Mario Camelo poeta y fotógrafo profesional

mario_camelo_080Un amigo, el pintor Fabio Rodríguez Amaya, me decía que necesitaba de la poesía para poder pintar. Yo necesito de la pintura y la fotografía para poder escribir. Mario Camelo









Luna de las iguanas


1
Procedo de siglos de errancia,
Hambrunas y derrotas guerreando en los  confines.
Delante de mí un gran rumor de aguas  subterráneas
Atravesadas por un solo pensamiento,
Como un vasto fluir de limo que en su peregrinación
Llena de voces la memoria de los sacrificados.

Entro al mar, un linaje sin edad me obliga,
Avanzo toda luz extinta como un navío  corsario
En silencio las campanas y los pitos,
Sordo a mis largas acomodaciones.
Debo portar mi parcela de tiempo al Señor de los sueños
Sin agravar el peso invisible de mi frente, Sin usurpar mi espacio entre los vivos.

mario_camelo_081

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2
Desato las sandalias sobre la arena
Y me libro al mar : exigen que olvide,
Que abandone mis iras delictuosas,
La cuenta macisa de mis muertos.
Debo gritar ?
Vestirme con las alhajas de la locura
Como un leproso coronado de perlas ?
Una mujer fértil
Presta a todos los trances y revelaciones
Me observa desde su rosa náutica,
Y temo que su sombra profética se pierda
En la noche si trasgredo los lindes.

mario_camelo_082

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

« Yo soy ayer
Yo soy hoy
De generaciones innombrables. »

Libro de los muertos del antiguo Egipto. Cap XLII.


I
La sal en los labios como perentorio recuerdo de mi raza
Y una mujer, también, rumoreando danzas bárbaras
A la altura de mi nuca... Es la hora.

La hora en que la arena se levanta
Para combatir la bruma que avanza desde el mar
Cual emisario cargado de amenazas y paganas escrituras.
Un jardín de cascabeles y vihuelas en los bordes del sueño
Y en las dunas altas la danza consumada de las fieras hambrientas.
Paciente camino sobre piedras que no conocen en su olvido
Sino el ruido de mi peso y el de ciertos lagartos escarlata
Que salen a enamorarse frente a las noches de invierno.

II
Aquí no vive nadie,
Como un último aliento del mundo,
Nadie me ofrecerá su equinoxio
Y un alcohol de caña conversado de guerras lejanas.

Hasta la presencia de lo Divino es incierta, Apenas algunos caballos
Derrumbados sobre la arena como tema de olvido
Los ojos abiertos a una sed intensa.
Nada se ha perdido en tanta soledad:
Aquí he fundado otra infancia.
A la memoria de Ceci, suave hermana

mario_camelo_083

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4
Ebrio sobre la arena olorosa describo los círculos del destierro:
La danza es sosiego lejos de cautelas y guarnecidas miradas.

Mi mano golpea contra el tiempo y sólo la muerte aparece a la puerta
Su sustancia ardiente poblando y despoblando mi boca:
Hallazgos y voluptuosidades de la conversación no invitada.
A lo lejos la pleamar monta y alcanza el oído.

Las dos charlas son un laberinto
Que se confunde en una casa que no debe ser visitada.

mario_camelo_084

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5
He intentado romper el círculo de la danza, Poner mi cuerpo a soñar un agua que no ocupa
Adormeciéndome en la extensión de ciertas cántigas
Donde sigilosas vertientes informan sobre mi orígen,
La desmadejada errancia de donde provengo.

De la multitud de voces que habitan mi cuerpo,
De la multitud de sangres
Con que está hecha mi sangre
No viene ni ayuda nada: mi libertad y yo
Libramos escaramuzas y amenazas de terrificadores
El corazón a campo raso profanando el Nombre y los pactos,
Cada quien hambriento del otro,
Y sobre cada estirpe el peso de la espada,
El hambre, la peste.
El botín soy yo. El feroz botín.

6

« Cuando un hambreado sueña, entonces, come y se despierta.
Cuando un sediento sueña, entonces, bebe y  se despierta.
Pero su ser está vacío. »

Iesha ́Yahou ( Isaías ), 29.8.


I
Nada más que silencio, casi penuria,
Las palabras como en un acta sellada.
Me siento, sobre la mesa cruzo las manos
Y a veces entreveo la tempestad saqueando
Una piel que tiene mis manchas, mis ojos, mi calvicie.
Y cuando todo es comienzo y confusión en lo aspirado
Aparece el visitante con un tigre y un piano bajo el brazo
Propagando esperas cruzadas de neblinas boreales,
Escuchas y sobresaltos, voces e inundaciones
Que mi memoria recobra.

Duendecillos azules tiran del mantel
En una algarabía de adivinos, nigromantes,
Arúspices, jorguines, chamanes y videntes
Discutiendo los setenta años que son los días del Rey,
Alrededor de la estela en el extremo septentrión,
Allá en el finis-terrae, rompiendo el instante
En que juego mi sangre.



II
La agriedad madura, los ríos apestan, ningún pan
Acoge al errante, el mundo se ha marchitado.
Escombro. Escombro.
De los trabajos sobre el monte - oh, generaciones venturosas !-
No queda sino el alterado silencio de Dios,
Naves y muros sin título por donde vaga pensativa
Una climatología de mirras, ceras e inciensos.

Alrededor todo es piedra fina, casi arena, sin audiencia,
Por donde la tierra exhala quebrantos de mujeres núbiles
Y pasiones que no pronuncian su nombre ni su raza,
Ni el sitio de las albercas que lavaron sus nacimientos.

mario_camelo_085

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7
El aire que porta la arrogancia
De los presagios cumplidos
Restalla como fusta sobre los grandes libros
Interminablemente abiertos sobre la mesa
Donde se prepara el después de los días.
No estoy convidado.

Eludo el signo sin medida.

Invoco una palabra, una
De las que pasan como lagartos volando
Sobre el espejismo del mediodía abisal:

Que me acerque la fresca estancia
Donde se adormecen las vigilias,
Y el nombre de la fruta de agua roja
Para mi sed.
Para Hans Schöpfer y Burgy

mario_cameo_086

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8
Debe ser que cada don
Proviene de una vertiente en fuego,
Que cada oscuro oleaje
Ancla su naufragio con estrépito
Para que entre fluidez
Y contracción Aparezca...

Como una lluvia
Quedando luego
Fragmentado reflejo,
Entallada ventana al infinito.

9
I

He amado y abominado la noche
Y es materia para sospecha.
He aprendido lenguas como una ascesis de silencio
Queriéndolo poroso como la siringa
Donde soplan los cantos de pueblos magos o salvajes,
También lo he querido perfecto como el ágata
Que contuvo pociones y aceites para la Dama
De labios extendidos entre dos mares.
Es verdad que he pescado en el ojo del adivino
Y dado caza al ciervo blanco
En lo más íntimo del sueño,
Indagado la genealogía de la Voluspa,
De los Hiperbóreos y de los Salmistas.

Y caído en la trampa del dios
He gritado sobre los muertos
Sin que sus venas se prolonguen,
Sin poder exorcisar la horda de impiedades
Que va saqueando cada olvido.

II
Perdido el paraíso inventamos las palabras,
Pero nuestras manos no tocaron nunca
Los ojos de Eurídice.
Lo que el verbo toca se deshace
Y mi verso no salva de la muerte.
Condenado estoy a errar por edades
De opulentos manuscritos
En cuya acidez va diluyéndose mi sombra,
Que creí mía,
Como al destino afortunado sus ofrendas.


III
Errante el cielo, el mar, y yo errantes,
Y los fósiles marinos
Depositados como máscaras
U exvotos sobre los playones.

Paso por la mañana de la tierra
Con una sangre muy roja
De una tarde a otra
Saltando sobre mis sombras

A Fabio, Adine, Ximena y Constanza

 

mario_camelo_087

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

« Nuestros enemigos comenzaron. Pusieron en duda los hechos y las cifras. Y eso continuó entre nosotros. Lo indecible que debía hacerse verbo sin convertirse en literatura por boca de aquellos que se eclipsan delante de lo verdadero, fue librado a la fantasía de los fabuladores. »
Emmanuel Lévinas. « Difícil libertad »

Nada se ha perdido:
Lo que danza como un pistilo
En medio del poema, también
Conoce los ritos y los labios
Que avanzan
Como una proposición de lámparas
A la altura de la vigilia.

Cada voz de un pueblo muerto
Se levanta en mis frases,
Y cada palabra
Una ola errabunda visitando la lengua,
Y la lengua una ciudad arrasada
Los muros desenterrados y dispersos,
Las puertas de hierro fundidas
Y mezcladas con arenas y excrementos
De las bestias de guerra que pesan el olvido
Con la certitud de la ausencia.
Nada redime de las lluvias
Y los presagios más amargos
En este desierto de Dioses ciegos.
Sólo las fiebres
Instruyen el despertar de las brumas.

Sin duda en otro lugar
Una nueva luz danza
La ebriedad de las islas desiertas.


11
I

Extraña fue la noche
Errando hasta los confines del grito,
Hacia los lugares de espuma
De la palabra.

Lengua sin oficio
Pero con oficiantes la alta vigilia,
Como en busca de orillas
Donde se honora la brisa de la tierra
Y toda cosa simple,
Toda cosa yacente sobre la arena
Encuentra las llaves puras,
Su vestido de islas,
Una hierba ilustre sobre el mar del exilio.

II
El encuentro busca descifrar
Las claves de la espera
Bajo el peso del ángel.
Cada revelación ofrecida
Instala en su opulencia los viajes del hombre,
Y el brusco peso que pesó
Con el volúmen de las aguas sucias,
Obligado levita, en el vano de la puerta
Encuentra las estrellas domésticas,
Un fuego de estalagmitas...
Y se incendia.

Lo que suscitó malvasías y corales
De súbito
Pone a iluminar las lámparas en nuestras manos.

Para Juan Manuel Roca y Germán Espinosa


mario_camelo_088

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12
Es al amanecer cuando cuento mis vivos.
Aquí, ninguna epifanía incendió los libros ni los sellos
Donde están inscritos los condenados a muerte,
Como si la mano de Dios hubiese sido mutilada
Y su lejanía desprendiera toda suerte de avispas
Y profanadores.

Recorro concentrado la estancia
Blandiendo un verso como orden de batalla,
Pero íntimamente sé que es arma ínfima,
Apenas proclamación de lluvia seducida.

A la memoria de Andrés Holguín

 


13
Las figuras deletreadas de quienes amé,
Las charlas que penetraron absortas la ciudad
Como un pueblo cuya lengua quedó prendida
A los dobles hechizos del caballero y el aspa,
El arca y la espada en remolino de fuego
Dejando el alma un boquerón de venturas,
Esparcen aquel claror sólo prestado a los ciervos.

Ayer y hoy surgen de un mismo latido,
Y la casa no es mi casa, ni el pie es mi pie.

14
He remontado el río hasta su nacimiento
Como quien parte desnudo
Al encuentro de un lugar puro
Repudiando toda memoria
De cansancios y deshechos, y sin prisa,
Ganando el frescor de cada altura
Donde la sequedad del corazón del hombre
No es sino presentimiento en boca de la Sibila.
Pero premisas de lluvias salidas de leproserías
Dejaban agorar su peso incierto,
El flujo de sus confidencias
Sobre los márgenes de la tierra.

Me puse entonces a construir palabras
Para limpiarme la cara de las pinturas burlescas
Y adentrarme en aquel signo fundido en mi frente:
En vano.

La muerte habla con escoriaciones de ceniza,
Sin fervor,
Su timbre es el mismo viento que estanca en mi pecho.

 

mario_camelo_089

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15
Se ciega y se extingue el éxtasis,
Ninguna potestad ancla en este ritmo de visitas
Y conocimientos sin asombro.
Ah, un clamor ahogado levantándose sin pausa,
Profiriendo violencias para desangrar el siglo !

Nadie me obliga a creer en esta urdimbre
Donde las palabras se hunden en su semejanza
Y una cuantiosa galería de repeticiones
Fuerza a inclinarme hacia el copista
Que impide toda aproximación a la lectura:
Su arte de iluminaciones
Va trabajándose y deshaciéndome.
Es la bajamar en la escollera,
La incesante distancia
Entre el reverso de la mano
Y el gesto ya desvanecido.


16
Los que parten también nos desvanecen:
Todo lo que somos, las horas y los ademanes
Van guardándose en un arcón de hierro
Velado por cifras estelares.
Algo inefable se acomoda en nuestro costado,
Acaso el litoral de un ave doblemente silenciosa
Pintándose sobre algún lienzo, miserable y ocre,
Apetente de ardores no revelados.

El seno que nos descubrió los ángulos y las hendiduras,
Los diálogos que soplaron contra el aliento
Invitando las aguas a un itinerario de mandolinas
Sobre los puentecillos, las calles y los hiposcenios,
Guardarán anónimamente su rostro mal llorado.
A la memoria de Jaime Ruíz

mario_camelo_090

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17
Abro las entrañas de las horas, los compases,
Los sextantes, y no hallo medida de hombre.
Nuestro reino es de palabras, por heredad
Todos los sueños del desierto !

Alguien grita
Y su grito llega como un coro antiguo.
Pero mi sombra se distingue apenas
Entre los ocres del acantilado
Donde un vigía impasible al borde de los astros
Custodia al dios estancado en una esquina de sangre
Abierta en nuestro flanco.

Nadie previó el éxodo ni el exilio
Ni la cosa sorda profiriendo la muerte
Sin pausa ni reposo más allá de todo silencio.
Sobre la piel nacen basaltos
Y rocas sedimentarias,
Es lo que resta,
Y las alianzas de la memoria.

Para Américo Ferrari y Martine


18
I

De qué orillas proviene esta raza ilícita,
De qué país de escamas y demencias
Cuyo aliento incurable horada las piedras
Al sólo contacto de su visión
Donde el hombre no es más que vado, moho,
Oficio sin enigma ?

Qué osan con sus gritos,
A quién acorralan
Y brindan su espolón y su castigo
Removiendo la boca como inicio del fuego ?

II
Una anchurosa muerte bordada de cangrejos
Avanza espumante como agua arrastrada y ajena.
La sangre se esparce, desciende aleteando
Y se prolonga, asoma su ausencia a nuestro miedo,
A veces sacude los pestigos
Entre ensalmo y ensalmo de silencio -
Y torna lloviznando al eco espesándolo de labios ciegos,
Calenturas, temblores y desarreglos
Propagados en los campamentos de miseria.

La medianoche que no arrima impunemente
Queda convertida en palpitaciones, vahídos,
Invitación a otra hondura.


19

« El que debía yacer aquí, yace
En ninguna parte.
Pero el mundo yace a su lado. »
Paul Celan

I
Hago la ronda al silencio.

A quién interrogo
Si quedaron descompuestas
Las aguas de todo sueño,
Y pedazos de muro con letras de niños
Alertando la tierra congelada ?

La tierra: ceniza misma.
La tierra: santuario en fuego.

Todo embiste,
Amenaza,
Mi infancia y mi muerte
Para siempre perdidas y errantes.

II
Las palabras,
Dónde están ?
Las palabras no están

Y lo sembrado
En las ráfagas de un crepúsculo,
Y lo no sembrado.

Las palabras ?
Ya no están.

mario_camelo_091

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20
I

Un gusto de hierbas y sales negras
Se esparce por mi cuerpo...
Secos prodigios esculpen en mi oído rumores
De tempestades marinas contra una ciudad
Donde comentadores insomnes leen el texto del mundo.
La lluvia autoritaria me conduce
A los limbos del alba que no avanza,
Entre sudores reencuentro los labios
[ perdidos un instante:
Ella lava mi desnudez y su cuello danza
Con esplendor nuevo !
Cuando ama todo es perfecto
Como las obras de la noche,
Sin rezumo de usos ni fatigas.
Su alegría luminosa como una recitación sacra
Rememora las promesas tutelares,
La absoluta visita de la gracia.

Es hora de celebrar los esponsales,
Encender los candiles,
La vía sagrada me abandona una mujer
Y un lecho de agasajos y premuras.
La fiebre gana.
Mi indigencia termina aquí, contra sus pies desnudos,
A la puerta de no sé qué sueño. A él voy
Agobiado de ejércitos y adivinos.

La bestia arrinconada un instante contra el ocaso,
Entre demencias y fulguraciones
Muerde los flancos de la tierra.

II
Acordad la espera al sueño del hombre
Manos de mujer que sobre el agua pinta
aves azules,
Preparad los prodigios y las salamandras,
El clavo de olor y la flor de la fábula.
Ah, que su mano restituya los pasos
A los apetitos del canto !

Velad sobre el año de los frutos
Mujer hecha con brisa de Divinidad próxima,
Que la tierra por tan venturoso secreto
Provoque otros signos
Para lo incierto y aberrante,
Y que toda sombra
En ceremonia mayor
Apenas inunde sus pupilas,
Y en el alto hecho del instante
Nos recuerden y nos amen.

Para mis hijas, Maya, Carla y Adina.



21
A cada libro acompaña un terror,
Pero el hombre es más.

Se puede que sin rostro,
A la penumbra de los murallones
Adelante yo el infierno,
La palabra a no pronunciar
Jamás.

mario_camelo_092

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

22
Fibras secretas han armado mi arco,
desconocidas,
Anudando un pacto inextricable
En la noche que sopla hablas y puntas de sables.

Nada conozco de la voluntad de propiciar la muerte,
Pero las paredes de mi alma todo saben.

A veces un hedor monta
Y la estridencia de los insectos
Dejando al día alelado, sin horas.
Hacemos huir hasta los astros.


23

« El cadáver que sembró el año pasado en el jardín, ha comenzado a germinar ? »
Thomas S. Eliot



I
Cada aliento traza los contornos de una cercanía:
La muerte viene a secarse en estas arenas.
Remolinos de alfabetos como en ceremonias
De lluvias que cada cien años visitan los desiertos
Urden la metáfora de las revelaciones,
Cada palabra prohibida hunde las máscaras
Hacia germinaciones nunca presentidas,
Cada gesto de perdida dinastía curva los brazos
E influye en una luz que abre potestades nuevas
Y venturas de hipocampo
En mosaicos de invisibles maestriles.

Ningún fragmento huye o se abandona,
Ningún temblor se absorbe en su contracción:
Lo que cae de la boca entra en la tierra
Como una comitiva de estío.

Extravagantes roedores heréticos
Claman sedición.
Sedición !!


II
Mi oscuridad poblada de arborescencias luminosas
Y ciénagas salinas, escucha vivir la otra oscuridad
Y el gran miedo que vigila las sombras.

Ocurren en el alma edades que no parecen de hombre
Y aduanas peligrosas, manglares y plantas exaltadas
Que van definiendo el límite del mundo
Como confines de un destierro
Donde un enjambre de espectros nos abrazan
Puestos a despertar sentencias
Cuando el aliento traza los contornos de su cercanía.

Le hablo,
Toco su máscara entreabriendo su infinito
Que no conozco y me complace.
Usted y su máscara me miran
Hundiéndose en la maravilla,
Sabiendo que puedo mentir.


mario_camelo_094

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

24

« Se llevaron las nubes, las vendieron,
se está muriendo el corazón del mundo. »
Advertencia del Pueblo Kogi


I

Un gusto a mujer despierto sobre la arena...
Su olor de jardín a flanco de colina
Y también vientos hacia mí llegan, de lejos,
Vientos con perfumes blancos de conchas
Como el recuerdo de este mundo,
O su hora más opaca.


En la transparencia de mediodía de mar
Ensueño una mujer dibujándose
Contra un balcón del alba:
Aguarda que nombre por última vez
Mi ciudad desmantelada,
El humus abundante de cada uno de sus linajes.

II
Polvillos inertes flotan en la brisa
Que viene a morir en la bahía.
Nada me invita a impulsar los remos
Ni soplar contra la niebla que avanza.
Tras de mí queda un país de fieras
Ornado con dientes negros
Y divinidades enfebrescidas.

Pronto no habrá sino vómito y piedras muertas
Trajinados por vientos palúdicos,
Sólo nuestros huesos quedarán
Como vestigio de riqueza.
Y cuando ya no haya nada: a dónde ir ?
Dónde encontrar los guardianes
De cada cosa viviente ?
O la destrucción les habrá también matado ?

Para Jaime y Betty

 

25
Quisimos fundar otro reino
Con los signos más fastos.

Pero nos habían confiado un corazón
Pronto a llenarse de fetideces.

Para Henry Luque M

 

mario_camelo_093

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

26
Todo huye como espanto de animales en la lejanía,
Es de noche, cada quien ocupa y pierde su nombre:
La muerte baila engalanada de turbulencias divinas !

Si nuestra raza es antigua,
Nuestro Dios reluce ciego
Disputando su rango
Con los depredadores del momento.

Ah ! País vestido de males violentos,
País de levaduras agotadas.
Mi país como un cráneo de caballo seco
Muriendo entre el zumbido de las moscas
Venidas de la tierra entera
Al anuncio de la fabulosa pestilencia.

Para Alfredo y Carolina


27
Aquella respiración que se avecina
Murmurando a mi espalda azares inéditos
En una lengua intangible,
Cumple una visitación sobresaltada.

No sé quién es el visitante,
No lo intuyo ni mi memoria adivina
Las maneras de su ausencia.
De repente una ráfaga de plata
Queda prendida a mis ojos
Y silencios intensos
Vienen a posarse sobre los cristales
Sin alterar los perfumes
Ni las transparencias.

Cuando pregunto
Mi voz queda sin eco
Fijada en los espejos;
Cuando callo
Presentimientos de lugares
En un tiempo súbito y sin peces
Se apodera de mi alma
Obsequiándome otras memorias,
Invocando la agonía
De todo conocimiento.

28

« Hablen otros de su verguenza.
Yo hablo de la mía. »

Bertolt Brecht



I
Los que vienen de la noche, qué nos dirán ?
De qué carne será su apariencia ?
Qué lectura ofrecerán sus grietas ?
Si sus labios semejan los nuestros,
Si sus gestos figuran sueños que visitamos...

Brotarán iluminando la partida
Que lentamente huye
Haciendo mover las preguntas
De su telar de cardos,
Agravando cada ademán
Con ondulaciones embozadas
Y viejas locuras de cuya navegación
Van llegando noticias y mapas adulterados
Y urdimbres de gestas tenebrosas
Y divinizadas confidencias.



II
No quiero escuchar sus palabras:
Las conozco, yo mismo las he pronunciado espada en mano
Como una vasta hélice en el viento que bordea los llanos
Midiendo el espesor del cuello de quienes iban a morir.
Ninguna filiación conoció el indulto
O la preocupación de los profetas a través de mi brazo.

Ellos erran nocturnos como un soplo de iras exhumadas:
Nosotros bajo el día hechos de la misma carne,
Ceniza y retazos de papiros
Tocados por la sombra,
El tufo, la mugre, los sudores...
Con gran ruido en nuestro corazón
Un dios elude revelar su nombre !


Ninguna alianza, ninguna nave votiva,
Ningún recuerdo escarlata como viñas para el amor
Podrá salvarnos de tal estremecimiento.
Pero entonces, me dirá usted, qué nos queda ?
La esperanza pese a todo, pese a nosotros mismos ?
La desesperanza tal vez ? O la fe ?
No nos queda más que la pregunta.

Elie Wiesel

 

mario_camelo_095

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

29

« En las alturas un ave vuela,
Su sombra sobre la tierra va de prisa,
Huyendo como un pájaro. »
Djalal ud Din Rumi


Me dice que su sangre suena vacía
Como un encierro de preguntas,
Que la hondura de su saliva
Juega una sigilosa partida
Con el eco que va del río al mar
Sin enemistar la seriedad del agua.

Su peso lo atraviesa una marea
De final de juego, en su boca cae un ave,
Una abeja, una roca se fija.

Para Ricardo Chávez


30
La boca de la primera aurora se anuncia  propicia
Para partir sobre el agua de la bahía,
Atravesar la estela de las horas hasta fuera del aliento
Y sorprender un secreto de mar
En su lecho de cadencias esmaltadas
Mimando el sueño de los alevinos.

Tomaré posesión de su alfabeto sin sepultura
Su atelaje y su silencio hecho a mi imagen,
Y salmodiando su gracia lo portaré a tierra
Donde otras liturgias repararán mi nave pequeña,
Mi nave de arcillas y telas amargas.

Sabré qué hacer con sus signos memorables,
Los tallaré en las altas rocas sobre el mar
Y otro mutismo aclarará
La mirada opuesta a los pantanos.

mario_camelo_096

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

31
Buscaré alguna huella de las mujeres sin tribu
Que llegaron con aljófares verdes en la boca,
La voz baja averiguando la medida de la tiniebla.
Sobre sus cráneos pelados ningún rastro de cielo.

Alguna vez les vi enterrar precipitadamente el fuego
Y la boca no era más la casa del alma ! -
Quedando sin ruido como objetos de bronce
Dispuestos como un altar a la intemperie:
Después gritaban abrumando la noche
Con la demencia que muerde el pie
A la ocasión del peligro.

En el río esplendores efímeros
Trasegan perfumes inexplicables...
Pese a la migración de las garzas y las tortugas
Que han borrado toda traza,
Debo encontrar ese pueblo,
Cumplir la cita con aquella edad errante,
Disputar la crónica que no me ha sido confiada.

Para Helena Araújo


32
Embriagado de perfumes como un dios saludable
Me pongo la máscara y escucho las confesiones.
En torno el mar prepara arenas
Y nacimientos de otros exilios.

Ah, las manos de augurio sobre los restos de mi barca !
Las hijas de los pescadores cumplieron el rito favorable
De danzar haciendo sonar las risas y los brazaletes,
Y los hombres la portaron el alzas bajo la lluvia
A los sitios prohibidos que mencionan sus himnos.
El horizonte no ofrece más su carga de algas azules
Contra la demencia de las epidemias.
En este borde del mundo
No queda sino el viento y el calor
Y el silbido de la espuma en la cresta de las olas
Como súbita ebriedad
En medio de una frase incomprensible.

Los días y las noches se suceden extrañamente
Detrás del grito de las aves
Venido de las grutas del acantilado,
Al otro lado del mundo...


33
A veces un recuerdo sube a los labios
En noches sin medida
Enumerando ceremonias secretas,
Haciendo el arqueo de los reinos vacíos.
Sentimos el alma
Girar alrededor de las horas
Como alarido sin guarida.

De noche no somos más que antiguos cantos proscritos
Rompiendo el aire con bastones efímeros...

Intentando ahogar y desmentir el fuego
Que nos transforma en cosa inutilizable
Para los hombres.

mario_camelo_099

 


34

« Estamos cerca del despertar
Cuando soñamos que soñamos. »
Novalis


Se sabe que entre ruinas
Cada palabra es un estampido,
Que basta un movimiento en falso
Para acarrear sobre nuestras frentes
Piedras ensangrentadas
Y huesos caídos del cielo.

Sin embargo,
Hay como preludios de un sueño,
Algo de una germinación desconocida.

Para Ricardo y Sarah




35
A veces el corazón sale a la noche
Y se sumerge en bosques
Donde solicitudes y sueños maduran
Siglos de viajes y de tormentas.
A veces una diligencia se encamina
Cubierta de dulzores
Hasta el borde del tacto y las camelias.

Cuando las cimas de los árboles se cierra
Queda la luz improbable
De los insectos incandescentes,
Y la gran herida, la gran cicatriz.
A veces una brasa como de luna
Aparece sobre las hojas caídas...
Y no obstante mutila.
Silencios perplejos
Se precipitan en la noche.

 

mario_camelo_098

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

36
El hombre
Abundante de sueños de batallas
En altamar
Ganando barlovento
Y de proas de navíos
Hinchadas de premoniciones ebrias
Prodigándose sólo en la confusión de la muerte
Con las manos febriles
En la sangre viva de los naufragios.


37

« Una noche,
Una noche llena de perfumes, de murmullos
Y de música de alas,
... que ardían, en la sombra. »
José Asunción Silva


Lo que sucede en el alma, esos crujidos lentísimos
Como rumor de dados atravesando un puente de nácar,
Nada,
Ni la fidelidad del olvido ni la copiosa extrañeza
De brebajes de Rey ciego, nada
Salva al durmiente de su propio destino.

Y sin embargo sueña con la caricia de su anhelo
Prodigada por el seno que dibuja la noche venerable
Y la suma de rocíos
Que de lejos gobierna todo aliento.
Sueña también una luz armándose de abreviados pasos
Como quien se prepara a mentir al enviado
Que en otro puerto se inclina
Hasta tocarle los ojos
Poblando de clausuras la memoria.

Cada sueño agujerea la placidez
Que estanca en los jardines nunca visitados
Donde las sombras del durmiente danzan
Con una sombrilla y dos bostezos
El incomprensible tiempo de su destino.

Al poeta Silva. Un centenario de presencias.



38
La noche se llena de lentitudes no la piel.
La piel se adjudica certezas no la palabra.
La palabra encuentra las pausas no la piel.

Para Anabel Torres.


39
Se cierran las manos hasta la última puerta
Que alguien indicara ahogada de sombras.
Hay en la tarde una claridad de infancia,
Sin esperas, extendida y permanente.

Ah ! la intimidad que va procurando el tiempo.

Un paso, tal vez otro :
Somos salto.
El resto son vastedades.
¿ Dónde conversan, dónde terminan las palabras ?


mario_camelo_100

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

40
Vengan a buscarme frente al mar
No lejos de mi casa
Donde la noche nunca es completa,
Las manos abiertas, atentos los ojos
Para pesar con exactitud los pasos de sed,
La infancia perpetua del caminante
Y de las rutas singulares.

Lejos todo se mece
Abriéndose al alba
Salvo el río.
Un olor poderoso y atrapado !
Reverberante.
Con mis hijas voy por las orillas
Recogiendo los huesos y las almas.

 


41

Mirad lo que entierro,
Cómo organizo las piedras.
Ya reaparecerá su seriedad gastada,
Un paso hábil como quien sella el arcón D
onde la metáfora gira y se derrite
Al atisbo de nuevos caminantes.

Nada aquí es oblicuo,
Ningún sonido intocable.
El rostro no es sino una pared
Donde dormita el comienzo
El cuello hinchado y lastimero :
Es agua que transporta una marea
Abierta a los abismos.

Lo enterrado no es ofrenda.
Todo ello va de mí
Y viene hacia mí.

 


42
Es una lengua que satura el cuerpo de líquenes,
De helechos, de boscajes invisibles.
A veces asciendo, a veces repto
Hasta la muriente del deshielo...

Pero es una trampa de ciegos.
La vastedad allí
Como una maga antigua
Alimentando el peso inalcanzable.

 


43
Esta es mi casa,
Una estación infinita en cada puerta
Y la extrañeza de estar vivo, sin ceremonias secretas, Donde pueden contarse provincias sin catastro ni dueño
Y aguas moduladas pertenecientes a una raza
Cuya genealogía no registra cismas.
Cuando las bocas de la noche aparecen tras la resaca,
Algo como una imagen del fuego o del tiempo
Se desliza desde los bronces hasta el pórtico
Y la conversación comienza
Entre una multitud de convidados, que avanza.
No conozco a nadie.
Los hombres como una noche
Abierta a todos los esplendores !

44
Lo que se sumerge y de repente se detiene
Con inaudible eco baja escalas verdes
Hasta el amplio recinto de las fuentes
Vigiladas por hechizos.
El agua circunda cada misterio
Con un aliento y un intento de reserva.

¿ Qué yerra lento y somnoliento ?
Una isla de maravillas anegadas aparece en la memoria... Lo que preludia desconcierta,
Irrita cada intento de pintar un rasgo,
Sumerge todo en atisbos de olvido.

¿ Por qué la espuma no alcanza la mano,
No la toca meciendo el murmullo que resta ?
¿ Es aquí donde quise venir,
A este fondo húmedo
Donde soplan distancias contrarias ?
Cómo vivir con la certeza que cada sílaba es pérdida,
Una transparencia ahogando fronteras
Que nunca alcanzo ?



45
Un olor poderoso baja irisando cada paso del río
Cargado de detritus imposibles,
Como si todos los calores de las tierras bajas
Y el estrépito de los pájaros en medio de nieblas azucaradas
Saltaran hacia el mar, sin ganas,
Y los muertos flotando como una medida sin peso,
Más allá del abandono y la desesperanza.
Un muro de polen negro cubre la marea de luna próxima, Burbujea sobre la arena donde mosquitos y algas
Atacan los sueños con el gravamen de la pestilencia. Esto es lo que hemos heredado.
En cada quien una noche de lluvias saladas
Y sobre cada rostro una procesión de máscaras Gesticulando hasta la demencia del olvido.
Lo que fue temeridad hoy se cuenta por crepúsculos.
Nos han travestido el alma en una estepa de fieras,
Cada hija en bastón de suplicante para usuras
Donde el gusto de vivir del hombre puede leerse
En el gran texto de las depredaciones.
Las edades que pasaron de nuevo refluyen
Traídas como urnas votivas,
Trofeos donde a cada rey muerto
Se retira el cráneo y transforma en lámpara
Para el carnaval del susto
Sembrado de usurpaciones y medusas urticantes.

Y el tiempo por venir !
Voy por el siglo de los pasos perdidos
Semejante a la orilla de este río que no cesa
De vaticinar mi país - oh mi país !-
Que me conoce y palpa.



46
Nombres que me pertecen,
A quienes pertenezco :
Sobre los muros dementes.
Cuado me toco me sobran escamas,
Pausas aladas y un miedo
Que me pierde,
Que tintinea en la piel
Y bruñe de medianoche
Y vendavales violáceos
Resecando la tierra.
Mi miedo y yo
No tenemos tiempo para la verguenza.


47
A cuánto cerdo iracundo
Con labrada máscara de oro y pedrerías,
A cuánto cangrejo perfumado de flor de arrecifes
Que nos siguen tras cada puerta, cada espasmo,
A cuánto enigma hacer frente,
A cuántos portadores de pactos
Que nos ilustran el contento con piel blanca
Y deseos de piratería ?

Y ese fuego verde sobre las ciudades bajas,
Sobre los ojos de infancia enervada de moscas
Y profecías rondando en los contornos,
Desquilibrando el sueño, arrojándolo para siempre
En el ajetreo maloliente de lo incierto.

Se han ido las palabras del mundo.
En mitad del tiempo somos hombres sin recuerdos,
Con la sola muerte metida en el cuerpo
Como un manojo de ausencia.
Basura, mi piel, mi ropa, mi respiración huele a basura, La basura vive y camina conmigo.

Para Arturo Alape, quien también escribió este poema

mario_camelo_101

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

48
I

Inclusive sin esencias y cirios sacrificiales
Vendrá la madrugada con su cortejo de infamia
Sobre las aguas de un mundo cuyo único trabajo
Será crear celadas y trampas para la noche.

Levantemos los brazos en honor de la muerte !

Y Dios, el momificado, el tullido,
Brilla sólo en la blancura de la cal viva
Que cubre el libro de piedra de los ancestros.

Aquí quedamos, bajo el eclipse, extranjeros...

II
A veces, como una invectiva, mi espíritu se levanta
Y solicita cuenta a dinastías ávidas
Que dejaron en los pórticos monosílabos de violencia, Extendiendo su complicidad hasta la ceguera de los días. Y todo pesa. Todo queda sobre la arena como un rumor Peinado de hierro e interrogaciones.
Mas el pie es vano sobre el andar de las dunas :
Arena para orientar los sueños,
Y el color del desierto por todo prestigio de existencia.



49
Hay esquinas, como en movimiento, escamosas,
Donde una fauna de guerra invita a la demencia.
Los que comen ceniza de cementerio
A esta hora salen por el vasto limbo
Luminoso de las ciudades vacías.
Y cada quien es sorprendido en su sueño
En medio de ese hedor de letrina
Vagabundeando de casa en casa
Como tambor de ciego.
Porque hay otra extensión más allá
De la fatiga y el desamparo,
Los mercaderes traman la intriga
En la promiscuidad del puerto.
Otro sueño, otra tibieza, otra fuerza
Para usar las terrazas, el gesto preparado
A la ofensa y al deseo baten como aguamala
Sobre cada aliento.

Una ola sumergida baña la arena
Y hunde los extraviados,
Derrotándolos por galerías heladas
Hacia el margen odorante del alba :
Son ofrendas sobre una bandeja de nácar,
Y gritan, y su grito es de orfebre y de enfantamiento Sobre el esplendor del desastre.



50
Con gran sigilo velo a la puerta de mi casa :
El gran mal que avanza sobre aguas púrpuras
Instaló su tienda bajo los muros.
Dioses que desconozco han venido a mi mesa,
Ebrios, sus armas maculadas,
Bebidos los vinos más secretos
No libraron nada, nada construyeron
En el solar dejado en ruinas.
Queda una luz de desierto,
Tímida y alucinada.
Investigo las puertas, busco
Un agua que pude envenenar, algún odio
Dejado al olvido, en el violín un vómito
Sobre carne diferente a la mía, puede ser...
En dónde el mensaje de los avisos y los desvíos ?
Tengo un hombro enlunado,
Me ha ido creciendo en la voz el desenfreno
Y cónclaves lujuriosos en la risa.
Qué soy? Qué fui?
Cada día nace pintando en el suelo huellas blancas,
Voy perdiendo hasta la sombra.


51
Sobre mi rostro, su mano
Subasta el tiempo, inventándome,
A mí, que la inventa.
Deposita una piedra roja en mi boca -
Piedra de vida para que no te mueras
En la eternidad - dice,
Adelantándose a la muerte.

Ah, ser esto desnudo que somos :
Odios y máscaras borrascosas,
Oponiendo sin fin la esperanza
A los muertos que caen en la sangre,
Tímidos, sin sombra, que huyendo nos encierran.



52
Este tiempo madurado en nuestros brazos
Como un enjambre de abejas guerreras
No deja nada qué decir :
Hemos perdido la partida con la sombra
Y cada quien resuelve ir según su pensamiento
Con la barba empolvada de tierras amarantinas
Y las más silenciosas palabras.
Cómo verificar, entonces, los horizontes,
Cómo advertir la gran sequía,
La causa de los desplazamientos ?

Queda en la boca un gusto de arcilla...

Organizo una fiesta,
Invito amigos color del vino
Prendidos a alguna era de la infancia.
Inclemente les recibo como un laberinto,
Peso y olvido, esta forma humana de vida.



53
Siguiendo el mar la casa se desliza,
A veces, hacia otra luz, recién llovida
De Mayo, de color nupcial
Perfumada de cerámicas, donde la eternidad
De las cosas es apenas respiro, espera
Entre las manos de signos
Jaspeados de relieves salinos
Atrayendo el múltiple rango del asombro,
La cifra insumisa de lo nacido en la ceguera de los días.

La intimidad es una puerta sin salida y un país futuro Orientando el crepitar de las velas
En la mirada peninsular de las mujeres.
El tiempo avanza con el siglo en rango cerrado
Por nuestro flanco.
Es la antigua ruta de la muerte :
El mal divino !

Para Carlos Vásquez Zawadzki y Beatriz


Líneas biopetulantes: Mario Camelo, Colombia 1952. Estudios de Literatura. Ha publicado varios libros de poesía en Colombia y España. Traductor de varios poetas suizos, italianos y franceses. Vive en Suiza desde 1979. Ejerce como fotógrafo profesional y traductor.

mario_camelo_102










Suscríbete

Suscríbete a nuestro boletín y mantente informado de nuestras actividades
Estoy de acuerdo con el Términos y Condiciones