Natalí Incaminato - 'Peronismo para la juventud'

¿Qué es una montaña?

 

Peronismo para la juventud
Natalí Incaminato
Paidós, Buenos Aires
Páginas 242
2021

 

“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé;
pero, si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”
(san Agustín).

“Al final, todos vivimos en un país llamado capitalismo”
(Bong Joon-Ho).

 

La paradoja sorites (buen nombre para que la autora de este libro haga alguna referencia chocarrera) irrumpe cuando se quiere abarcar con el sentido común un elemento de la vida cotidiana, quizás banal. ¿Cuántos granos forman un montón de trigo (con cuál grano de trigo un montón empieza a serlo)? Si voy sacando granos de arena de a uno, ¿cuándo deja de haber un montón de arena? ¿Cuándo un pelado se convierte en pelado, (al perder cuál pelo)?

¿Dónde empieza una montaña? Y no se trata acá de una cuestión meramente pragmática: desde este punto de vista, la montaña empieza donde alguien dice que empieza (y otro puede decir que no: ahí arranca lo político). El problema está en el estatus ontosemántico ─perdón─ de la noción de montaña.

Quizás el peronismo es la montaña (como es un auto, o es el mar, según el hermoso prólogo de Pedro Saborido para este libro). ¿Cómo explicarlo, entonces?

pernoismo 350La autora elige varios caminos que se dispersan y confluyen; luego los voy a recorrer brevemente. Pero, antes que nada, quiero señalar que el libro no solo tiene una buena escritura, sino algo mucho más importante: el tono justo. (Lo que no se contradice con la variedad de abordajes, al contrario: esta es parte de ese tono buscado y logrado). Se me podría objetar que el libro tiene varios “tonos”; en realidad, lo que cambia es el registro, de lo menos formal a lo más formal, de lo humorístico a lo académico. El tono es algo mucho más difícil de definir, algo que atraviesa la superficie de las palabras y las estructuras.

“En este libro se trata de pensar con vocación titilante y pasarla bien”, es la figura de modestia, pero exacta, que elige la autora.

Las comparaciones son tan odiosas como inevitables; en todo caso, más que comparaciones, lo que se podría sugerir es una genealogía evidente: Marechal, Jauretche, Discepolín, Dolina, el propio Perón con su usual ironía criolla; sumando a Borges pasado por Twitter (incómodo aleph donde el arte de injuriar alcanza su cumbre; carnavalesca pero también, a veces, deprimente). La autora, doctora en Letras con una tesis sobre la relación entre Foucault, Deleuze y Derrida y la crítica literaria argentina, deja entrever también estas filiaciones teóricas: el sentido será inagotable, pero hay que elegir.

Desde el primer capítulo, “Peronismo begins”, queda claro que se trata de un esfuerzo de definición que se tropieza con la complejidad casi infinita del objeto (la montaña): uno de los movimientos políticos más importantes y duraderos de América latina, y sin duda el más definitorio de la Argentina ─un país que, entre otros espejos deformantes, cree que no es racista─. ¿Cómo abarcar esa complejidad en un mundo que se pretende “multipolar” pero donde todo es capitalismo, y en el que “izquierda” y “derecha” son categorías a la vez anticuadas e inescapables? La historia ha muerto, dijo un japonés, ¡viva la historia!

El peronismo begins según las interpretaciones clásicas, y contrapuestas de Germani/Di Tella (la “disponibilidad” de una masa de nuevos proletarios provenientes de las provincias, con escasa o nula conciencia de clase y, por ende, proclives a seguir casi ciegamente a un líder) y Murmis/Portantiero (lo que primero se “peronizó” fue un proletariado urbano que ya no se sentía bien representado por el sindicalismo existente, ligado a los partidos de la izquierda tradicional o a un anarquismo anacrónico).

El segundo capítulo, “Gorilas en la niebla”, se dedica a cuatro figuras señeras del antiperonismo oligárquico, con sus matices: Victoria (Ocampo), Beatriz (Guido), Ezequiel (Martínez Estrada), Jorge Luis (Borges). El final es un extraordinario diálogo imaginario con el último. “Gorilas de ahora”, el capítulo 3, continúa por la senda de la sátira, llevando al arte de injuriar borgeano el lenguaje de las redes sociales. Galería de monstruos que hace espejo con los del cuento de Biorges, que la autora analiza junto con otros clásicos del antiperonismo literario.

El capítulo 4, “Escenas de la vida peronista”, el más breve y quizás el más desprolijo, incluye un gracioso horóscopo de gorilas (porque gorilas podemos ser todos, imposible no reconocerse en alguno…). En cambio, el capítulo 5, “Tanatología peronista”, es seguramente el más brillante del libro: cadáveres, velorios, el desfile de la muerte ocupan por un momento el lugar del humor para recordarnos que también estamos frente a una tragedia (y que la tragedia no es un pasado que se convierte siempre en futuro, pero sí una huella que insiste).

El capítulo 6, “Mujeres peronistas”, es clave para entender la perspectiva temporal e ideológica del libro. Desde el presente rabioso en que está escrito, Cristina es la continuación de Eva. Simplifico a propósito: lo que está en juego es el feminismo, la única revolución en curso; y el esfuerzo de incorporar al peronismo la lucha por los “nuevos derechos”. Desde la perspectiva de la autora, esto sería natural: si el peronismo ha sido (casi siempre) una máquina de reconocer y multiplicar derechos, ¿por qué debería estar ajeno a los que ahora se erigen como imprescindibles, aun los de más difícil articulación discursiva y política? (Esto vale también para la ecología, sobre la cual Perón hablaba ya hace muchos años).

En el epílogo, “Peronismo y después: un pueblo por venir” (título con reminiscencias de una trajinada cita de Deleuze), esto queda claro: “Creo que no es difícil pensar por qué el peronismo es absolutamente actual en este marco y no, como repiten tantos futuristas de plastilina, un hecho del pasado que hay que soltar”. Porque el peronismo “se caracterizó por poner en primer plano el problema de la desigualdad: la idea de justicia social no apunta a otra cosa”.

Ante la imposibilidad (impuesta por “la fuerza de las cosas”, como decía Halperín Donghi cuando no disponía de otra explicación) de pensar en otra cosa que no sea el capitalismo (esto indica la cita del director de Parásitos que usé como epígrafe), “el movimiento peronista puede ser un instrumento de sacudón y desplazamiento de esos límites que en buena medida se fijan a partir de la creencia en las potencias de acción de los que menos tienen”.

De la literatura a la historia y la política; de la bronca al humor, “con amor y sordidez”, Incaminato muestra cómo se puede abrir en las tinieblas del presente un camino sin muchas señales, con casi nulas garantías, pero hacia adelante. Pensando sin red, poniendo la cara, surge un rayo ─un rayito─ de luz.

 

natali incaminatoNatalí Incaminato
Argentina. Es profesora y doctora en Letras. Tiene una columna sobre temas culturales y políticos en la radio Futurock, y escribe ensayos para numerosos medios.

 

Pablo Valle
Profesor en Letras (UBA). Docente en CBC-UBA, FyL-UBA y Artes Audiovisuales (UNDAV).

Material enviadoa Aurora Boreal® por Pablo Valle. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Pablo Valle.  Carátula del libro Peronismo para la juventud enviada a Aurora Boreal® por Pablo Valle, cortesía Ediciones Paidós. Fotografía Natalí Incamianto©Alejandro Guyot. Fotografía tomada del sitio de Ediciones Paidós.

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