La novela se convierte así en un largo y no por ello trágico descenso en el conformismo y la banalidad. Los padres en las afueras de Bogotá, mujer e hijos en la remota Canadá, él instalado en un apartamento en el centro, y doña Aurora Céspedes, agente inmobiliaria, ofreciéndole casas para ya traer la familia. Solo que el contrato de trabajo era por apenas tres meses y hay que prorrogarlo; además, el presupuesto para la hipotética expedición, por ahora, cambió de rubro o se embolató, simplemente. Hay que llenar tres formularios, hay que regresar a cubículos donde ya no los reciben, hay que comenzar a claudicar y alquilar a su amigo Carmelo espacio para guardar las cajas con la producción de muñecos y juguetes que han montado él y su hermano. Así Ernesto termina repartiéndolos en almacenes y tiendas, cumplido y eficiente. Atrás ha ido quedando el desvarío de tantos informes superfluos sobre comunidades negras o tala de palma en el Pacífico. Pero su sueño es ahora otro: Belén, una vecina, que trabaja en una pequeña fábrica de ropa por San Victorino y quien lo acompaña en ocasiones o él espera con el pretexto de comentarle si trabajará en el Ministerio o el Distrito. El encuentro amoroso con Belén será maduro y feliz: “Se recorrieron con las manos y los labios y unieron sus cuerpos hasta llegar a la satisfacción que durante meses los aguardaba oculta y sin prisa” (p. 292).
Dará clases particulares, será maestro en un colegio, repartirá frutas y verduras, y en torno a esta línea argumental, se va enlazando el nuevo país. El Palacio de las Delicias en la calle veintitrés con diecisiete, donde debe entregar camisetas con Belén. Sus hermanos que reniegan y quieren trazarle su vida, su mujer que presiona desde la distancia de internet. Por ello decide volver a Canadá y cumplir lo que Belén le había predicho: “usted no regresó del todo”. Pero este retorno le permitió comprobar cómo el país no era el mismo, y él tampoco lo sería, después de estas experiencias donde brotó una renovada forma de apreciar lo humano y recobrar una sensibilidad afectiva desconocida y ver tambalearse y ponerse en duda su vieja estructura mental. Con el lenguaje sobrio y límpido que lo caracteriza, Luis Fayad, desde Berlín, sigue así desarrollando su comedia humana y bogotana.
Luis Fayad
Colombia, 1945. Periodista, cuentista, novelista y ensayista, cuya obra fue bien comentada por el crítico literario uruguayo Ángel Rama. Ha vivido por muchos años en países europeos y, particularmente, en Berlín, donde reside. Es autor de la célebre novela Los Parientes de Ester (1978), y entre sus múltiples publicaciones se encuentran sus novelas Compañeros de viaje (1991), La Caída de los Puntos Cardinales (2000), Testamento de un hombre de negocios (2004) , Regresos (2014) y los libros de relatos: La carta del futuro (1993), El regreso de los ecos (1993) y Un espejo después (1995, 2003, 2010 y en 2014 por Editorial Aurora Boreal®).
Reseña de la novela Regresos enviada a Aurora Boreal® por Luis Fayad. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Juan Gustavo Cobo Borda y Luis Fayad. Carátula de la novela Regresos © Literatira Random House. Foto Luis Fayad © Daniel Mordzinsky.
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