Yo no vengo a decir un discurso, el nuevo libro de Gabriel García Márquez, es la compilación de los relativamente pocos textos leídos en foros públicos por el laureado Nobel colombiano y un vistazo a sus convicciones más profundas.
Con Una isla en la luna (2009) Consuelo Triviño Anzola (i) consolida una propuesta narrativa que nada tiene que ver con el nuevo realismo de Laura Restrepo ni con la fórmula del bestseller de Ángela Becerra, mucho menos con el recurso del testimonio de Héctor Abad Faciolince, colombianos que circulan más allá de las fronteras, gracias al lugar en que el marketing sitúa a la literatura latinoamericana. Rigurosamente, tal como corresponde a su formación intelectual, cada novela desde Prohibido salir a la calle (1998) hasta La semilla de la ira (2008), amén de un libro de cuentos excepcional, La casa imposible (2005), define su narrativa por la reflexión, la descripción crítica propia de una observadora que se adentra en cada realidad, para auscultarla en su complejidad sin caer nunca en el fácil recurso del testimonialismo. En este caso, la madurez narrativa proviene de la capacidad de utilizar los argumentos de la cultura para darle materialidad a unos personajes arrastrados siempre por el vértigo incontrolable de los acontecimientos.
Dos minutos y medio es el segundo libro de poesía de Reyes Cáceres Molinero y les confieso que no puedo dejar de referirme a él sin vincularlo a su anterior Vivir en ambar (2007), porque observo en ambos la voluntad de conciliar las dos nociones fundamentales que nos sitúan en el mundo: el tiempo y el espacio. Si en Vivir en ambar la autora exploraba la confusión de sentimientos que le provoca la existencia en un ámbito urbano, ese espacio donde el hombre moderno se confronta con la vicisitudes y los gozos de la existencia en comunidad; ahora, en Dos minutos y medio nos entrega Reyes Molinero el desasosiego del ser ante el imperturbable paso del tiempo y su huella en nosotros, la memoria.
Mito religioso y conducta en la Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa
Al llegar a cada ciudad nueva el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que ya no eres o ya no posees más te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos."Resueltos temporalmente mis problemas económicos con los cien francos nuevos -diez mil antiguos es más estimulante- que me prestaron en el Consulado, tengo por lo menos diez días tranquilos para comenzar mi novela. Estoy resuelto a escribirla".
Ahogada en mí
necesité de tus palabras
para darme aire
fui en busca de tus brazos
de tu respiración tranquila
como quién va a un refugio seguro
pero encontré un abismo
unos ojos vacíos
unos brazos inertes
el llanto se agolpó en mis párpados
sin palabras dejaste que partiera
y al hacerlo mi sueño se desvanecía.
Escribir un prólogo o presentar un libro, siempre es un motivo de celebración, y aún más, cuando su lectura nos hace recordar aquella frase que Octavio Paz escribió en El arco y la lira, que "un poema no es una forma literaria, sino un lugar de encuentro entre el poeta y el hombre", y María Zambrano, con su personal enfoque, nos dice que "el poema es encuentro, don, hallazgo por gracia". Palabras que yo podría ampliar, diciendo que un poemario es también un lugar de encuentro entre el poeta y quien se acerca a sus poemas, y esta es su magia.
En este libro, publicado por Editorial Carrera Séptima de Bogotá en febrero del 2002, el mito de Tristán e Isolda se despliega como un telón de fondo siempre presente en todos los escenarios que cobijan a su protagonista: en los vapores transatlánticos, en los trenes españoles, en las grandes ciudades o los pequeños pueblos de pescadores donde vivió los más bellos momentos de sus amores quien yo bauticé Lola por respeto femenino a su incógnito y cuyo título original fuera Los Amores de Luisa que yo decidí cambiar cuando me di cuenta de que su amor fue solamente uno, el único, el grande, el inmenso, el amor en la sombra que siempre hubo de mantenerse oculto, el amor al poeta colombiano Julio Flórez.
Narrada en primera persona, Amor en la sombra (Editorial Carrera 7.ª Ltda., Bogotá, 2002) coordina las evocaciones de una protagonista sentimental y viajera quien conoce a bordo de un trasatlántico al célebre poeta Julio Flórez. Ambos son colombianos y ambos navegan hacia la península Ibérica: ella becada por el Instituto de Arte de Barcelona, él nombrado funcionario de la Embajada en Madrid.
Página 133 de 152