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'El pastor' - fragmento de novela, Gilmer Mesa

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Gilmer Mesa: Medellín, Colombia (1978). Ha publicado la novela La Cuadra con el sello editorial Penguin Random House con la cual además se ganó el XII concurso de novela y cuento de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia 2015 y un cuento llamado “Año nuevo” en la colección de cuentos colombianos Puñalada trapera de la Editorial Rey Naranjo (2017). Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Desde el 2007 ha ejercido la docencia en diferentes universidades de la ciudad y actualmente se desempeña como profesor de hora cátedra de la UPB con las asignaturas de Política y Geopolítica y del Tecnológico de Antioquia con las materias de Desarrollo Sostenible e Investigación. También ha trabajado como productor y locutor de programas culturales sobre música popular.

 

Inédito

 

El Pastor

Walter no fue el pastor López toda la vida, antes cargaba con su nombre de pila a cuestas y su falta de fe intacta y con ellos iba a donde lo llevaba la vida, era otro de los Sanos, un muchacho tranquilo que un día después de transitar sin novedad la adolescencia incierta de un barrio como el nuestro se vino a enamorar de una muchacha de su misma edad y condición social llamada Marisa, fueron el primer amor el uno del otro y juntos encontraron las mieles del afecto, los abismos del deseo y la proyección temprana de una vida unidos, pero como todo se desgasta o se corrompe, un día después de cinco años de noviazgo y un acumulación de planes conjuntos, la muchacha que había ingresado a estudiar enfermería en la universidad se enamoró de un compañero de clase y abandonó rotunda e irreconciliablemente a Walter, dejándolo sumido en el más absoluto despecho y las más astrosa ruina amorosa, el amor es perro a veces y después de mostrarnos su dulzura simpar durante un largo tiempo instala de un momento a otro su corrosión mortal, sin aviso, sin retorno, y sin que podamos entender su tránsito de un estado al otro, porque los síntomas estaban disfrazados de connivencia cotidiana y solo aparecieron como tales cuando ya eran enfermedad incurable, Walter quedó desecho e hizo el largo y sinuoso periplo del desquerido, primero la buscó y le prometió mejorías de todo tipo, desatrasos económicos, correcciones de genio, rehabilitaciones románticas, abandonos de familia y amistades y hasta recomposiciones físicas, cualquier cosa con tal de retenerla a su lado, en el colmo de la desesperación le propuso matrimonio, pero la mujer se mantuvo impertérrita y displicente frente a los envites del sufrido muchacho, pues en su haber ya no sentía nada por él y lo poco que pudiera albergar de afecto en su corazón estaba nublado por el encanto que suscitaba el nuevo pretendiente, porque a diferencia de los hombres que decimos, creemos y a veces sentimos que podemos querer a varias al tiempo en lo profundo del alma femenina solo hay cabida para uno, pueden estar con miles pero quieren a uno solo y es tanto su compromiso y tan alta su entrega a ese único amor que una vez que concluye es igual de categórico y no hay manera de revivirlo, ni volviendo de revés el mundo, reptando en sus lodos paso al odio cerrado y cruel pero mal dirigido, primero hacia el novio a quien decía que iba a matar en cuanto lo viera y después a todo aquel que él sospechara que había influido en la decisión de ella de abandonarlo por su cabeza en lista negra pasaron sus suegros, los amigos y amigas de Marisa, los vecinos y sobre todo los compañeros de estudio con esa particular manera que tenemos las personas de buscar culpables en todo el mundo excepto en quien porta verdaderamente la culpa, para hacer menos duro el afrontar que los únicos culpables de nuestras desgracias amorosas somos nosotros mismos, con el rencor le llegó la bebida que tiene los brazos siempre dispuestos para el apenado y que sostiene cuando todo lo demás se ha cansado, que acompaña cuando todo lo restante es abandono, que cobija cuando no queda más que frio en el ánimo, y que escolta cuando todo es soledad, ahí fue cuando nos encontramos y nos hicimos amigos de verdad, pues yo ya llevaba un tiempo largo de borracho asiduo y consuetudinario y como ya no frecuentaba la esquina hacia años, me había ido amigando con los Sanos, a quienes les decíamos así porque su vida no orbitaba en torno de la esquina y el pillerío no porque en efecto lo fueran, no al menos literalmente y todos bebían mucho aunque en ese momento Walter más que todos, de manera que encontré en su despecho una buena oportunidad de acompañar mis bebetas solitarias y él encontró en mi un oído dispuesto para aguantar sus interminables peroratas sobre lo puta que es la vida y lo miserable del amor, aunque éramos dos borrachos distintos mientras yo bebía porque anhelaba el recuerdo él bebía porque quería el olvido, así nos convertimos en amigos ebrios e inseparables durante un tiempo brumoso que ninguno de los dos recordaba muy bien pero que sirvió para que mantuviéramos la amistad durante toda su vida y así pude conocer su transformación de Walter un muchacho borrachín y angustiado en El pastor López, líder de un grupo evangélico fanático y contumaz que tiene una iglesia de una manzana en el barrio y que acoge a más de dos mil feligreses, todo empezó en las noches de farra cuando al terminarnos hasta la última gota de alcohol que podíamos granjearnos, mientras yo me iba quedando dormido en el sofá de su casa, él retornaba a su dolor intenso por la pérdida de Marisa una vez disipadas las nubes de alcohol con que lograba acallar por momentos las voces y las imágenes horrendas de su cabeza y se quedaba llorando en silencio, dejando que las lágrimas brotaran en raudales sordos que goteaban en el suelo hasta que de un momento a otro se imaginaba a su amada en brazos extraños y se paraba a darle golpes a las paredes con la mano desnuda hasta que sangraba, ahí me despertaba yo y lo contenía algunas veces, otras era su madre quien se avenía a tratar de domar a la fiera que se desataba en Walter cada vez que se imaginaba a su amor siendo amada por otro, doña Virginia era una señora amable y evangélica que había cambiado sus creencias religiosas cuando su único hijo ya estaba grande y si bien trato por todos los medios de la persuasión de atraerlo a su nuevo credo al no conseguirlo lo dejo tranquilo y aprendieron a llevarse bien sin abordar temas álgidos para ninguno de los dos, como eran la religión de la madre y el noviazgo del hijo con Marisa, quien desde el principio levanto sospechas en la señora por considerarla una mujer brincona y desenvuelta, como debían parecerle todas las muchachas de esa edad que no estuvieran en su iglesia a doña Virginia, esa es una de las primeras cosas en que interviene la religión para conseguir adeptos, en insuflar un sentimiento de superioridad moral en sus miembros que los hace juzgar a los demás como inferiores por no compartir sus más primarios temores expresados en bisutería ideología contra el cuerpo y las libertades civiles, de manera que cuando Walter cayó en desgracia su madre se limitó a acompañarlo desde sus oraciones y a la distancia y a alegrarse en secreto pues creía como en efecto aconteció que ese dolor acercaría a su hijo a la religión si sabía hacer bien el trabajo de engancharlo y mostrarle a Dios como la cura para su mal o sino al menos como el auspiciador próvido de su venganza, de manera que cada que entraba en una de esas crisis la madre se le acercaba con firmeza pero con suavidad a la vez y le decía que no se atormentara más, que después iba a conseguir una buena mujer y quizás terminaría queriéndola más que esa Marisa como ella le decía y a la final hasta casándose, ¿quién quita?, y luego le reprochaba que esa no era manera de enfrentar el sentimiento, que le hacía falta Dios y buscar los caminos de la fe, lo decía segura pero sin insistencia y al no encontrar rebote en el hijo nos llamaba y nos daba plata para que siguiéramos bebiendo pero con la condición de que yo llamara a mi casa y que tomáramos adentro con ella vigilándonos, como en realidad nuestra única intención era atarantarnos no importaba realmente donde fuera con tal de seguir dándole al chupe y su mamá lograba tranquilizarse un poco, ella supo hacer un trabajo fino porque poco a poco fue derribando los diques que a punta de indolencia el hijo le proponía, y este fue cayendo cada vez más bajo en su debacle, cuando el alcohol se le hizo insuficiente para el aturdimiento que requería, empezó a meter mariguana y la cuadra 375luego perico, pepas y todo lo que le prometiera un mínimo de paz a su afiebrada recordación, llevó tanto al extremo el consumo que un día colapsó, llevábamos bebiendo tres días con sus noches, suspendiendo apenas para tomarnos unas sopas destempladas que su madre dejaba hechas antes de irse para el trabajo o la iglesia o para tomar una siesta minúscula entre dos borracheras, cuando me desperté en medio de un cementerio de botellas vacías y regueros de todo tipo y vi a Walter que de un momento a otro daba un grito extraño y caía convulsionando y volteando los ojos, me invadió un terror de espanto porque creí que se estaba muriendo, después del pasmo primero logré acercarme y vi que estaba respirando pero que tenía los ojos de revés y estaba botando un espumarajo de sangre por la boca, torpemente logré levantarlo y mientras lo hacía pareció volver en sí, pero estaba desacertado y muy tembloroso, le dije que me lo iba a llevar para el hospital y él no lograba hilvanar palabras, como pude lo saqué, tome un taxi y lo llevé a policlínica, en donde después de atenderlo, le dijeron a su madre a quien avisé en cuanto pude que había sufrido un ataque de epilepsia etílica, que había mezclado drogas con alcohol y que el cerebro no había aguantado y se había desconectado, que por suerte estaba joven y todo se había saldado con un breve ataque, que si seguía así podría darle en una de esa una embolia, una isquemia o un aneurisma, y que cualquiera de las tres era fatal, la madre al escuchar el diagnostico me miro como increpándome pero al segundo volvió a cubrir su rostro con el manto de bondad con que siempre la conocí y solo me dijo- ay mijo, si ve si ustedes siguen así se van a salir matando, mi muchacho al menos tiene la disculpa del desespero por esa muchacha, ¿pero usted?- yo que ya estaba empezando a sentirme amurado apenas le contesté- si señora, usted tiene razón- que era todo lo que podía decirle como respuesta, a los dos días salió Walter del hospital sin ninguna secuela física pero con el ánimo en lo profundo del abismo, y se encerró en su casa y no quiso beber más, tiempo después me enteré que fue en esos días cuando la mamá valiéndose de la culpa del muchacho y de todo su empeño amoroso logró conquistar el esquivo corazón del hijo y volverlo a su redil, encaminarlo en la ruta que ella creía que lo salvaría, empezó leyéndole salmos y oraciones que interpretaba excéntrica y acomodadamente como su pastor le había dicho que hiciera y en una de esas obró el milagro y Walter vio con caridad lo que siempre había estado oscuro, su amor era una prueba y él tendría que superarla, pero también su desamor había sido una afrenta y se la cobraría con odio, de manera que abandonó la borrachera pero quedo palpitando rencor en estado puro, todos los otros síntomas se le quitaron con el acceso salvo el odio, ese le quedó intacto, un aborrecimiento ciego y agrio, visceral y riguroso contra todo y contra todos pero en especial contra Marisa y por extensión contra las mujeres, cuando fui a visitarlo aún convaleciente me dijo que dejaba la bebida porque no se pensaba matar, porque no le iba a dar el gusto a esa hija de puta, que se iba a mantener vivo y bien para verla caer, en otras palabras iba a mantenerse para poderla odiar e iba a hacer de este sentimiento su proyecto y su motor en la vida y encontró en la religión y en su iglesia el conducto más expedito para encaminar su propósito, se aficionó a leer la biblia, en especial el viejo testamento, aunque era contrario a lo que su Pastor predicaba que se sustentaba en el nuevo, a él el Dios antiguo le encantaba por rencoroso y malvado, renuncio a cualquier contacto con su antigua vida y se entregó por completo a la religión y su iglesia, cambio sus rutinas, se vestía como aconsejaba su doctrina y hablaba ampulosa y figurativamente, no nos veíamos con frecuencia pero cuando coincidíamos en alguna calle me saludaba efusivo y yo le correspondía de igual manera, parecía que yo no había entrado en su lista de renuncias y al tiempo me lo confesó cuando nos tomábamos un whisky en su casa de un barrio lujoso a la que me invitó el día en que la compró, me dijo que siempre había guardado un grato recuerdo de nuestra amistad y que se consideraba en deuda eterna conmigo por haber estado con él en ese momento tan amargo de su vida, a los seis meses de estar asistiendo regularmente a su iglesia y de ser tenido como un miembro activo de la comunidad de feligreses su Pastor le ofreció ser su ayudante personal y él acepto de inmediato alborozado, era el primer escalón en su ascenso hacia lo que él consideraba una mejor vida, ya había fraguado en su mente el plan maestro con que se cobraría la ofensa que su ex novia le había prodigado, se haría rico y conseguiría por medio de la religión la obediencia y el respeto que le había negado Marisa y con ella el mundo entero, de manera que volverse asistente del Pastor era un paso de suma importancia y lo mejor que le había pasado desde que fue abandonado, se aplicó con devoción de discípulo a atender a su Pastor, hasta llegar a adelantarse a sus deseos lo que le ganó la estima y la confianza irrestricta del líder, así fue aprendiendo los trucos para enganchar gente apelando a sus más oscuros deseos y a profundizar en sus esperanzas, dándole largas a lo necesario y resolviendo por encima lo mediato, aderezando esto con discursos enfáticos y una robusta carga de oraciones repetitivas y sofocantes, siempre atendiendo al Pastor, copiándole los gestos y absorbiendo sus maneras se hizo a un nombre y un estatus en su comunidad, ya la gente lo miraba con admiración por ser el alumno dilecto y con respeto por ser una copia creíble del ministro, por eso cuando este último quiso expandir sus dominios y mandó construir una sede de la iglesia de diez hectáreas en un barrio central en donde atendería con holgura a una grey siempre en crecimiento, y en donde de tan grande hasta Dios sería difícil de encontrar y de tan lujosa hasta al Espíritu Santo se le prohibiría hacer un nido, dejó la habitual sede del barrio en manos de su más entusiasta colaborador, fue así que a los dos años de haber empezado a frecuentar la iglesia Walter se volvió el Pastor López, y comenzó un ministerio plagado de artificios, corrupciones, latrocinios y odios de todo tipo, durante ese tiempo nuestros encuentros fueron esporádicos pero siempre amables, a diferencia del resto de la barra de los sanos que le habían cogido la mala por santurrón y decían que se había vuelto muy creído y que los saludaba como si fuera de mejor familia, lo cual era cierto pues desde que era pastor y pese a que la gente se burlaba porque su título y su apellido recordaban a un cantante de música tropical, él caminaba por el barrio como perdonando al aire por darle de lleno en su mentón erguido, conmigo en cambio mantuvo no solo una buena amistad sino que de un tiempo en adelante nos frecuentamos mucho y siempre fue igual que cuando bebíamos incluso conmigo se permitía según él, el placer culposo de un par de whiskies, en esas charlas hablaba sin recelo de su vida y sus acciones pues entendía que yo a pesar de no estar de acuerdo en casi nada de lo que hacía en su nueva vida, no lo juzgaba y más importante que eso no le representaba ningún peligro, creo que en el fondo él sabía que a pesar del dinero y el poder que iba conquistando seguía siendo el mismo muchacho de barrio que se había enamorado y perdido y que alguna vez tuvo otras ilusiones distintas a las de engatusar crédulos con engañifas retóricas y yo le recordaba esa época feliz, ( yo nunca creí en su transformación ni en dios y él nunca me quiso incluir en sus planes teníamos una relación buena y formal en donde primaba el afecto por encima de cualquier filiación las cuales además encontrábamos insuficientes para demeritar nuestra amistad y para enturbiar el recuerdo del padecimiento conjunto, pues nada une más a dos personas que haber sufrido juntas, ) algún día hablando en su casa después de explicarme como hacia para que la gente diera una parte de su salario a su causa yo le pregunté que si no le daba maricada timar a gente desesperada o a jubiladas que no tenían nada más en su vida y que de seguro descompletaban el mercado para contribuir a la iglesia él me miro socarronamente y me dijo, Vos y yo sabemos que es un timo pero ellos no, ellos creen en dios y en que yo soy su representante, una suerte de intermediario que les lleva sus recados y la verdad, todo el mundo necesita esa ilusión y yo lo único que hago es vendérselas en cómodas cuotas, como cualquier almacén de crédito, si no les saco el sueldo yo lo hace Flamingo hermano, es una transacción como cualquier otra solo que yo vendo divinidad y esperanza y ellos muebles pero es la misma vaina, y más lo viejos o jubilados como vos decís, la gente a medida que envejece se vuelve más creyente debe ser la cercanía de la muerte, que los hace pensar que la vida es corta y miserable y necesitan afianzar la ínfima gota de esperanza que les queda en la posibilidad de otra oportunidad después de muertos, pues lo contrario sería reconocer su fracaso y enfrentar su podre moral y física como la única recompensa por la vida frívola, falaz y absurda que han llevado, de manera que no, no me siento mal, mal se van a sentir ellos cuando mueran y lleguen al vacío perpetuo a la nada impoluta y eterna, ahí si la van a ver negra, vos te imaginas la desilusión, pero yo no los engañé, ellos se engañaron solitos, prefirieron creer en un disparate que heredaron y que nunca cuestionaron que hacer algo por mejorarse como seres humanos, es la pereza de pensar yo soy apenas un tipo que hace el trabajo que los demás no quieren hacer, yo pensé y ellos me obedecen, a la gente le encanta que le digan qué tienen que hacer, cómo vestirse, qué música escuchar, hasta qué comer y cémo y cuéndo dormir, son felices siendo esclavos, entonces yo si pensé pero no lo hice en su salvación sino en la mía, porque hermano vida no hay sino esta vos lo sabes y mientras dure hay que hacer lo que toque por estar mejor que todo el que no quiso pensar como te digo es un trabajo que nadie quiere hacer y como trabajo se cobra solo que en este caso yo me pongo el sueldo y lo mejor es que nunca me van a despedir porque clientes siempre va a haber, hay más desesperados en el mundo que arenas en el mar y yo vendo la calma a ese desespero, que culpa tengo yo de que abunden los atribulados y no sean capaces de hacerse cargo de su vida pues yo les empaqueto y les pongo un moño a sus nadas y se las vendo como si fueran todos, y no soy yo, la religión ha hecho eso desde que existe, es decir desde que el mundo es tal desde la anciana noche en que un hombre primitivo tuvo el primer miedo a la oscuridad y la muerte y se inventó un sitio luminoso y bueno en su mente para poder dormir y lo fue amoblando y dándole forma para luego trasmitírselo a otros miedosos como él y vio que con ese cuento se calmaban, ahí supo que tenía un poder y empezó a ejercerlo y a sacar rédito de él, en última estancia solo hemos sido unos buenos narradores de historias, unos buenos actores que cobramos por la función. Su vida iba en ascenso económica y afirmativamente, la gente le creía y lo quería o lo que era lo mismo para su propósito lo respetaban y le temían sin embargo mantenía una rabia mala adentro que lograba disimular en su iglesia y con los particulares pero que afloraba en cuanto saltaba a la conversación el nombre de su ex novia, con solo nombrarla se le afilaba la mirada y le brotaban palabras vinagres y teñidas de inquina, lo que denunciaba que por más cortapisas y enjundias que se inventara o se pusiera en realidad seguía tan enamorado de ella como el momento en que lo había abandonado, su punto de quiebre llegó el día en que se enteró que Marisa se iba a casar con un alemán que había conocido en un paseo, un viernes a eso de las cuatro de la tarde sonó el teléfono de mi casa al atenderlo me encontré con la voz de Walter, descompuesto que desde el otro lado de la línea reclamaba mi presencia imperiosamente, y me comunicaba la noticia en medio de llantos y furias torvas, cuando llegué a su casa estaba medio ebrio como un cuba libre y llorando, ni siquiera me saludo sino que de entrada me dijo, mucha malparida interesada esa, se va a casar con un hijueputa gamín ahí, extranjero el malparido, yo traté de calmarlo y me puse a beber con él, las dos primeras horas fueron de improperios y llanto al cabo de las cuales recuperó un poco la compostura y pudimos hablar con algo más de tranquilidad, me dijo ya muy borracho que no había dejado de extrañarla ni un solo día y que por más esfuerzos que hacia no podía dejar de pensarla, que ese amor lo superaba y que enterarse de que se iba a casar lo tenía mal, que con eso si se le acababa la última gota de esperanza de reconquistarla que era lo que lo mantenía activo y con ganas de conseguir más plata y más cosas porque él sospechó desde el principio que ella lo había dejado por arrastrado y que a la final era así que demás que ella se iba a casar con el extranjero ese por interés, por plata, y un montón de argumentos de similar jaez en los que siempre se excluía él como persona, novio, amante o simplemente ser del motivo de la desidia de ella, todo hacía pensar en un desgaste natural de una relación juvenil pero él se negaba empecinadamente a ver lo que para cualquier otro hubiera sido claro, que en la vida el amor se acaba, que nada ni nadie es suficiente para ser eterno y menos un amor adolescente, que ella llegó al punto de agobio al que todos los amantes tarde o temprano llegan y empezó a encontrar intereses distintos a los de él y estos le trajeron nuevas sensaciones, deleites desconocidos y aventuras veladas y con esto novedosos amores a los que llegado su momento también les tocaría su fin, para Walter nada de esto era real, en su mente solo estaban sus argumentos y lo demás era arar en el mar, de manera que al percibir su terquedad y empecinamiento teórico decidí hacer lo único que puede hacer un amigo ante una situación tal, acompañarlo en silencio y beber con él, la mañana nos cogió argumentando en bucle sobre el mismo tema hasta que por la borrachera nos venció el sueño, al despertar me encontré con un hombre distinto, en sano juicio, recién bañado y hasta jovial, nada que ver con el guiñapo astroso de la noche anterior, sin embargo en su mirada se había instalado algo artero, maligno, vil que acompasaba con su sonrisa algo taimada y contraída, nos sentamos a desayunar y yo sin poder probar bocado me fui tomando solamente un jugo de naranja huérfano de vodka mientras él me decía, Qué pena hermano, toda la lora que le di anoche, uno borracho si es mucha gueva, yo le dije que fresco, que no había sido nada y que para eso estábamos los amigos, entonces le pregunte, porque estaba algo desconcertado con su actitud cordial y satisfecha, ¿y qué pensas hacer? Él mirándome sorprendido a su vez me contestó con una pregunta, ¿hacer de qué, o con qué?, yo le dije de inmediato y con gesto de obviedad, pues con el matrimonio de Marisa, él dejo ver una milésima de segundo una molestia idéntica a la noche anterior pero ahí mismo corrigió el gesto y me respondió sonriendo con sobrades como si no le afectara y como si no estuviera hablando con el tipo que se le aguantó la monserga y el llanto durante toda la noche, pues que voy a hacer, nada, desearles a ella y su esposo toda la suerte del mundo y encomendarlos a Dios para que los proteja y ayude, yo lo miré confundido y no dije nada, él no cambió su gesto arrogante y empezó a moverse hacia el lavaplatos diciendo que ya se nos hacía tarde para una cita que tenía, que donde me dejaba, yo no quise ahondar en el tema porque estaba muy maluco por el guayabo y porque entendí que la mejor manera de vencer su pena y de limpiar su orgullo maltrecho era hacer de cuenta que nada había pasado la noche anterior y que nada pasaba en su vida, hay gente que negándose las cosas logra mantener su posición frente a sí mismos, y disfrazan con jactancia sus quiebras interiores, para que el exterior no sospeche sus ruinas se empañetan de jactancia y sobriedad y eso les basta para resguardarse de sí mismos y de los demás volviendo en vanidad todos sus miedos. A partir de ese día, me enteré después de que pasara todo lo sucedido que en su iglesia encendió aún más su discurso ya de por sí telúrico y fogoso y se convirtió en un vigilante moral de las mujeres de su feligresía, no es que en realidad le importaran un carajo sus comportamientos sino que de alguna manera velada quería cobrarse genéricamente su ofensa, cobrarse en la mujer sustantivo la afrenta que según él le debía la mujer objetivo, se volvió cáustico en sus sermones en los que invitaba a las damas de su congregación a ser serviles y sumisas, y abominaba de cualquier tipo de poder o empoderamiento del género, llego a ordenarles cómo vestirse y motilarse, según lo que él consideraba adecuado, que no era otra cosa distinta a imitar la imagen y apariencia de su ex novia, pronto tuvo una cáfila de clones de Marisa, en las que intentó destruir lo que en ella no pudo, su ímpetu, su sustancia y su amor propio, las fue moldeando para que obedecieran a sus caprichos y pretensiones, fue cerniendo su manto de dependencia total de él sobre ellas a través de un discurso fuerte y persuasivo adobado de detalles puntales y reconocimientos públicos de sus bondades y esfuerzos, hasta que las tuvo a su completa merced y disposición y ahí si se aplicó a recoger en serio lo que sentía como un reembolso de la vida por su sufrimiento en torno a la mujer, con la primera de sus seguidoras que se acostó fue Clara una chica de 18 años venida de un pueblo que arribó a su iglesia de la mano de su madre, una devota en toda ley, que vio con muy buenos ojos como el Pastor prefería a su hija sobre otras aspirantes, una tarde de agosto le pidió a la chica que fuera a la iglesia tres horas antes de la ceremonia de la noche para que le ayudara con unos quehaceres, cuando la tuvo a solas en la oficina la atrajo hacia sí con dulzuras impostadas y proselitismo místico y devocional, diciéndole que Dios estaba mirando con buenos ojos su unión, que era el paso necesario para conquistar su beneplácito, la muchacha alienada por la retórica fácil y acomodada a lo habilitado en su cabeza por años de visitar la iglesia y de escuchar al pastor, cedió cómodamente a los deseos del hombre, apenas termino la copula difícil y torpe por la doncellez de la mujer, sintió un asco premonitorio y le pidió a la joven que se fuera y que no volviera a la ceremonia de esa noche, ella salió adolorida y sumisa de la oficina y él se quedó en su oficina, sin camisa, rumiando su triunfo que no sabía bien porque traía el regusto de una derrota, el mal sabor se le quitó después de un par de whiskies que pusieron en orden su mente y limaron los bordes de culpa que se estuvieran asomando a su pérfido cerebro, salió a oficiar la ceremonia y nunca más volvió a sentir eso en la larga procesión de conquistas en que convirtió su vida, aunque siempre recordaría esa primera vez como algo sucio y repulsivo, a pesar de eso, cada semana se valía de un truco similar para atraer a alguna de sus seguidoras con un récord parejo de éxitos, hasta que repasó a todas las mujeres vírgenes y menores de veinte años de su congregación, más una que otra joven casada a quienes proponía la infidelidad como una prueba exigida por Dios para afianzar su credo y con este sus matrimonios, todas cayeron en sus garras, pues él mismo las había hecho presas fáciles, fabricado en ellas una inconciencia construida a pulso, a base de fanatismo y repetición de ardides, había plantado en sus mentes con maestría de jardinero las semillas que ahora recogía, les había insuflado el ego repitiéndoles que eran las elegidas para encontrar la armonía con la divinidad encarnada en él a través del acto sexual, es sencillo fomentar grandezas espurias en personas llanas que nunca han practicado el pensamiento propio, que viven de la confianza elemental en un después provechoso, porque no quieren enfrentar ni entender su precaria realidad como el producto del mínimo esfuerzo que han hecho en sus vidas, por eso es fácil que obedezcan a cualquier disparate, basta con que este se les presente como un aporte a su salvación o mejor aún como parte de una redención que será tenida en cuenta en otra vida después de esta, nunca nadie ha conseguido tanto con tan poco como la religión, Walter apenas hubo logrado de sus partidarias la observancia y la sujeción que en muchos casos estaba amparada y auspiciada por sus padres, sus madres y hasta sus esposos se sintió poderoso, y a su manera lo era al menos en su exiguo y obtuso mundo de oropeles y faralaes demagógicos, pero como todo poder una vez que empieza no tarda mucho en ser insuficiente, pues al hacer posible lo imposible con facilidad se vuelve aspiracional y ahí está su trampa, cada vez pretende más y nunca alcanza con lo que se tiene, hasta que buscando suficiencias después del hastío se desborda, y eso le pasó a Walter en cuanto conoció a Linita una niña de 12 años, inmaculada, blanca y tierna que llegó a su iglesia del brazo de su madre una mujer joven de menos de 30 años que había encontrado en la religión la válvula de escape a una vida plagada de afujías económicas, propositivas y sentimentales y la manera de redimirse por haber sido la esposa de un bandido temible en el barrio que purgaba una pena por asesinato en una cárcel de otra ciudad con quien había tenido a su hija en plena adolescencia, el mismo que apenas nació se olvidó de ella para siempre aunque en todo momento estaba pendiente de la niña y quien estaba en completo desacuerdo con su nueva identidad religiosa y le decía cada que podía que alejara a su hija de eso, sin embargo ella creía que le religión y el Pastor López eran la respuesta a sus oraciones y serian la manera de salvar a su pequeña de un mundo confuso y brutal como el que le ofrecía su padre en cuotas mensuales y esporádicas llamadas, Walter apenas la vio un día entre el público quedó impactado, le pereció el ser humano más hermoso que había contemplado, lo turbó al punto de olvidar la prédica y confundir pasajes del nuevo testamento que conocía de memoria, de ese día en adelante su vida se volvió un pensamiento constante en la niña, un imaginarse cercanías, un latir deseos intestinos y contrapuestos, en esos días nos vimos por última vez, una tarde me llamó desde su iglesia y me pidió todavía no sé bien porque que fuera a verlo, su voz sonaba ahogada y desesperada, yo acudí a su llamado más por la curiosidad que me causaba ver la sede por dentro puesto que a pesar de quedar en una esquina central y vecina de mi casa la había visto todos los días desde afuera pero nunca había traspasado su enorme portón en donde con gigantes letras de molde se leía el nombre de la congragación, y llegado el día quise observar como estaba distribuida y que contenía adentro además de personas confundidas y menesterosas, pues la alerta que percibí en la voz de Walter me hacía pensar en una pataleta más porque hacia días había visto a lo lejos a Marisa que denunciaba una incipiente panza de embarazada, llegue a la puerta y desde adentro sin que alcanzara a tocar me abrió un adolescente que me informó que en el despacho me esperaba el Pastor, yo avance por donde el muchacho me había indicado y abriendo la puerta le vi la cara congestionada y los ojos vidriosos que denotaban un estado de embriaguez leve, se paró de su silla y me abrazó, algo completamente inusual en él, me ofreció un whisky que consumí de inmediato y me llevó hasta el sofá en donde había llevado a cabo sus innúmeras pilatunas venéreas y estando frente a frete me contó de golpe y casi sin respirar sus padecimientos por cuenta de la infanta, rematando su narración con le frase casi exculpatoria de –mi hermano desde que vi a esa niña no volví a pensar en Marisa- yo que no sabía ni que pensar con su historia apenas escuché el nombre de su ex novia quise comprobar que tan veraz era su relato, le dije sirviéndome otro whisky de la botella abierta en el centro de la mesa- compa, Marisa esta en embarazo, la vi hace poco y ya se le nota la panza- él sin sorpresa me contestó que ya lo sabía y que muy bueno por ella y el marido, que sus oraciones estarían puestas en ellos, y se afanó a continuar con su cuento, me dijo -hermano yo sé que aquí estoy hablando de otra cosa, que Linita es una niña y que algo de pedófilo debo tener, pero la verdad mi viejo es que estoy locamente enamorado de ella, como nunca antes lo había estado, al punto que me pienso casar con ella- yo le dije- ¿casar? Pues muy bien llave, ¿pero cuándo? Porque esa niña tiene 12 años y eso ni en los tiempos de mi abuela que se casó como de 15- él me respondió- sí lo sé pero por ella soy capaz de esperar el tiempo que sea, pero ella será mi esposa, te lo aseguro, yo solo quería contártelo porque te aprecio y decirte que no te nombro padrino porque quedaría muy mal con mi gente pero quería que lo supieras y que también supieras que por fin supere a Melisa y todo el rencor que tenía adentro- me lo dijo con una sonrisa en la cara pero como notó que yo no acababa de darle crédito me dijo- esta mujercita me trajo la paz, por fin hermano- yo lo miré y tomándome un sorbo le dije- y la niña ya lo sabe y quiere casarse con vos? Mejor dicho ¿ella te quiere?- él esta vez sí sorprendido por mi pregunta me respondió como si fuera una obviedad- pues claro, a mi todas me quieren- pero no, todas no lo querían y menos que todas la niña de sus desvelos y él tampoco estaba temperado en esperas de manera que apenas 23 días después de nuestra charla e idéntico número de noche afiebradas y en vela de cuenta de la muchachita, no resistió mas el fuego interno que lo estaba consumiendo y entregado por completo a un impulso urticante que no lo dejaba hacer nada distinto a desear el cuerpo y el alma de Linita, se llenó de arrestos y de colonia fina y convocó a la niña a su oficina pasado el mediodía, empezó con sus presunciones místicas y su ampulosidad catequizante que había rendido envidiables frutos en sus conquistas anteriores pero la niña no entendía un carajo de lo que le decía, de manera que se pasó a la coquetería frontal y torpe que tampoco encontró eco en los oídos de la pequeña, que estaba más entusiasmada con los lápices de colores del escritorio que con la retórica almibarada y el galanteo bronco, cuando Linita empezó a bostezar como signo inequívoco de aburrimiento y fastidio, Walter se jugó su última carta y le ofreció un trago de whisky diciéndole que era bueno para los nervios, ella sintió curiosidad y lo recibió, mientras él le decía que lo que seguía era un ritual de amor con el que agradaría mucho a Dios, la niña no entendía nada pero le gustó la sensación quemante del licor bajando por su garganta y lo vivaz que llegaba al estómago y le recibió una segunda dosis, el seguía hablándole de las bondades que estaba presta a recibir mientras le embutía más trago, al cabo de un cuarto de hora la niña se paró de la silla y tambaleándose le dijo que se iba, él se apresuró a atajarle el avance y en un dos por tres la llevó hasta el sofá en donde empezó a besarla y luego a acariciarle los pechos, la niña sintió asco y ganas de vomitar, intentó levantarse pero el hombre la tenía asida por las muñecas y le hizo repulsa hacia abajo para que volviera a su lado, ya no le importaba nada distinto a la fuerza que se hacía tromba en su entrepierna y sin mediar palabra se desabrochó la bragueta e hizo que la niña le tocara la verga con la mano, la chiquilla no quiso hacerlo y él le forzó la nuca hasta que la tuvo encima de su pene y le dijo que se lo dejara meter en la boca, ella volvió a rehusar el envite y él preso de una locura lasciva y dañina la estrujo junto al mueble y le arrancó el vestido dejándola desnuda en un santiamén, se le fue encima con su pértiga vejatoria en ristre y la penetró sin darle tiempo a nada, repitió la acción un par de veces en medio de un grito infernal emitido por la ex doncella, que convocó a los pocos asistentes a la sede en esa hora, él acabo de inmediato con una expresión de júbilo cortada apenas por la percepción del escándalo que atraía las voces de reclamo del exterior inquiriendo por si todo estaba bien, que él despachó en un segundo gritando desde el suelo donde había caído extenuado que no era nada que no se preocuparan, pero la niña volvió a gritar y a pedir que la ayudaran, esta nueva alerta llevo a que los que se agrupaban en la puerta decidieran entrar a ver como estaba el Pastor pues no respondía a sus llamados y apenas entraron vieron a la niña ultrajada y desnuda que lloraba en un rincón a donde había ido a dar después del acto, recogiendo el vestido dañado y al Pastor que intentaba levantarse del suelo, enredado en los pantalones que tenía en las rodillas, los que entraron entre quienes estaba una mujer que había sido amante de ocasión de Walter y que muy en el fondo se sentía utilizada y malquerida después de haber sido escogida por él para una sola faena y luego abandonada, se demoraron un poco para comprender la escena pero al final todo fue diáfano como el agua de una cascada y la mujer que había sido tratada de igual manera en una jornada anterior fue la primera en emitir un veredicto que todos veían pero nadie quería aceptar- el Pastor violó a la niña Lina- Walter sintió el odio en la mirada de los concurrentes y con velocidad de atleta se vistió y salió por un lado de la puerta, mientras sentía que detrás se arremolinaban los gritos y los ayes de la gente que le decía maldito, violador y cobarde, salió de la iglesia y tomó el primer taxi hacia su casa dejando atrás su auto, el escándalo y como pensó en el trayecto, su vida, al llegar a su casa se zampo de dos tragos media botella de whisky y se sentó a pensar y a maldecir su suerte, recordó porque había empezado todo, puteó mentalmente a Marisa y se dijo que sin remedio tendría que huir, se tomó otro trago y con calma, confiado de que nadie de la congregación sabia de su residencia, se puso a empacar y a juntar el dinero en efectivo y las joyas que tenía a buen resguardo en una caja fuerte en su cuarto, hizo una llamada a su superior que le devolvió la sonrisa, se bañó tranquilo y con su mejor pinta y un maletín de mano salió de su casa con rumbo a la iglesia grande a donde se encontraría con su Pastor quien ya le tenía lista una salida del país y un puesto como adjunto en otra sede de otra tierra donde podría empezar de cero, al traspasar el umbral que desemboca a la calle sintió el estruendo que dos hombres recién bajados de una moto emitían por bocas de sus revólveres, que descargaron íntegros en su humanidad, pues apenas fugado de su iglesia el rumor se corrió en el barrio y dos antiguos compañeros del padre de la niña se enteraron del asunto y ofendidos en lo más íntimo de su sinrazón puesto que ambos habían participado en innúmeros ataques de similar calado decidieron hacer justicia por mano propia, con la hipocresía propia del malvado que encuentra atroces los actos ajenos pero nunca los propios por idénticos que sean y se abroga el derecho natural de recomponer lo inadecuado en otros así coincida plenamente con lo impropio de ellos, porque media humanidad prefiere las ventanas a los espejos, y en menos de lo que canta un gallo dieron con la dirección del Pastor López, y fueron a cobrar con sangre la ofensa que a estas alturas se sentía en todo el barrio. A su entierro nadie fue porque nunca nos enteramos cuando ni donde lo oficiaron, al mes volví a pasar por fuera de su iglesia y vi en la entrada a un nuevo pastor sonriente y ajustado recibiendo a su grey cabal entre las que se encontraban Linita y su madre.

 

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 Fragmento de novela, "El pastor" enviada a Aurora Boreal® por Gilmer Mesa. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Gilmer Mesa. Fotografía Gilmer Mesa © Julián Gaviria. Carátula de novela La cuadra cortesía Gilmer Mesa.

Los amigos invisibles - próxima publicación

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