Para quienes vivimos en el trópico, resulta incomprensible concebir un mundo de sombras, aquí donde la luz y el calor son casi una provocación en todas las estaciones del año.
Pero allá, en una tierra lejana, donde el norte brumoso y frío, nació hace doscientos cinco años un niño que siempre supo alimentar el sueño de la luz.
El 7 de Colección JARDÍN CERRADO 2011
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Salió el 6 de Colección JARDÍN CERRADO 2011
6/2011
Septiembre de 2011
Jacques Darras
Arqueología del agua
96 páginas
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Hará unos cuatro o cinco años atrás compré una biografía del pintor renacentista Michelangelo da Caravaggio escrita por Helen Langdon, una historiadora y crítica de arte que se ha especializado en el Renacimiento y el Barroco italiano.
Debo confesar que tan sólo hace un par de semanas empecé finalmente a leer esta biografía de Caravaggio, pintor que puso fin a una tradición de la pintura renacentista italiana con su nuevo estilo radicalmente naturalista y que sigue deslumbrando al mundo actual.
¡Lo estamos observando!
Esas tres palabras, simples pero contundentes, estaban escritas en una caligrafía perfecta y con un estilógrafo de los de antes. La nota del papelito amarillo venía pegada a la carátula de la última versión del folleto sobre Acoso Sexual que había publicado la oficina unos años atrás.
¡Me quedé helado!
Tuve que sentarme y volver a leer pausadamente la nota.
Me volvió a parecer que las tres palabras eran categóricas, concluyentes.
Julio Flórez. 1867 - 1923. Blog NTC ... . CONTENIDO.
Por GLORIA SERPA-FLÓREZ DE KOLBE
(Julio Flórez Roa en Gran Enciclopedia de Colombia Tomo IX, Círculo de Lectores, Bogotá, 1993.)
Texto publicado en:
http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/florjuli.htm
http://www.los-poetas.com/k/biojulio.htm
http://web.presidencia.gov.co/asiescolombia/cultura_escr_6.htm
Poeta boyacense (Chiquinquirá, Colombia, mayo 22 de 1867 - Usiacurí, Atlántico, febrero 7 de 1923).
Reanudamos la vida después de haber No digas que fue un sueño
Terenci Moixa
-¿Cómo va esa investigación?- preguntó a la escritora, que la miraba fijamente sin pronunciar palabra.
-Bastante avanzada, más de lo que te ha hecho pensar mi silencio de estos meses- le respondió, mostrándole dos butacones de cuero frente a una mesa cubierta por una montaña de documentos -. Al principio era solo compilar material para escribir una suerte de enciclopedia; ahora, me he enamorado de la idea.
Procedo de siglos de errancia son las palabras liminares de este último libro de poesía de Mario Camelo, Luna de las iguanas, que se articulaba en dos secciones, Proposición de lámparas y Lo conversado y el mar: título este que había elegido primero el autor: lámparas que en la vigilia alumbran el verso errante y el oleaje incesante de la errancia, en busca del otro lugar? Notemos para empezar que, etimológicamente, « conversari » quería decir en latín morar, vivir en un lugar. Puede que el poema abra ese lugar. El único acaso donde Nada se ha perdido:/ Lo que danza como un pistilo en medio del poema / También conoce los ritos / Y los labios/ Que avanzan como una proposición de lámparas / A la altura de la vigilia (...) Sin duda en otro lugar / Una nueva luz danza. La poesía de Camelo, canto errante como el de Darío, es busca y esperanza de conquista de ese otro lugar para que el hombre y su palabra, por fin, estén. El hombre y su palabra humana que debe ser ( todo en la poesía de Mario nos lleva a esta intuición ) de orígen divino, pero en nuestro exilio Hasta la presencia de Dios es incierta. Para rescatar un fulgor de certidumbre hay que bucear en esa incertidumbre: la ausencia de la presencia de Dios.
Aquella tarde, el cartero flacucho y giboso de siempre, con su barba de tres días, su acento sudista y su andamiaje de alcohólico anónimo, le pareció a Emilia más alelado: no sólo se equivocó de paquete al entregarle el recomendado, sino le hizo firmar donde no tocaba, qué descuido. Al abrocharse la tricota por pura desazón, Emilia se disculpó sin motivo, pretendiendo luego remendarlo todo con un "good afternoon" tan enfático, que el otro se vio aún más perplejo antes de resolverse a darle la espalda y continuar su camino por la avenida jaspeada de sombras. Era un lunes brumoso, la luz mermaba ya aunque no hubieran dado las cinco, Emilia lo sabía sin mirar el reloj porque a esa hora el cartero pasaba, se detenía y daba un largo timbrazo, no dos cortos como en la famosa película que tanto le gustaba a Henry.
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