Nuno Júdice
Selección de poemas para Aurora Boreal® por el autor. Traducciones de Diego Valverde Villena.
Portugal, 1949. Poeta, narrador, ensayista y profesor universitario. Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Lisboa. Obtiene el doctorado por la Universidad Nova de la cual es profesor asociado. Tiene publicada obra poética, ensayo, ficciones, teatro, antologías y crítica literaria.
Enfrente de mi casa hay un árbol con flores color violeta. Lo veo cuando me asomo a la ventana del living, lo veo al salir del edificio de departamentos donde vivo. Hay mucho verde ahí y también muchos árboles porque hay un parque. En el parque hay muchos perros, los llevan en grupos de seis, de diez, hasta de dieciocho perros he contado, atados con correas y el que los pasea se llama paseador. Desde hace algunos años hay paseadores de perros en Buenos Aires, personas que se encargan del trabajo que los dueños no pueden o no quieren hacer. A los paseadores se les paga y algunos dicen que les pagan muy bien. A los perros habría que preguntarles qué tal la pasan, pero ellos no hablan y sólo ladran o gritan o aúllan, y a veces tienen calor porque los tienen atados a los árboles. A algunos los dejan correr sueltos por el parque y otros perros se pelean, se corren el uno al otro y ladran al grupo de perros que tienen enfrente y que parece un grupo rival.
Al escritor Jorge Kattán Zablah
Para distinguir al científico don Bartolomé Ruiz y Pío, descubridor de una vacuna contra la calvicie, el presidente de la Confederación Latinoamericana de las Artes, le otorgó el

El espejo del mar
Józef Teodor Konrad Korzeniowski
Traducción Javier Marías
Prólogo Juan Benet
Hiperión Ediciones S.L.
ISBN/ISSN: 978-84-7517-047-3
216 páginas
Clemen, la mamá de las Arregocés, era una mujer que gozaba de una salud de hierro. Cuando era joven y su célebre belleza ya era conocida, estuvo casada con Blas Lechuga, un poeta idealista de salud frágil que le componía unos versos hermosos. Se enamoraron perdidamente durante los atardeceres cuando Blas declamaba poemas y Clemen lo escuchaba, mirando fijamente cómo las aguas del río se confundían con el mar. Aquel idilio fue famoso en la pequeña ciudad del trópico en la que habitaban y todo se sabía. Tuvieron tres hijas. A pesar de que la lucha diaria era difícil, pues un poeta no era ninguna garantía, y de versos no comía ni come nadie, siguieron viviendo en su pequeña ciudad, y se alimentaron de aire mientras Blas usaba su energía y sus escasas fuerzas en componer versos.

El escritor y la bailarina
Fabio Martínez
Prólogo de Guido Tamayo
Este volumen hace parte de la Colección El Solar, que acaba de lanzar la Escuela de Estudios Literarios perteneciente a la Universidad del Valle, en Colombia.
Lo primero que hay que reconfirmar, al acabar de leer este libro de relatos, es que Fabio Martínez es un escritor, "un animal moribundo" -para parafrasear a ese otro "animal moribundo", Philip Roth-; es decir, un hombre que imagina, recuerda y de ello hace ficciones.
La imaginación de Martínez, de forma evidente, tiene que ver con su tiempo, el tiempo de su formación sentimental e intelectual de la Cali de los años setenta primordialmente, y las de los ochenta en su viaje de aprendizaje a Europa. De ambas experiencias y, por supuesto, de sus lecturas preferidas y de su mirada a este presente descuadernado, atípico y antiutópico, nacen los cuentos que conforman este libro El escritor y la bailarina. La mirada del autor sobre el mundo que recrea está tamizada por una sabiduría: la del humor. Es difícil hallar un relato en donde no brille la picardía, el guiño al lector, la broma abierta o la sátira con nombres propios. El humor le otorga entonces a estos relatos, un tono, una distancia crítica e inteligente, una actitud anti-solemne.
Me levanté temprano porque presentí la tremenda alegría de los rayos del sol rosados sobre el aire, sacándole un reflejo de oro a los vidrios del edificio de enfrente y rebotando al otro lado del mar.
Pensé en el mar de allá.
1. "Flotando en un espacio incierto"...La historia que estoy por contar sucedió hace muchos años, cuando yo había terminado de escribir mi primer libro de ficción. Una amiga, personaje de reconocida importancia en las letras argentinas, me presentó a un funcionario (importante también él) de una editorial (a su vez entre las más importantes de Buenos Aires). Este señor me recibió muy amablemente y, tranquilizada, diría hasta envalentonada por la acogida favorable, desenfundé el manuscrito (obviamente manuscrito es un modo de decir, era un ejemplar mecanografiado, única tecnología a mi disposición a fines de los setenta) de Formas de la memoria.
El lo abrió, lo hojeó, vio páginas con sólo diez líneas, o veinte, a veces cinco. Levantó la vista, perplejo: -¿Y esto qué es?
Empecé a explicar que se trataba de cuentos, de relatos brevísimos (él me miraba cada vez más desconcertado) ¿De apólogos? ¿fábulas? ¿parábolas? iba yo enumerando titubeante. -Bueno, textos que juntos forman una ficción única, aseguré al fin, esperando convencerlo.
Una porfía forzosa
Óscar Osorio
Prólogo de Gilberto Rangel
Este volumen hace parte de la Colección El Solar, que acaba de lanzar la Escuela de Estudios Literarios perteneciente a la Universidad del Valle, en Colombia.
El hombre y la mujer, su historia misma, son un cuento que contar: que se viene contando desde hace milenios; que se cuenta cada día; que no se termina jamás de contar. Un verdadero y exacto cuento de no acabar. Un movimiento perpetuo.
Mempo Giardinelli
Qué podrá ser más forzoso, la porfía de creer en el amor, más allá de todo lo que implique mantener viva la ilusión de su existencia, incluso por encima de la inflexible muerte, o la porfía de los narradores que con sus palabras pretenden asir la sustancia de todo lo que encarna el rictus de aquel sentimiento "porfíoso"; es decir, su insistencia en querer reconocer lo que podríamos llamar la naturaleza de la amor-osidad humana en la dialéctica de la abundancia y de la carencia.
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