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Los lectores que fuimos, que somos
Las efemérides del "Boom" (II)
Analizar una adaptación cinematográfica o la lista interminable
Literatura y violencia: la paradoja del escritor colombiano
Palabra de pirata: la narrativa de Edgar Collazos
Los otros. Una historia del conurbano bonaerense
La «crónica» podría considerarse uno de los géneros más típicos de la literatura latinoamericana, salvo por el hecho de que esa palabra se aplica a textos (y contextos) muy distintos entre sí. Dos puntos nodales de esta demasiado amplia clasificación serían la «crónica de Indias» y la «crónica modernista».
Paolo Tommasi (Italia, 1958). Autor de música de cámara y música para el teatro, entre sus obras destacan Rondetto e Fuori orario para la lectura de algunas operas de Mario Luzi, Sinfonia delle stelle: quattro impressioni cosmiche, Passacaglia, Asturias, Giardini di primavera y música de escena para la lectura de I Sepolcri de Ugo Foscolo. En el 2008 recibió del ‘Alto Patronato del Presidente de la Reppublica' el premio internacional "Ecolès pour la paix" por el musical Il treno della felicità. Director de orquesta y concertista europeo desde 1976 estudió con Gaetano Giani Luporini y Sergio Celibidache. Docente en el Instituto de Alta Formación de Livorno desde 1978, es Presidente de la Sociedad del Contrabajo fundada en Lucca en 1985.
Durante la pausa, los que no se iban afuera a fumar y tomar aire o se quedaban en la barra, ocupaban la última mesa junto al pasillo que conducía a los camarines. Tenía la ventaja de estar casi en la penumbra y de ser apenas accesible a la mirada del público. Era tarde ya y sólo les quedaba una función. El Manco Pontoni había empezado a beber desde temprano y Escalante asistía con temor a su paulatino hundimiento en ese pozo inclemente de alcohol y de olvido que de sobra conocía. Y cuando Griselda se le acercó, como lo estaba haciendo las últimas noches, pensó que debía advertirle y decirle que tuviera cuidado, que no se dejara enredar por sus encantos, que él mismo había experimentado repetidas veces la dulce embriaguez con que ellos podían apoderarse de cada célula de su cuerpo y terminar esclavizando su voluntad. Pero no se atrevió a sermonearlo con argumentos tan conocidos para los dos. Sólo atinó a quedarse un rato observando, atónito, cómo los ojos vacíos de su amigo cobraban el brillo característico de aquellos momentos. Si ya le había corrido el telón a todo lo que lo rodeaba, pensó, ¿de qué valdría hablarle sobre cualquier cosa?

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.
Luis Cernuda en Birds in the night
Ahora mismo los dos se burlan, junto a Oppiano Licario, de las cotorritas intelectuales que aún aplauden a los hermanos Castro, que como se sabe quedarán en los diccionarios del siglo XXII como "dictadorcitos caribeños, de la época de Virgilio Piñera y José Lezama Lima". Ahora mismo oyen la última travesura estelar de Reinaldo Arenas. Lezama se tapa la boca para reír. Virgilio se quita los espantosos espejuelos de aros negros. Ríen. Ironizan. Desprecian...
El laberinto del pecado
Víctor Montoya
Novela
"La lectura de cualquier obra literaria es necesariamente un hecho único e individual que se percibe sólo en la mente y en las emociones de un lector particular", dice Rosental, refiriéndose a la libertad del lector. De ahí podemos concluir que para una misma obra pueden haber muchos lectores con apreciaciones totalmente diferentes porque existen innumerables transacciones independientes que cada lector entabla con el texto.
Wolfgabg Kaiser sostiene que "la novela es la interpretación más compleja y amorfa de la literatura", quizá por esa complejidad, donde se pueden desarrollar temas con variedad de enfoques, persiste esta forma de expresión literaria.
1.
Nos abruma la cantidad de hechos violentos que pueblan nuestra vida cotidiana. Y más aún cuando, al asomarnos en el balcón de la historia, descubrimos que los de ahora sólo continúan una interminable saga de acontecimientos atroces. Vivimos en un país que se ha empeñado en mantener vigentes de una década a otra, de un siglo a otro, las prerrogativas a la crueldad. La nuestra es una memoria repleta de cicatrices y nuestro presente, una herida que no para de sangrar.
Todos en Colombia hemos vivido de cerca, en una forma u otra, los tormentos que inflige la barbarie. Unos más directamente: las víctimas, cuyo sufrimiento y memoria han de repararse y honrarse. Algunos hemos sido testigos consternados en esta visceral tradición de la infamia y otros han tenido que despedir a los suyos, obnubilados por su propio dolor. En nuestra aciaga historia como Nación, el signo de los tiempos ha operado no pocas veces su papel de noria, transmutando a los dolientes en nuevos verdugos ansiosos de revancha. Reconocer esto no exime de su responsabilidad a quienes han ostentado el poder en este país, pero indica su cuota de sangre. Y esto exhorta, precisamente, a subrayar la insensatez del pacto social precario que se han empeñado en mantener, un sistema cuya médula sigue siendo la exclusión de la inmensa mayoría y los privilegios de un puñado de gentes.
Y sucedió en aquél entonces, una historia de amor...
Jorge Amado
"Cuando se toma un tamarindo con la punta de los dedos, se parte, se abre, se remueve la cáscara y se coloca en la entrepierna, y se lame, se empuja con la lengua, se saborea y se retira la pulpa de la pepita a mordisquitos, pedazo a pedacito..."
Tamarindo- Yolanda Arroyo Pizarro
Leer la novela Caparazones escrita por la poeta, cuentista y novelista puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro es como probar un delicioso tamarindo. Igual al poema de Arroyo Pizarro que lleva ese mismo título. Desde que agarré esa novela en mis manos, no la pude soltar. Esa novela me llegó. Reacción similar la tuve cuando hace años atrás me leí otra novela de la literatura puertorriqueña Felices días, tío Sergio de Magali García Ramis. Resultó en una sensación similar, una novela corta que se saborea de principio a fin, igual o mejor que un tamarindo. O novelas como Salón de belleza del mexicano Mario Bellatín o Bonsai del chileno Alejandro Zambra son una delicia leerlas.
Perdonen que me meta donde no me llaman (jamás, porque no me llaman), pero es que no puedo evitar salir del silencio (de la escritura) para expresar, desde este nicho, mi opinión sobre un "cartel" que me llama poderosamente la atención. Se trata de un programa muy atractivo de tres jornadas en las que se aborda el tema: la literatura latinoamericana del "boom". En la foto de familia del artículo de El País (07/11/2012), que tomo como referencia, aparecen los grandes, felices y exultantes en los setenta, Donoso, Vargas Llosa y García Márquez. La noticia refiere el encuentro organizado por la Cátedra Mario Vargas Llosa de la Universidad de Murcia, que se lleva a cabo en Casa América, en Madrid, donde escritores y periodistas debaten sobre el "boom" en su 50 aniversario. El titular formula una pregunta "¿Por qué hay que matar el "boom"? Hasta ahí todo me parece pertinente y necesario, al margen de las opiniones y pronósticos que ha suscitado este debate. Lo verdaderamente curioso es que los intervinientes, tanto como quienes son objeto de estudio, sean única y exclusivamente hombres. ¿Acaso la literatura latinoamericana ha sido y sigue siendo un asunto predominantemente masculino? Si nos ceñimos al "cartel", entendemos que sí...pero, ¿y quienes se ocupan del asunto, los críticos, las críticas (rara función del término en el que sujeto y objeto forman una entidad)... Pues parece que también, porque opinar sobre la literatura, según este "cartel", es un asunto masculino. No hay una sola mujer que merezca la atención crítica, ni una sola periodista, "crítica literaria", docente o investigadora con opiniones que merezcan ser tenidas en cuenta en estas lides, y no por venir de mujer, sino por agudas o acertadas.
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