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Puro Cuento

'El pastor' - fragmento de novela, Gilmer Mesa

gilmer mesa 250

Gilmer Mesa: Medellín, Colombia (1978). Ha publicado la novela La Cuadra con el sello editorial Penguin Random House con la cual además se ganó el XII concurso de novela y cuento de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia 2015 y un cuento llamado “Año nuevo” en la colección de cuentos colombianos Puñalada trapera de la Editorial Rey Naranjo (2017). Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Desde el 2007 ha ejercido la docencia en diferentes universidades de la ciudad y actualmente se desempeña como profesor de hora cátedra de la UPB con las asignaturas de Política y Geopolítica y del Tecnológico de Antioquia con las materias de Desarrollo Sostenible e Investigación. También ha trabajado como productor y locutor de programas culturales sobre música popular.

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El caballo del viento y la muchacha desnuda

milciades arevalo 250Un sueño es una escritura, y hay muchas escrituras que sólo son sueños.
Umberto Eco.

 

El día que leí mi primer poema comenzó mi desgracia.

Si bien es cierto que ya había leído a Blake y a los poetas judíos de Toledo, todavía no era capaz de confundir a la congregación con poemas de este tenor: Ecia vlume veldé, eninoc qu, que en idioma vulgar no era otra cosa que una letanía de amor. Tal vez por eso y solo por eso, y también para castigarme contra las tentaciones del mundo, el prior del monasterio me mandó a refrescar el magín al río.

No había terminado de saborear el agua, que a esa hora de la tarde era de vidrio, cuando vi a unas muchachas bailando en la orilla opuesta al son de un laúd, tanto que no parecían lo que eran sino plantas ornamentales, parte del paisaje –digo, es un decir-. ¡Oh, hermosas muchachas!

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Me quiso hasta la muerte

miguel rodriguez 251Hasta la muerte, eso es lo que dijo, que me querría hasta la muerte, y yo la creí, renegando de los consejos de mis próximos, para quienes el amor acaba por menguar y con el tiempo se rinde al cansancio y a la sensación de muerte. Con ella nunca fue así; desde que nos conocimos, desafiábamos el hastío, la monotonía, se nos quedaban cortas las horas del día, de noche leíamos y nos amábamos entre líneas, todo en nosotros crecía, todo se desarrollaba, también la sensación de muerte, pero no de final, solo de muerte, como si ésta fuera a dar paso a otra cosa, a algo más intenso incluso que llevara a mi compañera a renovar su juramento. Así fue haciendo ambas cosas, quererme y matarme, sin aspavientos ni alardes, ella era así, me lo contaba siempre todo; ‘los detalles, amor, es lo que marca la diferencia entre una vida mediocre, obsesiva o feliz’, y ella me lo contaba todo feliz y obsesivamente. Por eso me extrañó que esto – su amor hasta la muerte – me lo anunciara sin detalles, como si fuera algo que ya estuviera decidido o previsto, como si ya hubiera sucedido y tan solo tuviera que hacerse realidad y materializarse, algo de lo cual yo acababa de enterarme: me querría siempre, hasta la muerte, pero ahora protocolariamente. Uno no se puede morir así, sin detalles, como tampoco puede amar así, sin más, como si se tratara de un amor de turno.

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Si alguna vez los pájaros asoman

santiago:vesag 250Pienso ahora, ya después de dos años de haber atestiguado lo que aquí voy a narrar, que si bien sigo sin ser un hombre de fe, caería por insensato si siguiera siendo el mismo escéptico que era antes de que esa pareja llegara hasta este lado del Llano en una burra. Me era necesario este escepticismo obsesivo para mantener la cordura, pues de otro modo el terror me habría perforado las sienes, ya que el cementerio junto con el que se había instalado este caserío se encontraba a unos diez pasos desde la puerta de mi casa. Brizaban en la llanura las corrientes de agosto, y el árbol seco que se encontraba en medio del cementerio crujía con el viento nocturno. Su sombra, proyectada por la luna, se escurría entre mi habitación a través de la ventana. Fue por estos días de calor y viento que llegó la pareja joven que, pensé, venía persiguiendo delirios de oro.

-No señor- dijo el joven que apoyaba los codos sobre la mesa mientras sostenía una copa de ron con ambas manos, -nosotros venimos de la selva, pero nos espantaron los pájaros.

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Las pisadas del insomnio o sinfonía de la incertidumbre

 ana maria fuster 250Crónica personal del huracán maría en cinco jornadas

 

a los sobrevivientes puertorriqueños del otro huracán que vino después

 

Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pie.
--Dúo dinámico

 

Las pisadas de este insomnio han sido pequeños alfileres en espiral que me llevan una y otra vez a esas doce horas, a las siguientes dos semanas, unos 29 o los posteriores cuarenta y tres días, los insospechados ochenta días, interminables rotaciones sobre el cono de incertidumbre. Y me perforan poquito a poco las corazas. Son estos bocetos de una isla silente y fragmentada donde la empatía es voz y la esperanza, una polifonía en cinco movimientos al otro lado del puente, de la que aún solo percibimos susurros. Pero allí está y estaremos.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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