William Rosero Castillo 'Imaginación, memoria y ética narrativa en "Detrás de la luna" de Alejandro José López'

Imaginación, memoria y ética narrativa en Detrás de la luna de Alejandro José López

 

Detrás de la luna
Alejandro José López
Cuento
Programa Editorial Universidad del Valle, Colombia
ISBN-13: 9789585072923
Páginas:122
2025

 

detras luna 300En Detrás de la luna (2025), su libro más reciente, Alejandro José López (1969) abre una nueva ventana en el interminable edificio de la literatura de la violencia. Su incursión en el género fantástico obedece a un proyecto estético que pretende abrir nuevos caminos de representación en un imaginario sujeto a las convenciones de un discurso realista, morboso y redituable. La rigurosidad con la que encara esta enorme responsabilidad le viene de una trayectoria marcada por el cultivo de distintos géneros y de una concienzuda vocación académica.

Son seis los relatos/cuentos que componen este libro. La naturaleza de su contenido es, en apariencia, un tópico de la literatura nacional, pero es en el tratamiento donde se establece una diferencia notable con respecto a la tradición. La incorporación de recursos fantásticos responde a un programa que busca desentrañar y construir nuevos significados a partir de las heridas que marcaron a la ciudad de Cali durante el siglo XX. La suavidad de la prosa, la calidez de las estampas, la aparente modestia de las premisas, todo contribuye al propósito de elaborar un universo narrativo ajeno a las épicas sangrientas de los narcos.

Pese a la advertencia que el autor desliza en la nota introductoria, la cuestión del género en esta obra no está del todo resuelta, para fortuna de los lectores, a los que se les concede la libertad de acercarse desde múltiples perspectivas. El híbrido entre fantasía y crónica, un género dominado por una sólida ética de trabajo, deriva en un relato de características más bien peculiares que, por su extensión y “circularidad”, pueden ser leídos como cuentos.

Esta hipótesis parece encontrar fundamento en la recurrencia de algunos símbolos y en una visión de mundo que compacta y asegura una atmósfera particular, la del optimismo. Esto no quiere decir que López proceda de manera esquemática ni que los cuentos obedezcan a la lógica de la apología. En las salidas que se presentan “esperanzadoras” se cifra una lectura del pasado y una pista del futuro. Las tragedias familiares que asolan a los protagonistas de La camisa de fique o Una rosa para mamá se disuelven en el flujo del tiempo y en la permanencia de sus víctimas. El concepto de optimismo que gravita sobre estos cuentos está despojado de su emblemática candidez. Los personajes resisten los embates de un destino aciago en obediencia al supremo mandato de la vida: vivir. La tozudez que los convence de encajar los golpes sin desfallecer es la misma que termina por sorprenderlos, como sucede con Matilde en La otra batalla, cuando en medio de la tristeza recibe la visita del colibrí que anunció el desastre, quien parece volver de la muerte para sellar la continuidad entre el pasado y el futuro.

La figura del prestidigitador bienintencionado emerge entre la profusión de registros y las múltiples estrategias con las que el narrador asume su compromiso con la realidad inmediata. No hay maniqueísmo en su manera de proceder. Comprende que su moral no puede ser otra que la de la rememoración, y es en esta concesión arqueológica donde reside su nobleza. En consonancia con el rigor del cronista, el prestidigitador del que hablamos no abandona el terreno de los hechos —de ahí la atención al detalle y la referencia a momentos y lugares precisos, debidamente fechados—, y concentra toda su investigación en las zonas grises, donde todavía son posibles los milagros. No se trata de hacer una “buena labor”, sino de arriesgar diferentes hipótesis, por descabelladas que suenen, para abrir un claro en la gruesa capa de indiferencia y de silencios que rodea a la memoria.

A contracorriente de las tendencias que se revelan más productivas, en Detrás de la luna es posible acceder a una experiencia distinta de la violencia. La materialidad de la muerte es solo el punto de partida de un efecto dominó que altera profundamente la capacidad de la comunidad para decidir sobre su propio destino. En Una rosa para mamá, la violencia que desencadenó la irrupción del narcotráfico funciona como un eco lejano que, paradójicamente, solo se hace más fuerte con el tiempo, acoplándose con otras formas de violencia, como la que procede de la estructura patriarcal, lo que resulta en una potenciación mutua. La abulia que domina a esa madre desesperanzada es el reflejo de una profunda desconfianza en el futuro como agente transformador. Con un horizonte tan reducido, las injusticias se nivelan hasta desvanecerse y la preocupación por el bienestar propio y de la comunidad es reemplazada por la satisfacción inmediata, lo cual, bien mirado, representa otra forma de violencia, una de carácter simbólico, con repercusiones menos espectaculares o noticiables, y de la que no es fácil deshacerse.

Uno de los mayores aciertos del libro, más allá de sus méritos evidentes, es la de garantizar una experiencia de lectura amena. El lector no se encuentra con barreras insalvables que le impidan establecer una relación bilateral con el sustrato del libro: el pasado reciente de una ciudad que ha sido novelada por distintas personalidades, y en momentos particularmente convulsos. La ambiciosa reestructuración del enfoque, de realista a fantástico, o la incorporación de símbolos que den cuenta de las tensiones subyacentes, no degeneran en un ejercicio academicista, por el contrario, demuestran que todavía es posible construir significado a través de la fábula, y que a veces no hay otra alternativa para elaborar conclusiones distintas y novedosas. El diario de guerra es un ejemplo paradigmático de esta apuesta por la reconstrucción del pasado desde la intimidad. El enfrentamiento secreto que establece con los “paquidermos”, símbolos de la cultura de la mafia, es más que una mera licencia poética para abordar la cuestión, también propone un acercamiento a la materialidad del horror sin caer en una oda a la sangre, que, con los tiempos que corren, puede resultar estéril. Ni siquiera hace falta tener pleno conocimiento de las implicaciones simbólicas de un hipopótamo para comprender su lugar en esta ecuación. Su enormidad, su comportamiento irascible y antojadizo, la inercia con la que arrastra todo lo que le salga al paso, representan las coordenadas precisas de su origen abominable.

Afirmar que la ciudad reconstruida por López en Detrás de la luna no se corresponde con la ciudad real es un sinsentido, pero negar que esta puede resultar mucho más atractiva y seductora también lo es. El ejercicio literario, sin importar el objeto de su interés, tiene mucho de cartografía, con la feliz diferencia de que la literatura no se puede deshacer de las emociones que la justifican, y es precisamente aquí donde se revela la bondad de este oficio. López nos ha devuelto la imagen de una ciudad perdida, o de varias ciudades, como la de Antonio Valencia, de ritmo más pausado, y en todas ha sabido encontrar el leitmotiv que persiste a lo largo de los años. Esto no es gratuito. El escritor ofrece al público un espejo hecho de tiempo, donde pueda encontrar las respuestas que necesita y elaborar las que le hagan falta, y de esta manera cumple con la misión pedagógica que le corresponde a todo su gremio, sin caer por ello en proselitismo de ninguna índole. Este libro es, a un tiempo, una oportunidad de meditación y un viaje asistido por un guía bondoso, destinado a salvaguardar la infamia de la instrumentalización y de la injusticia de un olvido deliberado y confortable.

Sobre el autor
Alejandro José López, Colombia, 1969. Ha publicado dos libros de ensayos: Entre la pluma y la pantalla (2003) y Pasión crítica (2010); dos de crónicas y entrevistas: Tierra posible (1999) y Al pie de la letra (2007) y en Aurora Boreal® como libro electrónico (2014); tres libros de cuentos: Dalí violeta (2005), Catalina todos los jueves (2012) y Detrás de la luna (2025); y una novela: Nadie es eterno (2012 y traducida al danés Aurora Boreal®  (Ingen er evig, 2018). Entre los años 2004 y 2008 dirigió la Escuela de Estudios Literarios perteneciente a la Universidad del Valle. Es doctor en literatura y medios de comunicación en la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente se desempeña como Profesor Titular en la Universidad del Valle.

William Rosero Castillo
Escritor colombiano nacido en Puerto Tejada, es egresado de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle y colaborador habitual del periódico La Palabra de esta misma Universidad. Ha obtenido diversas distinciones por su trabajo narrativo; entre ellas, el primer lugar en el XII Concurso Nacional de Cuento de la Biblioteca EPM (Medellín, 2024). Fotografía Alejandro José López © Daniel Zaya.

 

Material enviado a Aurora Boreal© por William Rosero Castillo. Publicado en Aurora Boreal© con autorización de William Rosero Castillo. Carátula Detrás de la luna © cortesía Programa Editorial Universidad del Valle, Colombia. Fotografía Alejandro José López © Daniel Zaya.

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