"Para Jorge Kattán,tan admirador de Sivlia Pinal"
El tema de las fuentes en arte y literatura está algo sobrepasado, pues además de no verse lo mucho creativo que se añade al retomarlas, se abusó de ver en su uso sombras del plagio, a lo cual Luis Buñuel, que tanto se valió de fuentes literarias en su cine, salía al paso con la frase de que “en arte lo que no es tradición es plagio”. En mis libros sobre su obra, he dado cuenta de innumerables –de lo que hoy llamamos— intertextualidades en su cine provenientes de la literatura española, francesa, inglesa, rusa, norteamericana e hispanoamericana. Entre las que se me escaparon, descubro, ahora, una nueva, implícita, en su Simón del desierto y el poema del colombiano Guillermo Valencia, “Palemón, el estilita”, ambos basados la vida de san Simeón, estilita.
Simón de desierto se concibió como parte de una película de tres episodios, filmado el primero por Buñuel y seguido de otros a ser realizados por directores europeos de nota, y con Silvia Pinal, de protagonista. El proyecto falló, parece ser, porque los dos directores, uno de ellos Fellini, quisieron que sus esposas los protagonizaran. Quedo, en un corto de 44 minutos, pero muy celebrado por la crítica y el público. Su Simón, en alto de una columna, y manteniéndose firme, por años, con un solo pie en el suelo, tenía ya su antecedente poético en el Palemón, del poema de Guillermo Valencia. De él, leíamos: “antiquísima columna de granito / se ha buscado en el desierto por mansión, y en un pie sobre la Stela, ha pasado muchos días”. Hay que suponer que Buñuel, gran lector, ávidamente interesado en los “santos del desierto”, podría conocer el poema del modernista colombiano, recogido en la famosa Antología de Federico de Onis, Antología de poesía española e hispanoamericana (1892-1932), que, posiblemente, comentara con su gran amigo Federico García Lorca en Madrid, y por las fechas en que se publicó la antología. El tema, por remitir a la misma historia, es muy parecido, desde su columna, ambos estilitas, enflaquecidos sin casi comer, predican a la multitud de fieles que se apiñan en lo alto de la columna. Escenas de la película de Buñuel, evocan esta del poema:
Como de costumbre, aquel martes por la tarde se hallaban reunidos en la cantina "El Patriota", de don Afrodisio Aguado, todos los distinguidos funcionarios municipales de Cojontepeque para despachar los asuntos oficiales de la localidad, tanto los rutinarios como los extraordinarios. Lo cierto es que cuando estaban discutiendo uno de esos asuntos, el juez de paz don Restituto Paniagua, sin decir "agua va", le disparó a quemarropa este dardo envenenado al alcalde don Everardo Salazar:
-No me diga, señor alcalde, que usted es uno de esos herejes que no creen en la inmortalidad del alma.
Esta fue la chispa incendiaria que provocó la subsecuente trifulca, salpicada de bofetadas y soplamocos, entre los aguardentosos lugareños allí congregados que de inmediato se aglutinaron en dos grupos: uno de ellos, formado por escépticos, que sostenía que una vez muerto un ciudadano sus despojos sólo servían para engordar a los gusanos y que todo terminaba para siempre en el momento de exhalar el último suspiro; y el otro, que sostenía una postura diametralmente contraria y que creía a pie juntillas en la inmortalidad del alma y la prevalencia de ésta sobre la materia.
Aunque hubo varios lastimados, parece ser que la Divina Providencia decidió interceder para que nadie resultara muerto en aquella delicada coyuntura. Y se puede aseverar esto porque en esos trágicos instantes se alzó la carrasposa voz de don Macario Cárcamo, cronista oficial de Cojontepeque, muy respetado por todos, y quien hasta ese momento sólo había actuado de mudo espectador, para hacer un tajante llamado al orden y a la cordura.
Con el propósito de que se apaciguaran los caldeados ánimos para que cesaran de darse trompones y de causar destrozos en la cantina, don Macario les recordó que las cosas no eran siempre "blancas" o "negras" y que había matices intermedios capaces de acercar dos polos por más opuestos e irreductibles que parecieran. Y agregó:
-Quiero que sepan que nuestros salvajes hermanos del Norte han comprobado en forma científica que hay ciertas maneras de seguir viviendo después de muerto, como lo demuestra un artículo de la gaceta capitalina que leí hace algunas semanas y que refiere casos de trasplantes de órganos humanos no sólo de córneas, de pulmones y de corazón sino también de hígado y hasta de riñones. De modo, pues, que de esa peregrina manera el donante puede, en sentido figurado, continuar mirando, respirando, enamorándose, emborrachándose y hasta orinando mucho después de haberse marchado de este mundo.
La demora
Carlos Battilana
Poesía
Editorial Deshielo, Buenos Aires
2003, 2016
Aires de familia
Carlos Monsiváis
Editorial Anagrama
Colección Argumentos
PÁGINAS 256
ISBN 978-84-339-0597-0
2006
Barrio palestina
Susana Gertopan
Novela
Arandura Editorial
1998
Salvarse
al otro lado escucho el salitre
esas pequeñas cosas perdidas al amar
deseo doloroso regresar y salvarnos
un cristal puente como llorar anhelos
y transparentes mi dedo tu despedida
¿de qué color son los susurros de la locura?
en dosis hilvanadas ansiolíticos
sonrisa temblar aquí y sin alas volar
a la verde sed de pisadas profundas
gritar piel miradas salidas falsas
fragancia a recuerdos tus labios mi regreso
¿cuál es el aroma de la nostalgia?
amanece violeta en la palabra
a este lado es salvarse casi sin querer
tú ella yo en mí reconstruirnos
bajo las sábanas casi azul el verso
liberada de sombras ruidos rotos de sueños
tintinea mi caricia en tu voz
¿cuál es el sonido en la esperanza?
Mi hermana Yamila, después de la desgracia, andaba más mustia que nomeolvides en invierno. La desgracia, para los no enterados, fue que un querindango que tuvo, al que llamaban Peter Estrella, se le perdió en el mar. Un querindango de repetición, por cierto, porque fue su marinovio en La Habana y luego ella lo recogió cuando se lo volvió a encontrar, todo tirado y harapiento, por las calles de Barcelona.
El hombre no hallaba acomodo en España y su sueño era venir a los Estados Unidos a ver si triunfaba como cantante. Por hacerle el favor, entre Yamila y yo lo metimos en un trasatlántico, el North Star, de polizón y disfrazado de mujer. Pero al llegar a Miami cambió de idea y no se bajó con nosotras. Nada, que nunca más se supo de él. De Peter Estrella, digo, no del North Star.
Ahora, si ustedes han leído la historia, será la versión de la Te, y ya sabrán cómo exageran, cambian y enmarañan las cosas los novelistas. En su viaje de vuelta a Europa, el trasatlántico estuvo perdido dos días —¡no dos semanas como escribió la susodicha!— y al fin encalló en las Islas Azores, adonde lo había llevado una ola gigante de esas que a cada rato se desencadenan en el Atlántico como Fantomas submarino.
Todos los pasajeros aparecieron sanos y salvos, menos el Estrella. Pero considerando que había entrado al barco sin documentos, lo más natural era que nadie lo tomase en cuenta cuando desembarcaron en las islas. El caso es que nunca más volvió a escribirle a mi hermana ni a reportarse. Y Yamila, la pobre, no fue la misma después de aquel frustrado intento. Cualquiera diría que había perdido al Hombre de Su Vida, como le gustaba a ella decir, así con mayúscula, en lugar de un piojo pegado, un tipo al que no se le paraba la picha ni tocándole el himno nacional. Esto según mi hermana, porque yo no me metí a averiguar si la picha se remontaba o no.
Rafael Priego García, España. Poeta y profesor de instituto, en Rybners Gymnasium, Esbjerg, Dinamarca. Tiene a su haber la siguiente obra: Dispersiones o de como el corazón se infla y desinfla, Hjerting, 2016, parrafadas (trilogía antipoética), Esbjerg 2011: Parrafadas y una Letanía, Århus, 2007 y otras parrafadas y otra letanía, Fredericia 2009. Parrafadas y 1 mail, Esbjerg 2011. Voces (Trilogía tripartera), Aarhus 1999: Sabedor del tiempo (Poemas de lo cotidiano), Aarhus, 1995. Desde el Génesis (Ocurrencias de paso), Aarhus, 1997. Entre aguas (Versos a pie de página), Aarhus 1999. La historia de un segundo (Mil años haciendo historia) 1981-1991: Voz en silencio, Londres. 1991. Poemas profunsos, Madrid, 1989. Trozos de piel, Madrid, 1988. Dorias, Madrid, 1987. Nieve (El libro blanco), Madrid, 1985. Soliloquios, Madrid, 1984.Inquietudes, Madrid, 1981. Filosofía literaria, cosas que pasan (filsofía sentimental), Esbjerg, 2009.
Hey Mr. Dinosaur,
You really couldn't ask for more.
You were God's favourite creature,
but you didn't have a future.
Sting, Walking in your footsteps.
Ya desde el principio vio que el dinosaurio no le haría caso. Era tan arrogante que ni le prestaba atención. Apenas le miraba como con lástima: cómo iba a estar en peligro el animal más grande de la creación, la criatura favorita de Dios. Él, sin embargo, iba todas las tardes. Pero no había forma de convencerles, ni a él ni a su pareja. Por fin el séptimo día le dijo:
—Dinosaurio, ya no insisto más. El tiempo se acaba. Mañana temprano nos vamos todos, con o sin vosotros. Si te empeñas en seguir ahí sin hacer nada, luego no digas que no estabas avisado.
No recibió más respuesta que la indiferencia de costumbre. Como empezaban a caer las primeras gotas, se fue a dormir con su familia. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Así que dándolo finalmente por imposible y bajo una lluvia ya torrencial, aquel mismo día entraron en el arca Noé y sus hijos, Sem, Cam y Jafet…
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