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Literatura

Hadas, demonios y otros cercos - versión papel

alessandro mestre 250 hadas 2Hadas, demonios y otros cercos
© Alejandro H. Mestre
© Editorial Aurora Boreal®
Poesía
Páginas 61
2017

 

Foto cubierta Abandoned swimming pool © 2008 Osvaldo Hopfer
Diseño de la colección Guillermo Camacho

 

Durante el mes de enero de 2017 la Editorial Aurora Boreal® presentó la versión del libro en papel de Hadas, demonios y otros cercos del poeta Alejandro H. Mestre. Una bella edición de lla poesía de este poeta intrigante, acompañada de ilustraciones de Federica Mistrorigo, fotografía de Osvaldo Hopfer, prólogo de Armando Romero y edición de Guillermo Camacho. Especial agradeceimiento debe la Editorial al poeta Sergio Laignelet por sus observaciones durante la edición de este nuevo título, nuevo entreparentésis, de la Editorial Aurora Boreal® porque la versión digital había sido lanzada exitosamente por la Editorial al mercado en el 2015.

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La Habana para un Castro difunto

antonio moreno 259Para Ivet Kamar. Por el sabor del café.
Las constelaciones y el aroma del mediterráneo.

 

De Ciudad de México a Cancún. El avión aterrizó a medio día.

Como tenía que esperar cuatro o cinco horas para hacer la conexión con Cubana de Aviación, deambulé por los alrededores; de modo que recordé imágenes de hacía 10 años, cuando siendo un adolescente, en un viaje de estudios, visité este espléndido lugar para los sedientos del sol, playa y safaris nocturnos. La más atractiva de ellas fue la noche que, caminando por el malecón, divisé las luces titilar desde la capital isleña. Quedé empapado.

Si la humedad era insoportable aquí, me dije, en este lugar tan concurrido por cardúmenes de turistas del mundo entero, no quise imaginarme lo que podría registrar el termómetro en La Habana, casi a finales del mes de marzo, el anticipo del verano más frankenstein de 1997, pleno de confusiones y asombros. Mi vuelo estaba programado para las 20:00 horas. Ni los sextantes, ni las gitanas quirománticas, tampoco las bolas de cristal habrían revelado que mi arribo coincidiría con la llegada de los restos mortales del Che Guevara. Eso, para empezar, ya era mucho.

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Aurora

Óscar llegó a tientas al baño y después de orinar se miró las palmas de las manos. Éstas estaban secas pero muy sucias, como también lo estaba su erecto pene y el vello que le cubría el pecho. Se le comenzaba a despejar la vista después de un largo sueño. Todo en el piso olía a azufre y a sexo. Se lavó la cara, se sentó en el salón y encendió un cigarrillo que Aurora había dejado a medias.

Se lavó las manos extrañado porque no recordaba mucho de la noche anterior. Debían ser ya cerca de las once de la mañana. Cogió el teléfono y mientras marcaba el número de Aurora iba recordando algunas cosas: como cenó con ella mientras veían la televisión, como hicieron el amor después de la cena, como ella le dijo que no podía seguir así, que nadie podría entender lo que tenían, y que, además, no le amaba. Colgó el teléfono, ella no se había ido. Pero qué raro, se preguntó, si ni siquiera quería quedarse a dormir… Entonces recordó la rabia que sintió después de eyacular sobre su vientre: ella le miraba sonriente pero difusa; no comprendía que él vivía perdido en eso mismo que hacían cada noche. Eso que ella consideraba un juego que tenía que terminar.

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Vuelta a la casa tomada

araceli otamendi 250El agua corre, llena la bañera y casi desborda. Está al límite, llena, entonces me sumerjo. El agua está tibia y causa placer estar ahí. Entonces veo figuras, recuerdos que aparecen y dibujan. Entonces me dejo ir, llevar ¿a dónde? Entonces viajo. Tomo el colectivo y viajo, el ómnibus anda despacio, es día de semana y voy, es un día soleado y voy mirando por las ventanillas, los edificios, la ciudad gris, la ciudad me araña. Me dejo llevar porque los recuerdos son y están. Y estoy ahí. Yo estoy, estaba y estoy. Y entonces es un homenaje a mí misma. A la que fui y está, en el pasado que ahora es presente. Está, estoy. Ahí, como entonces, como ahora, estoy…

Y me saludo cada vez que paso por alguna casa dónde viví, porque ahí quedaron mis recuerdos. Entonces me saludo a mí misma porque algo mío vive ahí…

Pero las casas han sido tomadas, son casas tomadas como en el cuento de Julio… Poco a poco las han ido tomando otros…

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Coloquio

jesus callejas 001He buscado a dios, aunque la Venus de Willendorf prefiera admirar su ingente, desplazante peso en el finito espacio, divergencia de pechos atolones o ritual canibalismo, poder de cintura que orbita estrellándonos contra matriz de fósiles para así deformar nuestros rasgos o humanoide credo. Cabeza trasplantada por gravitaciones y geografía de pies lamidos por barro infatigable, piernas de cónico aquelarre a las que me aferro temiendo borrachera peregrina. La astral Venus de Willemberg, templo de raíces burocráticas y serpientes apócrifas afiliadas a la horda, es madre que se niega horrorizando, pero nunca falla al decretar atributos: bestia protegida contra obstinada especie de humanos ademanes. La Venus exige rupestre alegoría o lenguas autopistas que se enredan en sí mismas y tierra sangre torrenciada sobre sílex. Gusta complacida, y complacida debe ser, de bisontes verdes en busca sureña de Matisse; gusta de aviones que no levantan vuelo por considerarse reptiles de fija astronomía cuyo deber se debe sólo a estrellas sempiternas, refractarias. Gusta la Venus de regir pigmentos pisoteando la belleza e impasible mata para reconstruir su carne pedernal.

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Vino de crianza

    teresa iturriaga 255 Poesía de Teresa iturriaga
para Aurora Boreal®

 

 

Esta noche nos hemos comido enteros.
Lo sé porque aún paladeo tu carne
                                al servirme el desayuno.
      Toco cada arruga de tus ojos,
la solera de esos pliegues
que te adornan una a una las heridas.

 

      Te recuerdo entonces,
cuando me enseñabas a besar.
      Yo, tu flor chiquita...
que de tanto estirarme a quererte,
me hice alta como la aurora
                      para volverme bruma.


      Mi boca, ya durazno en almíbar,
hoy se crece de ternura con tu pecho marinero.
      Silo de orujos y crianza, me anuncia
que nunca más estaré sola,
después de tantos años tragando veneno
                             entre espumas de saliva.

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El protectorado germano-japonés

antonio moreno 258Para mi padre, Jacobo Moreno (q.e.p.d.)

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Un grupo de eminentes abogados juarenses, simpatizantes de Hitler, redactó en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, la primera carta separatista que se tenga memoria. El objetivo nunca pareció́ descabellado para las mentes de estos abogados de buenas familias, padres intachables, incorruptibles como profesionistas y ciudadanos.

La carta es un exhorto, una súplica lastimera. Ningún lector sensato podría pasar del exordio. Cuando menos, le daría un poco de vergüenza ajena. El grupo sesionó en el Casino de Ciudad Juárez el 20 de abril, a las 11:00 de la noche, fecha del cumpleaños 51 del Führer. La redactaron en dos idiomas, con igual contenido: en alemán y en japonés. Una compañía de mensajería que prestaba servicios a los países del eje desde la capital de México, se encargó de la entrega de las valiosas cartas.

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La suerte del olvido

alondra badano 250La suerte del Olvido
Alondra Badano
Novela
Ediciones de la Banda Oriental
Premio Onetti 2011
Páginas 142
2011

 

Algunas (¿o todas?) obras literarias tejen su escritura a través de pueblos, ciudades y barrios y, en este sentido, La suerte del olvido se desenvuelve en un barrio de Montevideo, Malvín, donde crece la protagonista, María, en el seno de una familia de dos hijos, con un padre médico y una madre que trabaja en casa. Es, en cierta forma, una novela de formación (Bildungsroman) que transcurre desde los años 60 hasta 1973, cuando la familia no sólo se ve obligada a salir del exilio (que es lo más evidente) por la dictadura militar, sino que se termina el mundo de ese barrio, de un tiempo que no regresará jamás, al leerse por parte de la protagonista, lo siguiente:

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Un 'aproche' a dos poetas

jose prats sariol 56 250La pertenencia de la literatura al campo de poder fortifica las impertinencias de la poesía. Aunque sean raras, como la medieval palabra aproche, tienen la gracia de la independencia, huelen a libertad, quiero decir: a los desafíos de esa quimera. Dos poetas cubanos impertinentes me ayudan a alimentar la autonomía de la metáfora sobre sus inexorables contextos, en especial sobre las desviaciones de la valoración estética que suele sufrir. La amistad entre ellos, fraguada entre coincidencias y divergencias, favorece la reflexión. Dar razones –por primera vez-- de tal imagen, subraya la evidencia de que la galaxia de seis 1 estrellas que girara alrededor de las revistas Espuela de Plata y Orígenes 2 brillan cada una con su propia energía.

Hace unos años enuncié algunas proximidades y lejanías, bajo la consideración de que ellos dos son los más cercanos dentro de la galaxia. 3 Hoy trataré de ahondar en algunos aspectos donde parece haber comunión y en otros donde quizás se distancien. Los puntos de contigüidad comienzan por la admiración sin par que Gastón le profesa a Lezama, desde que leyera en una modesta revista llamada Compendio el poema titulado “Discurso para despertar a las hilanderas”, en La Habana de 1935 o 36. Entre infinidad de testimonios de todo tipo que dan fe de aquella amistad siempre fiel baste recordar que fue Gastón quien primero escribiera sobre la poesía de Lezama, en artículo publicado en el periódico El Mundo, a página entera, con retrato de Lezama por Portocarrero, en 1942. O que fue Gastón quien le consiguiera el traslado de la Prisión de La Habana en el Castillo del Príncipe, donde ejercía como abogado, para la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, en 1945. O que cuando compilé las crónicas y artículos que publicara Lezama en el Diario de la Marina entre septiembre de 1949 y marzo de 1950 descubrí que el pago lo había efectuado Gastón de su propio bolsillo, información que me obligó a quitar del prólogo pues su “cuenta” con el amigo era estrictamente privada. 4  Pero el símbolo más exacto de la hermosa relación entre ellos fue el soneto que le escribiera en 1976, cuando recibe en el exilio madrileño la noticia del fallecimiento:

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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ISSN 1902-5815   Versión impresa.

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