Los chircales son producto del trabajo de campesinos que, debido la Violencia de los años cincuenta y sesenta, llegaron a Bogotá a conformar los cinturones de pobreza. Algunos de esos campesinos se ubicaron a las afueras de la ciudad en los pocos terrenos propicios para agricultura que no pertenecían a hacendados y no estaban signados por la violencia. Pero la gran mayoría se vieron forzados a ofrecerse como mano de obra barata para trabajos domésticos o en fábricas. Muchos que no optaron por vivir en los límites sur y norte de la ciudad, se fueron a vivir en las faldas de las montañas orientales, donde a falta de tierras cultivables desplegaron sus conocimientos artesanales, entre ellos especialmente la fabricación de ladrillos y tejas.

Los chircales, que emergieron gracias a esas necesidades económicas, al desplazamiento y las diferencias sociales, se convirtieron en lugares de trabajo y habitación campesina en la urbe. En ellos se desarrolló una clara simbiosis, un acoplamiento del campesino con el medio ambiente de manera materia y formal, ejemplificada en la adaptación de rocas como elementos constructivos de hornos y casas, y en el uso del material extraído del mismo lugar de habitación para producir ladrillos que servían para la construcción de sus propias casas e, incluso, de los hornos.

En Bogotá los chircales fueron determinantes en el crecimiento de la ciudad, especialmente en las décadas de los sesenta en la que se vivió una fuerte expansión urbana gracias a la construcción de agrupaciones unifamiliares. Y así como se extendió la ciudad, se extendieron también los chircales. Los chircales son claro referente del trabajo productor de los ladrillos como elementos y elementales de la construcción de la ciudad, y clara marca de la transformación y expansión de la ciudad hacia los cuatro puntos cardinales.
Aunque en Bogotá hubo muchos chircales, los fotografiados por Fernando Cruz en el suroriente de la ciudad, son los últimos que quedan dentro del área urbana, razón por la cual son relictos singulares y excepcionales.
Estos chircales son testimonios importantes para una mirada rigurosa de la realidad del presente y del pasado de la ciudad, y nos recuerdan la necesidad no sólo de controlar el uso indiscriminado del carbón y de la horadación de las montañas, sino también desarrollar el reconocimiento crítico de las políticas sociales y económicas que posibilitaron esos lugares que antes y ahora siguen siendo marginales. Pensar estos chircales como un paisaje cultural evolutivo y patrimonio implica, en la memoria ciudadana, una legitimación simbólica de los desplazados e inmigrantes campesinos, de sus actividades y tradiciones determinantes para la conformación y construcción de la ciudad, e implica activar dichos lugares tanto para el turismo local (ocio y el tiempo libre especialmente de los habitantes locales que carecen de esos espacios) como para la construcción de la identidad de esa zona en particular y de la ciudad en general.
Juan Carlos Guerrero
Actualmente la exposición ‘Fotografía, patrimonio y ciudad' se puede visitardel 16 de diciembre de 2010 al 25 de enero de 2011 en el Museo de Bogotá, Colombia (Casa Sámano, cra. 4 No. 10-18).Entrada libre. Para leer mas: http://www.fotografiacolombiana.com/exposicion-fotografica-y-patrimonial/
La serie de fotografías Chircales del Suroriente enviadas a Aurora Boreal® por cortesía del fotógrafo Fenrando Cruz Flórez. Texto de Juan Carlos Guerrero enviado a Aurora Boreal® por el fotógrafo Fernando Cruz Flórez.
Serie del fotógrafo Fernando Cruz Flórez ganadora del primer premio del concurso de fotografía Bogotá, ¡Patrimonio Presente!, realizado en el marco de las convocatorias "Bogotá Tiene Talento 2010" del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural .



