El valle inca del Urubamba y la memoria son ríos sagrados. El primero serpentea bajo las ruinas de Machu Pichu. El segundo nace en algún momento indefinido de la infancia y recorre la vida entera de personas y comunidades hasta que la muerte, el revisionismo, el Alzheimer, o el tiempo a secas, acaba aplacando sus aguas y vertiéndolas al gran océano del olvido.
La novela que nos ocupa es un compendio de diferentes nadadores de este río, presentados en un hábil contrapunto de tramas y tiempos que, en cierto sentido, sugieren la red de sentimientos y cuestionamientos morales en la que está atrapado Matías, un narrador en primera persona que por momentos adopta la tercera y en una sola ocasión (capítulo 16), en la estela de Cinco horas con Mario, la segunda, al dirigirse a una madre silente y dudosamente consciente.
El relato parte (y concluye) en un presente en el que conviven cuatro subtramas. La primera hace las veces de eje principal y atañe al regreso del protagonista a sus orígenes para ser testigo de la lenta desaparición de su madre, personaje clave en los sucesos que generan su angustia vital. Se producen reencuentros con personajes y paisajes que, por un lado, reflejan el estado de ánimo de Matías y por otro sirven de trampolín para saltar al pasado del que hablaremos dentro de unos párrafos. La segunda añade la figura de la esposa, Anja, una mujer fuerte con la que el diálogo deriva hacia lo íntimo y personal al tratarse de un matrimonio al borde de la ruptura. La esposa se convierte en una especie de conciencia extracorporal de Matías, que se muestra implacable y certera en el diagnóstico tanto del protagonista (“Te encanta ser una víctima. Regodearte en ese dolor. Necesitas ayuda. (…) Y sabes que lo que escribes, esa manera de ficcionalizar todo lo que te rodea, de incorporar tus fantasmas a tu propia literatura, no te beneficia. Te conduce a un callejón sin salida”) como de su relación (“No tiene nada que ver con que yo me haya enamorado de otro. Eso no es más que un síntoma”).
La tercera subtrama presenta la relación del protagonista con su editor, Guillermo, con quien mantiene discontinuas conversaciones en las que se mezclan la familiaridad y agudas reflexiones metaliterarias. En ellas, al margen de los avatares cotidianos de este tipo de relación laboral, se desarrolla tanto la teoría como la (auto)crítica literaria que sustentan la existencia de la propia obra que estamos leyendo. Esta derivada metaliteraria, como ocurre en la Niebla de Unamuno o en el mismísimo Quijote, no resulta un postizo pedante y culturalista que distraiga del tema central del dolor, sino que supone un antídoto contra él, una especie de terapia de cuya eficacia el narrador/autor está dudando constantemente. Pareciera que el nadador/narrador (estoy convencido de que esta paronomasia no ha escapado al sagaz oído del autor) estuviera aplicando el viejo adagio popular de saber nadar y guardar la ropa.
La relación literaria con Guillermo enlaza hábilmente con la última subtrama del presente: la que Matías mantiene con Sara. Esta misteriosa enfermera se convierte en el último empujón con el que mitigar la desidia y el miedo del protagonista. Ahora podrá acabar la novela que está escribiendo e, incluso, encontrar un título para la misma.
Quizá sea esta dimensión de la obra uno de los grandes hallazgos de Lucas Ruiz, ya que imbrica hábilmente una vivencia personal traumática con la literatura, es decir, con la escritura misma de la novela. Matías sazona con sagaces (excesivas quizás) autocríticas y cuestionamientos tanto del tema (“eso está muy trillado, ¿no?”, pág. 99) como de la motivación (opinión de Anja) o del lenguaje usado por algún personaje. En el capítulo 14, para confirmar la sospecha de que estamos ante una obra (cuasi)autobiográfica, la relación entre autor y protagonista se difumina totalmente en una conversación profesoral con Guillermo (Lucas Ruiz ejerce como docente desde hace más de treinta años) en la que hablan del estilo y las posibles relaciones con una obra similar, La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa.
Junto a este grupo de subtramas presentes, Matías remonta la turbulenta e insegura corriente del sagrado río de la memoria y nos sitúa en los años setenta del pasado siglo XX. Allí tiene lugar el suceso nuclear que genera el malestar del narrador, la relación sexual y afectiva con Lea, una mujer de mediana edad, amiga cercana de la familia, en la que juega un papel ambiguo la madre, ahora moribunda en el hospital. La relación se nos presenta por tres vías: el testimonio directo del adolescente, el diario de la seductora y los poemas que el joven escribió en el transcurso de los hechos y cuyo manuscrito le devuelve su hermana. Este acceso con triple perspectiva acentúa el carácter problemático moral, ya que, al dar voz a la persona adulta, nos adentramos en su motivación, cuyos modelos literarios y cinematográficos bien podrían ser tanto Emma Bovary como la Mrs. Robinson de El graduado. La relación con Lea se mueve en un terreno ambiguo, entre el recuerdo distorsionado y la mera invención literaria, puesta de manifiesto por el narrador al dudar de la verosimilitud del lenguaje utilizado en el diario.
El lector o lectora que se adentre en la corriente de esa novela asistirá a un minucioso y calibrado ejercicio de introspección, una terapia de dudosa eficacia, pero inevitable, que el narrador lleva a cabo para intentar conjurar, si fuera posible, “un dolor trascendente, profundo, que no se puede borrar” y para ello necesita nadar contra las aguas bravas del río de la memoria.
Sobre Lucas Ruiz
España, 1965. Profesor y escritor. Reside en Aarhus (Dinamarca) desde 1994. Ha dado clases en diferentes universidades danesas y en la actualidad enseña en un centro de bachillerato. Ha publicado artículos de investigación, de difusión de la cultura española, ensayos y libros de enseñanza de idiomas. Su libro de relatos El esquiador de fondo ha sido traducido al danés y muchos de sus cuentos al sueco y al italiano. Los nadadores del Urubamba es su primera novela también traducida al danés.. Es autor asimismo del poemario Invariablemente (inédito).
Sobre Ángel L. Montilla Martos
España, 1965. Profesor y escritor. Es autor de numerosos artículos sobre literatura y educación. Ha publicado varios libros de poesía (Múltiplos de uno, A estas alturas, Apenas...) y novelas (La mar en medio, El camarero de la Séptima Avenida, Operación Artemisa...). También ha estrenado diversas obras de teatro (La cama, Último pase, La razón de la sinrazón...).
Material enviado a Aurora Boreal© por Ángel L. Montilla Martos y Lucas Ruiz. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Ángel L. Montilla Martos. Fotografía Ángel L. Montilla Martos © archivo del autor. Cubierta de la versión danesa de Los nadadores del Urubamba © cortesía Aurora Boreal



