Diana Blanco Medina entrevista a Alejandro José López sobre su nuevo libro 'Detrás de la luna'

Entrevista al autor

 

  • detras luna 300Al comienzo de su libro Detrás de la luna usted dice que “estos relatos bien parecen crónicas fantásticas”, pues “regresan sobre personajes, hechos y datos altamente documentados”, pero “incorporan el recurso a lo sobrenatural”. ¿Qué entiende usted por “crónicas fantásticas”? En aras de establecer un contrato con el lector, ¿es ficción o periodismo lo que encontramos en su nuevo libro?

Se puede revisitar el pasado de muchas maneras distintas. La historia es un campo del conocimiento que regresa sobre personajes y acontecimientos pretéritos con una idea del rigor intelectual que se basa, entre otras cosas, en la verificación. Lo mismo sucede en el periodismo, en géneros como la crónica, el reportaje o el perfil. En ellos se da por sentada la obligación de corroborar todo lo que se informa; así que los periodistas, para conquistar y mantener la confianza de sus lectores, deben honrar este principio. Y por más que tanto la historia como el periodismo estén abiertos a hacer interpretaciones, hay límites para esto en lo que se refiere a hechos, a escenarios y a personajes: no se puede inventar. Si se rompe dicha prohibición, la narración ingresa a una esfera completamente diferente. Distante de todo este orden de ideas, en territorios favorables a la invención, encontramos el relato literario. En este la imaginación no solamente es una posibilidad sino incluso una razón de ser: la ficción. A esta parte, se hace notorio que la denominación que sugiero para este tipo de cuentos, como los que integran el libro titulado Detrás de la luna, es un oxímoron; es decir, una contradicción en sus términos. Hablar de “crónicas fantásticas” es algo tan insólito como “un sol nocturno” o como “el hielo frito”. En relatos como estos entramos con un pie al territorio de la creación mientras dejamos el otro afincado en la realidad y, así, nos instalamos en el umbral. Pero hay algo por aclarar: siempre que hablamos de invención estamos en el campo del arte y de la literatura.

  • ¿Por qué proponer “algo tan insólito”, como usted mismo dice, o por lo menos tan desacostumbrado?

En el ámbito de la narrativa hay un extenso cúmulo de obras que trabaja en mixturas parecidas a esta. Walter Scott inauguraba, a comienzos del siglo XIX, eso que ha dado en llamarse “novela histórica” y que hoy es un género profusamente explorado. En el terreno del cuento esto es mucho menos habitual. Pero si hay algo quizás inusual en estos relatos no es tanto la combinación entre literatura e historia, sino más bien la amalgama entre dos tradiciones narrativas aparentemente contrarias: el realismo y lo fantástico. La primera se basa en una imitación más o menos radical de la realidad. La segunda, en cambio, elabora los relatos incorporando elementos de carácter sobrenatural, elementos que ponen en entredicho la manera racionalista en que solemos explicarnos el mundo; por eso hay quienes denominan la literatura fantástica como “la estética de la inquietante extrañeza”. En todo caso, pienso que la literatura y el arte en general están para indagar la existencia y, tal vez por eso, necesitan aventurarse en búsquedas y combinaciones infrecuentes. Recuerdo ahora una idea de ese gran maestro que fue Ítalo Calvino, una idea que siempre me ha parecido muy iluminadora: “En el universo infinito de la literatura se abren siempre otras vías que explorar, novísimas o muy antiguas, estilos y formas que pueden cambiar nuestra imagen del mundo”.

  • ¿Por qué decidió, en esta ocasión, escribir relatos sobre la ciudad de Cali? ¿Considera que hay una deuda de los escritores con la ciudad a la hora de narrarla?

Aunque no nací en Cali, he hecho mi vida aquí. Mejor dicho: tengo un vínculo amoroso muy fuerte con esta ciudad. Claro que este tipo de relaciones suele estar repleto de contrastes, como los matrimonios. Unas veces recibes flores y otras te preguntas, ¿qué estoy haciendo aquí? Pero hay que reconocer que Cali, al final de cuentas, siempre sabe sonreír. Entonces uno se devuelve y la abraza, una y otra vez. De manera que, cuando menos lo piensas, han pasado las décadas… Por otra parte, hay un acervo de obras literarias que se han ocupado de esta ciudad, desde “El alférez real”, que se publicó a finales del siglo XIX. Sin embargo, si tenemos en cuenta que esta es una urbe con casi 500 años de haber sido fundada y con una población metropolitana superior a tres millones de personas, nuestros hitos literarios son más bien escasos. Hay todavía un océano de historias que reclama ser explorado y contado. Una ciudad no solo se edifica con cemento y ladrillos, sino que se construye esencialmente desde la imaginación. Así que el arte y la literatura resultan indispensables para aproximarse a los modos de ser de una urbe, para captar sus sombras y destellos, para comprender con qué materiales se fabrican sus sueños.

  • ¿Por qué apelar al recurso de lo sobrenatural para relatar acontecimientos, en este caso, de la historia de Cali? ¿Cuáles han sido sus referentes literarios para escribir Detrás de la luna?

En la narrativa que se ha escrito en Cali y en el país predominan notoriamente los tratamientos realistas. Hay aquí algunas excepciones, por supuesto, como los cuentos de Esther Arango Peláez a inicios de los años 30 del siglo pasado, o ciertas obras como “Pedro Baal y los hombres invisibles” de Fabio Martínez, o como las fantasías que habitan los minicuentos de Harold Kremer y otros practicantes de este género. Pero lo fantástico en general es un camino poco frecuentado entre nosotros. Pese a ello, estamos hablando de un espectro bastante poderoso en la literatura, capaz de proveer símbolos reveladores, auténticas aperturas de mundo. Por otra parte, lo fantástico moderno tiene en Occidente una copiosa tradición y unos desarrollos fascinantes. Pienso en maestros del siglo XIX tan influyentes como E. T. A. Hoffmann, Edgar Allan Poe, Mary Shelley o Guy de Maupassant. Y desde luego que cuando escribes, dialogas con las grandes voces del pasado y también rastreas las transformaciones del ámbito que te interesa, que te apasiona. En los autores que le acabo de mencionar, por poner un ejemplo, se puede percibir que el objetivo de generarle miedo al lector juega un papel decisivo en sus modos de escribir. Pero si uno se detiene en las narraciones fantásticas de grandes referentes del siglo XX, como Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Elena Garro o Julio Cortázar, notamos que ese propósito se ha desvanecido y han emanado, en cambio, derroteros nuevos. Todo esto nos permite vislumbrar que solo es posible aventurarse en la literatura desde la literatura misma.

  • Una última pregunta, si atendemos a esa separación artificial entre forma y tema, ¿qué se le impuso primero en el proceso de creación de estas “crónicas fantásticas”? ¿La ciudad de Cali como tema o lo fantástico como recurso narrativo?

Como le decía, llevo casi cuarenta años viviendo en esta ciudad y he aprendido a quererla muchísimo. Y sentía la necesidad de rendirle un homenaje, no ya como profesor o como investigador, sino como escritor. Ese fue el inicio del proyecto que me llevó a este libro. Por otra parte, he estudiado la literatura fantástica durante décadas; pero no me había atrevido a escribir relatos de este tipo. Bueno, aquí confluyen dos aventuras imaginativas largamente aplazadas. Fui seleccionando algunos eventos y personajes que marcaron la vida de Cali a lo largo del siglo XX; entonces, afortunadamente me encontré con un gran archivo histórico, lo cual me dio acceso a una documentación enorme. Acabé seleccionando seis núcleos o focos narrativos. En el relato titulado “La otra batalla” recojo los hechos ocurridos el 26 de febrero de 1971, un estallido social. En “La camisa de fique” regreso sobre esa inmensa tragedia que fue la explosión de 42 toneladas de dinamita en la ciudad, el 7 de agosto de 1956. En “El diario de Guerra” se relata el cruento enfrentamiento entre los grandes carteles de la droga en Cali, a comienzos de los años 90, desde la perspectiva de un personaje popular: el “Loco” Guerra. “Una rosa para mamá” es la historia que vive la familia de un farmaceuta que trabajó en Drogas La Rebaja en el momento en que capturaron a Gilberto Rodríguez Orejuela, jefe del Cartel de Cali, en 1995. Aquella trágica experiencia vivida por 194 personas que fueron secuestradas en la iglesia La María por un comando del ELN, en 1999, es la base de la narración titulada “La sombra de Gaspar”. Finalmente, “Detrás de la luna” regresa sobre los primeros años de ese gran músico que fue Antonio María Valencia, fundador del Conservatorio de Cali, a inicios del siglo XX. Ojalá que los y las lectoras acojan esta especie de “fresco” histórico que se propone en este libro.

  • Gracias por sus respuestas.

A usted, muchas gracias.

alejandro diana 600

 

 

 

 

 

 

 

 

Mateiral enviado a Aurora Boreal® por Diana Blanco Medina y Alejandro José López. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Diana Blanco Medina y Alejandro José López. Fotografia Alejandro José López © Lorenzo Hernámdez. Fotografía Diana Blanco Medina y Alejandro José López © cortesía Alejandro José López. Cubierta del libro Detrás de la luna © cortesia Editorial Universidad del Valle, Colombia.

 

Suscríbete

Suscríbete a nuestro boletín y mantente informado de nuestras actividades
Estoy de acuerdo con el Términos y Condiciones