La semilla de la ira
Consuelo Triviño Anzola
Verbum
268 págs.
2013
Anarquista, romántico, existencialista, insultador como ningún otro, amigo de Martí y Darío y, antes que nadie, de sí mismo. Se llamaba José María Vargas Vila, nació en algún año desconocido de la mitad del siglo XIX en Colombia y murió en España en 1933. Fue, según esta biografía novelada que lleva por título La semilla de la ira, escrita por Consuelo Triviño Anzola (Bogotá, 1956), "el escritor más leído en lengua española".
Las máscaras de Vargas Vila es el subtítulo de este enigma en la portada española (en Colombia se editó en Seix Barral), porque esta novela representa para muchos la entrada en el mundo del autor de las pocas novelas eróticas que circulaban en Hispanoamérica a principios del siglo XX, el orgulloso excomulgado por el Vaticano, el viajero, el diplomático, el hombre de letras más rebelde y crítico con las instituciones, un dandy que, siendo popular para los lectores del momento, representa un olvidado por la Historia de la Literatura. El autor de Ibis y de El imperio romano, el atrevido y el que no calla jamás, es el que repite a lo largo de su vida su más profunda certeza: "Pasarán cien años, muchos más quizás, y mis palabras renacerán para poner el dedo en la llaga y evidenciar las mentiras de la historia".
Había una silla junto a la ventana. El calor se extendía en la pequeña estación de autobuses. Los pájaros eran infinitas figuras antes del vuelo. Un vaso sudaba su fiebre en la penumbra. La humedad del vidrio dejaba su huella en la mesa. Inútil esperanza porque era puro despojo, cosa inútil e inacabada. Las moscas formaron una nube inestable. Volátiles se movían en la escena. "Ayer dejaron algo", dijo el viejo. Su compañero de trabajo —un muchacho— se acercó. El primero se balanceó en la mecedora. De gimnasta su vaivén por la precisión y el tino: los pies al aire y luego al suelo. Una secuencia donde destacaban la espalda, la camisa a cuadros y los pies alumbrados. Los pájaros, contraste entero del viejo, estaban prendidos al esqueleto de un árbol y desde ahí, al unísono, medraban.
La narrativa colombiana es una cantera inagotable de muy buenos escritores. Entre ellos tenemos al poeta, ensayista y profesor universitario, Armando Romero, que con su novela Cajambre (2012) nos lanza a la selva americana, al Pacífico colombiano, donde se asienta una población afro-descendiente, en Buenaventura. En esta región hay un río, Cajambre, un poblado, Playitas, y una muerte, la de la pingüera Ruperta, que, según las mujeres que la conocieron, no era como los otras, por tener muchas cualidades, como la valentía y la solidaridad. La novela, en efecto, comienza, así: "fue la noche la que mató a Ruperta". Contra la sospecha de que tenemos que ver con una nueva versión de realismo mágico, tenemos a un joven escritor que, desde su posición de omnisciente observador, nos revela las interioridades de un mundo que oscila entre la realidad de una muerte y lo mágico de las creencias y representaciones sincréticas de los afro-descendientes. No obstante, no importa cuál es el punto de partida, una cosa es clara: los participantes quieren saber e intervienen en el esclarecimiento de la muerte de Ruperta. No es un policíaco en el sentido clásico (no hay detectives), aunque tampoco es un anti-policíaco, pues es la comunidad es la que actúa para saber quién mató a Ruperta, muerte que, efectivamente, es resuelta por la comunidad, yendo así más allá del enigma de crímenes y muerte irresueltas (la impunidad) tan propio de nuestros países. En un país marcado por las guerras y conflictos políticos viscerales, la comunidad en Cajambre funciona a condición de administrarse a sí misma. En este espacio cuasi-autónomo, aunque no anárquico, pues tiene sus jerarquías y su orden, nos encontramos todavía con un mundo con fronteras bien delimitadas, ya sea por clases o razas. En efecto, en la comunidad que se describe conviven los negros de la región (con sus economías de subsistencia), los colombianos blancos (propietarios de las aserrías), los intermediarios (igualmente blancos) y los extranjeros. La muerte de Ruperta revela, detrás de la aparente armonía de la comunidad, que hay quienes sacan provecho explotando a los negros que, como ella, habían venido organizándose en la defensa de sus intereses como piangüeras, trabajo que consiste en extraer conchas de los manglares.

David Reinoso: Bogotá, Colombia, 1974. Cursó estudios de filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. Redactor y miembro fundador del periódico de poesía El Aguijón, actualmente hace parte del comité editorial de la revista de poesía Ulrika. Obtuvo la beca de creación otorgada por la Casa de Poesía Silva,
Afuera arrecia en el aire el olor de los melones calientes bajo el sol, maduros y dorados. Hasta el dormitorio me llega su perfume mezclado con el de los jazmines del patio. Y el aire se hace denso, almibarado, impenetrable.
Oigo los gritos lejanos de los chicos que cazan mariposas a ramazos, volteándolas a tierra en pleno vuelo. Las recogen, aún temblorosas, y las meten en cajitas de remedios vacías, hasta que mueren aleteando con un repiqueteo sordo contra el cartón; y luego, con las alas estiradas, las ponen entre las páginas del libro de lecturas o del cuaderno. El viento me trae sus gritos confusos, fundidos con el canto monótono y ensordecedor de las chicharras adheridas a las ramas de los árboles frutales. Mariposas blancas y amarillas, chicharras y perfume de jazmines rancios, calcinados bajo el sol de la siesta.
Rocío Obregón: Colombia. Realiza estudios superiores en los Estados Unidos donde obtiene el grado de licenciada en Literatura Francesa, Estudios Latinoamericanos y Artes Dramáticas en el Dominican College y en la San Francisco State University. En la década de los años ochenta inicia su carrera como productora de cine, televisión y comerciales para publicidad,
Ramiro Lagos. Escritor colombiano, nacido en 1922. Autor de 26 libros de poesia, ensayo y textos antologicos. Entre sus obras poeticas se desatcan la siguientes: Testimonio de las horas grises, Cantos de la epopeya de America, Cantar de otros cantares, Frutologia de Eros, poesia y pintura y Rimado del Cristo Roto. De sus obras ensayisticas sobresalen: Ensayos surgentes e insurgentes, Vanguardia de Pluma errante. Las antologias mas conocidas internacionalmente son: Mester de Rebeldia de la Poesia Hispanoamericana, Voces Femeninas del Mundo Hispanico y Poetas sin ronteras. Ha sido profesor de la Universidad de Notre Dame, Indiana, y de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro. Actualmente se le distingue como Profesor emeritus de esta Universidad.
Sonetos de Frutología de Eros, Bucaramanga, Colombia, Edit. Sic, 2007
Ha de reseñarse como un hito internacional la reciente publicación de la editorial Verbum, de Madrid, del libro titulado: La semilla de la ira, con el subtítulo de "Mascaras De Varga Vila". La autora de esta biografía novelada, es la escritora colombiana Consuelo Triviño Anzola, quien, por cierto ocupa un alto cargo en el Instituto Cervantes de Madrid, como antena intelectual del hispanismo activamente representado en hechos, letras, voces, ecos e investigaciones dignas de ser actualizadas. Lo que ha investigado más ella es la obra y el diario de Vargas Vila, que le ha permitido ser el "alter ego" y por lo tanto, la pregonera de quien fue a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el primer "best seller" de Latinoamerica.
Buñuel, del surrealismo al terrorismo
Víctor Fuentes
Editorial Renacimiento
Colección Los Cuatro Vientos
ISBN 978-84-8472-783-5
Páginas: 288 pgs.
2013
Con numerosas fotografías.
Para los que pensábamos conocer la inmensa obra de Buñuel, su simbolismo, surrealismo, su universo de símbolos, sus referencias pictoricas y literarias, su mundo
religioso, anti-religioso-arreligioso, su ateísmo, "soy ateo por la gracia de Dios", este libro nos revela que nuestro conocimiento apenas rozaba la superficie de esa profunda y misteriosa via láctea fílmica del gran aragonés.
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