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Ensayo

Un 'aproche' a dos poetas

jose prats sariol 56 250La pertenencia de la literatura al campo de poder fortifica las impertinencias de la poesía. Aunque sean raras, como la medieval palabra aproche, tienen la gracia de la independencia, huelen a libertad, quiero decir: a los desafíos de esa quimera. Dos poetas cubanos impertinentes me ayudan a alimentar la autonomía de la metáfora sobre sus inexorables contextos, en especial sobre las desviaciones de la valoración estética que suele sufrir. La amistad entre ellos, fraguada entre coincidencias y divergencias, favorece la reflexión. Dar razones –por primera vez-- de tal imagen, subraya la evidencia de que la galaxia de seis 1 estrellas que girara alrededor de las revistas Espuela de Plata y Orígenes 2 brillan cada una con su propia energía.

Hace unos años enuncié algunas proximidades y lejanías, bajo la consideración de que ellos dos son los más cercanos dentro de la galaxia. 3 Hoy trataré de ahondar en algunos aspectos donde parece haber comunión y en otros donde quizás se distancien. Los puntos de contigüidad comienzan por la admiración sin par que Gastón le profesa a Lezama, desde que leyera en una modesta revista llamada Compendio el poema titulado “Discurso para despertar a las hilanderas”, en La Habana de 1935 o 36. Entre infinidad de testimonios de todo tipo que dan fe de aquella amistad siempre fiel baste recordar que fue Gastón quien primero escribiera sobre la poesía de Lezama, en artículo publicado en el periódico El Mundo, a página entera, con retrato de Lezama por Portocarrero, en 1942. O que fue Gastón quien le consiguiera el traslado de la Prisión de La Habana en el Castillo del Príncipe, donde ejercía como abogado, para la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, en 1945. O que cuando compilé las crónicas y artículos que publicara Lezama en el Diario de la Marina entre septiembre de 1949 y marzo de 1950 descubrí que el pago lo había efectuado Gastón de su propio bolsillo, información que me obligó a quitar del prólogo pues su “cuenta” con el amigo era estrictamente privada. 4  Pero el símbolo más exacto de la hermosa relación entre ellos fue el soneto que le escribiera en 1976, cuando recibe en el exilio madrileño la noticia del fallecimiento:


EPICEDIO PARA LEZAMA


Tiempo total. Espacio consumado.
No más ritual asirio, ni flecha, ni salterio.
El áureo Nilo de un golpe se ha secado,
Y queda un único libro: el cementerio.

Reverso de Epiménides, ensimismado
Contemplabas el muro y su misterio:
Sorbías, por la imagen de ciervo alebestrado,
Del unicornio gris el claro imperio.

Sacerdotes etruscos, nigromantes,
Guerreros de la isla Trapobana,
Coregas de Mileto, rubios danzantes,

Se despidieron ya: sólo ha quedado,
Sobre la tumba del pastor callado,
El zumbido de la abeja tibetana. 5

La evocación tiene la rara perfección de quien une un hondo conocimiento del amigo, un relevante poder de síntesis y una inefable sensibilidad para transmitir el vacío, la desolación, los dolores de la pérdida. El Epicedio recuerda las oraciones fúnebres de Bossuet. El cierre del círculo ontológico y estético forma otra esfinge que abre una caja antídoto de la que abriese el hermano de Pandora. El Nilo de su obra literaria enorgullece y reta, asimila cada uno de los unicornios, recibe las ofrendas universales de los presocráticos que él cubanizara para siempre. La abeja revolotea sobre reyes, sobre trofeos y poderes tan vanidosos como efímeros, hacia la reencarnación o resurrección. El soneto sabe que en las vastas necrópolis etruscas está la poesía última, el epiceyo griego a la Paideia. El pastor descansa, pero su metáfora proseguirá zumbando desde el techo del mundo, con la misma serenidad vigorosa del Buda.

Creo que la afinidad entre Lezama y Gastón parte del mismo “instinto indomable” que representa la jerarquización de la poesía como el más preciado bien de la naturaleza y de la sobrenaturaleza 6; y en la visión poética de la realidad que le es consecuente, sobre la base filosófica que dimensiona la hermenéutica de la imagen, de las sensaciones, de la intuición y de las espirales dialécticas predecesoras del sistema platónico, carentes de materialismos y cientificismos. Ambos están de acuerdo también en el sentido fundacional de la cultura, sin ideologías impositivas y sin consideraciones de ruptura derivadas de la modernidad neohegeliana. A partir de este axis, potenciado por la progresivas realizaciones personales que van alcanzando década tras década en un medio nada propenso, y desde una situación económica nada boyante 7, se singularizan sus respectivas creaciones.

La exigente vocación, la entrega al destino que les concedió talento para la escritura, conforma la premisa que hermana a estas dos voces fuertes de la poesía de habla hispana, por encima de la coetaneidad y de la coterraneidad, de los azares circunstanciales siempre llenos de silogismos vacuos y de inferencias mecanicistas. Lo que no excluye, por supuesto, que las biografías se anuden y desamarren en muchos sitios. No deben soslayarse fenómenos como la común admiración por José Martí o por Paul Valéry a diferencia de la asidua lectura que Gastón practica de César Vallejo o de sus traducciones de T. S. Eliot; los estudios universitarios que Lezama realiza hasta graduarse de abogado y Gastón de ingeniero agrónomo; la diáspora que los incomunica totalmente a partir de 1959 9 o el silencio poético de Gastón desde mediados de los años cuarenta hasta los sesenta; y otra docena de hechos 10 significativos dentro de los cuales resalta la discriminación racial y territorial que Gastón padeciera, así como los ocho años de diferencia de edad 11, decisivos en la juventud...

A mí, sin embargo, me interesa más la valoración de sus poemas. Y a partir de ellos aislar algunos ángulos que favorecen la grata tarea de individualizarlos, de un deslinde lleno de connotaciones estilísticas, implícitas intertextualidades y sorprendentes vasos comunicantes. Al comparar las obras poéticas se arriba a ciertas --e inciertas—evidencias, desde la diversidad afirmativa que los congrega, desde una poética que jerarquiza el estímulo de lo difícil. La más clara parece ser cómo los dos eluden sistemáticamente tanto el motivo íntimo como el civil. Es raro encontrar en sus textos la presencia explícita de lo autobiográfico o el tratamiento de acontecimientos sociales y políticos. Un sostenido pudor los envuelve, aun en poemas como “Palabras escritas en la arena por un inocente” de Gastón o “Rapsodia para el mulo” de Lezama, donde pueden rastrearse transgresiones a sus normas de recato y moderación, de extrañamientos del “yo” y distanciamiento de lo inmediato. Tal vez sólo el motivo materno y el mito de la Isla escapan a la opción asumida, como puede leerse en el Lezama de “La madre” y de “El arco invisible de Viñales”, y en el Gastón de “Soneto a las palomas de mi madre” y de “Testamento del pez”. 12

Antes o después de la coincidencia precedente se halla el común predominio del sentido narrativo, del desenvolvimiento anécdotico recreador del motivo temático. Asimismo la abundancia de superposiciones temporales: no hay tiempo sino el tiempo del poema. También se encuentran los dos poetas, aunque en Lezama se recrudezca mucho más, en las referencias que exigen una familiaridad con la cultura en su sentido más erudito y extenso, un sistema de informaciones que va de la mitología a la literatura y las artes, de Occidente al Oriente, de la etnografía al esoterismo, del ajiaco cubano a cualquier parte... Una lectura de la “Oda a Julián del Casal” de Lezama y de “Marcel Proust pasea en barca por la bahía de Corinto” de Gastón verifica estas zonas de encuentros 13.   Las mismas coincidencias se aprecian entre otros poemas esenciales, como sucede entre “Saúl sobre su espada” e “Himno y escena del poeta en las calles de La Habana" de Gastón, comparados, respectivamente, con “Llamado del deseoso” y “Venturas criollas” de Lezama.

La diferencia más tajante entre sus obras contrapone el sentido auditivo al visual. El propio Gastón la explica: “Lezama, que tenía esa manera de ser bastante exigente, me dijo una vez: ‘Yo escribo con el ojo, porque el verso ha de caer del ojo como una gota de resina’ (...) Yo he escrito con el oído. No es que sea un defecto, porque cada uno tiene su manera de expresarse. El era más bien un ojo en el universo y yo soy un poco un oído” 14. También resulta evidente que entre el manierismo 15 y el tono omnisciente de Lezama, y el clasicismo y el tono coloquial de Gastón --por predominio, desde luego-- hay oposiciones obvias. Tantas como entre la sintaxis asmática, el hipérbaton, la sinécdoque críptica y la metáfora a nivel de todo el texto en Lezama; bien diferenciados de la estructura sintáctica regular, las metonimias y los cierres tropológicos parciales en Gastón... Que este último fuese un maravilloso degustador de diminutivos y el otro un enamorado del gerundio, abre otro arcoiris exegético a nivel de signos lingüísticos, en una cadena de curiosidades que potencian la singularización.

Por supuesto que sería tonto contraponer los poemas por sus temas, argumentos, ideas... Harold Bloom nos recuerda, con su acostumbrada mordacidad categórica, que no son de nadie, que sólo las sesgaduras tienen autores pues la forma es la que individualiza a los escritores fuertes 16. Tampoco resulta sensato derivar estrados de importancia 17 entre dos poetas que ya son inexcusables dentro del canon literario de la “Edad Caótica” en lengua castellana. O inferir de esta primera aproximación comparatística señales inalterables. Lo plausible está en la invitación a que prime el goce estético dentro de la diversidad que los hermana, a que el disfrute mantenga la misma fraternidad sin envidias ni rupturas que ellos profesaron siempre. El mismo espíritu fundacional que , a pesar de ser más escéptico en Gastón, legaron a los “pinos nuevos”18.

Desde la obsesión de Lezama por la poiesis y de Gastón por el viaje, es decir, desde sus dos flechas sin blanco, puedo ahora aludir a un engorro, un testimonio personal y una moraleja para cualquier destinatario que sufra similares ataquitos. El engorro se pregunta por qué Lezama , tan generoso a veces con autores menores, no dedica a su talentoso amigo ninguna reseña o artículo o décima... ¿Se debió al “silencio” creativo de Gastón? ¿Le reprocharía su entrega al periodismo? ¿Cuánto influyeron los 18 años de separación geográfica y el clima político de aquel tiempo? ¿Nunca fue verdaderamente íntima su amistad? Lo cierto es la injusticia , más fría por no responder a la envidia ni ser consecuente con la gratitud. El testimonio personal mitiga la caprichosa agrafía lezamiana. Al revisar mis libretas de apuntes del Curso Délfico encontré cinco menciones a Gastón entre 1971 y 1976. Todas coinciden en la admiración a los poemas que conocía, los de principios de los años cuarenta y Memorial de un testigo (1966). En dos de ellas lamenta la incomunicación. En otra recuerda una grata conversación sobre Mallarmé...

La moraleja se deriva de una experiencia común. Los intelectualoides de entonces y de hoy se burlan de Lezama con el mote de “Anaquel con patas”, con los “No entiendo” típicos de la haraganería y del resentimiento populista, con chismecitos y calumnias de salones envidiosos, burocracias insípidas y cátedras mediocres... La élite cultural española –salvo honrosas excepciones 19— siempre ninguneó la presencia allí de aquel cubano mestizo y homosexual, exiliado contrarrevolucionario y pobre de bolsillo, que escribía poemas mejores que los de la abrumadora mayoría de los autores vivos de la península ibérica; mientras todavía el lector de su Isla espera aquí una edición amplia de la obra poética... La moraleja no necesita explicaciones, allá ellos con su vergüenza. Sigamos fortaleciendo la cultura nacional frente a la trivialización globalizante. Sigamos encantándonos con los versos de José Lezama Lima y de Gastón Baquero.

En La Habana, junio y 1998

 

Notas:

  1. Los decisivos son: José Lezama Lima, Eliseo Diego, Gastón Baquero, Virgilio Piñera, Fina García Marruz y Cintio Vitier. Cf. J.P.S. “La Galaxia Lezama”, en La Habana (Memoria de las ciudades), Alianza Editorial, Madrid, 1995. PP. 128 y ss.
  2. Aunque los 40 números de Orígenes (1944 -56) sean el centro, no es menos cierto que los seis de Espuela de Plata inauguran la preciosa saga, con el antecedente de Verbum y la posterior fragmentación en Clavileño, Poeta y Nadie Parecía. Cf. Mi tesis de grado: “Significación de la revista Orígenes en la cultura cubana contemporánea”, Universidad de La Habana, 1971. Síntesis recogida en Coloquio Internacional sobre la obra de Jose Lezama Lima (Université de Poitiers), Ed. Fundamentos, Madrid, 1984, T.I, p. 114 y ss.
  3. Conferencia: “Baquero, el instinto indomable” (Pronunciada en la Cátedra Latinoamericana y del Caribe de la Universidad de La Habana, el 26 de enero de 1994). Se recoge en Celebración de la existencia, Universidad Pontificia de Salamanca, 1994, p. 241 y ss. También en Imagen Latinoamericana, Caracas, No. 100-104, mayo de 1993. Y en Lázaro, Felipe: Conversación con Gastón Baquero, 2ª. Ed., Madrid, Editorial Betania, 1994, epílogo.
  4. Cf. José Lezama Lima, La Habana, Ed. Verbum, Madrid, 1991. Gastón Baquero: “Palabreo para dejar abierto este libro”, p. 13 y ss.
  5. En Magias e invenciones, Ediciones Cultura Hispana, ICI, Madrid, 1984, p. 16.
  6. Cf. J.P.S. “José Lezama Lima: el ensayista”. En Revista Nacional de Cultura, Caracas, 1986, No. 2, p.70 y ss.
  7. Para Lezama la pobreza, no la miseria, fue su fiel compañera de por vida. Para Gastón la prosperidad sólo lo acompañó, a precio muy alto en el orden ético e intelectual, durante sus años de trabajo en el Diario de la Marina (1945-1959).
  8. Cf. Mi ponencia: “De cuando Gastón Baquero se sentaba a caminar con César Vallejo”, presentada en la Casa de América de Madrid en el Homenaje a Gastón Baquero, 6 de mayo y 1998.
  9. Cf. La entrevista “Una visión de la poesía cubana del siglo XX: Gastón Baquero” realizada por Niall Binns. En Entrevistas a Gastón Baquero, Ed. Betania, Madrid, 1998. Allí Gastón declara que no siguió en contacto con Lezama desde su arribo a España. Dice: “No. Por discreción. Yo nunca he querido comprometer a nadie que esté allí. Porque hubo un momento en que ser amigo mío era una acusación muy fea, muy fuerte” p. 89.
  10. Otros ejemplos: El Lezama ensayista y novelista versus el Gastón periodista cotidiano; la labor pedagógica de ambos: Gastón de profesor en la Escuela de Periodismo de Madrid y Lezama con su memorable Curso Délfico (Cf. J.P.S. “El Curso Délfico”, en Revista Casa de las Américas, La Habana, 1985, No. 152, p. 20 y ss.); la afición hacia las artes visuales en Lezama (Cf. J.P.S. Prólogo a La materia artizada, Ed. Tecnos, Col. Metrópolis, Madrid, 1996) distante de la melomanía de Gastón...
  11. Se ha podido verificar que Lezama nació el 19 de diciembre de 1910, en La Habana. También que Gastón nació en Banes (Entonces un pueblecito –Costa norte de la antigua provincia de Oriente) un 4 de mayo, al parecer de 1918, pero quizás antes. De su condición de mestizo no hay duda, pero el asunto de la homsexualidad –otro punto de la discriminación—también fue compartido por Lezama.
  12. Entre “La madre” y el “Soneto a las palomas de mi madre” se percibe una similar capacidad para a partir de un detalle nimio, de un elemento aparencialmente antipoético, producir la evocación espiritual, revivir los recuerdos. Entre “El arco invisible de Viñales” y “Testamento del pez” se observa como parten del paisaje cubano para engrandecer la reflexión ontológica y proyectarla hacia un paisaje espiritual que se siente orgulloso de su nacimiento en la Isla.
  13. Cf. Nota 3, pp. 254-5.
  14. En: “La poesía es como un viaje” (Entrevista concedida a Efraín González Santana) p.63. Cf. Nota 9.
  15. Cf. J.P.S. “Paradiso: recepciones”, en Paradiso (Edición crítica), Col. Archivos, UNESCO, Madrid, 1988, p. 565 y ss.
  16. Harold Bloom: El canon literario, Ed. Anagrama, Col. Argumentos, Barcelona, 1995. Especialmente el capítulo 2 de la segunda parte, pp. 55-86.
  17. Como dice Pío E. Serrano en el prólogo a la Poesía completa de Gastón cuando afirma: “Gastón Baquero se ha convertido en el más influyente poeta de las nuevas generaciones cubanas” (Ed. Verbum, Madrid, 1998, pp. 23-4).
  18. La dedicatoria de Poemas invisibles termina diciendo: “Estos poemas son para los pinos nuevos, para todos ellos. Digo con Borges: “No he recobrado tu cercanía, mi patria, pero ya tengo tus estrellas”. Ed. Verbum, Madrid, 1991, p. 13.
  19. No menciono nombres ante el peligro de olvidar alguno. Baste recordar el memorable homenaje que le ofreciera la Cátedra de Poética Fray Luis de León de la Universidad Pontificia de Salamanca los días 27 y 28 de abril de 1993. Consúltese la bibliografía pasiva que incluye Pío E. Serrano (Cf. Nota 17, p. 30 y ss.).

 

 

jose prats sariol 351José Prats Sariol
La Habana, 1945. Hizo estudios de literatura en la Universidad de La Habana con una tesis sobre José Lezama Lima. Es crítico literario, novelista, ensayista y catedrático universitario. Ha publicado una extensa obra entre la que se cuentan las novelas, poemarios y ensayos literarios: Mariel (1997), Guanago Gay (2011). Estudios sobre la poesía cubana (1988), Criticar al crítico (1983) y Fabelo (1944). Actualmente es profesor principal de literatura en la Arizona State University.

 

Ensayo enviado a Aurora Boreal® por José Prats Sariol. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de José Prats Sariol. Foto José Prats Sariol © José Prats Sariol.

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