En vista de los acontecimientos del Paro Nacional de Colombia en 2021, escribimos al Dr. Édgar Ortegón solictándole luces y pistas para obtener su diagnóstico de la situación. Con esa sabiduría que solo le dan los años, el Dr. Ortegón nos escribe su mirada –con dolor del alma y vergüenza profunda– sobre lo que está pasando en Colombia y que sintetizamos a continuación:
Virginia Woolf: Una voz propia y precursora
Desde la década del ochenta en el circo del arte internacional se asiste a un doble fenómeno. Por un lado, ese ente amorfo y tentacular que se llama mercado ha ido lenta pero implacablemente imponiendo una estética que no puede definirse de otro modo sino mercenaria y decadente. Por el otro, las condiciones generales de una crisis de sentido, a todos los niveles, ha ido determinando la inexorable pérdida del carácter subversivo del arte con la consiguiente homologación que lo neutraliza y reduce a una condición de llano y
Los otros. Una historia del conurbano bonaerense
Josefina Licitra,
Buenos Aires, Debate
2011
232 páginas
Las sombras
Darío Ruiz Gómez
Novela
Silaba Editores
Páginas 256
2014
La sombras es la más reciente novela del escritor colombiano Darío Ruiz Gómez (1936) cuyo mundo narrativo ha estado a caballo entre Colombia y España, país a donde llegó en 1958 y donde permaneció cerca de diez años. Si bien las ficciones de este autor, tanto relatos como novelas, se instalaban por lo general en la ciudad de Medellín, desde aquellos primeros cuentos que son parte del canon de la literatura colombiana, como Para decirle adiós a mamá, Las sombras nos llevan por dos ciudades: Medellín y Madrid, aunque en última instancia el espacio es solo el punto de apoyo de un sistema emocional en el que nos adentramos a partir de instantáneas que resumen momentos cruciales de la existencia.
Si por estética se entiende el estudio de la percepción de lo "bello" y, por analogía, de la creación artística, entonces resulta lógico que todo producto nacido del ingenio humano con fines de belleza, como ser la música, pintura y literatura, sean agradables a la sensibilidad y consideradas como obras de "arte", aunque la palabra "arte", estrechamente vinculada a la actividad creativa por medio de la cual el hombre intenta representar de manera "bella" sus imaginaciones, pensamientos y sentimientos, no siempre es un concepto universal y absoluto para todos, ya que, si se consideran los valores relativos en la apreciación de una obra de "arte", lo que es "bello" para unos, puede no serlo para otros.
No es casual que cada escuela filosófica, desde Platón hasta nuestros días, se haya planteado las preguntas: ¿Qué es lo "bello"? ¿Y cómo se mide el grado de belleza de un elemento animado o inanimado? Las respuestas han sido tan dispares como las preguntas que se han formulado a lo largo de la historia. Empero, lo único cierto es que cada individuo, a la hora de referirse a lo "bello" y lo "feo", usa un criterio estético particular y subjetivo, que no siempre coincide con el gusto particular de los demás.
A pesar de las controversias y polémicas, que la estética ha generado desde el pasado histórico, existe un criterio generalizado que induce a pensar que la palabra "bello" o "bella" es un adjetivo que se aplica a todo objeto animado o inanimado que, luego de ser contemplado y sin previa reflexión, provoca una inmediata sensación de placer, sobre todo, de carácter emocional. Esto ocurre, por ejemplo, cuando una persona se enfrenta a la naturaleza, donde una mariposa, un río, una montaña o una flor, tienen la fuerza de cautivar por su belleza; lo mismo se experimenta ante la belleza de una obra de "arte" creada por el ingenio humano, a través de un cuadro, poema o composición musical.
Cuento inédito
1
Me parece que es mayo y han de ser las cuatro de la tarde. El hombre sentado frente a su escritorio es rubio y de nariz aguileña. Sus intensos ojos verdes parpadean apenas. Lleva treinta y tres años habituándose a trasegar caminos arduos, a escalar montañas imaginarias. Hoy las páginas de un libro español lo mantienen absorto. Desde la puerta de aquella habitación repleta de volúmenes, alguien lo observa; pero él ni siquiera intuye la presencia del niño. Su mente se halla embelesada en alguna fonda castellana, intimando con acemileros y pastores, con mozas y gañanes. Sus cejas se contraen, su frente se enciende, su mano pasa la página. Y el chico sigue allí, instalado en sus siete años de curiosidad y pantalones cortos. ¿Por qué tanto silencio, por qué tanta alegría? Quisiera volver al solar donde se juega al trompo, al zumbambico; quisiera corretear a los dos bimbos que cuidan su infancia y provocar al pato bulloso y travesear con las cinco gallinas de siempre. Pero se mantiene un rato más en el umbral, fisgoneando la pieza de los libros, intentando comprender aquella felicidad de papá.
Cuando tanto silencio lo desborda, el niño toma una decisión. No ha disipado aún sus misterios; sin embargo, tampoco va a interrumpir la concentración de ese hombre que tanto ama y reverencia. Entiende que ya es tiempo de regresar a las canicas, o al balero; quizá la rayuela venga mejor. Antes de atravesar el largo vestíbulo que lo llevará hasta el patio, dirige una mirada más a la habitación y descubre algo aterrador. Alguien lo vigila desde la pared del fondo y no deja de hacerlo por más que se mueva hacia un lado, hacia el otro, hacia atrás. Se trata de una efigie espeluznante, de una mujer tan fea como el sufrimiento y tan vieja como el rencor. El chico huye despavorido, raudo, con un grito atragantado en la mitad de su propio espanto. Salva la sala en pocos pasos, salta materas y floreros sin causar destrozos; pero su pequeño corazón está a punto de estallar. Sólo cuando sus pies de viento traspasan el quicio que se abre al solar, el niño logra sentirse a salvo. Jamás los graznidos de un pato fueron tan dulces, ni tan encantador el séquito de cinco gallinas; nunca en la historia había sido ni tan poderoso el respaldo de dos pavos.
Versión original en inglés de Philip Garrison
15 de noviembre de 2016
Traducción al castellano de Stella Moreno Monroy
El jueves pasado en el Museo del Prado, deberíamos parecer una pareja curiosa. Mi mujer empujaba la pequeña silla de ruedas roja que heredé de mi madre, mientras pasábamos frente a aquellas famosas pinturas enceguecedoras. Una pregunta surgió entonces ¿A qué distancia de las “Meninas” de Velázquez está la sala de Goya donde han colgado el “Fusilamiento del tres de mayo?” Los pasillos y las luces del museo están diseñados para eliminar la distancia que se impone afuera; el espacio que media entre el último semáforo y la taquilla, o entre esta y la cafetería. El espacio medido en yardas o en metros desaparece y es sustituido por una extensión de otro tipo. Y la distancia entre aquellos dos objetos concretos de pintura y lienzo? Es un espacio lleno de emociones en el que conviven la fama y el anonimato; el arte representacional y el gobierno representativo; la dicotomía entre lo público y lo privado; la diferencia entre la Corte Real exquisitamente dispuesta y un pelotón de fusilamiento iluminado por la luz del farol de una cuneta.
Diario de la peste
Gonçalo M. Tavares
Traducción: Paula Abramo
24 de abril de 2020
Una voz femenina de resistencia y lucha indígena
José María Fonollosa (España, 1922-1991). Poeta catalán automarginado y oculto. En Ciudad del hombre, libro clave y definitivo del autor, los hablantes poemáticos son individuos amorales, desarraigados, inadaptados y solitarios, con rasgos antisociales, psicopáticos y depresivos. Muchos son manipuladores y tratan a las otras personas, hombres y mujeres, con crueldad e indiferencia sin mostrar ningún atisbo de culpa o remordimiento por su conducta. Otras veces son seres con aires de grandeza o, por el contrario, con la autoestima baja, reflejando sus propios fracasos, sus frustraciones y sus complejos. Las obsesiones mentales y los impulsos que comparten giran en torno del amor sexual y la muerte. Son habitantes de la metrópoli con los que es posible cruzarse a diario. Transitan anónimamente la ciudad, escenario cardinal que se presenta desdibujado, salvo por los títulos de los poemas que corresponden al nombre de calles barcelonesas, pero bien podrían situarse en cualquier otra urbe. Fonollosa creó su obra en castellano, con endecasílabos blancos, con un lenguaje directo y sin ambages.
Página 5 de 64