Nadie es eterno
Alejandro José López
Novela
Sílaba Editores
ISBN:978-958-57499-4-8
Agosto de 2012
Páginas: 178
Hace más de diez años, Miguel Ángel Torres Vitolas (Cusco, 1977) dio a conocer su primer libro de relatos, titulado Animales baldíos (PUCP, 2001). Pese a su extraordinaria calidad, el libro pasó como una estrella fugaz por el mortecino cielo literario limeño. Que yo recuerde, no obtuvo reseña alguna, ni tan siquiera un comentario en cualquier medio de comunicación (por lo general, ávidos de novedades literarias, cuando éstas vienen de grandes e importantes sellos editoriales). La repercusión que tuvo el libro, del cual se imprimieron apenas doscientos ejemplares, distribuidos entre familiares y amigos, se restringió a un reducido aunque entusiasta círculo de lectores. Hay que reconocer que el mismo Torres Vitolas se interesó muy poco en divulgar el libro. Convencido de que la labor del autor es la de escribir con la exigencia que desde siempre se impuso antes que vender un producto, él continuó escribiendo una vez que el libro ya había sido publicado. Después viajó a París y quienes nos quedamos en la Lima de aquel entonces le perdimos el rastro. Del escritor que poco tiempo antes publicara sus cuentos, apenas nos quedaba el libro.
Hace algunos meses, apareció en España el nuevo libro de cuentos de Miguel Ángel Torres Vitolas, titulado Piel inédita (Eclipsa, 2013). Compuesto de once cuentos de extensión similar, estos cuentos son lo que queda de una cantidad mucho mayor escrita por el autor cusqueño a lo largo de todos estos años de silencio. Después de haber leído el libro, escueto y contundente, se me ocurre que bien pudo haber incluido otros cuentos que han aparecido en diversos medios (como el excelente "Uro en París", con el cual ganó el "Premio de las mil palabras" de Caretas). No obstante, también se me ocurre que, lo mismo que las atmósferas y personajes que nos presenta en Piel inédita, Miguel Ángel Torres Vitolas ha continuado apostando por expresar lo menos posible, hacer de sus palabras el negativo fotográfico del silencio. Un negativo fotográfico que nos presenta diversos rostros de ese silencio, rostros como la amargura y la melancolía en medio de la incomunicación.
Hace algunos meses, quienes nos interesamos en ese género emergente que es el microrrelato nos dimos con la noticia de que la editorial española "Paréntesis" cerraba sus puertas. Imagino que por culpa de la crisis, la razón del momento para echar abajo cualquier iniciativa editorial en la península española, no lo sé, el hecho es que, de la noche a la mañana, los autores que había publicado en dicha casa vieron sus libros en la calle, sin nueva oportunidad de llegar a los lectores. Pienso en particular en el caso de Jesús Esnaola (Donostia, 1966), quien con Los años de lluvia, su primer libro, aunque no su primera incursión en el género, supo convertirse en un referente para quienes escribimos (o intentamos hacerlo) microrrelatos. Por eso, quienes hemos leído Los años de lluvia no podemos, más que sentirnos defraudados frente a la suerte que le ha tocado vivir al libro, un conjunto de ficciones breves cada cual mejor que la otra, pero que por razones que son ajenas a las literarias terminó sus días en el sótano de una editorial moribunda (antes de la guillotina reservada a los ejemplares que no se vendieron).
He de confesar que no solamente he leído Los años de lluvia el año pasado y ahora, con ocasión de esta reseña, sino varias veces pues los microrrelatos de Jesús Esnaola se leen de manera fulgurante debido a esa poco frecuente mezcla de un estilo sencillo con unas ambientes intensos, en los cuales late una multitud de significados. Que no se me malentienda, por favor. Cuando digo estilo sencillo me refiero, antes que nada, a una manera de escribir que va directo al grano, sin florituras ni preciosismos, un lenguaje en el que cada elemento contribuye a desarrollar esas atmósferas tan propias a Esnaola, espacios de imprevistos, circunstancias de sorpresas, vertiginosas varias, algunas horrendas, las cuales no se encuentran exentas de humor. Al mismo tiempo, por medio de alusiones o ambigüedades finales, el estilo de Jesús Esnaola subraya intrigas que son dejadas abiertas, cuando no plantea desenlaces inesperados, gracias a la capacidad evocadora, el poder de sugestión del microrrelato, según lo entiende el autor español. De hecho, los mejores textos de Los años de lluvia – pienso, por ejemplo, en "Capitalismo", "Mariposas", "Sensaciones" – conjugan muy bien la necesidad concisión con la necesidad de entregarle al microrrelato una trascendencia singular.
Cuentos desagradables
Pablo Urbanyi
Catálogos, Buenos Aires
Páginas 136
2013
En un mundo donde parece que los escritores deben entretener o distraer a los lectores, los textos coleccionados en Cuentos desagradables, doce cuentos en total, no hacen concesión a la banalidad, a la cursilería y a la zalamería. Urbanyi no traiciona el oficio de escribir, no abandona el sentido de la literatura, su crítica, su búsqueda de entregarnos con cada cuento un espejo de este mundo con sus absurdos, sus vacíos, sus paradojas. Reconocemos al narrador, al autor mismo en sus cuentos, cuyos algunos – o la mayoría – transcurren en Ottawa, ciudad donde el autor vive desde hace algunos años donde también ha trabajado como profesor de español, un oficio que ha ejercido sin haberlo estudiado en una institución oficial. Porque él, además, ha escrito toda su vida sin haber perseguido premios, aunque ha ganado algunos, como haber sido finalista de Planeta de su país con la novela Silver en 1993. Esta trayectoria profesional, unido a la mirada crítica y satírica, le permite al autor reconocer lo que es precisamente torcido en las ofertas "culturales", "académicas", "políticas" y "cotidianas" de nuestro mundo. De allí lo desagradable de sus cuentos, como en Educación continua, donde el narrador, Pablo, como profesor de español en Ottawa pone entre comillas los lemas como "Nunca es tarde para aprender" o "Aprenderás desde la cuna hasta la tumba" para revelar la estafa de un sistema que se ha deshumanizado y cuyo verdadero lema es otro, el cliente es rey, donde el profesor es un simple empleado mal pagado – aunque con exactitud – para atender a estudiantes que ven al profesor como un sencillo "transmisor de conocimientos" con un par de competencias. Esta desvalorización del sistema, este vacío institucional de la labor educativa, no es solo propio de Ottawa, pero sí de todo un sistema desvalorizado cuyo cáncer se ha propagado por todo el mundo. Este cuento es un ejemplo de la mirada del autor, del narrador, que recorre cada página de este libro. Él no tiene el "proyecto" de desagradar ni, mucho menos, pretende o propone un mejor sistema. Su mirada es, sencillamente, desencantada, directa y honesta. Por lo tanto, no nos violenta con una "propuesta" porque sabe o sospecha que esa misma "propuesta" ya sería parte de la estafa. ¿Cómo llegamos a este punto? En efecto, hay todo un trayecto desde que Pablo Urbanyi publicara Noche de Revolucionarios en 1972 hasta hoy día, un trayecto donde el autor ha pasado y pasa por muchos temas en su literatura, respetando el oficio de escribir y sin abandonar la lucidez de su mirada que, como uno de sus personajes de Cuentos desagradables, cansado de sí mismo y de su vida en su mundo insulso, dice: "se trataba de enfrentar el día".
Heinrich von Kleist golpea la aldaba a medianoche. En el mesón van a echar la cancela antes de lo acostumbrado por la inhóspita noche de invierno. Ya no se esperan huéspedes a esta hora, ningún alma se atreve a rondar los caminos rurales en semejante noche. Se escucha el trueno y el fragor de la lluvia confundidos con vigorosos golpes en la puerta de la taberna. Tras larga insistencia una voz se acerca lámpara en mano, el posadero todavía con el mandil incomodado por la interrupción de la cena.
"¿Quién demonios anda ahí? ¡Está cerrado!" Cuando abre el portón ve delante de sí a un hombre desaliñado, todavía joven, empapado y tiritando. Las botas llenas de barro y la indumentaria hecha jirones producen una lamentable impresión. "Por piedad, dadme algo de comer". Exhausto y abatido entra en la posada con determinación irrefrenable. La lluvia se cuela en sus pisadas, y el dueño de la casa, un buen hombre, le ofrece una sopa hirviente y una jarra de vino. Junto al fogón hay una chica adolescente de ojos huidizos y temerosos que se encarga de traer el pedido. Cuando se acerca al extraño huésped, este le arroja una mirada fulminante que contiene la dureza de un mineral y formula en voz baja y firme una propuesta extravagante: "¿Quieres morir conmigo?" La chica retrocede espantada y se atrinchera en el silencio. El poeta come con voracidad, bebe con intemperancia, absorto en la imagen de las expresiones de los rostros familiares que le azuzan y señalan como un fracasado: "Haz algo de provecho en la vida, Heinrich. No puedes seguir así".
El secreto
Le secret
Javier Vásconez
Novela Corta
Editorial FOC
2014
El señor Gómez, jefe de la oficina, se acerca a Camacho y le dice: «...el secreto está en levantarse temprano, desayunar, leer el periódico, vivir al día y superar los sueños con el trabajo». Pero Rubén Camacho lleva algo dentro de él que va a estallar. Un secreto como una bestia negra. Un lobo que acecha la ciudad.
Basado en el asesino conocido Daniel Camargo Barbosa, "el Desdentado", uno de los asesinos más famosos, terribles y extraños de Latinoamérica. En el momento de su detención se le encontró con obras de Dostoievski y Vargas Llosa. Tenía el perfil de una persona con una inteligencia superior a la normal, las pruebas en la cárcel probaron un coeficiente de 116 y una cultura insólita en un ser marginal, sin vivienda fija. El secreto es un libro que se vio envuelto en la polémica, tanto que la edición llegó a ser censurada en algunos países. Javier Vásconez ha escrito una novela corta que se aleja de cualquier connotación de juicio moral y construye una novela corta dura y cruda. Editorial Foc lo recupera en edición electrónica y bilingüe en francés.
Manuel Parra Aguilar. (Hermosillo, Sonora. México) Profesional Técnico en Mecánica Automotriz por el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica y Licenciado en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora. Premio Internacional de Poesía Oliverio Girondo 2005, organizado por la Sociedad Argentina de Escritores, SADE, delta bonaerense, San Fernando, provincia de Buenos Aires, Argentina. XIII Premio Nacional de Poesía Tinta Nueva 2011. Ganador del Concurso del Libro Sonorense 2013, por el Instituto Sonorense de Cultura (ISC) y del Concurso Nacional de Poesía Alonso Vidal 2014, organizado por el Instituto Municipal de Cultura, Arte y Turismo de Hermosillo (IMCATUR). Libros: (Cuento) Contrataciones, Editorial JUS, 2009; (Poesía) Más le valiera morir, Rivas Hernández, Editores, 2009; En el estudio, Editorial Tintanueva, 2011; Manual del mecánico, VOX, 2012, Argentina; Portuaria, ISC, 2014; Pertenencias, Mantis-IMCATUR 2014.
Días de tambor
Julio Olaciregui
Cuento
Sílaba Editores
Páginas 144
ISBN: 978-958-574996-2
TEORíA DE LOS ESPACIOS EN BLANCO
Hay lecturas que se apoderan del lector y lo conducen como el que empuja a un compañero por un laberinto imaginario, pero sin darle pausas, ni para respirar, sin permitirle preguntas, sin dejarlo siquiera dudar de si lo que está leyendo es la realidad palpitante misma o una broma forjada a golpes de imaginación, de manera que al final el lector termina más cansado que feliz o dijéramos mejor, medio muerto pero aliviado de haber podido escapar de todo aquello. Es lo que nos ocurre con algunos libros de Dostoievski. La primera vez que lo leí, tenía yo la edad de las lecturas voraces, indiscriminadas, quince años y una amiga inteligente pero algo perezosa que me prestó Crimen y Castigo, con la condición de que le hiciera el resumen que ella tenía que llevar al colegio como tarea. Recuerdo que de regreso a casa subí a un bus atestado de pasajeros con el libro bajo el brazo, en la congestionada, desordenada capital de aquella época, y harto de los trancones que se hacían frente al edificio más alto que había visto en mi vida, el del Banco de Bogotá, y abrí el libro. Lo abrí por pura curiosidad y empecé a hojearlo por pasar el tiempo. Es todo lo que recuerdo de aquel día. A partir de ese momento la vida se me convirtió en las aventuras inverosímiles y, sin embargo, crudamente reales de Raskolnikov; me perdí en los vericuetos de su atormentada consciencia, seguí sus rastros por calles, posadas, cantinas, casonas y casuchas miserables por donde deambulaba el joven ruso, asistí al acecho y a la muerte de la vieja usurera y al terrible interrogatorio del juez Pórfiro, que acosa al inculpado hasta acorralarlo, no poniéndolo ante sus actos sino dejándoldo indefenso con su propia conciencia, y cuando finalmente (no sé cuánto tiempo había pasado, cuántas horas o cuántos días ni cuántas noches) cuando el preso Raskolnikov sale en compañía del único ser dispuesto a compartir sus miserias, Sonia, la joven prostituta, con rumbo a Siberia, sólo entonces pude yo cerrar el libro, y volví a sentirme yo mismo, instalado en mi vida y con el compromiso real de hacerle a mi amiga el prometido resumen de esa novela. No lo hice, no pude hacerlo. Hubiera sido como escribir el capítulo más angustioso de mi propia vida. Pero en cambio me curé de Dostoievski por un buen tiempo. No sé si Dostoievski hubiera sido en nuestros días un gran autor teatral o un extraordinario guionista de tipo hollywoodiano, pero de lo que sí estoy seguro es de que en la radio hubiera causado inolvidables estragos, llevando a sus radio oyentes hasta la desesperación o al menos dejándoles la mala conciencia, no de sus propias culpas sino de haberse enterado de las culpas ajenas, faltas prestadas, pecados compartidos con cada uno de sus personajes. Dostoievski no nos da la paz ni el respiro necesario mientras lo leemos, sino que nos pone su mundo obsesivo enfrente como uno de esos avisos que encontramos en la carretera y que significan cuidado, curvas peligrosas, y lo terrible no es que tengamos que deambular por entre esas obsesiones sino que el autor no nos deja vivir ningún "entre tanto", nada de espacios en blanco.
Familia y recuerdo
Julia Wong Kcomt (1965) nos entrega con su opúsculo Bocetos para un cuadro de familia una nueva arista para un tema recurrente en la literatura latinoamericana: el de la familia. María Inés, la narradora, regresa tras quince años de ausencia a Chepén, su tierra natal. Es entonces que su memoria comienza a recuperar un pasado lejano pero no ajeno. Entre sus recuerdos aparece la imagen de sus cuatro tíos, las tardes de películas en el "Cine Alegría" y, por sobre todos la figura del abuelo en su mueble azul. Viaje a la semilla tribal que también lo es al pasado personal, no se trata de un regreso desconectado con el presente. El regreso de María Inés responde al llamado de su tía Alejandra, que la invoca tras la violenta y secreta muerte de su tío Armando el cual "era muy atractivo" (p.65) pero al mismo tiempo "era como el influjo inmenso y herido de un gnomo que no había podido entender las alturas de la vida" (p.73).
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