El inspector Paul Hjelm se enfrenta a un proceso de disciplina interno, con acusaciones de racismo incluidas, por disparar a un extranjero durante un secuestro con rehenes. Su impulsiva actuación no ha sido entendida y, a pesar de que le ha convertido en un héroe mediático, ha desbaratado su carrera. De pronto, una singular propuesta del superintendente Jan-Olov Hultin le sacará de la pesadilla: en lugar del cese de sus funciones, Hultin propone unirse a un grupo de investigadores de élite a los que denomina Grupo A.
El vendedor de cuentos del escritor noruego Jostein Gaarder es una reflexión sobre estos tiempos en que «primero uno decide hacerse famoso, cómo conseguirlo es secundario, y resulta prácticamente irrelevante si uno se merece o no la fama lograda». El protagonista, Petter el Araña, aprovechará su desbordante imaginación manifestada ya durante la infancia- para crear todo un negocio de venta de ideas a aquellos que no las tienen. Sus principales clientes serán escritores consagrados, y noveles, que sólo ambicionan ver publicada una novela y encontrar la fama o ganar un premio.
Un espejo después, libro de Luis Fayad, está compuesto por treinta y cuatro relatos breves, minicuentos o ficciones súbitas, algunos de ellos escritos desde 1975. A todos los anima el carácter epifánico de sus análogos latino y norteamericanos, a los cuales, más que relatar una historia, les interesa capturar un hecho, un instante o acción reveladores de alguna problemática de la vida sin que importe mucho el dónde y el cuándo.
Lluvia torrencialA Fernando Iwasaki y Andrés Neuman.
Hubo un tiempo cuando en Bararida no había agua. La isla seca como una piedra se elevaba sobre el mar y los pájaros seguían de largo sin detenerse en sus costas.
Entonces Amaliwaka, el que todo lo construye, tomó la tierra seca de Bararida y escupió sobre ella y moldeó un árbol gigante al que llamó Garoé. Y Garoé elevó y elevó sus ramas
Vivía Guarico en lo más alto de las montañas y desesperada por el frío, un amanecer emprendió el camino hacia la cueva próxima al volcán donde vivía Maleiwa, el dios con cara de perro, el único ser que conocía el fuego y lo guardaba entre sus pies gigantes y llenos de barro.
Las versiones sobre este punto suelen discrepar. Pero en general, siempre se opta por decir que Guarico logró distraer a Maleiwa mostrándole sus pechos. De ese modo algo se paralizó dentro del dios, una centella golpeó sus huesos, un temblor subió entre sus piernas como un río de sangre y lava.
Para algunos, la noche quedará como un momento de crepitación, como un olor dulce, igual al de las aguas de un río cuando se agitan.
Para otros como un salto llameante.
Ninguno de los jóvenes que esa noche conversaba alrededor de la fogata comprenderá
Fue la más extraña de las hormigas. Conocía su destino, su oficio, su misterio entregado a la belleza.
Pero se negó a cumplir su tarea y decidió quedarse para siempre en lo más profundo del hormiguero.
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