Una noche aquel insomnio se encontró enredado en el silencio de sus sábanas. Miró a todos lados, solo soledad. Intentó tocarse, pero no palpaba cuerpo alguno. Se miró al espejo, yo soy mi amor. Se metió debajo de la cama, y abrió una puerta. Cayó al abismo. Mientras caía se dio cuenta de que una protuberancia creía fuerte entre sus piernas. Se fue frotando el enorme pene mientras descendía, hasta manar un manantial. Sus fluidos fueron tales que pudo nadar al llegar al fondo. Bebió de sí mismo y pudo ver luces, siluetas, puertas con distintos colores y un rico aroma a salitre. No se escuchaba nada. Abrió la puerta violeta y entró. El olor cada vez más penetrante lo invitaba a una cama en el fondo. El insomnio se recostó, dos manos lo palpaban suavemente. Cuatro manos, seis, ocho, diez manos tocándolo rítmicamente. Le crecían los senos, se le endurecían los pezones, se le curveaban las caderas. Descubrió ese deseo el siempre soñado. Fue sintiendo entre sus piernas un enorme laberinto en el que entraban todas las manos, también pasó sus dedos y descubrió la humedad de ser ella de todos los dedos acariciando su vulva. Sintió vértigo y gritó tan fuerte que cayó de cantazo en la cama abrazada entre sus sábanas moradas al amado insomnio. Al fin de cuentas, todo fue consecuencia de aquella manía de quererse en silencio.
Horacio Peña Poeta, narrador, ensayista y crítico de arte. Nacido en Managua, Nicaragua. En 1967 ganó el Premio Internacional de Poesía en el certamen Centenario de Rubén Darío. En la actualidad es catedrático en Houston-Tillotson College, en Austin, Texas. Escribe una poesía llena de alusiones y mitos en la que trata de revelar el misterio del ser y del tiempo. Entre sus libros se cuentan Ars moriendi y otros poemas y Antología del inmigrante. Es miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
Prólogo del poemario "Réquiem por un mundo desfallecido" de Javier Claure Covarrubias
PARA ROMPER EL SILENCIO...
Van estas palabras, porque no siempre se lee poemas de alguien que sueña con tener el universo en las manos y nos entrega --por tercera vez-- su voz, su reclamo por la vida; nos dice lo que es y lo que siente; luego, forzado a confesarse afirma: "Yo no soy de medias tintas", para recordarnos el momento que fue compartido con los de su generación y con los gemidos de su madre, allá, en su natal Oruro, ese crudo invierno de 1961, cuando en los patios y las calles habían calentado la noche anterior, con fogatas.
"Réquiem por un mundo desfallecido" viene después de "Preámbulos y ausencias", poemario publicado en Oruro, el 2004, y luego "Extraño oficio", el 2010, en Estocolmo, donde todavía reside el poeta. Aquí no vamos a entretenernos con sus fantasmas; pero sí descubrir lo que nos ofrece, como prolongación de su oficio; desde luego, prácticamente no hay nada que explicar en los 22 poemas de este libro, pero sí mucho que sentir. Leyéndolo nos damos cuenta de que algunas ausencias se hacen fructíferas, aunque para ello se debe llenar ese vacío cantando penas y alegrías. Son sentires que sobrevuelan el mundo desde una ventana con alas de golondrina, en el día y, de búho, por la noche. Cómo pesa la vida en la distancia, pues, de cualquier modo, los retazos con que el poeta compone su trayecto, mostrándonos sus escenarios, son suficiente motivo para animarnos a seguir sus recuerdos.
6 de diciembre, 2014.
La NADA ES LO MEJOR DE todo.
"Todos los días son buenos", me dijo la corretera hormiguita cuando la iba a aplastar con el pie. En la playa, un perrito, con su dentona boca abierta, se avalanza hacia mí... con efusión: "Gracias, por haber sido bueno con la hormiga". Al rato, otro del mismo tamaño, se pone, y alza la vista, a la altura de mi rodilla y hociqueándolo lee en el pequeño libro de haikus que llevo, boca abajo, en el brazo tendido: "After a long nap / the cat yawns, rise, an goes out / looking for love", "Aquí estoy yo", exclama, me da una lamida, toma una carrerita y mea, gozoso, sobre una roquita. "No seas ripioso", me alerta con su eco en el mar... De noche, redonda, oronda, la luna, con su fresco fulgor diamantino, como recién sacada del refrigerador en el esplendente plato del azur. Regalo de la repostería celestial. ¡Me la comería!
En el texto que presenta esta antología, la Introducción a la Literatura del Desarraigo, Fernando Olszanski explica cómo y cuándo se generó ésta literatura en castellano. A propósito de esta literatura me gustaría agregar algo de lo dicho en la entrevista a la poeta venezolana María Auxiliadora Álvarez en el libro Mujeres Mirando al Sur, Antología de poetas sudamericanas en USA. "Cavilar sobre el sentido de la residencia en la tierra ya es el desarraigo y esta cavilación traza un camino sin retorno, porque nadie puede vivir dos veces su misma historia. Mi propia historia es el transcurrir ligero e intenso de los nómadas. ...los viajes esenciales, sus fracasos y sus re-comienzos, son interiores." Eduardo Cabrera en "Acompañantes" narra el paso por la frontera de los EEUU. Un emigrante indocumentado en busca de trabajo, acompañado por un personaje muy especial, que observa, se emociona, comparte las dichas y las desdichas del protagonista; va en silencio; su actitud es más elocuente que la palabra y es testigo de 'lo bueno, lo malo y lo feo' de ser un emigrante indocumentado, el intenso trabajo y la persecución de los agentes de emigración, el sufrimiento e inquietudes de su compañero y dueño que termina detrás de las rejas, vestido de rosa y encadenado.
La fiesta de la insignificancia
Milan Kundera
Tusquets Editores
Páginas 144
2014
Kundera en su insoportable levedad
Acostumbrado a bromear, tratando los temas trascendentes: la mortalidad, el ser, la identidad. O temas sutiles: la lentitud, la ignorancia; su ánimo no ha cambiado y se toma ahora la constancia de lo cotidiano, usurpando al parecer los temas sagrados de la filosofía.
18 de noviembre, 2014.
"Antes del paseíllo"
Desnudo en la camilla/barrera
me cubro con el amor
A cabeza y cuello
M pecho y corazón
O óvalo del vientre y vejiga tocada
R genitalia y hasta los pies
"La corrida"
Saliendo al ruedo sobre ruedas
Vestido de luces con el foco del quirófano
El anestesista da un pase de mano
Sueño la corrida pitos
Entra el cirujano a ... sanar
Arrastran al toro/cáncer ovillado
Desperté: ¡vive Dios!
Sus dedos habían perdido la forma. Estaban retorcidos, como requemados por la escarcha. Parecían ramas secas de un árbol al que se le estaba escapando la vida. Aunque si uno acariciaba esas manos, las notaba tibias, acogedoras. Aún corría sabia por esas ramas deformadas, aún había tiempo.
Manuel estaba llegando a los noventa años y vivía solo. Por consejo de su hija, accedió a mudarse a un departamento cerca de la casa de Eleonora.
"Así puedo ir a verte todos los días, papá. ¡Necesito que estés más cerca para cuidarte! No seas caprichoso, por favor" Le pedía cuando él se negaba a dejar su lugar.
Después de un invierno duro y en el que tuvo problemas de salud, Manuel accedió al pedido de su hija, con la condición de llevarse algunas de sus cosas. La principal y a la que no iba a renunciar: el piano. ¡El piano era su vida!
El viejo extrañaba la casa grande: su olor, el crujir de las maderas de los muebles y la escalera, el viento entrando por las banderolas de las puertas altas. Los ruidos de la cocina y todos los recuerdos transformados en fantasmas queridos que lo acompañaban siempre. Hacían que nunca se sintiera solo.
Reseña en exclusiva para Aurora Boreal®
Gaviero. Ensayos sobre Álvaro Mutis
Diego Valverde Villena (Ed)
Editorial Verbum
Páginas 232
2014
Ensayos: Joâo Almino, Adolfo Castañón, Benjamín Chávez, Juan Gustavo Cobo Borda, Eduardo García Aguilar, Barry Gifford, Geraldo Holanda Cavalcanti, Fabio Jurado Valencia, Juan Carlos Méndez Guédez, Santiago Mutis Durán, José Ramón Ripoll, Fabio Rodríguez Amaya, Jorge Rodríguez Padrón, Jorge Ruiz Dueñas, Pedro Serrano, Pedro Sorela, Consuelo Triviño Anzola, Diego Valverde Villena, Rubén Vargas, Ida Vitale.
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