El corazón es la caracola olvidada

libro 153Corazón abismo
Martha Canfield
La Otra/Cajeme
Colección "Temblor de Cielo"
México
2013

 

 

 

 

El poemario más reciente de la autora de Orillas como mares es lectura que una vez comenzada, no puede abandonarse más que por fuerzas mayores. Poseedor de un tono y ritmo vehementes que llevan al lector en alas de la vida que rezuma su poesía, Corazón Abismo se abre con la conciencia de la pérdida: la espada que separa sueño y vigilia es la misma que separa pasado y presente. Abismo lleno de cuchillos premonitorios. Todo poeta desnuda su ser cuando ama: se muestra tal cual es. Y cuando el alma es más grande que el yo, continúa amando hasta en el desamor, y en vez de amargarse se infinita, en vez de traicionar se hace misionero. Dijo Novalis que la poesía es la religión original de la humanidad. Y la de Martha Canfield encaja de lleno en esa tradición: se ama a lo divino, por así decirlo, el estilo humano impregnado de religiosidad. Eso explica la aspiración a que el amado la haga a su imagen.

"Oración navideña" es una gran intuición al respecto. Y el amor es la playa siempre en espera de que los seres "necesariamente humanos" que somos, según Montaigne, abandonemos el tiempo del desamor. Playa es el futuro abstracto que nos sostiene desde el fondo del pasado: "recompone mi vida / pero aun sin saberlo / lo mismo te amaría".
libro 300Bajo el redondo lirismo que independiza cada texto, este poemario posee además un hilo narrativo conductor que hace al lector acercarse a una experiencia vital que es a la vez carnal y espiritual, terrena y celeste. La via unitiva desemboca en una via cognoscitiva. Hay una adumbración terrible en el poema "Sin escape": esa "espina clavada / en el exacto centro del placer". Una premonición del imperio de la "ley inflexible", por la cual el amor "tendrá que ser segado y destruido". He ahí la suma conciencia del dolor en su Corazón Abismo. Dolor que sólo podrá superarse gracias a la religiosidad esencial asumida, como anticipa el poema "Trato de negarte":

el esplendor renace
en la respiración
de cada criatura
y los rayos del sol
se alargan y calientan
en parte recordando la presencia celeste
secreta adivinada siempre activa

Al centro del libro hace eclosión la dicha amorosa en obras maestras como "Los dioses sonríen" y "Una flor en el aire". Y es que estamos ante una poesía aérea: el equilibrio logrado por el amor entre los cuatro elementos, se perderá por fin a favor del aire. Hasta en el poema "Tíber", no hay tierra ni está el río en llamas, sino que en vez da aire respirable, oxígeno de vida "respirando la vida con el aire / que venía del río / con la luz de las aguas". Y luego advierte: "no ves que me sofoca / devuélveme aire y viento". Ella es como una planta en crecimiento, en suma, no como una piedra fugazmente inmersa o encendida: "arráncame del suelo / déjame volar en el aire anhelado". Por eso quiere subir la tierra al cielo. Y lo hace siempre con lenguaje transparente como el aire mismo, no hay una sola palabra que se escape o que pretenda siquiera esconderse del lector alerta. Poesía libre de oscuridades superfluas, rebuscadas. El modo de ser que en ella alienta y vibra, o sea de amar, es ferviente, arrebatado, joven, sin asomo alguno de mezquindad en la entrega de sí y por ende del sentido.
El encanto mayor de este poemario es que emociona e ilumina leerlo. "El corazón es la caracola olvidada", dijo Roberto Juarroz; y "un corazón solitario / no es un corazón", había intuido Antonio Machado. Martha Canfield se sitúa de lleno en la tradición de la poesía que logra armonizar sentimiento y percepción, emoción e intelecto, verdad y belleza, fruto del convencimiento de que la vida no tiene nada adverso que enseñarle a quien de veras ama, sino viceversa. Porque quien tiene corazón tiene en el fondo algo de misionero, así de simple: porta la buena nueva "que podrá acariciar el alma que la escucha". Esa es la fe que da fuerza de sentimiento. El amor es el hijo: Dios mismo encarnado. Sólo un mal Judas podría hacerse el sordo o traicionarlo. Veamos un fragmento del hermoso poema "Caracol":

Sólo aquel que se acerca
con el corazón bueno
podrá sentir la música que sale de su centro.
[...]
una idea de dicha que sucumbir no quiere
que no se rinde al choque de la vida
ni a las devastaciones.

Gracias a su modo de ser y de entregarse a dar vida al lenguaje, la autora de Corazón Abismo deja crecer su obra y la nutre hasta poder apoyar la cabeza en su hombro. También quienes la leemos.

 

perro martha canfield 002Martha Canfield nació en Montevideo, Uruguay, en 1949. Nacionalizada italiana, es poeta, traductora, ensayista y antologista de poesía. Egresada del Instituto Caro y Cuervo y Doctora en Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Libros de poesía publicados en español: Anunciaciones, 1977; Mar/Mare, 1989, El viaje de Orfeo, 1990; Caza de altura, 1994; y en italiano: Nero cuore dell'alba, 1998 y Capriccio di un colore, 2004. También ha publicado, entre otros, los libros ensayísticos: La provincia inmutable. Estudios sobre la poesía de Ramón López Velarde, 1981; "El patriarca" de García Márquez, arquetipo literario del dictador latinoamericano, 1984; Configuración del arquetipo, ensayos de literatura hispanoamericana, 1988 y El diálogo infinito: una conversación con Jorge Eduardo Eielson, 1995. En italiano ha preparado la edición (con traducción y crítica) de la novela de Vlady Kociancich, Últimos días de William Shakespeare, 1985; y varias antologías poéticas: Idea Vilariño, La sudicia luce del giorno, 1989; Jorge Eduardo Eielson, Poesía scritta, 1993; Álvaro Mutis, Gli elemento del disastro, 1997; y Mario Benedetti, Inventario, 2001. Desde 1996 está vinculada a la Universidad de Florencia.

 

El corazón es la caracola olvidada enviado a Aurora Boreal® por Martha Canfield y Juana Rosa Pita. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Martha Canfield y Juana Rosa Pita. Foto Martha Canfield con Blake © Pascual Borzelli. Carátula cortesía de Martha Canfield. El dibujo de la cubierta es la reproducción de la instalación artística hecha por el artista uruguayo residente en Florencia, Miguel Fabruccini. La colección "Temblor de cielo" asocia siempre poetas con artistas actuales.

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