibles se habían cometido en el pasado –y se seguían cometiendo–afrentas imperdonables, tantas que hubiera sido inútil dar cuenta de ellas. Los habitantes de la casa imposible podrían considerarse seres pasivos pero, en cambio, para infligir ofensas eran activos. El altanero escéptico sabía que no era fácil preparar el café; conocía las causas de esa dificultad, pero se callaba para no evitarles la desagradable sorpresa a los otros. Él mismo había fracasado en su intento y había quedado tan frustrado que necesitaba vengarse. Ya había comprobado que hacían faltan los ingredientes y las mínimas condiciones para realizar ese deseo. Una tercera persona se quejaba de la discusión entre el antojado y el altanero “por un miserable café”, y se dirigía a la cocina a prepararlo sólo “por restregárselo a esos dos inútiles que malgastaban el tiempo discutiendo por un café”.
Nos embarcamos un día de junio, cuando aún no amanecía, y de inmediato nos hicieron descender a las entrañas de la nave. En la azulada oscuridad el capitán nos informó cuáles eran nuestros derechos, nuestros deberes:

Aforismos y otras yerbas...
Inédito
Moda
“Los sastres y los escritores tienen que contar con la moda”.
Anónimo.
Así, cualquiera es sastre, pero en ningún caso escritor.
Catástrofe
Expresión atribuida a Luis XV, rey de Francia. “¡Después de mí el diluvio!”
Siempre que en esa fecha esté lloviendo.
Final feliz
La ficción es el anticipo de la realidad. O la realidad, el anticipo de la ficción.
Dionisio Albarrán
Selección de poemas por
Luz Helena Cordero Villamizar
Luz Helena Cordero Villamizar: Bucaramanga, Colombia (1961). Psicóloga, Magistra en Literatura. Su obra incluye poesía, narrativa y ensayos literarios. Libros publicados: Postal de la memoria (antología personal). Ibagué, Caza de Libros, 2010; Por arte de palabras. Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2009; Cielo ausente. Bogotá, Ediciones Sociedad de la Imaginación 2001; El puente está quebrado. Bogotá, Editorial Magisterio, 1998; Canción para matar el miedo. Bogotá, Editorial Magisterio, 1997; Óyeme con los ojos. Ciudad de México, Verdehalago, 1996 y Bogotá, Editorial Trilce, 1996. Sus poemas se han traducido al inglés, al portugués y al alemán. Su obra se incluye en numerosas antologías.
Para María Ítaba
Carlos piensa que hoy tampoco ha venido la mujer de ojos que son tallos tiernos de agave, de un verde medio gris, arenoso. Le preocupa que no haya recibido respuesta. Por ella y su sonrisa de muchas gracias. Porque entonces su carta se envolvió en otro no vale la pena, en un cliente menos entre los que aún acuden. O porque él ha ido perdiendo cualidades. De pasarse meses y meses sin escribir una carta de amor, quién sabe si las musas huyeron, si se le oxidaron sentimientos, entendederas. O tal vez olvidó las letras de sus boleros preferidos: “Amor de mis amores”, “Piensa en mí”… “No puedo ser feliz” para pedir el regreso, rogar clemencia con “Perdóname conciencia”, conquista en los versos de “Te quiero”.
Nadie es eterno
Alejandro José López
Novela
© Editorial Aurora Boreal®
© Alejandro José López
2012 Sílaba Editores, Medellín, Colombia
2017 Editorial Aurora Boreal@ ebook en español, Copenhague, Dinamarca
2017 Versión en danés, Ingen er evig (Nadie es eterno) Editorial Aurora Boreal®, Copenhague, Dinamarca. Traducción Christina Hammerum Rasmussen.
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