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Puro Cuento

Juan Gabriel Vásquez - Los curiosos

juan manuela vasquez 250Durante la mañana comenzamos a darnos cuenta de que ya éramos varios, pero nadie puede asegurar ahora quiénes llegaron primero y quiénes después, nadie puede establecer esas primogenituras banales. Siempre ocurre igual en el lugar de una tragedia: los curiosos se van agolpando poco a poco, sin método ni constancia, como el agua acumulada, y de repente hay una multitud donde antes había sólo un vagabundo desocupado. Y así nos ocurrió a nosotros junto al río Medellín. Podemos pensar que los primeros llegaron a la orilla y se pararon entre la hierba crecida, sin saber muy bien dónde pisaban –sintiendo en las suelas de los zapatos la superficie incierta y barrosa de la ribera–, y manteniendo siempre varios metros de distancia con la línea de bomberos, para no estorbar. Los siguientes buscaron un espacio debajo del puente, en la plataforma de concreto donde nacen los pilares, porque desde ese lugar se tiene una mejor visión de las maniobras, y en algún momento alguien pensó que ya lo sucedido no era una cuestión de interés pasajero, y se acomodó arriba, sobre el puente, la pierna doblada y los codos apoyados en la baranda amarilla. Muy pronto ese puente con nombre de tira cómica (Horacio Toro, se llamaba y se llama todavía) se fue llenando con nuestros ruidos, con los roces de las chaquetas y las frases expectantes; hubo un comentario fuera de lugar, y enseguida corrió la voz de que había que tener cuidado, no ir a decir cualquier cosa; porque entre nosotros estaba el hombre, el marido de la mujer desaparecida.

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Fanny Buitrago - Los noctuidos

fanny buitrago 250Hay insectos que nacen al amparo de la noche cerrada. Crecen, procrean y mueren antes del amanecer. Nunca llegan al día de mañana. Sin embargo, experimentan segundo a segundo la intensa agonía de vivir, se aparean con trepidante gozo y luchan ferozmente para conservar sus territorios vitales, sus lujosas pertenencias: el lomo de una hoja, la cresta moteada de un hongo o el efímero esplendor del musgo tierno besado por la lluvia.

Quizá –instintivamente- en un punto ciego entre la muerte implacable antes del estallido del sol matinal y la promesa infinita, telúrica, de la evolución hacia un estado superior, dichos insectos se frotan las patas lanzándose a una lucha fratricida. Envanecidos con la tentación de liquidar a sus semejantes y dominar el mundo.”

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Patricia Engel - Cielito Lindo

patricia engel 250Esta mañana, después de que te fuiste, me quedé por un tiempo en la cama tratando de encontrar el momento en que los dos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando. Estábamos en el sofá, recostados el uno en el otro, viendo El Padrino. Recorriste mis brazos con tus dedos y fingí no sentir nada. Acercaste mi cara a la tuya y trataste de besarme y yo negué con la cabeza y dije:

–Ya no eres mi novio.

De todos modos me besaste y me aparté. Mi mano rozó la tuya y sentí que lo tenías duro y te dije:

–¿Qué vas a hacer con eso?

–Ya sabes…

Y te dije que me mostraras.

Cuando todo terminó, nos acostamos enredados en la oscuridad de mi cuarto. Casi olvidé en qué año estábamos, pero entonces comenzaste a deslizarte debajo de mí quitándote las sábanas, poniéndote los jeans y sacándote la camisa por la cabeza. Te inclinaste sobre la cama, me besaste en la frente mientras yo evitaba tus ojos y miraba por la ventana.

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Pilar Quintana - Huesos y pelo

pilar quintana 250El jaguar

En el Orinoco, el extremo más oriental de Colombia, un viajero alemán me habló de un jaguar que tenían en una reserva del Pacífico, el extremo más occidental de Colombia. Me dijo que lo sacaban a caminar como a un perro, con collar y correa. Los jaguares no son animales domesticables; yo tenía que verlo.

Atravesé el país en bus –los llanos extensos, las tres cordilleras y los valles ardientes– y llegué al puerto de Buenaventura, donde todo es gris porque vive lloviendo. Ahí tomé una lancha rápida a Juanchaco, la última parada antes de la reserva del jaguar. El viaje, por un mar verde lleno de crestas, duró una hora.

Juanchaco es una comunidad negra con casas de tablas de madera y un muelle de hormigón que custodian los militares de una base naval que hay cerca. El Paisa, un blanco que organiza los paseos turísticos en la zona, me llevó a la reserva del jaguar. Primero fuimos en moto hasta un embarcadero en medio de la selva y luego navegamos en una lancha de madera por un estero de aguas turbias que nos condujo a mi destino.

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Santiago Gamboa - De poetas y aviadores

Santiago GamboaEsta historia que me dispongo a contar es algo triste y, la verdad, no sé por qué voy a contarla ahora y no, por decir algo, dentro de un mes o dentro de un año, o nunca. Supongo que lo hago por nostalgia de mi amigo el poeta portugués Ivo Machado, que es uno de los dos protagonistas, o tal vez porque acabo de comprar una pequeña avioneta de metal que ahora tengo en mi escritorio. Disculpen el tono personal. Esta historia será excesivamente personal.

El protagonista número Uno es, como ya dije, el poeta Ivo Machado, nacido en las islas Azores, pero lo que nos importa es que en su identidad civil, la de todos los días, es controlador aéreo, una de esas personas que están en las torres de control de los aeropuertos y guían a los aviones a través de las rutas del cielo.

La historia es la siguiente: cuando Ivo era un joven de 25 años (a mediados de los ochenta) controlaba vuelos en el aeropuerto de la isla de Santa María, la más grande del archipiélago de las Azores, en mitad del Atlántico, equidistante de Europa y América del Norte.

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