Lucas Ruiz - 'Operación Artemisa'. Notas para una lectura muy personal

Operación Artemisa

 

Operación Artemisa
Ángel Luis Montilla
Novela
Círculo Rojo
2022

 

Cuando conocí a Ángel Montilla, allá por el año 83, aprendí a observarlo con disimulo, como a hurtadillas, levantando la cabeza por encima de mis notas, espiándolo. Yo me apresuraba a escribir sin criterio, con letra enrevesada e ininteligible todo lo que el profesor decía en aquel salón de actos destartalado. Dos o tres filas por delante de mí, Ángel, circunspecto, concentrado, anotaba de vez en cuando, con primor, con un esmero extraño y contenido, como dando una pincelada sobre un lienzo todavía inexistente (o que sólo él era capaz de ver), conciso, certero, huyendo siempre de artificios innecesarios.
Lo he seguido espiando desde entonces (desde más lejos ahora y con más años), con más confianza, con más descaro. Con la misma admiración. Desde su prometedora Antología porosa (1984) hasta De la palma al cerezo, toda su poesía reunida de 1982 a 2014, nos ha ido sorprendiendo este poeta sólido, culto, renacentista, de enorme sensibilidad. Un poeta clásico en el mejor sentido del término (lo que es digno de imitarse), que sin embargo se ha considerado a sí mismo, con una heroica obstinación, un francotirador de la literatura, supongo que no tanto porque su obra sea una respuesta artística marginal sino porque su actitud ética, la del autor solo interesado en la creación – esa dignidad de cínico con su lámpara encendida buscando poetas, auténticos poetas –, lo ha mantenido al margen del mercadeo cultural y del conchabeo patético de los popes de provincia.

Este poeta y artista polifacético (ukelelista, compositor, autor de teatro, diligente burócrata de la educación) nos sorprende ahora con una novela inquietante, magnífica, Operación Artemisa. Atrás quedan ya sus incursiones narrativas breves como La mar en medio, Fuera de juego o su excelente El camarero de la 7ª. Avenida.

operacion artemisa 300A primera vista Operación Artemisa es una novela de ciencia ficción que relata el encuentro entre el mundo lunar y el terrestre. Su título y algunas claves ocultas del libro me han ido recordando a otro que el propio Ángel Montilla me recomendó hace ya muchos años, Operación Shylock, donde un personaje llamado Philip Roth viaja por Israel (como lo hacen a su manera la pareja formada por el matrimonio de científicos disidentes Miranda Sokolov y Gerard Durand) haciendo propaganda del diasporismo. Ahí lo dejo: Esta podría ser una de las claves distópicas de la novela.

La narración se construye a partir del intercambio epistolar entre la comandante selenita Artemisa Karalis con su hija y el del investigador Alexandre Marchand con su hermana. Son cartas que no se cruzan, se intercalan en forma de capítulos, y que no tienen respuesta, artificio técnico que permite convertir a los lectores de la novela en los auténticos destinatarios de esas misivas. Calculadamente estas cartas nos irán revelando, a través de un sutil juego de perspectivas, las relaciones de poder (o sometimiento) de los habitantes de la Luna, sus vínculos lejanos, conflictivos y ambivalentes, con la Tierra y la identidad que se va gestando en esa minoría segregada. Esta es, a mi parecer, una de las lecturas políticas de la novela. Las cartas acabarán, sin embargo, engarzándose en la historia final que unirá inesperadamente a la comandante con el exobiólogo.

Pero esta novela es también – no podría esperarse otra cosa de aquel muchacho universitario que anotaba con levedad de monje zen y que ya entonces leía a Borges con devoción – un juego filológico de gran alcance. Ahí están las narraciones mitológicas sobre la Luna que la protagonista va contando en un tono poético austero y contenido (no en vano Artemisa es también la primera poeta selenita) a su hija, a la que quiere conectar con su mundo, no sólo a través de las historias familiares sino – y sobre todo – de los relatos orales, de las leyendas populares, de la literatura al fin. Las cartas permiten al autor un recorrido por los mitos lunares – fundacionales – de Grecia, Mesopotamia, Egipto, o más remotos aún para el lector occidental, del pueblo iwi de Nueva Zelanda, del lejano Japón, por citar sólo algunos de los muchos ejemplos. En ese camino nos sentiremos fascinados y desbordados por un despliegue de erudición literaria y científica que no es anecdótico ni casual, sino necesario para entender qué somos, de dónde venimos, qué nos entronca con nuestros orígenes. Adónde vamos.

En la novela se citan nombres y a veces se intercalan poemas de una pléyade de escritores que se han inspirado en la Luna. Por sus páginas aparecen, sin que el lector lo sienta como un ejercicio de pedantería, Mei Yaoche, Omar Khayyam, Antonius Diógenes, Wilkins, Whitman, Wortley Montagu, Cyrano de Bergerac, Shelley, Verne, Poe, Wells, Francis Godwin (citado como Goldwin en el texto, p. 151), Lorca... Un saber enciclopédico abrumador que da el salto por analogía a la falsa erudición, al juego borgeano de la invención de las fuentes (así debe entenderse esa literatura que en la novela se denomina de terraexilio), sin romper las reglas de la verosimilitud, muy al contrario, construyéndolas milimétricamente, siguiendo sus normas, emulándolas. Haruki Romero, Charles Matsumoto, Andrew Chukri, Norman Maker forman parte de esa nómina de autores apócrifos que, no obstante, dejan un rastro – recordemos de nuevo el sentido lúdico de esta narración –. Al lector atento no se le escapan pues los guiños a autores contemporáneos que han escrito sobre la Luna. Así Haruki Romero nos recuerda al otro Haruki, a Murakami, el autor de la lunar 1Q84; o intuimos que Charles Matsumoto es una alusión velada a Akira Matsumoto, maestro del manga y creador de todo un extenso universo de ciencia ficción; acaso Andrew Chukri pudiera ser una referencia al escritor argelino de la época colonial Chukri Kodja, impulsor de la literatura autóctona argelina, inspirador quizá de la poesía selenita y reivindicativa de Artemisa; o que Norman Maker, no sea otro que Norman Mailer, creador, entre otros, de Moonfire. Homenajes literarios, cinematográficos, juegos intertextuales, reflexiones filosóficas que condensan un enorme acervo cultural y que reivindican sin estridencias pero con autoridad la figura del escritor instruido, culto, exigente, que interpela a su vez a un lector cómplice de lecturas, de códigos, de referencias. A un lector activo. Esta podría ser una de las claves semióticas del libro.

Es ese afán de verosimilitud lo que conduce al autor a un despliegue impresionante de conocimientos no sólo filológicos (de los que ya hemos dado cuenta) sino científicos: Sobre astronomía, misiones espaciales, proyectos recientes como Green Moon Project, conocimientos técnicos. Así nos dejamos seducir por la descripción precisa del extraño magnetismo de la formación lunar de Reiner-Gamma, o del cráter de Shackleton en el polo sur de la Luna; o nos admiran las ingeniosas soluciones técnicas que el autor proporciona ante la falta de gravedad del satélite. Nos emociona, cómo no, la memorable escena de sexo sin gravedad que viven los protagonistas. Ningún detalle, ni científico ni narratológico, parece escapar a la precisión amanuense de este artesano renacentista.

Y junto a ello una trama perfectamente urdida con un desenlace inesperado y plausible, un tono poético que envuelve toda la narración (las evocaciones oníricas, el relato de los mitos) y un ritmo narrativo sosegado, medido, que parece ajustarse a los acordes musicales del “Preludio de la Puerta heroica del cielo” de Satie, que como un leitmotiv recorre partes del relato y acompaña con elegante discreción los pasos de aquel hombre que en el sueño recurrente del protagonista se dirige lentamente a la oscuridad del interior de un denso bosque.

Y más allá de la apariencia, de la cáscara de la trama y la acción, de los trucos narrativos y los juegos de la literatura, Operación Artemisa es, como todas las buenas novelas de ciencia ficción, una fábula sobre la vida, nuestra vida, aquí y ahora, las relaciones de poder, la identidad, el amor y el empoderamiento femenino. Léanla. Escúchenla. Y déjense atrapar por su secreto influjo: el sutil roce de un pincel que acaricia imperceptiblemente el relieve de un lienzo.

 

Ángel Luis Montilla Martos
Nacido en Málaga, ejerce como profesor de Lengua y Literatura en Educación Secundaria desde 1989. Amateur profesional, siguiendo su propio adagio (“quien mucho aprieta poco abarca”) y movido por una falta de pudor incuestionable, ha transitado por el ensayo, la astronomía, la poesía, la narrativa, el cortometraje, la niponología, la música, el teatro y la fotografía. Este carácter errático y superficial le ha impedido destacar en ninguna de dichas ramas del arte y el saber, por lo que se considera a sí mismo “un patético avatar de Leonardo”. Sus poemarios hasta el momento son 56 versos (Antología Porosa) de 1984, La dulce faena (1989), Igual desarreglo (1995), Múltiplos de uno (2003), A estas alturas (2011), De la palma al cerezo (2017) y En cuanto al otoño (Aurora Boreal, 2017). En 1993 fue primer premio en prosa y áccesit en poesía de la Muestra de Literatura Joven del Ayuntamiento de Málaga. En 2005 fue tercer premio del certamen de relatos “Vigía de la Costa” y en 2006 obtuvo el segundo premio del I Concurso de haikus convocado por Renfe. A principios de este milenio publicó en Madrid una serie de novelas cortas: Fuera de juego, La mar en medio, El camarero de la Séptima Avenida y El viento de levante. Su primera novela larga es Operación Artemisa (2021). En 1999 estrenó en Jerez de la Frontera el texto teatral y las canciones del espectáculo de danza Flamenca y en 2005, La razón de la sinrazón. Más tarde han subido a las tablas otras obras suyas como La última partida de Mozart, Secuestro en el Orient Express y microteatros como La cama o Último pase. Sus textos han formado parte de dos exposiciones fotográficas colectivas: “Como dos gotas de poesía”, sobre fotografías de Nuria Murillo Lara y Mercedes Higuero Bisbe (2017) y “Poéticas de la ciudad” de Paco Negre (2020-21). Ha sido productor ejecutivo, guionista y compositor musical de vídeos didácticos para la editorial SGEL. Es guionista, editor y director del cortometraje Ese maldito yo y de una serie de video-haikus publicados en internet. Ha publicado poemas, relatos y artículos en revistas de España, Suecia, Dinamarca, Hispanoamérica y Japón (60 capítulos para conocer la España actual, Akashi, Tokio). Está incluido en antologías de la literatura española como Espacios (Aarhus, Dinamarca) y Las afinidades electivas. Como conferenciante ha sido invitado por instituciones culturales de España, Brasil y Japón. Regenta el blog Monte Coronado.

 

Lucas Ruiz
España, 1965. Es profesor y escritor. Reside en Aarhus (Dinamarca) desde 1994. Ha dado clases en diferentes universidades danesas y en la actualidad enseña en un centro de bachillerato. Ha publicado artículos de investigación, de difusión de la cultura española, ensayos y libros de enseñanza de idiomas. Su libro de relatos El esquiador de fondo ha sido traducido al danés y muchos de sus cuentos al sueco y al italiano. Los nadadores del Urubamba es su primera novela.

Material enviado a Aurora Boreal® por Lucas Ruiz. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Lucas Ruiz. Carátula Operación Artemisa cortesía Ángel Luis Montilla Martos. 

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