Esteban Mayorga.(Quito, 1977). Es autor de los libros de relatos Un cuento violento y Musculosamente, y de la novela corta Vita Frunis. Actualmente vive en Boston.
Entonces decidí espiarlo minuciosamente y me di cuenta de que Fco. Guevara era una farsa porque se robaba los textos de otros; primero copiaba cosas del internet cambiando una que otra palabra, luego copiaba todo de un tal Gurdi, escritor inédito muerto hace años. Yo lo sé porque conocí a la hija de Gurdi; déjeme explicárselo: una vez la vi salir de la casa de Fco. Guevara y la seguí, la abordé para quitarle la pelada al Fco. pues quería vengarme de alguna forma y ella, después de unos tragos mezclados con guanto, me lo contó todo. Me dijo que su padre había escrito como doce novelas antes de morir pero que nunca las había publicado porque le daba pereza y horror publicar, y según él no se debería publicar a escritores de menos de cuarenta y cinco porque no saben nada y son carentes e inconscientes totales de sus carencias, en particular los que tienen blog, feisbuc y piden reseñas a los amigos, así como escriben alabanzas encarecidas de sus propias obras en sus propios blogs sin firmar (y yo en esa época justo me abrí un blog, cuenta de feisbuc y adquirí una webcam para hacerme mi trailercito ¡la reputa madre!). En fin, la hija de Gurdi, tras la muerte de su padre, había llevado sus novelas a Fco. Guevara para pedir su opinión, para ver si era buena idea enviarlas a una editorial y le entregó dos. El Fco. Guevara las leyó y le dijo que no, que eran bazofia, pero puso su nombre y publicó una que fue un éxito y publicó la segunda enseguida y fue otro éxito; todo sin el consentimiento de la hija de Gurdi, entonces ella lo confrontó y lo amenazó con denunciarlo pero Fco. Guevara la sedujo en un par de semanas poniéndole escopolamina en el jugo, y se pusieron de acuerdo para dividirse las ganancias, ambos drogados seguramente. Sin embargo la hija de Gurdi, desconfiada al máximo cuando el efecto de la droga se le iba, escondió las restantes diez novelas en su domicilio. Al siguiente día de mi conversación con ella, cuando me contó todo esto, entré en su casa drogado yo también porque el guanto me remoza la figura y el espíritu, y busqué las restantes novelas de Gurdi, las hurté sin dificultad a pesar de que yo andaba ido por lo cual me meé con ánimo deliberado en un cajón del velador, imaginándome en una playa de gatos muertos donde olas bravas chocan contra sus patas, borradores rosados. Esto hace cincuenta años. Me fui del país y publiqué en México una de las novelas de Gurdi con mi nombre, mi primer éxito; después publiqué otra en España y otro exitazo. Y así he publicado las otras ocho cada tres años y he viajado por todo el mundo huyendo temeroso, cambiando de país cada año por evadir a Gurdi y Fco. Guevara y recluyéndome sin hablar a la prensa ni ir a congresos ni a ferias de libros ni tener internet ni teléfono ni correo y lo que es peor: ¡ni blog ni feisbuc!, me preguntaba siempre ¿de qué chuchas sirve la vida si uno no tiene blog y feisbuc? Ahora estoy cansado de semejante reclusión, y estoy aquí, y mi aquí es un plagio.
Han pasado cincuenta años y por eso he vuelto, y no, no estoy bromeando señor Vera, déjeme terminar. No creí que oiría de Fco. Guevara ni de la hija de Gurdi hasta hoy que asomaron ambos. Vinieron para decirme que soy un fraude, un grano de mostaza, y que me van a matar, que me han buscado por años y que me siguieron juicio pero no pudieron probar nada. Yo no le di ninguna importancia a nada porque tengo poco más que vivir y nada de moral y aunque soy bien varón estoy cansado ya. Esto hace media hora, hace treinta minutos que sonó el timbre, pensé que era usted señor Vera pero eran Gurdi y Fco. Guevara, vinieron con una pistola y un cusumbo en el hombro. Conversamos por veinte minutos y resultó que querían asesinarme lentamente, con torturas, pero como estaban drogados les vencí: fui a mi caja fuerte esa que está detrás de usted señor Vera y saqué mi fusil. ¿Qué, que me estoy mofando de usted señor Vera? Pues no mi estimado periodista sin voz ni canal, déjeme terminar, tenga la bondad, tenga la fineza, quiero contar mi historia rectamente. Continúo. Después hubo disparos. Esto fue hace cinco minutos, mire, hasta ahora me tiembla la mano, justo antes de que usted llegara. Creo que Fco. Guevara, gusano vil, de lo viejo que está (estaba) no hubiera podido pegarle a un edificio. Me disparó tres veces y nada. Yo, sin embargo, no perdoné, soy inmisericorde, le di dos tiros en la cara a la hija de Gurdi y después tres tiros en el tórax a Fco. Guevara, todo para reventarle la caja torácica y hollarle huecos de pena y envidia a balazos, para que lo pusieran en su blog además de que tomé fotos para que las pusieran en el feisbuc y un videíto para el yutú, auto promocionando musculosamente mi performance porque soy un excelso autor pero nadie me ha leído, soy tan elevado de ideas y alto de prosas que vivo en otra región del aire, pero nadie lo sabe porque no me han leído y si supieran que existo y que mis textos hierven de lenguaje y sentido sublimes y novedosos, que lo he leído todo, tanto lo viejo como lo nuevo, que pendo de nubes y no de la opresora carga terrestre que enraíza a los otros, y lo sabrán cuando me lean resultado de mi propaganda, ahí seré el titán que la muchedumbre plebeya, siempre torcida, reclama y grita desmayadamente al son de "lean nuestra actitud, no nuestros libros" (DT). Qué satisfacción cuando quedaron tiesos, el cusumbo se me escapó ¿Qué, que dónde están la sangre y los cuerpos, que me deje de bromas? No es broma. Todo esto pasó en la cocina porque después de amenazarme y pedirme plata me estaban esperando allí, se estaban comiendo unas grosellas que traje de la calle, se querían comer mi comida, efectos de la leona seguramente. Figúrese señor Vera ese atrevimiento eran, sin duda alguna, gente de baja estofa.
—Yo soy un periodista serio señor Ramos, esta broma ya está de más, le recuerdo que estamos en vivo para toda Latinoamérica—dijo Vera—, de ser esto verdad se va a la Pe Jota ahora mismo.
—Si no me cree dígale al camarógrafo que vaya a la cocina y lo compruebe, que lo filme todo, en vivo, después lo ponemos en el Yutú— replicó Ramos—; y yo me voy solito a la Pe Jota para dejar pagando la coima y dejar zanjado el negocio.
El camarógrafo se rió. Entonces pasaron segundos de silencio en dobleces y pliegues del tiempo, y Vera se levantó seguido de la cámara con dirección a la cocina y cuando abrió la puerta gritó.
* Basado en el cuento "Suspense" de Ron Goulart. 
Plagio enviado a Aurora Boreal® por Esteban Mayorga. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Esteban Mayorga. Foto Esteban Mayorga © Praveen Yajman.
A pesar de que Vera ya no entrevista a nadie hizo una excepción hace poco. Cuando llegó a la casa del titán Ramos lo saludó cortésmente y la entrevista empezó, en vivo para Latinoamérica. Primero, Vera vio un temblor horrendo en las rendidas manos de Ramos pero no le prestó atención y acto seguido le preguntó cómo se había iniciado en las letras, y cómo había conseguido, primero, publicar en Periférica, luego publicar en Granta, y después ganarse el premio Herralde, el Planeta, el Rómulo Gallegos y ahora ser nominado para el Cervantes, y como Ramos se tomó segundos Vera interrumpió para preguntar tonteras varias y mayores, pero Ramos se puso de pie y le dijo, con cara afeada, que se calmara, respondió a todo así:


