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Misceláneas

Perplejidad, rumbo y compasión

margarita merino 250Mientras por WhatsApp la gente espanta angustias con ingenio en familia, reconfortándose con arte, música, lectura, cine; columnistas y escritores recomiendan literatura clásica de pestes y plagas, reflexionan sobre grupos de riesgo -¿En busca del tiempo perdido?-, o celebran la reivindicación del conocimiento y la filosofía (Muñoz Molina, JL Cebrián). Retornan magníficos libros de ficciones ¿para alternarlos con ensayo e historia, ciencia, biología…, y en comparación y contraste, datos y hechos puntuales, buscar respuestas donde rijan razón, ética y estética, eficacia?

Tres llamadas a la acción (“El virus somos nosotros”, Brum); a resistir tentaciones contra la desoccidentalización -apreciando nuestra tradición ética y los valores democráticos del pensamiento europeísta que nos hizo- (“Soberanía y onanismo”, Martínez-Bascuñán; “El patógeno humano”, Escobar de la Cruz); alertaban al cuidado de lo esencial.

Acuartelados en casa valoramos la solidaridad entre vecinos: se extienden gestos de apoyo en merecido homenaje a quienes nos curan, cuidan y protegen. Aunque no se cite a todos los que conforman la lista en esos rituales a Santa Bárbara cuando truena.

La memoria de maestros exigentes que lo fueron en la forja de sensibilidad y libertades vuelve en antiguos alumnos que conquistaron sueños de celuloide (“Buscando a Felisa”, Gutiérrez Aragón) y páginas (“El hermano Justiniano”, Vargas Llosa): fulgor remoto de juventud vivificada en la justicia del agradecimiento. Recuerdan otros (David Trueba) con emoción a doctores impecables que padecieron infamia por defender lo de todos.

Queda claro quienes son los que se baten el cobre por los ciudadanos, el contraste con agendas políticas de cualquier tendencia que -invocando la economía- han estado socavando con arrogancia neoliberal los pilares del bienestar social, la dignidad de derechos laborales y pensiones, recortando la sanidad, desfigurando la educación, ante la apatía de los perjudicados y sus generaciones -¿por ausencia de las Humanidades?- inermes ante pérdidas irreparables.

Se aplaude en el miedo una batalla titánica contra Covid-19: crisis anunciada por haberse dejado en precario la sanidad pública -imprescindible, como demuestra el duelo-; la educación –que ilumina lo que no nos explican y defendieron con pobreza material, amor y ética, los maestros de La República-; la investigación -previsora de ataques invisibles del cambio climático que nos asolan causados por un ‘desarrollo’ en barbarie contra el planeta-.

Porque las teorías de la conspiración sólo distraen de los crímenes que nuestra especie necrófila perpetra en el abuso a la naturaleza y la crueldad depredadora sobre los animales. Domésticos o salvajes, padecen captura, venta, confinamiento, consumo, uso en los wet markets del horror y recetas de la medicina tradicional –excelencia milenaria que en el siglo XXI debe erradicar la tortura a seres indefensos que sienten y sufren como nosotros-, prácticas que además regurgitan pandemias a la humanidad que las inflige. Hay que asumirlo. Elegir modelos: ¿recortar capitalismo si sobrevive?

En época de individualismo y polarizaciones, en una hiperinterconectada globalidad, Gobiernos que recibían en diciembre noticias del coronavirus propagándose en Wuhan han estado filtrando la información, minimizándola –“una gripe menor”-, supeditándola a calendarios o la estabilidad de la bolsa, en una ininteligible falta de empatía y prioridades. El compromiso de los mandatarios con la salud ante la posibilidad de catástrofes está por encima de mercados que sin el ejercicio de la compasión lo serán para las hormigas y los sapos cantores.

A posteriori es fácil ser profetas. El virus sacude con desmesura letal: no necesita más tensiones, sí unión, cooperación coordinada de los gobiernos en recursos, respeto transformador, liderazgo mundial. No debería dar lugar a oportunismos y rencores indeseables. Requiere planificación económica eficiente, serenidad mientras paramos, suavizarlo, que no se repita(n).

Ante la amenaza de extinción y la implementación autoritaria, perdemos derechos y costumbres en la incertidumbre del rumbo: lo deciden individuos cuya cordura es dudosa –(¿dónde estás Hillary?)- si sobreponen al planeta y sus criaturas el valor del dinero o fuerzan sus detentadores multimillonarios el sacrificio de ancianos y débiles. (De la irresponsabilidad trumpiana con la OMS salvan Bill y Melinda Gates).

Regresa el conocimiento contra lo desconocido a ciertos medios de comunicación, en espacios y mentes que en realidad nunca dejaron de buscarlo si no lo pudieron compartir. Al asomarme al azar a rincones dispersos donde esperaba encontrar perpleja solidaridad, unión, se desperdigan sentimientos nublados por furiosas consignas y credos sin diferencia entre extremos.

Se piden responsabilidades en la tragedia que toca a rebato. No es hora si las hubo por incredulidad. Demasiadas personas sufren situaciones sobrecogedoras tratando de sobrevivir mientras suceden paralelas las conspiraciones de casa. Urge aprender la lección cuando desfilan los féretros de los que mueren solos. Si se rinden las cuentas inmediatas, su error humano, habrá que desbrozar la autoría de las devastaciones haciendo inventario de lo y los que despojaron la sanidad pública, recortes y privatizaciones que trajeron deficiencias mortales para sanitarios y pacientes.

Sin ánimo de alentar divisiones de opinión cuando debería prevalecer la condición de pertenencia a la especie, una pregunta inevitable: ¿por qué no se investigó e informó a la población con honestidad como medida primordial para protegerla aquí y acullá?

Una desoladora falta de preparación en valores de empatía, de humanidad, de humildad, de inteligencia emocional, parece ser la tónica usual en las acciones de los poderosos del mundo: sin importar su ámbito a menudo ni se plantean en profundidad las consecuencias de sus (in)decisiones. Pseudoideologías partidistas en una cultura -demediada de altruismo- que por sí sola no se diferencia de los modos elitistas de clanes ultramontanos que niegan oportunidades -de convivir y medirse con lógica y justicia- a los más en aumentadas distancias clasistas: clase media debilitada, ricos infinitamente ricos, pobreza extrema de hambre.

El surgir del coronavirus, su salto a la salud humana y su contagio, están estrechamente relacionados con la enfermedad del entorno ambiental y la de sus criaturas. Y con la falta de una educación elevada que capacite para elegir programas correctores sin manipulación.

Poder, influencias, control, obsesionan en permanencia a políticos acaparadores y sus círculos sin que ofrezcan ideales colectivos, soluciones universales, ni lo merezcan privilegios endogámicos sin beneficio alguno (bien común, servicio público) para la sociedad. No bastan pomposas declaraciones de principios. El futuro reclama “gobiernos de concentración”, “técnicos con mucha experiencia y ninguna ideología” (Félix de Azúa).

Sin participación rotante de cabezas amuebladas, capaces de enfrentar la cruda verdad -insobornables, independientes, sin corte- estamos desahuciados. Critican -al Rey, al Gobierno- reyezuelos de Taifas a la gloria del ego -(disfruten “Engreimiento verbal” de Javier Marías)-, pero ¿cuántas personas cualificadas callan impotentes un dolor por el mundo que atraviesa el corazón? ¿Qué planeta heredarán los jóvenes?

Si tantos poderosos no están a la altura del cuidado de la tierra, “We, the people” ¿ejemplificaremos sin fronteras la urgencia de respetar? “Menos es más”.

 

margarita merino 350Margarita Merino (MMdL)
PhD, escribió su tesis doctoral sobre la poesía de Antonio Gamoneda. Ha trabajado como Técnico de Gestión del MEC, diseñadora gráfica, columnista, ilustradora, profesora universitaria. Ha publicado Viaje al interior, Baladas del abismo, Poemas del claustro 1 y 18 (en colaboración), Halcón herido, Demonio contra arcángel, la antología italiana La dama della galerna, Viaje al exterior (incluido en el estudio de María Cruz Rodríguez González "De la confesión a la ecología: El viaje poético de Margarita Merino", Madrid), Pregón de un sábado de piñata (con explicación y gata), León 2018 y numerosos artículos y ensayos.

 

 

 

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Margarita Merino (MMdL). Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Margarita Merino (MMdL). Fotografía Margarita Merino (MMdL) ©  Stece Lindsay.

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