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Literatura

Un manual del futuro FB y su misterio

pablo urbanayi 251"Porque hoy se vive de un modo
parcial y parcialmente mezclado con
otros seres humanos..."
El hombre sin atributos, Robert Musil

 

Hace exactamente un año, una tardecita como la de hoy, me enteré de la existencia de Hubert Von Henryk: a eso de las 16:00 me entró un mail de una amiga, grandísima directora de cine, que me contaba que en la vastedad de la pampa vivía un viejito alemán que había escrito un manual visionario y poético para el FB. Como La Ilíada, comentaba, se había convertido en un clásico, en un modelo de otros miles sin que ninguno alcanzara su visión y su riqueza. El mail venía con un link a YouTube donde se veía a Hubert sentado en su mecedora hablando a cámara con el jardín de su casa pampeana de fondo. El pedazo de jardín que se veía a espaldas de Hubert era casi un calco del que veía yo desde la ventana de mi casa en Pinamar; los mismos verdes, las mismas sombras, el telón de fondo perfecto para lo que contaría Hubert de su amado manual. Pasé un rato mágico escuchando su dulce acento bávaro con cadencias del hoch Deutsch mientras atardecía despacio y allá lejos la oscuridad devoraba el mar. Le haría una entrevista. Tendría que buscar un intérprete porque yo no hablaba alemán.

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Corazones inocentes

pedro novoa 250“[…] la vida bulle
Y la ciudad arde,
Y el cielo se resuelve en lluvia,
Y tu pluma araña el corazón de la vida”.
Antonín Artaud.

 

1: Ponencia magistral

Noche caliente en Piura, arañazos de luz hundiéndose en los rostros achispados: rojo primero, rojo beso de hembra después, verde menta, verdementa a los costados, afuera y sudor de chela dentro, por el cuello de la camisa, bajando por las axilas de todos (como derritiéndonos) y a la cabecera de la mesa del bar: la cabellera cana, aleonada, los lentes de entomólogo y esa sonrisa ancha que destaca y se impone, que brilla y suena: «Comencemos con la ponencia de rigor». Y los ocho de la mesa acatan el dictamen, respetuosos, serios, las manos a los bolsillos (más hombres que nunca) y billetes y monedas afuera. Alguien junta, hace cuentas, calcula, matemático, economista. Sobrado alcanza para media docena, dice uno, la noche promete. Sí, la hacemos, asegura otro. Es un buen arranque, asienten, juran por su madrecita o por ese dios que nadie cree y que solo sienten como una lamida tibia en una mejilla cuando el alcohol se ausenta. El mozo deja un par de platitos de cancha. Brazos estirados, manos hambrientas, lengüetazo a las comisuras de la boca, pero ya el de la melena alba ha ganado casi todo el contenido de uno de los platos. Sonríe, sin culpa, travieso, el corazón inocente saliéndosele por la boca junto a una canchita triturada. ¿Inocente?, sí, sin pecado concebido, parece decir con el movimiento de sus manos, con las fluctuaciones de esa paz beatífica que se han encargado de hacerlo memorable. Porque ¿habría en las letras peruana escritor más inocente que él? Para unos: No podría haber existido nadie tan inocente. Para otros: Simplemente no debería haber existido nunca un escritor como él. Pero ahí está, impune, eterno adolescente a sus ochenta y cuatro años, acomodando su voluminoso cuerpo en la silleta de un bar–karaoke piurano, rodeado de amigos para celebrar la vida y la noche con la fraternidad propia que solo concede la buena cebada y la mejor conversa.

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Por fin

walter garib 250Dedicado a las diez familias
más acaudaladas de Chile.

 

—Papá, mamá, por fin lo conseguí. Acabo de ver la noticia en la televisión. He venido sin tardanza a contarles de algo que los estremecerá de alegría.

Aquella mañana de lluvioso invierno, Dorotea Zaquizamí de Albaricoque, apenas podía sujetar las palabras multiplicadas, a causa de la emoción. Casi gemía mientras hablaba.

—Sí, sí. De acuerdo a la publicación de la revista Forbes del mes de julio, somos la familia más rica de Chile.

¿Acaso no es una noticia para llorar de felicidad? Y tú papá, que durante años luchaste en vano por conseguirlo, puedes sentir orgullo de este triunfo que nos enaltece.

Hizo una pausa destinada a recuperar el aliento.

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Bolívar, el mestizo universal

bolivar 250INTRODUCCIÓN

 

El filósofo y filólogo francés Ernest Renan nos advirtió que una nación debe saber recordar si quiere existir. Renan pronunció una histórica conferencia el 11 de marzo de 1882 en la Sorbona que quiero citar parcialmente para enmarcar este ejercicio en lo que él, Renan, llamara “la reinvención cotidiana de la nación”, y en esa oportunidad afirmó:

“Una nación es alma, un principio espiritual. Dos cosas que no forman sino una, a decir verdad, constituyen esta alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. Una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa. El hombre, señores, no se improvisa. La nación, como el individuo, es el resultado de un largo proceso de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos. El culto a los antepasados es, entre todos, el más legítimo; los antepasados nos han hecho lo que somos. Un pasado heroico, grandes hombres, la gloria (se entiende la verdadera), he ahí el capital social sobre el cual se asienta una idea nacional. Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas juntos, querer seguir haciéndolas aún, he ahí las condiciones esenciales para ser un pueblo. Se ama en proporción a los sacrificios que se han consentido, a los males que se han sufrido. Se ama la casa que se ha construido y que se traslada. El canto espartano: ‘Somos lo que ustedes fueron, somos los que son’, es en su simplicidad el himno abreviado de toda patria…

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Los secretos de las aves en Carurú

yadira segura 250Inédito

 

 

La luz eléctrica de la única calle que tenía el pueblo se había apagado, como se habían apagado los colores de las casas de madera. Eran las doce de la noche y, desde la base militar, se alcanzaba a vislumbrar algún fuego tenue que poco a poco iba desvaneciéndose. Una quietud majestuosa cubría la oscuridad de la selva inmensa, engendrando ese pequeño rectángulo de tierra que decoraba la orilla del río Vaupés. El río estaba silencioso y el ulular del búho se repetía incansable. Carurú dormía un apacible sueño.

Las noches de guardia siempre le parecían largas y el cansancio era inevitable. Una fina capa sudorosa y aceitosa le cubría el cuerpo, rociándolo de calor y frío a la vez. Sentía la humedad pegada a la piel y a las botas de combate; movía con desesperación los pies intentado secarlos. Buscó una silla y se sentó en frente de la garita. Observó a lado y lado y vio que sus otros compañeros de guardia rondaban silenciosos. Sacó del bolsillo de su camisa el último cigarrillo y, con pausado esmero, le extrajo la nicotina y lo rellenó con la poca marihuana que aún le quedaba. Fumó profundamente y exhaló despacio, dibujando humaredas prolongadas que iban alargando su vuelo fantasmal, espantando el revoloteo incesante de mosquitos. ¡Qué paz y qué tranquilidad le ofrecía la noche! ¡Qué grandiosa y sublime era la naturaleza cuando nada la perturba! Cerró los ojos e imaginó que el sonido majestuoso de la selva nocturna sólo se entonaba para él. Una noche sin el ruido escandaloso de las voces humanas y sin el bullicio embriagador de Los luceros —esos indios borrachos que no podían avanzar más de cinco pasos sin caer inconscientes en cualquier parte— y sin el estruendo de las balas, parecía una experiencia quimérica en el paraíso selvático. Inhaló el último resto de cigarro que le quedaba y, en medio de la tranquilidad y bajo el arrullo de los sonidos de la selva, miró fijamente la única compañía real que tenía en las noches de soledad: “Raúl”, fiel compañero de luchas y parrandas y el mejor aliado en el campo de combate. Su fusil lo acompañaba a todas partes. Lo abrazó, con afecto, como sólo se puede abrazar a un gran colega, mientras los recuerdos pululaban.

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Melódica demolición

sinfonia destruccion 152La sinfonía de la destrucción
Pedro Novoa
Novela
Planeta Perú
222 páginas
ISBN: 978-612-319-171-9
2017

 

 

El escritor Pedro Novoa nos presenta La sinfonía de la destrucción (Planeta, 2017), su último trabajo novelístico. Una novela que salió finalista del Premio Herralde en el 2014 y que ahora por fin verá la luz y es una de las novedades destacadas de esta XXII Feria Internacional del Libro de Lima.

La novela guarda sintonía con los anteriores trabajos novelísticos del autor: Seis metros de soga (Altazor, 2010), Maestra vida (Alfaguara, 2012) y Tu mitad animal (Fondo UCV, 2014) en el manejo destacado de un lenguaje personal. Ese tono que Piglia exigía para marcar un estilo específico. El de Novoa se ve concretizado con esta novela, ya que la mezcla de la oralidad popular con la sugerencia poética alcanza picos destacados. Es interesante el riesgo narrativo expresado en la apuesta de un registro muy “peruano” de la mayoría de personajes, así como el montaje de las escenas, la ruptura temporal, pero cuyo cosido es invisible que se lee de corrido.

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El adjetivo que (no) juzga en los relatos de Andrea Jeftanovic

caramelos 255No aceptes caramelos de extraños
Andrea Jeftanovic
Relatos
Uqbar editores, Santiago de Chile
2011

 

Leyendo a Andrea Jeftanovic me recuerdo de la Leçon inaugurale au Collège de France de Roland Barthes, (1977). En dicha ocasión, el semiólogo subrayaba que la literatura y sus estudios críticos pertenecían a los llamado ‘estudios morales’. Dicha declaración no dejó de sorprenderme y me obligó a reflexionar sobre aquello de por qué y de qué manera la literatura entraba en ese territorio cuando el mismo autor y los críticos de su escuela y de su misma altura intelectual habían luchado denostadamente para demostrar que la literatura es un gesto lúdico, un juego desprovisto de pretensiones secundarias que estuvieran más allá del goce estético. La propuesta era que no había que centrarse tanto en ese ‘qué me dice este autor’ sino en el juego genial de las artimañas: ‘el cómo se me dice lo que se me dice’.

Desde este punto de vista Jeftanovic me conecta con ese hacer del ‘cómo hacer’, al mismo tiempo, su literatura tiene, sin lugar a dudas, una ‘piedra de choque’ moral, un texto al cual transgredir, un discurso a subvertir. En el juego del gesto estético de eso de crear mundos ficticios para un lector, encontramos que los relatos de esta autora nacen y crecen en un gesto subversivo hacia el discurso que –en palabras de José Donoso- constituye el ’tupido velo’ destinado a cubrir el origen del deseo prohibido, de lo pecaminoso condenado, y de por sí condenable, aquello que atenta contra ‘el orden de las familias’, el concepto de decencia, el deseable amor al prójimo, la deseable ‘armonía familiar’, etc. De todos estos conceptos del discurso establecido se constituye el estímulo/ contra-estímulo del cual surge la ficción de Jeftanovic: el lema (y el tema) es transgredir o socavar. Sin duda, la rebelión que se modaliza como transgresión posee algún tipo de ‘intención’. Después del escándalo de los valores subvertidos por cualquier texto literario viene ese ‘aprés coup’ que hace que nos interroguemos sobre la pragmática del gesto de transgresión: un sencillo pero lógico ‘¿Y esto…para qué?, ¿qué debo pensar de esto?, ¿qué debe mover en mí?

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La sinfonía de la destrucción

sinfonia destruccion 152La sinfonía de la destrucción
Pedro Novoa
Novela
Planeta Perú
222 páginas
ISBN: 978-612-319-171-9
2017

 

 

 

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'Los hijos de la fiesta' de Andrés Hoyos

hijos fiesta 250Los hijos de la fiesta
Andrés Hoyos
Novela
Libros Malpesante. Bogotá - Colombia.
Páginas 885
ISBN 9789585894235
2016

 

 

 

 

Los hijos de la fiesta es una historia que explora los cajones de la ficción, los recuerdos sepultados y las anécdotas familiares contadas hasta el cansancio para armar con los vidrios rotos una realidad que, ya sabemos, es compleja en su amplitud y sobrecogedora en sus detalles. Un libro que nos recuerda que el rumbo hacia nuestros ideales como país aún no está definido y que la historia tiene la mala costumbre de cobrar sus cuentas.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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