Aurora Boreal

Jueves, Nov 15th

Last updateMar, 13 Nov 2018 10pm

Home > Actualidad > La columna de Ricardo Bada

La columna de Ricardo Bada

CARTA DE ALEMANIA (39)

Herman Braun–Vega

Hace años, de camino a Holanda en el tren de Colonia a Ámsterdam, a nuestra derecha, al otro lado del pasillo, viajaba un hombre joven con la computadora portátil abierta ante sí, y los auriculares de un walkman taponándole los oídos. Sentado frente a él, en diagonal, un viejo holandés de cara como sacada de un cuadro de El Bosco, pantalones de recia pana, camisa a cuadros, chaqueta de un corte anticuado, y leyendo un libro alemán asimismo de antigua data, lomo de piel y filetes dorados, ¡y todavía en alfabeto gótico! Casi parecía que estuvieran posando para un cuadro del peruano Herman Braun–Vega, como los que habíamos visto pocos días antes en París, en una exposición de su obra en la Maison de l’Amerique Latine.

Y ahora vaya por delante la aclaración de que no soy un entendido en pintura, nada más puedo hablar de unas sensaciones experimentadas en presencia de unos cuadros. Y los de Herman Braun-Vega me dejaron una impresión duradera. No son de los que se olvidan fácilmente, porque concilian el destello de la creación personal con la canibalización, como la llamaba Raymond Chandler, de toda la historia de la pintura anterior a él. O al menos de la obra de aquellos pintores que parecen ser sus más queridas referencias: Rembrandt, Vermeer, Picasso, Goya, y sobre todo Velázquez, a cuyas Meninas les ha dedicado Braun–Vega 53 variaciones visuales y un estudio minucioso, por escrito, del misterio de su composición. Confieso que me seduce más la interpretación que nos diera en su día Antonio Buero Vallejo, pero ya dejé dicho que no soy experto en la materia.

Leer más: CARTA DE ALEMANIA (39)

CARTA DE ALEMANIA (38)

Eduard von Keyserling

Cuando comencé mi trabajo de investigación y documentación a fin de escribir un artículo sobre Eduard von Keyserling, en ocasión del centenario de su muerte (28.9.1918), me dije que se trataba de una tarea peluda, como la llamaría Cortázar; y ello porque en el ámbito de la lengua española sólo se conoce al sobrevalorado Hermann Graf [=conde] Keyserling, a través de sus Diarios de viaje de un filósofo y de sus Meditaciones sudamericanas, libros muy comentados en sus días y entre los hispanoamericanos, si bien hoy ya no le interesan a nadie, ni siquiera a los alemanes. Pero Eduard von Keyserling, si acaso lejanamente emparentado con el antaño famoso conde, es harina de otro costal, es una harina de la que se hacen la baguette francesa, la ciabatta italiana y el pan candeal de Castilla (¡ahí van tres pleonasmos seguidos!), de corteza crujiente y blanda miga... Lo curioso del caso es que aunque se trata de uno de los más grandes escritores de su idioma en el siglo pasado, tampoco a él lo conocen los alemanes.

Es a decir verdad acongojante y exasperante lo poco que hay en alemán acerca de él y de su obra, pese a que fue el más valioso de sus escritores impresionistas, no sin haber pasado antes por el sarampión de la novela socialmente comprometida. (Me recuerda el caso de Jorge Amado con su trilogía Los subterráneos de la libertad, ¡abominable!, escrita todavía bajo la férula del realismo de cuño socialista, y cómo por dicha rompió con ese fantoche al pergeñar la inmortal Gabriela, cravo e canela). Así pues, sacar adelante un artículo medianamente informativo acerca de EvK cuesta poco menos que sangre, sudor y lágrimas, pero creo que vale la pena dar a conocer al público lector en lengua española una obra tan tocada por la gracia como la de este ciego que desde 1906 tuvo que dictar la mayor parte de esa obra a tres de sus hermanas. ¡Qué precioso debe de haber sido para él su sentido de la vista! Me basta con recordar dos líneas de Olas, donde le dictó a su hermana Elise: «¡Qué maravilloso! ¡Color, color! ¡y qué color! De él se podrían recortar cien mil mantos para Madonnas venecianas». Cerrando los ojos consigo figurarme a Elise escribiendo esas palabras con lágrimas en los suyos. Su hermano ciego le hacía ver cosas que ella jamás hubiera sido capaz de ver aun teniéndolas a la vista.

 

* * * * *

 

Leer más: CARTA DE ALEMANIA (38)

CARTA DE ALEMANIA (36)

El arte de leer en la cama

Una amiga costarricense me sugirió desde Ontario que habría que escribir algo sobre «¿Qué tan importante es para usted una mesa de noche?», y como yo no la tengo decidí hacer una encuesta entre 176 amigas urbi et interneti, garantizándoles el anonimato para sus respuestas.

Helas aquí, mínimamente identificadas, sólo para que se vea el área geográfica cubierta.

La primera me llegó desde Los Ángeles, una amiga colombiana: «Sin mesa de noche, dónde deja uno las gafas, las gotas para poder abrir los ojos por la mañana, el libro, la lámpara para leer. En el cajón van la libreta de apuntes, el lápiz, el cortauñeros, el humectante para los labios ¡y la linterna! La mesa de noche es indispensable».

 

Leer más: CARTA DE ALEMANIA (36)

CARTA DE ALEMANIA (37)

La Historia con cuentagotas

Hay quienes sólo pueden pensar la Historia en grandes dimensiones. Pero también hay quienes la paladeamos “a pequeñas diócesis”, como decía aquel camarero de La del manojo del rosas, al que por lo aparentemente sabio de su idioma llamaban “el Espasa”, en alusión a la célebre Enciclopedia. Lo que siguen son unas 40 instantáneas que no alcanzan a ser, como en el libro de Stefan Zweig, momentos estelares de la Humanidad, pero la iluminan mucho. Casi a giorno.

* * * * * * * * * *

Cortesano esperando ser nombrado embajador: Sire, ya sé español.
Luis XIV: Te felicito, ahora podrás saborear el Quijote en el original.

* * *

En Madrid, a un mendigo: –¿No le da vergüenza practicar este oficio infame pudiendo trabajar?
Mendigo: –Señor mío, os he pedido dinero, no consejos.
(Recogido por Voltaire en su Diccionario Filosófico)

* * *

Leer más: CARTA DE ALEMANIA (37)

CARTA DE ALEMANIA (35)

El telenoveñol, en Noruega y los Balcanes

El cliché dice que en el futuro todos hablaremos inglés. Pero contra el cliché suele haber siempre un antídoto, en este caso embotellado en forma de telenovelas y discos compactos en español. Y no sólo en esa forma. Mi esposa neerlandesa –que tan sólo domina el alemán y el español, además de su lengua materna– emprendió hace un par de años un viaje de dos semanas por Noruega, y aunque iba acompañada de una amiga que habla inglés, y una pareja joven que chapurreaba además algo de noruego, sentí cierta inquietud por la fluidez de su comunicación con la población indígena.

Al regresar a Colonia, y cuando le pregunté si había tenido oportunidad de contactar con gente noruega, me contestó que sí, y que como los noruegos se recusan a hablar en lengua alemana (cosa perfectamente explicable si recordamos los años de la ocupación nazi), pues que lo había hecho en español. Esta respuesta de mi mártir me sorprendió tanto que empecé a investigar el grado de difusión de mi idioma en la patria de mi bienamado Ibsen. Y descubrí algo sorprendente.

Leer más: CARTA DE ALEMANIA (35)

Los amigos invisibles - próxima publicación

Sample image

AURORABOREAL® para los amantes del español.

ISSN 1903-8690  Versión digital.
ISSN 1902-5815   Versión impresa.

Aurora Boreal® es una marca registrada.
Aurora Boreal® no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores.

Aurora Boreal® la revista para los amantes del español que hacemos desde Dinamarca.

Aurora Boreal® es la plataforma digital de la Editorial Aurora Boreal®  CVR nr. 37034584