El escritor colombiano James Cañón sorprende muy gratamente con ésta, su primera novela, que ha alcanzado reconocimiento internacional con premios como el de Mejor Primera Novela Extranjera publicada en Francia en el año de 2008. En sus trescientas cuarenta y nueve páginas se entrecruza el humor, la violencia y la equidad de género a través de procedimientos literarios claramente definidos como el realismo mágico, el realismo y la prosa lírica.
La aldea de las viudas (2009), recrea la historia de una pequeña población ubicada en las montañas de la geografía colombiana a la que llegan las guerrillas marxistas, se llevan a los hombres mayores de doce años y asesinan los remisos. El lugar se queda en manos de las mujeres que, con múltiples dificultades van perfilando una sociedad distinta hasta configurar una nueva aldea donde prevalece "la igualdad entre los individuos y los géneros".
El humor fino de Cañón es uno de los componentes que aparecen con mayor fuerza en el relato, tal vez por esta razón, los críticos apuntan hacia el realismo mágico como procedimiento predominante. Sin embargo, este humor (que no es gratuito) surge no sólo del uso de la hipérbole, sino de las circunstancias mismas del acontecimiento. Por ejemplo, cuando se agotan las hostias y no hay trigo para hacerlas, una mujer comienza a llevarle arepas pequeñas al cura y le agrega sabores hasta que todas terminan comulgando con arepitas de queso.
-Decime, ¿cómo no iba a comprarlo?
La casa inundada y otros cuentos
Felisberto Hernández
Sí, leer por encargo suele fatigar; por eso, quienes vivimos de hacerlo no tenemos por costumbre echarnos una, sino muchas canas al aire. Eso fue lo que me ocurrió con este libro. Andaba entre los anaqueles de una biblioteca pública buscando un mamotreto que debía reseñar y, justo cuando lo hallé, se me ocurrió mirar hacia el lado. Ahí estaba la pequeña golosina: La casa inundada y otros cuentos, de Felisberto Hernández -una selección de siete relatos propuesta por Cristina Peri Rossi, con dibujos de Glauco Capozzoli y prólogo de Julio Cortázar-. Entonces pensé: "primero el gusto y después el susto", así que solté mi trabajo y agarré aquella edición de 1975.
(Allegro vivace)
Enarbolé canciones, tal vez salmos,
para blandirlos frente a vuestros ojos
vine,
Solo los poseídos vislumbran lo completo,
la presencia sagrada que el roce apropiamos.
Mas la iluminación no se reserva a uno.
En vano es que los más sucumben ante ella.
La puerta que conduce al planeta invisible,
la puerta que se abre al espacio (exterior-interior)
el cuadro vano. Nosotros mismos la cuadrada presencia,
nosotros mismos la hendidura vacía.
...He caminado solo y he recibido solo el aliento negro de los muros más altos de la ciudad.
No me voy a mover, no haré ni un gesto,
Página 138 de 152