Ariel Florencia Richards -'Inacabada'

 

Inacabada

 

Inacaba
Ariel Florencia Richards
Novela
Alfaguara
Páginas 161
ISBN: 978-956-384-371-2
2023

 

inacabada 397Inacabada, es una novela de Ariel Florencia Richards, sobre el tránsito de género, que como todos los procesos de transformación, requiere de esfuerzo, de movilización y de hasta un abandono. Ariel Florencia Richards es una escritora e investigadora chilena de artes visuales, cuya obra aborda temáticas como el género, el arte y la relación con el cuerpo, además de su historia personal como mujer transgénero que no pretende pasar como mujer biológica, como declaró ella misma para un diario chileno.

Efectivamente, el título de la novela encaja perfectamente en el contenido, pues se diría, que la historia de vida del personaje principal es un tránsito, un proceso inacabado, donde su ser masculino, finalmente está en proceso de transformarse en "Juana”. Es una historia donde la ficción está escrita de manera sincera, sobria y delicada. Por la autenticidad del relato, se podría pensar, que es una novela autobiográfica. Ariel Florencia Richards también construye la ficción de Inacaba a partir de la observación del arte visual.

En esta novela, el lector encontrará placer al leer muchas descripciones de cuadros, que probablemente lo motivará a visitar nuevamente los museos, donde se encuentran esas obras; y aquellos que no puedan visitar los museos, tal vez se motivarán para encontrar los libros donde las puedan ver. En esta novela, la escritora logra transmitir a sus lectores esas emociones de alegría y miedo de aquellos que se deciden a transitar para sobrevivir.

Juana, la protagonista, invita a su madre M, a Nueva York. Quiere pasar un tiempo con ella en una ciudad importante para ella; allí Juana estudió dos años Historia del Arte. Quiere recorrer todos los museos y extasiarse ante muchísimas obras de arte. En particular, le interesa ver esas obras consideradas por los críticos como incompletas o inacabadas...

Juana quiere contarle a su madre, lo que su madre ya sabe, que ella está pasando por un momento importantísimo en su vida: el tránsito de hombre a mujer, el afirmar que es mujer, aunque se encuentre físicamente en el cuerpo de un hombre. Quiere decirle a su madre, que no quiere ser comparado ni con su padre ni con su abuelo. Su abuelo materno y su padre se suicidaron. Este hecho marcó a Juana que no se identifica con ellos. Juana no tiene instintos suicidas, pero también ha vivido una especie de muerte al morir como hombre y renacer como mujer. Ha muerto su vieja identidad.

Juana se siente triste porque a su madre le cuesta aceptar su nueva identidad, pero "para Juana, el tránsito es la única manera de no morir." M le cuenta a Juana que su hermana Concha, está embarazada. M salta de contenta y Juana se pone un poco celosa, aunque también se alegra sinceramente, porque es lo suficientemente honesto para saber, que él nunca le dará a su madre un nieto de su vientre.

Durante la época de estudios en Nueva York, Juana compartía un apartamento con Borja, su primera pareja, un amigo chileno, que estudiaba Teoría del Drama. La relación con Borja es muy especial, una amistad sin relaciones sexuales, en la que primó siempre la parte mental; ambos sabían, que se gustaban y se expresaban físicamente con una cierta timidez, que en el fondo era miedo. Juana era todavía un joven, estaba descubriendo su verdadera identidad: era una mujer en un cuerpo masculino, "un muchacho alto, flaco, de expresión triste..." así era en su versión original antes de la transformación.

Fue durante un viaje a la India, cuando Juana confirma su identidad sexual. En un tren que iba a Varanase, un militar indio le hace conversación. Es el militar quien habla. El muchacho escucha. Este militar indio lo observa de manera muy insistente y se da cuenta, que Juana es un muchacho que se siente femenino, así que le dice que en Varanase, se va a sentir muy bien porque los hombres allí son conocidos por el grosor de sus penes. Estas palabras fueron suficientes para que Juana tuviera una eyaculación.

Juana y su madre se parecen: "ojeras profundas, palidez, languidez permanente, timidez, abstraídas, calladas, dedos largos. Juana es alta, su madre M es bajita, ambas llevan melenas cortas y tienen narices largas y pronunciadas, los ojos hundidos, bocas pequeñas. M no se maquilla, pero Juana sí. Ambas cargan un cansancio en la mirada. Ambas tienen una risa ahogada, hacia adentro, se ruborizan con facilidad y se sienten incómodas; cuando esto sucede, tienen el mismo ademán de llevarse las palmas de las manos a la zona ciega detrás de las orejas..."

Juana es la hija mayor (el hijo) de M; M es profesora de lengua en un liceo y está por jubilarse. M ama mucho a sus alumnas y las trata como si fueran sus hijas. M acepta la invitación de Juana y sabe que ella es su sostén. Juana recuerda su vida de estudiante en Nueva York. Recuerda un episodio, donde él y su compañero H casi se ahogan en el mar, en una salida con los compañeros a una playa cercana, donde su profesora tenía una casa de recreo y había invitado a todos sus alumnos a pasar el fin de semana. Al salvarse, entendió que sus instintos eran de supervivencia...

Esta vez, el motivo del viaje a Nueva York es una invitación para hacer una presentación de obras inacabadas en su vieja escuela... Juana presenta el hallazgo de un cuadro sin terminar de uno de los grandes de la pintura chilena: el cuadro, "un Prometeo encadenado," que había sido comenzado en 1883 y abandonado ese mismo año. "El Prometeo no tiene genitales y esa ausencia deja inconcluso el género sexual." Para Juana, el Prometeo era tan masculino como femenino... sin embargo, un profesor comentó después de la exposición de Juana, que era interesante notar que cuando algún artista comienza una obra, ya la proyecta terminada, o sea, que aunque no se vea, energéticamente está allí..., completa...

Estando en el hotel con su madre M, Juana se atreve a contactar un sitio de citas y se encuentra con un bello joven mecánico en su apartamento. El encuentro fue muy positivo. Juana se sintió bien y fue la primera vez que en su vida tuvo sexo con penetración. Juana le cuenta esto a su amigo Borja y éste le pregunta que cómo se había sentido. Juana le dice que se había sentido bien, porque finalmente, había perdido el miedo.

Su madre M siempre está o dormida o leyendo o comiendo. Es un personaje que rompe la monotonía de Juana y a ella le da seguridad tenerla cerca. Juana busca quebrar esa distancia y tratar de saber más sobre su madre. Para eso la ha invitado. Tienen conversaciones sobre el padre y el abuelo, ambos con fines trágicos como ya se dijo. M visita tímidamente algunos lugares de arte, pero prefiere ir a comprar en los centros comerciales. Juana visita los museos de arte contemporáneo, como el museo Dia Beacon y allá disfruta de las obras de Agnes Martin.

De vuelta al hotel, Juana y su madre reconstruyen la vida. Recuerdan las vacaciones en la isla de Chiloé con el lago de arenas negras. M recuerda siempre al niño y le cuesta ver a la niña. Juana recuerda, que cuando era niño, en un campamento de verano, el muchacho guía, lo llamó para decirle que se tenía que bañar todos los días porque no olía bien. Juana, en ese momento, se sintió mujer y se dió cuenta que el guía le gustaba. Ahí empezó a descubrir su verdadera identidad.

Durante toda la novela Juana visita los museos y busca las obras inacabadas. Hay un gran número de referencias de visitas a museos, de obras y artistas y su búsqueda insistente por encontrar en el arte esas obras inacabadas, como una especie de intento de legitimar su propia condición de inacabado. En ocasiones, a mí personalmente como lectora, me parecen exageradas, pero seguramente Ariel Florencia Richards siente que son necesarias para estructurar su novela.

Menciona el cuadro de Paul Cézanne, “Retrato de una mujer”, otra una pintura incompleta. Cézanne fue un artista que dejó muchas obras inacabadas. Para Juana es una forma de ver el mundo: "lo incompleto le permite ver una existencia de lo invisible” y tal vez de la forma de auto-validarse. En la obra de Shakespeare, “La tempestad”, hay un hada, que el lector no sabe si es un hombre o una mujer. Visita el Louvre, el Museo de Orsay, el Metropolitan... las salas de los siglos XIX y XX, donde los impresionistas habían logrado abrir un espacio al arte abstracto... Juana anota todas las obras de arte que ve en los museos, así como los sueños que ha tenido el año de 1999, el año de la muerte de su padre. Juana sueña, y en ocasiones, sueña varios sueños en una noche... y en esos sueños, las personas están transformándose. Juana descubre que en el Museo de Arte Metropolitano hay más de dos millones de cuadros, la gente ve mucho, pero según Juana, no observa nada en particular.

Como ya sabemos, a Juana le gusta examinar y contemplar y por eso disfruta los museos, las pequeñas salas; visita una sala, donde hay cuadros de Fernand Leger, August Renoir, Degas, Toulouse Lautrec, porque todos tienen obras inundadas de luz, que las hacen parecer abiertas. También visita una sala con cuadros del alemán Joseph Menzel, pintor inspirado en temas históricos, literarios y políticos. Este artista, enfocó su atención en la crónica de figuras de la vida cotidiana. Uno de sus bocetos famosos hecho en grafito en 1870, muestra la misma mujer dibujada dos veces, una vez, envuelta en la luz y otra en la sombra, aspectos que le dan un carácter de indefinición. Berthe Morisot, una de las fundadoras del Impresionismo, tiene cuadros donde los bordes están desperfilados...

Una y otra en la novela, a Juana lo que le gusta es buscar obras de arte con "esa falta de definición”, ese poder de las manchas de color, que para nombrar otro ejemplo, menciona a Morisot, que pinta con esa falta de definición en los bordes, lo que hace que la pintura parezca una ilusión. Y eso es lo que le gusta a Juana, porque está viviendo, en su propia vida, el tránsito de una identidad masculina a una femenina y ver esas pinturas, lo ayudan a despedirse del "hijo" para volverse "hija."

Interesante nombrar algunos de los artistas creadores de magnificas obras de arte incompletas como Picasso (1940) con “Le Peintre e son modele”, James McNeil Whistler con “Mujer de dos cabezas” (1836), Alice Neel (1965) con retrato de James Hunter, “Puestas de sol insinuadas” y sin título de William Turner, “Manchas verdes” de Cy Twombly, “La Piedad” de Miguel Angel, que es una escultura "faciebat" o sea inacabada...  Por eso, el museo favorito de Juana es el Met Breuer, porque está lleno de obras inconclusas y pinturas del siglo XI abandonadas o pintadas a medio camino. También los rostros cubiertos de niebla de Van Dyck y los esqueletos de paisajes de Heinrich Reinhold.

Paul Cézanne comentaba a Emile Bernard en 1905, que sentía la necesidad de dejar partes del lienzo descubiertas para que la luz creara sensaciones de color, Robert Ryman, pintor, que había sido guardia de museo, pintaba con espacios en blanco, que producían una sensación de hastío...

Shakespeare en su escrito La Tempestad, parece que fue inspirado en el hundimiento del barco Sea Venture en 1609. En esa obra hay un hada que no tiene género porque Shakespeare nunca dice si es hombre o mujer. Esta historia para Juana es fascinante, a ella le gusta la idea de que pudiera haber "alguien" entre lo masculino y lo femenino.

Interesante, la parte de la novela, donde Juana se refiere a un recuerdo con su padre: juntos habían hecho un viaje a París. "Con su padre, Juana descubre en el Museo De La Escultura Al Aire Libre, una escultura de Marta Colvin, una revelación como artista para Juana. Un transeúnte les toma una foto, en la cual quedan eternizandos padre e hijo, justo en el momento cuando la luz dorada se multiplicaba en las fachadas de los edificios de vidrio: padre e hijo, vestidos de negro, un pedazo de "blanco" por la distancia entre Juana y el padre, ella con la vista al Arco del Triunfo y el padre mirando hacia la cámara fotográfica." Definitivamente, una foto inolvidable.

Inacaba es una novela que invita a la reflexión sobre la interpretación de los géneros.

Ariel Florencia Richards Echeverría
Chile 1981. Es una escritora e investigadora de artes visuales. Su obra aborda temáticas como el género, el arte y la relación con el cuerpo, además de su historia personal como mujer trans. Estudió diseño en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y posteriormente Estética en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 2010, obtuvo una Beca Bicentenario para estudiar el Magíster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York, ciudad en la que vivió por tres años. Actualmente es colaboradora permanente del sitio de arte contemporáneo Artishock y se encuentra cursando un doctorado en Artes en la Pontificia Universidad Católica, donde investiga las relaciones en performance, género y archivo. En 2018 se declaró mujer transgénero y cambió su nombre por Ariel Florencia Richards. Ha publicado las novelas Las olas son las mismas (2016) e Inacabada (2023) y el poemario Trasatlántico (2015).

 

Material enviado a Aurora Boreal® por EDIMCA. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de EDIMCA. Fotografía Ariel Florencia Richards Echeverría © tomnada de internet, Artishock. Cubierta de Inacaba © cortesía Alfaguara PRH.

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