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Mini Relato

Dos textos de José Ben-Kotel

Jose ben kotel  250De Paradoxas

 

El infinito de un Carmen perfecto

 

El infinito es lo que buscaba encontrar desde que tuvo noción de que éste existe, después de leer el Carmen XXV de Optaciano Porfirio. El poeta romano –casi desconocido en la posteridad, traducido del Latín por el poeta salmantino González Iglesias– a partir de cuatro versos transformó la caducidad del ser, por medio, en su caso, de un poema que se generaba a sí mismo (de la mano de su creador) en otro poema y así sucesivamente, y por ende creó el infinito en su Carmen perfecto. Quiso él mismo, un ‘poeta’ contemporáneo, inventar el infinito por medio de la imitatio, tan manoseada por la academia, no la de ayer, la de ahora; pero no obtuvo el resultado que buscó toda su vida. Y a partir del poema antiguo, y para hacer justicia al ser humano, se puso a recrear la misma noción en lo más práctico, como por ejemplo la multiplicación de los panes. No le resultó, porque de mitos vivirá, en sentido figurado, el ser, pero no de falsedades. Y el pan sobre la mesa es lo que cuenta al final de todo, lo demás es mala poesía que la hay, y a raudales. No porque se imite se es lo imitado, le habrá dicho algún maese, experto en estas lides, a sus discípulos.

Más vale un pan en la mano que cien profetas volando. La verdad, la verdad (tartamudeando) el delirio intertextual nos puede llevar al ‘elogio de la locura’. Pues el adagio del pasado le cayó de perilla: Lo que natura non da… Usted, lector impío, finalice ese claro decir.

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Aurora

Óscar llegó a tientas al baño y después de orinar se miró las palmas de las manos. Éstas estaban secas pero muy sucias, como también lo estaba su erecto pene y el vello que le cubría el pecho. Se le comenzaba a despejar la vista después de un largo sueño. Todo en el piso olía a azufre y a sexo. Se lavó la cara, se sentó en el salón y encendió un cigarrillo que Aurora había dejado a medias.

Se lavó las manos extrañado porque no recordaba mucho de la noche anterior. Debían ser ya cerca de las once de la mañana. Cogió el teléfono y mientras marcaba el número de Aurora iba recordando algunas cosas: como cenó con ella mientras veían la televisión, como hicieron el amor después de la cena, como ella le dijo que no podía seguir así, que nadie podría entender lo que tenían, y que, además, no le amaba. Colgó el teléfono, ella no se había ido. Pero qué raro, se preguntó, si ni siquiera quería quedarse a dormir… Entonces recordó la rabia que sintió después de eyacular sobre su vientre: ella le miraba sonriente pero difusa; no comprendía que él vivía perdido en eso mismo que hacían cada noche. Eso que ella consideraba un juego que tenía que terminar.

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Seis minirrelatos de Horacio Peña

jardin cassia 250LA ETERNIDAD

—No abra esa ventana— le suplican a la mujer . Si la abre, comenzara el diluvio universal de la eternidad,
y no tenemos el arca milagrosa para salvarnos—.
—Yo soy la eternidad— contesta la mujer.
Y abre la ventana.

 

 

EL MAL

 

—No cierre esa puerta— le gritan. Si la cierra, empezara el reino del Mal. El Mal será el Señor del Mundo—.
—Siempre ha sido el Mal el Señor del Mundo,—responde. Nosotros somos el Mal.
Y cierra la puerta.

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Una mujer y una calle

cecilia vetti 250En su cara llovía la tristeza y luego quedaba detenida en sus mejillas como no queriendo caer.
Toda lluvia luego tiene un resplandor, me dije. Cuando parpadeó, sus ojos fueron un abrazo donde escondí mi propia pena.
Los dos estábamos solos en una calle que no tenía medida y en la que nunca podríamos transitar totalmente. La pensé así: una calle sin medida porque al final una oscuridad la hacía parecer tenebrosa.


Nos sentamos en una pared baja que sabía a humedad y jazmines. ¿Qué se puede decir cuando no se sabe nada del otro? Cuando el otro es un puente para cruzar nuestra soledad.


Las miradas alcanzan un siglo de parpadeos y preguntas. Toda la lluvia de su cara se había guarecido en un charco y desde allí nos miraba con curiosidad. No sabíamos que decir, solo nos quedamos quietos como si todo nuestro interior nos encomendara al silencio. Y el silencio nos unía convocándonos a un plano superior; individuos de una dimensión distinta.

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Extinción

enrique morales 250Hey Mr. Dinosaur,
You really couldn't ask for more.
You were God's favourite creature,
but you didn't have a future.
Sting, Walking in your footsteps.

 

Ya desde el principio vio que el dinosaurio no le haría caso. Era tan arrogante que ni le prestaba atención. Apenas le miraba como con lástima: cómo iba a estar en peligro el animal más grande de la creación, la criatura favorita de Dios. Él, sin embargo, iba todas las tardes. Pero no había forma de convencerles, ni a él ni a su pareja. Por fin el séptimo día le dijo:
—Dinosaurio, ya no insisto más. El tiempo se acaba. Mañana temprano nos vamos todos, con o sin vosotros. Si te empeñas en seguir ahí sin hacer nada, luego no digas que no estabas avisado.
No recibió más respuesta que la indiferencia de costumbre. Como empezaban a caer las primeras gotas, se fue a dormir con su familia. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Así que dándolo finalmente por imposible y bajo una lluvia ya torrencial, aquel mismo día entraron en el arca Noé y sus hijos, Sem, Cam y Jafet…

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