Donde habitan las palabras
Eduardo Otálora Marulanda
Novela
Editorial UC, Colombia
ISBN 978-958-732-294-1
Páginas 95
2018
Pocos son los críticos los que se interesaron en el personaje secundario del Mudo que aparece por única vez en la primera novela de Javier Vásconez editada en 1996, El viajero de Praga. El Mudo es un personaje enigmático que se caracteriza, entre otras cosas, por su silencio verbal, de ahí su apodo. Y el título de la última novela del escritor, Hoteles del silencio (2016) acabó por convencernos de la importancia del tema del silencio, inseparable de la noción de invisibilidad de la que que ya hemos tratado en otra investigación nuestra. (1) Lo que no se ve o no se oye tiene una importancia particular en los textos de Javier Vásconez: las figuras del inmigrado clandestino, condenado al silencio de los hoteles sórdidos, del espía que se mueve con sigilo o de los idiotas que viven en rincones perdidos del páramo y no se expresan sino desatando molestas carcajadas pueblan sus novelas y cuentos. El propio autor se comparó a menudo, en las entrevistas que concedió, al topo (2) que cava en la oscuridad de la tierra o al espía (3) que lo observa todo en silencio.
El personaje del Mudo presenta mucho interés para entender e interpretar la novela: es como un doble del protagonista del Viajero de Praga, el famoso doctor Kronz. Es tan misterioso como otro gemelo de Kronz, un tal Lowell, quien acosa al protagonista a lo largo de la novela y le permite al final enfrentar su destino. Pero el Mudo se diferencia de Lowell en la medida en que no es un extranjero al país de la “línea imaginaria”. Vive en el valle de Los Chillos en donde se sitúa la casa de campo alquilada por el doctor Kronz. Igual que el país al que llega el médico nómada y despistado, el Mudo no tiene verdadero nombre o por lo menos el narrador lo silencia. La ausencia de mayúscula al apodo, tal como viene escrito en la edición de 2010 de la novela (4), “mudo”, a diferencia del Lobo por ejemplo, le quita más importancia aún al personaje, aunque veremos que su breve relación con Kronz les cambia la vida a los dos. Su apodo le viene de su discapacidad que le impide expresarse verbalmente aunque consigue entablar una curiosa relación con el checo. Estudiaremos en este artículo la importancia de este personaje en el relato, su dimensión simbólica y las consecuencias de su encuentro con el protagonista. La relación que van entablando los dos es ambivalente, entre atracción y repulsión por parte del médico quien parece atraído por la incapacidad del Mudo para comunicar con los demás. Es un rasgo que comparte con él y que les va uniendo brevemente durante su estancia veraniega.
Crónica personal del huracán maría en cinco jornadas
a los sobrevivientes puertorriqueños del otro huracán que vino después
Rebeldes
Myriam Bautista González
Editorial Intermedio
Páginas 154
2017
Un amor líquido
Autoretrato de una madre
Carolina Vegas
Novela de no ficción
Grijalbo
Páginas 277
2017
La sal de los días
Adriana Azucena Rodríguez
Minificciones
Ficción-express
2017
Sin dudas la minificción ha pegado de manera muy particular en América Latina. Es un género que no deja de crecer y que está muy acorde a los tiempos que vivimos. No dejan de surgir antologías especializadas sobre el tema, libros individuales e incluso ya hay editoriales que lentamente se están orientando a apoyar este género incipiente y que gana adeptos cada día. Una de las autoras que más se destaca en esta especialidad es Adriana Azucena Rodríguez. Ella tiene una sólida carrera literaria y académica y, con La sal de los días, su nuevo libro, no hace más que afirmarse como una de las escritoras fundamentales del género.
El reservado, vulnerable Lichtenberg, oculto tras la perfecta máscara del aforismo, escribió en uno de sus cuadernos : «Autobiografía: no olvidar que una vez escribí la pregunta: ¿Qué es la aurora boreal? , la deposité en el granero de Graupner con esta dirección: A un ángel, y lleno de timidez volví a la mañana siguiente en busca de mi recado. ¡Oh, si hubiera habido un bromista que lo contestara!»
Se refiere así Lichtenberg a ese tiempo en el que, antes de que la razón entrase con bisturí en todos sus sueños y pareciera apoderarse de todo, la infinita capacidad de creer que era su infancia le permitía confiar de igual modo en las voces y en los ecos de esas voces, en las figuras y en sus sombras.
Cuando la razón finalmente llega y parece instalarse para siempre en nuestros sueños, estos mensajes encuentran otros «graneros», igualmente cargados de poder, inesperados buzones que se abren en la ranura de un armario, en el cajón medio abierto de un aparador.
En uno de sus internamientos en el manicomio -como relata en su extraordinario libro «El hombre jazmín»- la escritora Unica Zürn, segura de que se va a celebrar una fiesta, escribe mensajes a los poetas que ama en hojas de papel blanco; los enrolla y los hace volar desde la ventana «como pájaros blancos, emisarios de su transfiguración». Otro día, en el que la ventana está cerrada, invita a un poeta a visitarla; ata el mensaje con un cordón y lo deposita en el recipiente en el que la enfermera de noche guarda su instrumental. «Eso no es un buzón», le dice la enfermera, y ella no contesta: «sabe que aquella carta ya ha llegado a la otra tierra y la están leyendo.» Esa otra tierra que podría incluso ser la del mundo de los muertos.
Tras los rostros
Orlando Rossardi
Editorial Aduana Vieja, Valencia
2017
Orlando Rossardi hilvana esta elegía con la endecha de quien se sabe testigo y anhela ser voz, romper cualquier silencio cómplice con la larga dictadura cubana que aún nos avergüenza. El poeta inspira la tristeza que desea transmitir sobre los impactantes retratos de los fusilados por el castrismo, que a diferencia de las tumbas de los soldados desconocidos sí tienen nombre y apellido para imponerse a la desmemoria histórica. Sus versos nacen desde los retratos que singularizan a cada fusilado; tal como los pintara –y pinta desde su exilio en Barcelona— el talentoso Juan Abreu.
La melancólica evocación logra en sus versos ser una estremecedora sinécdoque, parte por el todo donde un fusilado representa a todos los fusilados, donde un dolor asciende o desciende a ser el dolor, lo doloroso, la tragedia. Porque en este cuaderno que publica la Colección Atril de la cubano-hispana editorial Aduana Vieja, no se encuentran ni proclamas ni consignas. El recuerdo de los cientos de fusilamientos de disidentes elude los lugares comunes de las arengas políticas. Apenas, es decir, casi implícitamente, condena la violencia fanática, la venganza criminal. Y de ahí su mayor fuerza expresiva.
Mi hermana siempre ha estado un poco loca, lo sabemos todos en la familia, pero yo he preferido no decirle nada: ella es sensible, y éste un tema difícil de tratar que provoca comentarios incómodos en reuniones navideñas y cumpleaños. Hay cosas de las que quizás no hay por qué hablar, tampoco son tan importantes. A las muñecas con las que jugaba de niña, de hecho, no parecía importarles su estado de salud mental, y participaban con ella en conversaciones absurdas que nadie entendía, asuntos privados sobre otros juguetes que no vivían en la casa pero que formaban parte de su círculo de amigos. Siempre hubo un aparte, un mundo distante y diferenciado en el que se refugiaba y hablaba de cosas misteriosas a las que los demás no llegábamos. La buscábamos, pues, en los márgenes de las cosas, en los juguetes, en las palabras sueltas y distantes.
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