Reúne un libro inédito con una amplia selección antológica de todos los libros publicados anteriormente por Lauren Mendinueta. Su trabajo poético es uno de los más interesantes, personales y conmovedores de la reciente poesía colombiana, convirtiéndola en una de sus voces principales. Y este libro lo ratifica nuevamente. Edición, selección y prólogo de Juan Pablo Roa.
«”Escribo para acostumbrarme a vivir” nos dice con desolada resignación Lauren Mendinueta en un poema, como un eco lejano de la ambición de Henri Michaux al decir que escribía para recorrerse, apuntando a uno de los ejes de su propia poética, el cual se encuentra limitado por un lado por la constatación de la extrañeza y por el otro, por la necesidad de reconocerse. De allí que sus poemas estén signados por viajes imposibles, fotografías veladas, recuerdos inasibles, pero también por la búsqueda de un país que le duele y se le escapa y de un cuerpo que descubre y la interroga, siempre movidos por esa sed de encontrar en el poema una verdad, aunque sea inasible y efímera, pero verdad al fin y al cabo. Su trabajo poético es uno de los más interesantes, personales y conmovedores de la reciente poesía colombiana, convirtiéndola en una de sus voces principales. Y este libro lo ratifica nuevamente».
Ramón Cote Baraibar
Selección de poemas para Aurora Boreal por la autora.
Dos poemas de Una visita al museo de historia natural y otros poemas.
UNA VISITA AL MUSEO DE HISTORIA NATURAL
Un esqueleto. Un dinosaurio. Un fósil.
Una piedra también me interesa.
Largos corredores,
lámparas de luz fosforescente y fría.
Un meteorito. Un cuarzo gigante.
Otro fósil.
Una sala detrás de otra.
Todo antiguo y novedad.
Y sin esperarlo
mi propio rostro me sorprende.
¿Ya tengo edad
para encontrarme en una vitrina?
Fosilizada, pero no sola.
Gentes que me fueron familiares,
amores que no volverán,
todo grabado en piedra.
Como de otro planeta,
todo.
El amor, como un dinosaurio,
fosilizado.
El amor como un animal extinto:
familiar y extraño a un tiempo.
Todo tan doméstico y lejano,
tan de otros ámbitos y, sin embargo,
como si perteneciera al museo.
El reflejo de mi rostro en la vitrina iluminada,
su gesto sorprendido,
y en mí,
los deseables estragos del tiempo.
POEMA SIN HABITANTE
Ahora que la tarde se desplomó sobre el río,
ahora que los pájaros se tragaron su canto
y reina sobre la casa este silencio vacilante
¿habrá llegado el tiempo de abrir las ventanas,
de sacudir el polvo y abandonarse al miedo?
El poema está desierto, su habitante huyó
y en el aire quedaron pendientes de un hilo:
palabras, gestos, la imagen de un cuerpo.
A esta hora los objetos se transforman
y lo que a plena luz parecía corriente
resurge semejante al habitante huido,
al desterrado que cabalga en el ojo del viento.
Cosas y gestos en un sinuoso equilibrio
entre aquello que eleva al alma
y lo que es un fardo para el cuerpo.
Cosas y gestos que a él pertenecieron
hoy cubiertos de polvo y sombra
son un hilo de muerte para coser recuerdos.
Son un hilo de angustia, son un hilo de miedo.
Antes que huyese del poema
el habitante gritaba,
y su voz era apenas un murmullo,
corría y el cuerpo daba pasos lentos,
recordaba y el pasado era un cúmulo de nieblas.
Había envejecido, sí, pero no todo él.
En su cuerpo casi centenario
habitaba un niño recién nacido,
un adolescente, un joven, un adulto, un vejo.
Todas las edades que caben en un cuerpo.
Después brilló la sombra y murmuró el silencio.
La tarde se desplomó sobre la tarde,
el río se abandonó a su corriente,
los pájaros enmudecieron.
El habitante murió.
El poema.
El vacío.
La nada.
El miedo.
Material enviado a Aurora Boreal® por Lauren Mendinueta. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Lauren Mendinueta. Poemas y carátula del libro © cortesía Lauren Mendinueta.



