1. "Prefiere la ruta del viajero antes que vivir en los templos", se dice en uno de tus versos (Poeta de utilidad pública). ¿Quizás hay aquí lo más profundo de tu ideario poético?
El poemario Poeta de utilidad pública es una suerte de "Arte Poética", que no da tregua formal por ser una cascada de metáforas, imágenes, hipérboles; se trata de un nombrar la poesía, no definirla en una frase. Decía Lezama Lima que definir es cenizar. En el título -extraído de un verso de Neruda- está una de las claves de ese ideario que preguntas: si es útil a la sociedad donde nace, si la poesía resuena en el ser humano y su historia, entonces sus oficiantes, sus trovadores, arrieros de la palabra, alientan y alimentan a sus semejantes.
2. En tus primeros poemas hay una búsqueda metafísica intensa. Descubres que el hombre, al saberse como tal, se sonrió sorprendido. ¿Todavía estás en esa búsqueda que hay que pensarlo todo?
Pensarlo todo, como totalidad, es algo pretencioso. Los primeros poemas tenían una fuerte carga metafísica; estudiaba filosofía e historia en la universidad, era el contexto dominante cuando me inicié en la literatura. Eso cambió muy rápido cuando el contexto se convirtió en conciencia del país, de la gente; ya para 1972 está trazada una formulación poética menos existencial y deliberadamente social. Pero recordemos que la poesía tiene alas infinitas, espacios que se expanden y es un magma en movimiento y no se agota ni remotamente en esas dos dimensiones.
3. Utopía en el "país imaginado" y nostalgia en el país de la memoria. ¿Cómo ves la poesía en el país del presente después de la entrega del Canal en 1999?
El libro El país iluminado es la continuidad de otro libro El Mar de los sargazos, ambos son propuestas éticas desde la poesía. La memoria no es sólo recordar, es mucho más abarcadora, profunda, irradiante. Llega hasta la célula primera de lo que estamos hechos. Historia plena en todas direcciones. En lo que se refiere a Panamá, con la entrega del Canal cambió para siempre la naturaleza misma del país, de su "corpus" telúrico y se abrió hacia otro destino, que dependerá de nosotros si es para mejor o para un nuevo secuestro. Resuelto el trauma colonial y lograda la independencia real, desaparece la realidad de opresión externa, los escenarios cambian, somos nosotros ahora en nuestra tierra. Ello abre enormes posibilidades para la exploración poética y nuevas propuestas y temas que estaban allí pero que se han liberado al cerrarse el milenio.
4. García Lorca nombró a New York la Babel de Hierro. ¿Y cuál es la posición del poeta con respecto a la "nueva" ciudad del Pacífico que se levanta en el umbral del siglo XXI?
Una parte importante de mi poesía está escrita en y sobre esta ciudad que conozco como la palma de mi mano. Dentro de unos siete años arribará a 500 desde su fundación. Nuestra capital, como asentamiento humano, es de un valor americano inmenso y denso, a lo largo de la historia. Creo que la educación no nos da aún suficientes elementos para asumir esta dimensión. Y también, por paradoja, aquí pasó todo y de todo. Fue achicharrada e invadida, creció estrujada, fue segundona en tiempos decimonónicos; hoy, algunas desmedidas usuras y especulaciones están presentes y actúan al margen de los ciudadanos y sus necesidades e imprimen un caos insalubre. Ninguna modernidad debe reñir contra la vida de los habitantes y cerrar los espacios de la cultura.
5. La figura de la abuela es lugar de la tradición y la memoria. ¿Crees que la nueva generación de poetas ya habrá renunciado a ella?
Ardor en la memoria y muchos otros poemas míos se inscriben en esa tradición recurrente del mítico personaje que cruza por el tiempo y nos trae lecciones, ejemplos, memoria e incluso, identidad. Durante cientos de años literarios ella ha permanecido entre nosotros, es nuestra sangre. ¿Por qué tendría ella que partir ahora? ¿Qué motivo habría entre los poetas jóvenes para renunciar a su raíz?
6. En El Mar de los sargazos la voz poética anuncia un mundo donde hay un solo idioma, una sola sabiduría y un solo aprendizaje. ¿No podríamos soñar con un mundo más democrático en ese mar, precisamente, después de la caída del muro de Berlín?
El poemario El Mar de los sargazos es una plasmación poética, idílica quizás, precisamente de una convivencia humana, democráticamente avanzada, con participación y poderes que rinden cuentas de sus actos; apela a la existencia de un mundo donde la democracia no se corrompa y el elegir y ser electo no pase por ambiciones y sólo el dinero, como quien se vuelve loco por atrapar un vellocino de oro. Un idioma común, una sabiduría, un aprendizaje, sintetiza una especie de unidad de todo lo diverso; ese mundo plural se pinta una y otra vez en el libro; esos seres, concertados en el esfuerzo supremo de alcanzar, desde el agua, el aire y la tierra, aporta cada uno sus supremas fortalezas. No se propone una uniformidad, sino lo contrario, el sueño de entendernos y encontrarnos en la construcción común y no en la destrucción. Si se observa, el libro es un desbordamiento positivo de ese mar para iniciar la caminata hacia los espacios de la tierra.

Luis Pulido Ritter
Es doctor en Sociología y Filosofía por la Universidad Libre de Berlín. Ha escrito Matamoscas (poesía 1997), Recuerdo Panamá (novela 1998; 2005), Sueño Americano (novela 1999), ¿De qué mundo vienes? (novela 2010). Actualmente vive en Berlín. Escribe para el periódico La Estrella de Panamá y colabora con Aurora Boreal®
Entrevista enviada a Aurora Boreal® por cortesía del escritor Luis Pulido Ritter. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Luis Pulido Ritter. Foto de Luis Pulido©Christian Olguín. Foto Manuel Orestes Nieto© Luis Pulido Ritter. Entrevista para Aurora Boreal® y La Estrella de Panamá.




