En torno a 'Visitas del otro lado'

visitas_001Visitas del otro lado
Américo Ferrari
Ediciones Malvario - Librería Albatros
Colección Extramares
2005
120 páginas

El poemario Visitas del otro lado de peruano Américo Ferrari se ocupa de tres espacios precisos: la muerte, la escritura, la esperanza, esta última de manera implícita. Si a simple vista son temas demasiado visitados por poetas, filósofos y escritores desde que la escritura existe, lo milagroso es que cada poeta al retomar el asunto adjunta una perspectiva, deja un ángel con pandereta parado frente a nuestra puerta, y es como si por vez primera una voz entonara los ritos fundacionales de la poesía.

Estos espacios: la muerte, la escritura, la esperanza, no se comportan en el poemario de manera independiente. El humor, tal un verbo los transita y funde: el particular humor de Américo Ferrari.

Nadie ha explicado el humor ni la risa, acaso porque son actos demasiado humanos, demasiado cercanos tanto del espíritu como de la fisiología, finamente colindantes, así que es imposible asirlos en su totalidad. Todas las épocas han consagrado sinnúmero de tratados sobre el sujeto -lo que acredita su importancia. Desde Aristófanes, pasando por Plauto, Terencio, hasta las farsas medioevales, Molière, Rabelais, Cervantes, Swift, Günter Gras, Fellini, Grok, Woody Allen, el humor y la risa están presentes en la cultura, definen una mentalidad, una época.

Mario Camelo, Colombia 1952. Estudios de Literatura. Ha publicado varios libros de poesía en Colombia y España. Traductor de varios poetas suizos, italianos y franceses. Vive en Suiza desde 1979. Ejerce como fotógrafo profesional y traductor.

mario_camelo_011Esquematizando, podríamos clasificar el humor y la risa, en Divino, Diabólico y Humano, por lo menos en lo que concierne la cultura occidental.
Las culturas antiguas atribuyeron a los Dioses el origen de la risa y del humor, ellos ríen « de manera inextingible » - mientras en el otro extremo de la ecuación los hombres rien aquí y ayá en el tiempo - lo que implica, en el caso de los dioses, la posesión suprema de libertad. La risa es entonces co-creadora en el sentido positivo del termino .Y vemos cómo en las fiestas Dionysíacas, los Saturnales, lo que se refunda es el mundo retornando al caos, revisitando el principio; el humor y la risa en Homero son un lazo más de solidaridad y coraje frente a los peligros y las inminencias del combate, es decir , una manera de asumir el destino, tomando distancia de él, exorcisándolo. En suma, el humor y la risa son actos positivos, dado que son sacralizadores.

El cristianismo va a cambiar el signo al humor y a la risa, será negativo puesto que Jesús nunca rió, según los teólogos. Dios, plenitud inmutable coincidiendo eternamente con su propia esencia, es la seriedad por excelencia. El creó el mundo de una vez por todas, lo que excluye todo acto de inversión como los saturnales, los carnavales, por ejemplo, que serán cada vez menos tolerados. El hombre debe imitar a su Dios. En el cristianismo cada ser es perfecto, su esencia coincide con su existencia, así que no hay posibilidad de distanciarse a través de la risa.
Allí el infierno... que debe hacer temblar, en el infierno hay risa cierto, pero risa de rabia, de revueltas, de trampas, de sarcasmos, de engaño, es indecente, grotesco, agresivo, quien ríe es el demonio.

El humor y la risa en la antiguedad sacralizan el mundo, en el cristianismo el humor y la risa diabólicos desacralizan el mundo.

Es por los siglos XV y XVI que aparece un nuevo tipo de humor y de risa. El humor deviene interrogativo, el conjunto de los valores y certitudes de repente se hallaron en entredicho, miedos y angustias afloraron por toda parte, por todas partes se fisuró la imagen del ser y del mundo que hasta entonces parecía inmutable : conceptos con la cabeza arriba y los pies abajo ; por aquellos siglos occidente sufre un período de crisis de conciencia profunda que dará nacimiento a la mentalidad moderna.

La risa y el humor no destruyen ni creencias ni ideologías, lo que hacen es introducirse en las grietas de la sociedad y aumentarlas.
En el siglo XVII ironizaron la religión y el absolutismo, en el siglo XIX pariticiparon en las luchas sociales, políticas y económicas, en el siglo XX contribuyeron a hacer retroceder ciertas ideologías. El humor y la risa son la sombra de la duda, y cuando las ciencias demuestran cuán minúsculos, frágiles y complejos somos los seres humanos, el hombre comienza a reirse de sí, de sus convicciones, de la existencia y sus sentidos posibles.

Nos encontramos hoy con un humor y una risa inciertos, que no saben dónde fijarse puesto que no son afirmación ni negación, más bien interrogación-y-no-interrogación escéptica sobre un abismo de incertitudes.
La fuerza del humor y la risa en los siglos pasados venía de su seriedad, eran certitudes contra certitudes, pero ello se ha diluído, queda apenas el humor, hoy, para hacer reír por hacer reír, sin más. Podría afirmarse sin correr demasiados riesgos que el humor y la risa están allí para enmascarar la pérdida de sentido, de todo, hasta de la especie misma. Sería suficiente un ejemplo para justificar una tal tesis : la importancia de la fiesta en el mundo contemporáneo, la fiesta del football, del tenis, de los juegos olímpicos y de todo tipo, de las discotecas naciendo y reproduciéndose como hongos. Y la risa allí para enmascarar una danza sobre el vacío.

Pero la civilización de occidente no es homogénea, baste citar el sólo caso de la existencia de Sudamérica en su seno.
Cuando los españoles invaden y se asientan en América del sur, no hallan un espacio vacío : tres grandes cuerpos culturales la pueblan : Las culturas de ascendencia Maya en América central, la cultura indígena de los Andes, y la cultura indígena - más difusa - de las grandes selvas Amazónicas, que es la cultura Caribe.

Como Américo Ferrari es peruano, intentemos entonces una aproximación al humor y la risa de esa cultura Andina.
En Perú, así como en Ecuador y Bolivia, encontramos una mayoría de población indígena cuya lengua mayoritaria es el quechua, una mestiza ( sean de blancos e indígenas, negros e indígenas, negros y blancos, y las diferentes mezclas entre ellos), y una estrechísima franja de población eminentemente blanca. No es sorprendente que la población mayoritaria influya de manera determinante sobre el conjunto de la sociedad peruana, si ella existe.

Un amigo me contó la anécdota siguiente : « Alguna vez en Perú, en Cuzco precisamente, en la plaza de mercado un indígena vendía algunos sacos de coca, otros de papas rojas y había uno con papas de un amarillo escandaloso que no he vuelto a ver más.
Su mujer, sentada, cardaba y frente a ella sobre algunos papeles habían colocado dos o tres pulls-overs. Uno de ellos, que parecía haber sido hecho con hilos de luz interesó a un hombre blanco quien se acercó y comenzó a discutir el precio. Su oferta era escandalosamente baja y el indígena no estaba de acuerdo. El hombre blanco al cabo de algunos minutos con un gesto de desprecio le arrojó algunos billetes, tomó el pull-over y partió. El indígena rió sin sonido siguiéndolo con los ojos. Le propuse al indígena ir los dos y apalear el canalla. Lentamente me ofreció unas hojas de coca diciéndome en alguna especie de castellano « No tiene importancia, yo lo conozco ahora, él a mí no », y volvió a reír, esta vez con un sonido apenas audible. Le miré sorprendido, él también... me dí cuenta que su espíritu reía, del canalla y de mí, me provocó créer que de mí reía con ternura. Había algo más en su mirada, pero aquella vez no pude descifrar. Desde entonces he utilizado mi vida interrogando esa imagen. »

Aquí se dificulta el asunto, porque nada es más difícil, creo, que hablar de su propio espejo, eso que Lezama llamó la « Imagen Americana », que es la imagen nuestra, la imagen de Américo Ferrari.

Del encuentro con este indígena en el Cuzco podemos extraer lo siguiente: el humor y la risa no son necesariamente un acto de sociabilidad, en este caso es más bien de separación neta; la risa no tiende a hacer reír al otro, es un acto individual, de sí para sí; la risa se comporta entonces como estrategia de ocultamiento. La coherencia sorprende, intuímos que existen otras ventanas, otras puertas, que la casa es más infinita de lo que creíamos.
Esta estrategia de ocultamiento se halla íntimamente ligada a la historia de la invasión epañola. Cantidad de ensayistas han tratado ya el tema de la resistencia cultural indígena en los Andes, sus causas, su historia, así que no vendremos al asunto, salvo para subrayar que este humor de ocultamiento hace parte de ese conjunto y de esa historia.
Podemos ser entonces de color blanco, o azules, o verdes, de todas maneras esta estrategia cultural la hemos incorporado los sudamericanos que tenemos que ver con los Andes.

A la luz de ese humor particular podemos entonces adentrarnos en la lectura de las visitas del otro lado.
Primero que todo el título, que por obvio ya es sospechoso, podríamos traducirlo como visitas de este lado al otro, o visitas de aquí para allá y de allá para acá, jugando con las palabras.
El vistante Américo Ferrari comienza el libro, alelado, « ante la oscura blancura del aire, la inminencia gris, buscando a tientas entre ojo ciego y mano manca el inextingible fulgir del yanomás
Este doble hecho, fatiga y expectativa, tejen los nervios del poemario. La doble tensión de repente queda al descubierto en este poema y en el siguiente, el espíritu del verso obliga al poeta a mostrarse sin ocultamientos:

«futuro: /agujero negro / fuente del desnacer /ahora/a deshora/te
volvemos la espalda/regresamos/al origen/sin hora/sin mañana/ni ayer/
donde fue la luz/y el manantial/donde era el verbo/en el
silencio/auroral»


Y más adelante el poeta deserta la transparencia y con un guiño nos dice:
«está mirando en un reloj el tiempo que no pasa mientras él pasa por el tiempo estancado ⎯ cangrejo torpe caminando de lado y para atrás siempre de lado y para atrás hasta resbalar victorioso en el hueco incolmable que le han dicho se llama eternidad»
Y continúa el ocultamiento esbozando siempre esa sonrisa para sí:
«Nadie está escribiendo en esta página/Nadie hace estas palabras/de papel/
Nadie sueña cantar el canto húmedo/mudo/que se seca en la página/Nadie está velando por que se apague/toda voz/
Nadies cuántos nadies/nos acechan desde el silencio /agazapado/en toda voz.»

El poema nos obliga a cambiarle de signo para comprenderlo.
A partir de allí, en la novena poesía del libro, Américo Ferrai nos narra su monólogo, y el humor entonces se transforma, no ya en guiño cómplice, sino en ruta hacia los despistes, hacia la pérdida del centro. No por ello su visita - la que cumple y la que recibe - continúa su curso, ahora más intenso y lleno de reflejos. Estos reflejos - muchos plenos de humor - pueden conducir al lector a constatar de la manera más triunfal que se trata de otro libro negro y mórbido sobre la muerte. Y si ese lector encontrara a Américo en la calle, éste le respondería ciertamente que es un lector estupendo, inteligente, perspicaz, le invitará a una copa de vino, agradecerá la información y ciertamente le rogará que le excuse, y que guarde el secreto para sí. Por favor! Ese lector ficticio entonces nunca habrá accedido a la lectura de la poesía de Américo Ferrari, nunca habrá encontrado al poeta..
Américo reirá, estoy seguro, a su manera peruana.
El libro continúa enmascarándose, intentando confundir :
«Avanzando hacia Dios/como una procesión de frailes/henchidos de la esperanza/de por fin empezar/así avanzamos ahora/nosotros/
/de espaldas a Dios/hinchados por la espera/de por fin terminar.»

Y la fatiga de vivir o la sinrazón fatigosa de vivir se nos presenta a cada paso, en la lectura, como en el poema siguiente:
«hemos perdido el tiempo y no hemos encontrado ni siquiera una sombra de eternidad».
Pero esta fatiga vital, este ansia y desansia de terminar en el yanomás, podría conducirnos a pensar que toda resistencia ha sido levantada, que todo es sinrazón en la nulidad absoluta de una existencia que se disuelve sin más, sin recuerdo de sí, siquiera. Pero queda dicho en la escritura, un hecho tangible agazapado entre las páginas de esa cosa material que es el libro de poesía, es decir, la afirmación de la existencia posible, de la dignidad posible del hombre, un mensaje lacrado a través del tiempo entablando una conversación donde ni la presencia ni la ausencia del creador participarán al banquete, sino como oficiante de la palabra que colabora en la construcción de ese tiempo que no conoceremos, y que tal vez, sea más pleno, más abundante de humanidad.
Con ello quiero decir por último, que la trampilla se halla en lo paradojal, en la inversión de lo afirmado, lo que es un acto de fe en el hombre y sus eternidades.

En torno a Visitas del otro lado enviado a Aurora Boreal® por Mario Camelo. Publicado en Aurora Boreal® Digital con autorización de Mario Camelo. Foto Mario Camelo © Mario Camelo.

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