José Prats Sariol. Cuba 1946. Hizo estudios de Literatura en la Universidad de la Habana con José Lezama Lima. Crítico literario, novelista, ensayista y profesor universitario, ha publicado una extensa obra entre la que se cuentan las novelas Mariel (1997, 1999), Guanago Gay (2001) y los Estudios sobre poesía cubana (1988), Criticar al crítico (1983), Fabelo (1994) y Lezama Lima o el azar concurrente (2010). José Prats Sariol emigra a México y luego a Estados Unidos.Prats Sariol hizo parte del grupo de críticos literarios que preparó la edición cumbre de Paradiso, la novela de José Lezama Lima para la UNESCO en 1988. Ha ofrecido conferencias en universidades y centros culturales de Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Italia, México, Noruega, Rusia, España, Suecia, Suiza, Estados Unidos y Venezuela.

La exaltación --sueño romántico y sesgaduras autobiográficas-- tienen el valor añadido de sutiles intertextualidades, desde Rubén Darío --por supuesto que sí, al tratarse quizás de su mejor conocedor-- hasta el último César Vallejo, en París mientras llueve; tal vez con un guiño a los poetas peninsulares de la llamada Generación del 50, con Jaime Gil de Biedma y Ángel González, más una leve ironía trasatlántica, quizás derivada de Nicanor Parra y Juan Gelman... Así puede experimentarse en las farsas irónicas, a veces hasta el sarcasmo, de poemas como "Suele que me acuerdo", "El triunfo del mediocre" o "Declaración final".
De la luz hallada es una selección de poemas de Alberto Acereda escritos en los últimos veinte años y donde se realiza una mirada al interior de la existencia humana a través de la experiencia del propio autor en su recorrido vital y profesional por los estados norteamericanos de Georgia, Virginia y Arizona, sin olvidar nunca el recuerdo de la España natal dejada atrás voluntariamente. Dividido en cuatro apartados, los poemas del libro avanzan de forma casi cronológica desde la inicial memoria del fracaso, a la explicación de la razón del verso, y desde la última confesión a la postrera estación sin retorno que lleva finalmente a la luz hallada. Todo un lírico y desazonado viaje plagado de sinceridad y transparencia poética, donde la soledad, la familia, el exilio, el desamor, el desasosiego y el cuestionamiento de la existencia se mezclan hasta alcanzar una final confianza en lo divino y en lo humano que desemboca en un triunfo de la vida, del auténtico amor y de la felicidad.
"A los que os duele el alma" --dice Acereda en un verso clave. A ellos --¿nosotros?-- van dirigidos estos poemas líricos sin melcocherías, líricos sin excesos sentimentales, líricos casi al desnudo, como los que escribiera al final de su vida Juan Ramón Jiménez.
Pero a ese lirismo --cuando palpa la felicidad de su actual hogar, de mujer e hijos-- donde la salud familiar no pierde la memoria de amarguras y desgarramientos, Acereda sabiamente agrega un raro, muy extraño -lo otro, lo desconocido-- elemento en la poesía de habla hispana actual: El giro a lo divino. ¡Dios!
Que este desvío temático sea un signo plurisémico en los poemas finales del cuaderno, no sólo sugiere el porqué del título sino el recorrido existencial del autor. Tal vez allí se halle -ser y estar- parte del eclecticismo crítico que se observa en la poesía actual, no sólo de habla hispana. La búsqueda de asideros espirituales inexorablemente, tras la muerte de las ideologías cerradas de la modernidad, apunta a lo divino, a una plenitud donde la palabra no deja de jugar a los alimentos terrestres, pero los proyecta hacia regiones más hermosas.
Si convenimos en que los más fuertes poemas líricos del idioma corresponden a san Juan de la Cruz, si sabemos que allí apenas rozaron los ascéticos, porque se trataba de la poesía mística --como demostrase Dámaso Alonso en su exacto ensayo--, entonces este clamor de Acereda hacia el Amor que Jesucristo encarna, también es una sesgadura difícil, extraña de hallar en nuestros días de trivializaciones googlelizadas y pragmatismos consumistas.
Desde ella --a lo romántico, a lo Rosalía de Castro y a lo García Lorca-- Alberto Acereda nos regala un verso que atesoramos. Dice: "Me lo han dado la luna y un rosal encendido". Proceso órfico --símbolos encarnados-- la rosa sin porqué de Silesius da la señal al guardagujas invisible en la foto. Adonai aparece.
Convenimos en que "la Luz" ha sido "hallada". De ahí que la lectura sea a la vez elección: texto y fotografía, instantes simultáneos que forman una sinestesia donde el claroscuro -maestría del lente-- se transmuta a emersión, salida, luces...
Felicidades por él, por nosotros sus lectores al compartir sus rosas visualizadas entre metáforas continuadas y fotos sugerentes. Así, sin porqué.
Una luz extraña enviada a Aurora Boreal® por José Prats Sariol. Publicado en Aurora Boreal® Digital con autorización de José Prats Sariol. Foto José Prats Sariol © José Prats Sariol. Foto Alberto Acerada © Alberto Acerada.




