Un gato es doméstico por convención, no por convicción.
No marca tarjeta, no acata órdenes, no nada, como el grumete. En cambio, desde
su óptica fosforescente, el hombre es gato para el gato. Lo manipula con un
coctel de desprecio mezclado con desdén y gotas amargas. Es como una amante
exótica que pide mucho y suelta poco. En afecto, un gato no da ni la hora de la
semana pasada.
Escasamente le permite al hombre vivir en su casa (en
la del gato). El otro que pague el arriendo y los impuestos.
Los gatos son la contraria del pueblo. Punto uno:
empiezan haciendo el amor y terminan decretando la guerra. Punto dos: hombres y
mujeres ven un ratón y se asilan sobre un taburete. La verdadera "petite"
diferencia entre un hombre y una mujer radica en el tiempo que uno u otra se
demoran trepándose al taburete para escurrirle el bulto al roedor. Un gato
arregla el asunto gastronómicamente: convierte al pusilánime roedor en bisté a
caballo.
El gato es el logotipo de la pereza. Este felino no
camina: se aburre
sobre cuatro patas, las mismas que necesita para
burlarse del mundo.
El gato vive en la eternidad del instante, escribió
Borges. En
realidad, para los gatos todos los días son martes 13.
De allí les
viene la longevidad de sus siete vidas. Un mortal común
y corriente ve un martes 13 en su futuro y paga esconderos a peso.
Hay gatos suicidas pero marrulleros: se suicidan de una
de sus vidas y siguen tan campantes disfrutando las demás.
Antes de morir del todo, el gato es el único animal que
hace un cursillo demorado de seis muertes previas para estar seguro del todo a
la hora de ponerse el traje de luces de la eternidad.
Los gatos no se condenan ni se salvan. Ni todo lo
contrario. Reencarnan en ellos mismos. Mientras van liquidando sus existencias
siempre que caen, caen parados, como ciertos políticos que pierden las
elecciones pero caen de pie en la nómina.
Imposible ver un gato con estrés. ¿Quién ha visto un
micifuz de estos en un baño turco, al borde del infarto, con principios de
úlcera o hablando por celular como cualquier ejecutivo blindado?
Tal vez el que mejor los interpreta en la pasarela
mundo es Garfield con su desfachatez. Es el ícono de los felinos.
No hay gatos callejeros, de rueda suelta. Viven en
buena casa, sin
pagar siquiera en fidelidad a sus amos. Esas minucias subalternas se las dejan a sus antípodas
genuflexos, los perros. Por eso no se pueden ver.
No les duele una muela. Se burlan de la urbanidad del
venezolano Carreño con su lavado del gato. Nunca han entendido por qué al bobo
sapiens le dio por hablar de que no se debe meter gato por liebre. Las
comparaciones les parecen odiosas.
Son mimados a morir. Un gato es una manifestación de
pucheros. Creen que se lo merecen todo.
Hubo conclave de gatos cuando decidieron escoger su
esperanto o
grito de guerra. Entonces nació el miauuuuu.
Óscar Domínguez. Colombiano de 68 años. Es casado, tiene dos hijos. Es abuelo irresponsable de repetidos (mellizos) australianitos y de una nena nacida en Rio de Janeiro. Ha trabajado como reportero en prensa, radio y televisión. Cuelga cosas en su blog www.oscardominguezgiraldo.com y en @kikirikioscar. Actualmente, el pensionado Domínguez colabora con algunas publicaciones.

PEPITO
Después de quince días de intenso
peregrinaje sentimental por los tejados calientes de la capital, regresó a la
residencia del maestro
Germán Arciniegas su gato Pepito. Estas son sus
primeras
declaraciones:
— ¿Papeles?
— Soy Pepito, el gato "operado" de
Germán Arciniegas, presidente de la Academia Colombiana
de Historia.
— ¿Ese "operado" por qué entre
comillas?
— Quíteselas y quedaré castrado.
— ¿Y eso?
—Averígüelo entre las gatas de las embajadas
vecinas a la casa
de Arciniegas.
—¿O sea que acabó hasta con el gato?
— Hasta con las gatas. Si perro no come
perro, gato no come gato.
— ¿Qué es un gato?
— Somos la disidencia entre los animales
domésticos.
— ¿Y animal doméstico qué es?
— Es todo aquel que se soporta al hombre en
la casa en
la que éste paga el arriendo. Como los perros. Estos
(incluyo a los perros) viven del arribismo. Nosotros de nuestra arrogancia.
— ¿Diferencia entre un gato y un perro?
—Nosotros vivimos juntos pero no revueltos
con el hombre. El
perro es un hombre con cuatro patas.
—No simpatiza demasiado con el hombre...
—Mientras más conozco a Arciniegas, más
quiero a Pantera.
— ¿Quién es ella?
— Es la gata que me puso al lado Arciniegas
para hacerme más
llevadera mi "eunuquez". Desde que me
"operaron" quedé como el expresidente López: muy cerca de mujeres bellas, pero
muy lejos de su desnudez.
—"Eunuquez" no existe en español.
—Pero sí existe en el esperanto de los gatos.
Eso significa que puedo tener ganas de Pantera. Con la diferencia de que no
puedo quitarlas. Hago el amor con las ganas ajenas. Con el espejo retrovisor de
mis polvos pasados.
— ¿Pero no es mejor tener ganas que
quitarlas?
—Eso se lo oí a una vendedora de frutas de
Envigado. No olvide darle el crédito. Pero respondo: eso está bien en
filosofía. Pero no a la hora del
asedio del demonio de la carne.
—¿Su personaje inolvidable?
—¿Me está entrevistando para Selecciones?
Garfield es mi gurú.
— ¿Es cierto lo que dice Borges: que el gato
vive en la eternidad
del instante?
—Soy
analfabeto. Jamás pasé del miau.
—¿Por qué la afición-aversión de su patrón
a los 500 años del
descubrimiento?
—Porque está seguro de que si a bordo de
las carabelas de Colón
en vez de cristianos, hubieran ido gatos, en lugar del
grito de "tierra" del tal Rodrigo de Triana, se habría oído un estruendoso:
"!Miau!"
— García Márquez sostiene que "los gatos no se acuerdan de
nadie".
— Calumnias nobeles de la oposición. Somos
pragmáticos. Solo nos acordamos y vemos a quienes les podemos sacar partido.
Como los presidentes de Estados Unidos, no tenemos amigos sino intereses.
— ¿Le habría gustado hacer el amor con Socks,
el gato del presidente Clinton?
— ¿No oyó que gato no come gato? En este caso
no me gustan ni el gato ni el presidente que convirtió en oral el despacho Oval
de White House.
—¿Por qué el gato no figura en la historia?
—No hacemos historia. Nos la dormimos. O
hacemos pipí en ella.
— ¿Le gustó el tratamiento que les dió Edgar
Alla Poe en El Gato Negro?
— Gracias, no bebo. Soy detestablemente
abstemio.
— ¿Por qué hacen tanto ruido los gatos
cuando hacen el amor?
— Yo soy un gato. No mi propio biógrafo
sexual. Eso se lo dejo
a los gatólogos de Academia. O a los Freud que en el
mundo son.
— ¿Su pedigrí?
— Bastardo de buena familia. Y con buenos
gustos. Por lo
menos antes de que
Arciniegas me enviara un médico disfrazado de bisturí.
— ¿Es cierto lo de las siete vidas del gato?
— He vivido tanto que me parece que he
agotado cinco de mis siete vidas. Duramos mucho porque tenemos que liquidar
antes una vida detrás de otra. Ningún gato se muere de repente. Lo malo es que
después no nos acordamos de ninguna de nuestras vidas.
— ¿Por qué siete vidas y no cuatro, ocho,
diez?
— No pregunte pendejadas, joven. Vamos con la
siguiente pregunta. (Lo de los siete nos viene en los chips).
— ¿Su último deseo?
— Que en lugar de bisturí a los gatos nos
permitan usar
preservativos.
Perfil del gato; entrevista a Pepito enviada a Aurora Boreal® por Óscar Domínguez Giraldo. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Óscar Domínguez Giraldo. Foto de Óscar Domínguez Giraldo © Óscar Domínguez Giraldo. Este contenido ha sido publicado originalmente en www.oscardominguezgiraldo.com . Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Gracias por respetar los derechos de autor y la propiedad intelectual. www.auroraboreal.net
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