Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Ganó el Premio Cervantes y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2006, y el Premio Nacional de Poesía en 1988. Es Doctor honoris causa por la Universidad de León; por la Universidad Autónoma de Santo Domingo y por la Universidad César Vallejo de Perú. El mundo poético de Gamoneda se construye con versos oscuros, poblados de símbolos sustanciales que ocultan y revelan significados en torno a la muerte desde dos perspectivas: la idea que guarda en su memoria sobre la misma, y el camino que vislumbra hacia su puerta. Incluso, cuando la belleza aflora en sus textos aparece cubierta con un velo negro. En sus versos condensados subsiste la conciencia trágica del tiempo y la percepción de la injusticia. Su particular intensidad expresiva está presente en cada una de sus voces y es una muestra de arte verbal.
Es difícil imaginar el panorama de la poesía latinoamericana en Suecia sin la presencia de un personaje extravagante como Sergio Canut de Bon, quien le ponía color a la vida burlándose de la muerte. Era un conversador ameno y sabía sacarle partido a las tertulias, donde sus anécdotas parecían juegos de pirotecnia. Sus sentencias concisas, hechas con ingenio y humor cáustico, constituyeron el lado fuerte de su creación literaria, quizá porque a través de ellas quería expresar la verdad -su verdad- de una manera breve, rotunda y poética.
Hay libros que marcan un antes y un después en tu vida. Uno de esos libros fue El túnel de Ernesto Sabato que leí siendo muy joven, mientras buscaba, casi de manera angustiosa, las formas de expresión de esa inquietud permanente que me empujaba a la soledad. Resultaba contradictorio aislarse del mundo y, a la vez, sentirse plena de vida y de deseos
Es la suya una voz alejada de los esnobismos dulzarrones que pregonan lo femenino como etiqueta comercial. Sus creaciones, equidistantes del averno y la rutina, transgreden la convención para poner de manifiesto lo coercitivo en nuestras vidas. Los seres que habitan sus ficciones se esfuerzan por escapar del pesado légamo que acumula el tiempo y que nos impone un mundo en sepia. Su vocación, tan vigorosa como su escritura, conserva la valentía de quien ha cincelado sus libros con la certidumbre del talento y el abrigo del silencio.
El esperado placer de leer a Cepeda Samudio como se debe gracias un equipo de escritores, críticos y académicos de siete países convocados por la obra del escritor barranquillero y Fabio Rodríguez Amaya de la Universidad de Bérgamo (Italia).
¡Toda la narrativa del escritor barranquillero Álvaro Cepeda Samudio (Barranquilla, 1926-Nueva York, 1972) publicada simultáneamente en dos ediciones, cada una en un solo tomo! La edición comercial, publicada en Colombia, por Alfaguara, y la edición crítica, publicada en Francia, por la prestigiosa Colección Archivos, del Centre de Recherches Latino-Américaines (CRLA-ARCHIVOS) y la Universidad de Poitiers-CNRS.
Estos libros son un acontecimiento en el mundo literario hispanoamericano. Leer así en la perspectiva de conjunto, los libros inconseguibles Todos estábamos a la espera (cuentos, 1954), La casa grande (novela, 1962) y Los cuentos de Juana (cuentos ¿o novela?, 1972) servirá para apreciar por fin la creatividad de este narrador, sus geniales intuiciones, su absoluta modernidad. Se trata de uno de los más altos exponentes de la literatura colombiana y miembro enucleador del grupo de Barranquilla, en cuyo ideario estético él y García Márquez se identificaron hasta sus últimos días.
Broche de oro
Director: Raúl Marchand Sánchez
Guión: Raúl Marchand Sánchez
Reparto: Jacobo Morales, Adrian García, Diego de la Texera, Wanda Rovira, Luis Omar O’Farrill
Fotografía: Sonnel Velazquez
Música: Geronimo Mercado
Año: 2012
Puerto Rico
Diario de la peste
Gonçalo M. Tavares
Traducción: Paula Abramo
27 de marzo de 2020
Jorge Teillier (Chile, 1935-1996). Poeta legendario de la literatura hispanoamericana. Entre otros galardones obtuvo el Premio Municipal de Poesía Gabriela Mistral en 1960 y el Premio Eduardo Anguita en 1993. El universo miticopoético del autor se construye a partir de imágenes que trascienden el tiempo y rememoran el lugar natal, el territorio primigenio, la saga familiar y el paraíso perdido de su infancia, a través de algunos íconos recurrentes como pueden ser estaciones de tren, plazas aldeanas, bosques mágicos, molinos de hierro y seres afantasmados. Con el paso de los años esas estampas se transfiguran para dar lugar a otras, concebidas desde espacios urbanos donde el autor experimenta hondamente la sensación de soledad y desesperanza, pero en las que la nostalgia de la tierra sigue estando presente como rasgo distintivo. La obra teillieriana está considerada como una de las más representativas de su país.
Darío Ruiz Gómez (Anori, Antioquia, 1936) narrador, poeta y ensayista, es uno de los nombres más destacados de la literatura colombiana y, sin lugar a dudas, el que mejor ha reseñado la evolución de Medellín, ciudad donde reside y donde ha sido profesor de Teoría de la Ciudad y la Arquitectura, en la Universidad de Antioquia, institución que lo
Quiero reconocer, sin rodeos, que muy pocos libros han tenido tanta influencia sobre mí, y sobre mi modo de ver el mundo y la realidad, como los de Lundkvist Me siento feliz que un libro de Artur Lundkvist aparezca en castellano. Yo me detengo en pleno camino de la selva para abrirle las puertas del idioma
Pablo Neruda.
Entrevista a Sergio Ramírez Mercado
En esta ocasión el escritor Luis Pulido Ritter conversa con el escritor, abogado, periodista y político nicaragüense Sergio Ramírez Mercado.
Ein deutscher Schriftsteller
Cuentan los entendidos que se trata del último gran escritor occidental, el canto del cisne de una civilización que durante siglos buscó lo esencialmente humano; es decir, el amor como instancia de redención; la cultura como aspiración suprema; y el arte como causa última. Por eso, fue mayor el contraste con su tiempo, el oprobioso Tercer Reich contra el cual desde un inicio se enfrentó, con la rebeldía de un niño contra un padrastro abusivo, aquel periodo de sombras que se agitó para insultarlo, difamarlo y, en última instancia, silenciarlo. Casi siempre, según cuentan, el horror absoluto necesita del silencio alrededor para poder imponerse. Sin embargo, el escritor supo mantener sus alturas, nunca decayó, siempre continuó. Eso justifica con creces el premio Nobel que, algunas décadas antes, le atribuyera una rendida Europa.
Cuando cerraba con llave las puertas de su casa muniquesa, gran edificio burgués, expresión refinada de su tradición familiar y su lugar social, el autor no solamente podía sentarse a escribir, leer y responder a sus corresponsales por todo el mundo, sino también consagrarse a su familia. Nadie puede reproducir a ciencia exacta los delicados momentos que el último gran escritor occidental pasó con su mujer Katia y sus seis hijos. Sabemos, eso sí, que uno se suicidó, después de haber sido víctima del alcoholismo y las drogas; otra hizo de su vida un escándalo sórdido; alguna rechazó cualquier vínculo con el adusto padre. Finalmente, uno de sus nietos, no se sabe por qué razón, se negó a leer cualquier obra del fino abuelo, como si en su rechazo lo condenara al silencio y también al olvido. En lo más profundo de la memoria parece agitarse algo desconocido, aunque viscoso y maloliente, que solo podemos adivinar en medio de la armonía familiar.
Thomas Mann murió el 12 de agosto de 1955, en su recámara de Zurich, "y aquel mismo día, un mundo respetuosamente conmovido recibió la noticia de su muerte".
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