Sobre el páramo inmenso en el que vives,
Defecatio matutina, bona tamquam medicina.
Defecatio meridiana, neque bona neque sana.
Defecatio vespertina ducit hominem ad ruinam.
Proverbio Latino
Cuando pienso en los viejos amigos que se han ido
de mi vida, pactando con terribles mujeres
que alimentan su miedo y los cubren de hijos
para tenerlos cerca, controlados e inermes.
Envenenándome, purificándome,
Lina supo que su madre no pasaría de aquella noche. La acompañó en silencio mientras los recuerdos de toda una vida se precipitaban abruptamente por su memoria. Se avergonzó de aquellos años cuando todavía era una niña y las compañeras del colegio organizaban colectas para comprarle el uniforme, los libros y los materiales exigidos por la escuela. Esa náusea inmunda le volvió de repente. Como tantas otras veces en su vida. Similar al malestar de aquella tarde en la que su padre murió.
Entre la Espada y la Pared tuvo muchas versiones, una de ellas sólo dedicada a la guerra. Pero la guerra, con su muerte como único argumento, no es interesante. La muerte importa porque buscamos la esperanza, queremos el amor, añoramos la guía protectora de los ancestros y tenemos las manos cariñosas de los amigos. Es en la contradicción donde el dolor de la guerra y su ignominia se nos hacen más agudos.
Diana mira el cielo de su habitación y decide abrazarse. No hay lagartos ni tortugas. Ignora, por unos segundos, al cuerpo femenino a su lado. Coloca las palmas de las manos sobre sus hombros, tuerce las piernas para enroscarse, oprime los muslos con el fervor de una trenza. Reconoce ese momento. Se da cuenta de que una vez, cuando era chica, se
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